ASÍ LAS ESTRESAMOS

El cerumen de las ballenas guarda los secretos más profundos del océano

No solo revela la edad de estos mamíferos, sino que también hábitos de alimentación y el estrés al que están sometidas

Foto: Una ballena calderón. Foto: EFE
Una ballena calderón. Foto: EFE

Científicos de la Universidad de Baylor (Estados Unidos) han aprovechado el cerumen de las ballenas, con el que se puede determinar la edad de estos mamíferos, para analizar los impactos que ha tenido el hombre en los océanos a nivel medioambiental.

Actividades humanas, como la caza de ballenas o la guerra, han estresado a las ballenas durante más de un siglo y medio. El descubrimiento lo han hecho Stephen Trumble, profesor asociado de Biología de la Universidad de Baylor y su equipo en una investigación publicada en 'Nature Communications'.

Cada tapón de cera de una ballena, que puede medir más de 50 centímetros y pesar casi un kilogramo, contiene una gran cantidad de información y datos sobre la salud y las condiciones medioambientales en las que ha vivido la ballena. La cera se añade en capas, de forma similar a los anillos de un árbol, y esas capas dan pistas sobre los niveles de nutrición de estos animales y sobre el nivel de estrés que han sufrido, a través del cortisol, la hormona del estrés, que las ballenas también depositan en su cerumen.

Caza, guerras y cambio climático

En su estudio, los perfiles hormonales de 20 ballenas de diferentes especies (azules, ballenas y rorcuales) mostraron un vínculo estrecho entre la caza de ballenas y el estrés desde finales del siglo XIX hasta los años 70 del siglo XX, cuando diversas legislaciones a nivel mundial redujeron drásticamente la caza de ballenas.

"Las ballenas son un reflejo de su entorno y pueden usarse de forma similar al canario en la mina de carbón"

La caza no fue la única fuente de estrés que descubrieron los científicos. Entre 1939 y 1945, también detectaron niveles elevados de cortisol, algo que han achacado a la Segunda Guerra Mundial, ya que en esa época la caza de ballenas era menor. "Creemos que es probable que este aumento del cortisol durante la Segunda Guerra Mundial fue el resultado de los aviones, las bombas, los barcos, etcétera", afirma Trumble.

Además, después de 1970 y de manera más notable a partir de 1990, los investigadores se dieron cuenta de que los niveles de cortisol crecieron paralelamente al aumento de la temperatura del agua, lo que sugiere que el cambio climático también estresa a las ballenas. "Las ballenas son un reflejo de su entorno y pueden usarse de forma similar al canario en la mina de carbón", concluye Trumble, que añade "los humanos tenemos un impacto duradero en todos los animales en el mar".

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