Cultivan glándulas venenosas de serpiente y consiguen mejores antídotos
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"ES UN GRAN AVANCE"

Cultivan glándulas venenosas de serpiente y consiguen mejores antídotos

Hasta la fecha, la obtención de tratamientos contra el veneno se realiza a través de la extracción directamente desde las serpientes

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Un encantador de serpientes, durante una exhibición en la plaza de Yemaa el Fna (Marrakech)

Un grupo de investigadores holandeses han fabricado órganos artificiales que producen veneno de serpiente, lo que permitirá mejorar la investigación en la búsqueda de mejores antídotos para las picaduras de este temido animal y elaborar fármacos a partir de las toxinas.

Científicos del Instituto Hubrecht de Utrech (Paises Bajos) han sido capaces de cultivar en laboratorio organoides, versiones miniaturizadas de órganos producidos in vitro a partir de células madre, que recrean las glándulas venenosas de las serpientes. Estas glándulas producen las toxinas activas que se encuentran en el veneno de las serpientes.

Foto: Sapo andino. Foto: EFE Gabriela Bittencourt

Fruto de esta investigación, cuyos resultados se publican en la revista científica 'Cell', se allana el camino para el hallazgo de nuevos fármacos a partir de estas toxinas, muchas de las cuales aún no han sido identificadas. Éstas afectan principalmente a los sistemas nervioso y circulatorio, por lo que los medicamentos a desarrollar podrían incluir nuevos relajantes musculares, analgésicos, anticoagulantes o antihipertensivos.

100.000 muertos al año

Las mordeduras de serpiente matan a más de 100.000 personas cada año y provocan que unas 300.000 personas al año sufran amputaciones y discapacidades permanentes. Hasta la fecha, y según la Organización Mundial de la Salud, el único tratamiento eficaz para anular la mayoría de los efectos tóxicos de una picadura de serpiente son antídotos de alta calidad, pero producir estos antídotos de manera masiva tiene una serie de importantes obstáculos.

"Los métodos para la fabricación de antídotos no han cambiado desde el siglo XIX"

Entre ellos, cabe reseñar el complejo y peligroso proceso de extracción del veneno, además de la dificultad de estudiar y modificar las glándulas de la serpiente que lo controlan; y la carencia de datos fiables sobre el número y tipo de ataques, ya que muchos de los mismos se dan en países pobres que carecen de la infraestructura necesaria.

"Los métodos para la fabricación de antídotos no han cambiado desde el siglo XIX", señala a Science Alert Hans Clevers, biólogo molecular de la Universidad de Utrech. Con este nuevo método, los investigadores obtuvieron glándulas de veneno de nueve especies de serpientes, cinco de la familia de las cobras, cuyo veneno ataca principalmente el sistema nervioso, y cuatro de las víboras, que afectan más a las proteínas de la sangre.

Creando organoides

Así, cultivaron versiones de laboratorio. No aislaron células madre de las glándulas de veneno porque "nadie sabe cómo reconocerlas", explica Clevers. "Utilizamos los mismos factores de crecimiento que para crear organoides humanos; no sabíamos si funcionaría". Las células rápidamente comenzaron a dividirse y a formar estructuras, dando al equipo cientos de muestras en crecimiento en el espacio de un par de meses, y produciendo pequeñas manchas blancas de las que se podían cosechar toxinas venenosas.

Al menos cuatro tipos distintos de células fueron identificados por los investigadores dentro de las glándulas de veneno artificialmente cultivadas. Los científicos también fueron capaces de confirmar que los péptidos de veneno producidos eran biológicamente activos, muy parecidos a los del veneno de una serpiente sin vida.

Tener un acceso más rápido y controlado a estas toxinas podría significar que los tratamientos para tratar los venenos de serpiente y la creación de antídotos podrán desarrollarse más fácilmente y en una escala de tiempo más corta, según los investigadores. "Este trabajo abre las posibilidades para estudiar la biología celular de las células secretoras de veneno a un nivel muy fino, lo que no ha sido posible en el pasado. Es un gran avance", afirma el toxicólogo de veneno de serpiente José María Gutiérrez, de la Universidad de Costa Rica.

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