No fueron los volcanes de la India

Una española ayuda a zanjar un debate de décadas: ¿de qué murieron los dinosaurios?

Una investigación internacional con participación de la paleontóloga española Laia Alegret demuestra que la extinción masiva de especies se debió a la colisión del meteorito

Foto: (Ilustración: Phillip M. Krzeminski)
(Ilustración: Phillip M. Krzeminski)

La cultura popular ha asumido hace tiempo que la desaparición de los dinosaurios se produjo por el impacto de un gran meteorito hace 65 millones de años. En realidad, se trató de una extinción masiva que borró del planeta el 70% de las especies que existían en aquel momento, un acontecimiento tan importante que en geología sirve para marcar el final del periodo Cretácico, de manera que los expertos se refieren a esta cambio como límite Cretácico/Terciaro. Sin embargo, esta teoría no estaba completamente aceptada por la comunidad científica, que durante décadas ha seguido especulando con que otros acontecimientos hubieran sido igual o más decisivos.

Para algunos, el impacto de un meteorito de 10 kilómetros de diámetro en la península de Yucatán (México) es suficiente para explicar la emisión de una gran cantidad de material fundido y gases a la atmósfera, que habrían provocado lluvia ácida, la acidificación de los océanos y un gran calentamiento global seguido de un invierno nuclear que habría durado décadas.

Para otros, un acontecimiento más o menos simultáneo también habría tenido una enorme influencia: el vulcanismo de la India, es decir, una descomunal actividad volcánica que además de traducirse en la expulsión de enormes cantidades de lava, también habría emitido gases con un tremendo efecto sobre la atmósfera y, posteriormente, sobre el clima. De hecho, estudios recientes (como éste y éste, publicados en la revista Science en 2015 y en 2019, respectivamente) parecían darle cada vez más importancia a estos eventos.

Sin embargo el debate puede acabar hoy mismo con la publicación en la revista Science de una gran investigación internacional que aporta pruebas contundentes de que la gran extinción se produjo justo cuando tuvo lugar el impacto del meteorito, mientras que la actividad volcánica no parece tener ninguna relación, porque no coincide en el tiempo.

La clave está en las temperaturas del pasado

La investigación está liderada por la Universidad de Yale, pero cuenta con la participación deLaia Alegret, paleontóloga del Instituto Universitario de Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA) y de la Universidad de Zaragoza. En declaraciones a Teknautas, la coautora española explica que las evidencias decisivas para llegar a la conclusión de que fue el impacto del meteorito el que acabó con los dinosaurios proceden del estudio del clima del pasado. “Hemos completado la mayor recopilación de datos sobre la temperatura de aquella época con localizaciones de todo el planeta a través del análisis de muchas evidencias, como fósiles, sedimentos e isótopos”, destaca.

Obtener esa información era importante porque “en un episodio de vulcanismo se emite lava pero también gases volátiles, como el CO2, que tienen un efecto invernadero y provocan un calentamiento”. Por eso, saber cómo evolucionaron las temperaturas en esa época sirvió para comprobar qué posibles explicaciones concuerdan con las evidencias científicas.

Laia Alegret. (Foto: Unizar)
Laia Alegret. (Foto: Unizar)

“Los escenarios que mejor se ajustan a la curva de la temperatura que hemos construido son dos. Uno refleja que la mitad del vulcanismo tuvo lugar antes de las extinciones y la otra mitad, después. El otro, que la mayor parte de los gases de la actividad volcánica fueron emitidos antes”, señala. Cualquiera de las dos posibilidades descarta que la actividad volcánica fuera la causa de la desaparición masiva de especies.

El origen del debate en torno al límite Cretácico/Terciario es que se producen eventos globales muy importantes en un intervalo de tiempo bastante corto. “A lo largo de unos 700.000 años ocurren diversas fases de vulcanismo y el impacto del asteroide en la península de Yucatán, así que la clave era de discernir cuándo se produjeron”, destaca.

200.000 años de diferencia

A través de este trabajo se sabe que “la primera fase del vulcanismo produjo un calentamiento global de dos grados centígrados, pero las temperaturas volvieron a ser las originales 200.000 años antes de las extinciones y antes del impacto del meteorito. Por eso concluimos que el vulcanismo no tuvo nada que ver con las extinciones, comienza y acaba mucho antes de que se produjeran”, afirma la investigadora.

Incluso el otro escenario –el que plantea que la mitad del vulcanismo se produjo antes y la otra mitad después de las extinciones– también encaja con las evidencias encontradas, porque la segunda fase se habría producido “después de la desaparición de las especies, pero no coincide con ella, ocurre mucho más tarde”. En definitiva, “el impacto del meteorito es el único hecho que coincide exactamente con la extinción”.

Posible cráter que dejó el asteroide. (CC)
Posible cráter que dejó el asteroide. (CC)

La oscense Laia Alegret se dedica al estudio de unos fósiles microscópicos que viven en el fondo de los océanos, llamado foraminíferos. “Son una de las mejores herramientas que existen para conocer la temperatura del pasado, que se puede averiguar analizando los isótopos de sus caparazones, que son de carbonato cálcico. Así que mi contribución a este trabajo ha sido analizar esos microfósiles, estudiar su composición isotópica y deducir la temperatura del intervalo que hemos estudiado”, subraya.

Otros coautores han aportado registros de temperatura distintos. “También se puede inferir la temperatura del pasado analizando las hojas de las plantas o la composición isotópica de las rocas, de dientes de peces o de moluscos. Todo este conjunto de datos es lo que nos ha permitido generar la curva experimental de la temperatura, que es la más completa que existe del límite Cretácico/Terciario en estos momentos”.

Las pistas, en el fondo del mar

Para acceder a esos microfósiles que estudia Laia Alegret, testigos de un pasado remoto, los científicos recurren a sondeos del fondo marino obtenidos gracias a buques de perforación o salen al campo para analizar afloramientos. Es decir, muestras de roca que hace millones de años formaban parte de fondos oceánicos y, por lo tanto, también contienen foraminíferos.

Los fósiles ofrecen información de cuándo se produjeron las extinciones, en qué comento y con qué intensidad

“Hemos estudiado materiales de sondeos y afloramientos de todos los continentes, de todos los océanos y de distintas latitudes para tener una visión global de la temperatura. Esto también nos permite ver los cambios que se produjeron en los ecosistemas, los fósiles ofrecen información de cuándo se produjeron las extinciones, en qué comento y con qué intensidad”, comenta.

Este viernes la investigadora de la Universidad de Zaragoza coge un avión a Nueva Zelanda. Su objetivo es seguir estudiando los fondos marinos, pero con un propósito distinto. Esta vez pretende continuar con las investigaciones sobre Zelandia, el continente sumergido que se hundió parcialmente hace millones de años.

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