La idea española para evitar que el cambio climático acabe para siempre con el vino
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7.000 millones en juego

La idea española para evitar que el cambio climático acabe para siempre con el vino

Reemplazar las variedades existentes por otras mejor adaptadas al calor podría reducir la pérdida de zonas vitivinícolas, según una investigación internacional liderada por la Universidad de Alcalá

Foto: La idea española para evitar que el cambio climático acabe para siempre con el vino
La idea española para evitar que el cambio climático acabe para siempre con el vino

España es el tercer productor mundial de vino, cuenta con el 13% de toda la superficie de viñedo del planeta y lidera las exportaciones internacionales en volumen. Unas 4.300 bodegas suman una facturación anual de 7.000 millones de euros y el conjunto del sector representa alrededor del 1% del PIB, según la Federación Española del Vino. La mala noticia: todo este potencial está en peligro en las próximas décadas ante la amenaza del cambio climático.

Si la subida global de temperaturas alcanza los 2ºC con respecto a los valores preindustriales –algo que los científicos consideran ya casi inevitable incluso si se toman medidas rápidas y contundentes– las zonas del mundo idóneas para la viticultura pueden disminuir un 56%. Si el incremento llegase a los 4ºC, hasta un 85% de estas regiones dejarían de ser aptas para producir buenos caldos.

Estos datos pertenecen a un estudio que acaba de publicar la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), liderado por el investigador de la Universidad de Alcalá Ignacio Morales-Castilla y con la participación de otras instituciones de Francia, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Suecia y Canadá.

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Sin embargo, los científicos no se han limitado a calcular la dimensión del desastre, sino que han analizado las posibilidades de evitarlo a través de una idea: sustituir las variedades actuales por otras que se adapten mejor a las nuevas condiciones climatológicas. La vid es un cultivo muy diverso y explorar esta posibilidad podría reducir la pérdida de regiones vitivinícolas a la mitad si el calentamiento se queda en los 2ºC. En caso de llegar a los 4ºC, tan sólo podría salvarse un tercio.

En concreto, reemplazar las variedades más vulnerables por otras mejor adaptadas a la subida de 2ºC haría que las pérdidas se redujesen al 24%. Con 4ºC de calentamiento la diversidad de variedades sólo conseguiría que la reducción de zonas aptas para la viticultura se quedase en el 58%.

(EFE)
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Florecen y dan frutos a distinto ritmo

Los cálculos de los investigadores se han basado en la fenología, es decir, el estudio de “cuándo tienen lugar eventos de las distintas fases de desarrollo de un ser vivo; en el caso de los cultivos, cuándo brotan, florecen, dan frutos y maduran”, explica Morales-Castilla en declaraciones a Teknautas. Esto es muy importante porque determina cuáles son las condiciones climáticas que experimenta la planta durante cada proceso y que “en el caso de la vid determina aspectos fundamentales, como la cantidad de azúcar que se acumula en la uva”. Como cada variedad tiene sus propios ritmos, cada una ofrece un mejor rendimiento en un clima determinado.

El investigador de la Universidad de Alcalá inició este estudio cuando se encontraba en la Universidad de Harvard y, junto a Elizabeth Wolkovich (que trabaja actualmente en la Universidad de la Columbia Británica, en Canadá), reunió a un equipo de colaboradores de diversas disciplinas para averiguar si el uso de la enorme diversidad de vides podría hacer que la viticultura tuviese más oportunidades de afrontar el reto del cambio climático.

De acuerdo con los datos recopilados, el cambio climático tendría consecuencias negativas en aquellos países que ya son más cálidos en la actualidad y sobre los que se prevén mayores variaciones. “España, Italia, Grecia y el sur de Europa en general, así que como Australia, serían algunas de las zonas que experimentarían más pérdidas”, comenta el investigador de la Universidad de Alcalá.

Los países beneficiados

Lo que para el sur de Europa puede ser una tragedia, para los países del norte se puede convertir en una oportunidad. “En regiones de Alemania que sólo admiten el cultivo de variedades muy tempranas podrían empezar a entrar uvas tintas más tardías”, con lo cual el efecto para los productores españoles sería aún más devastador por el aumento de la competencia.

(Foto: Elizabeth M. Wolkovich)
(Foto: Elizabeth M. Wolkovich)

Lo mismo ocurre con Nueva Zelanda o el Noroeste del Pacífico estadounidense, regiones que pasarían a ser adecuadas para el cultivo de variedades mejor adaptadas al calor, como Merlot y Garnacha. Incluso la variedad Pinot noir, que hoy ya se cultiva en zonas relativamente frías, podría expandirse hacia mayores latitudes.

No obstante, “nuestros resultados no son tan específicos como para predecir qué va a pasar exactamente en La Rioja o en La Mancha”, advierte, “porque hemos trabajado a una escala global y tan sólo con 11 variedades”, elegidas por su amplia distribución mundial: Cabernet-Sauvignon, Chasselas, Chardonnay, Garnacha, Merlot, Monastrell, Pinot noir, Riesling, Sauvignon blanc, Syrah y Ugni blanc.

Los vinos ibéricos del futuro

No obstante, solo en la península ibérica “hay cientos de variedades, algunas casi desconocidas”. Por eso, ya trabaja en un nuevo proyecto, denominado Iberian Future Wines, junto a expertos del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA). El objetivo es obtener información sobre variedades autóctonas de España y Portugal con un gran detalle. “Aún no tenemos resultados que nos permiten realizar recomendaciones específicas, pero estamos trabajando en ello”, señala. Además, “estamos realizando estudios de tolerancias al calor y a la sequía de las variedades de aquí”.

De todas formas, “cualquier experto en agronomía o viticultura ya sabe que las variedades más tardías están mejor adaptadas al calor. Por ejemplo, creemos que la uva bobal, que se cultiva mucho en La Mancha, podría ser una buena variedad para sustituir a las que sufran más por la subida de las temperaturas, pero tendríamos que analizarlo”.

Además, “en España hay climas muy heterogéneos y el cambio climático no afectará igual a Galicia que al sur, por eso es necesario seguir profundizando en este tipo de investigaciones y realizar recomendaciones más explícitas a los productores”, asegura Morales-Castilla.

(Reuters)
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Es inevitable: cambiarán los vinos

En cualquier caso, reemplazar las variedades tiene muchas implicaciones. “Inevitablemente, habrá cambios en el tipo de vinos que se produzcan, pero no podemos olvidarnos de que hay una segunda parte en su elaboración, que es la enología. Tenemos a algunos de los mejores enólogos del mundo y seguirán haciendo maravillas con las variedades que se puedan cultivar”, afirma el experto.

Aunque es cierto que los efectos de una subida de temperaturas también podrían paliarse parcialmente recurriendo a cambios en las técnicas agrícolas, por ejemplo, con más sombra o riego, los autores del estudio creen que serían poco eficaces si se alcanzan los peores escenarios previstos de cambio climático.

Los investigadores consideran que esta apuesta por la diversidad también sería aplicable a otros campos de la agricultura “al menos a cultivos perennes de regiones templadas, como las manzanas, las frutas de hueso y las frutas del bosque”. Tendrían que ser cultivos con mucha variedad, como la vid, con más de 1.100 variedades en todo el mundo.

Esto hace que el valor de esta investigación publicada en PNAS sea aún mayor, puesto que “a la hora de predecir los impactos del cambio climático sobre la agricultura, el vino actúa de forma parecida a un canario en una mina, ya que la vid está muy estrechamente ligada al clima”, asegura Benjamin Cook, investigador de la Universidad de Columbia y el Goddard Institute for Space Studies de la NASA que es coautor del estudio.

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