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Madrid, ¿ciudad verde? "Tiene mucho potencial, pero está lejos de serlo"

La capital española se ha vestido de verde a raíz de la cumbre que se celebrará durante esta semana y la próxima. Pero ¿cómo es frente a otras como Berlín o Estocolmo?

Foto: La Puerta de Alcalá, en Madrid, iluminada de verde con motivo de la celebración de la Cumbre del Clima. (EFE)
La Puerta de Alcalá, en Madrid, iluminada de verde con motivo de la celebración de la Cumbre del Clima. (EFE)

La cumbre del clima ya ha arrancado y se prolongará hasta el 13 de diciembre en la Feria de Madrid (Ifema), con múltiples conferencias e intervenciones de más de 200 países con un objetivo común: cerrar el reglalmento de desarrollo del Acuerdo de París contra el calentamiento global, uno de los problemas más graves a los que se enfrenta el mundo en la actualidad.

Madrid solo ha tenido un mes para organizar este evento, que ha requerido diseñar un dispositivo policial e incrementar las frecuencias del transporte público que conecta con el recinto. El ayuntamiento también decidió hacer una previa con una semana de actividades verdes en los distintos barrios madrileños tras el título de 'Madrid Green Capital', un término que no ha gustado nada a las organizaciones ecologistas al verlo como “un lavado de cara” tras el intento por parte de Almeida de eliminar Madrid Central y volver a dar prioridad al automóvil en la almendra madrileña.

“Aquí estamos muy lejos de llegar a ser oficialmente una ciudad verde”, espeta Toni Ibáñez, miembro de la Red de Mesas del Medio Ambiente de Madrid. Responde a El Confidencial desde uno de los buses interurbanos que utiliza para moverse entre su casa en Corralejos (Barajas) y el centro de la ciudad, y se sabe al dedillo todos los problemas medioambientales a los que se enfrenta la capital. “Es de tener una cara impresionante cuando seguimos enfrentándonos a problemas tan importantes como las emisiones en las entradas y salidas de la M-30, el transporte público o la escasez de carriles bici”, lamenta.

Tras las críticas, el alcalde se defendió asegurando que el término “saca a relucir un hecho como que Madrid es una de las capitales más verdes del mundo” con siete millones de árboles “que no tienen muchas otras capitales”. Pero, dejando a un lado la vegetación urbana, ¿es Madrid tan verde como otras ciudades europeas de referencia?

Para intentar encontrar respuesta a una pregunta tan compleja, hemos comparado varios datos en materia de sostenibilidad tanto de Madrid como de Berlín, Roma, Londres, París y Estocolmo; cinco grandes capitales europeas que también se enfrentan al reto de intentar construir una urbe lo más sostenible posible mientras su densidad poblacional no deja de aumentar.

Primero, las emisiones

Aunque las ciudades no llegan a abarcar el 2% de la superficie de la Tierra, son responsables de producir más del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero que la calientan cada año. Así lo confirma el último informe de las Naciones Unidas publicado sobre las causas del cambio climático, que insiste en "la implementación de políticas para reducir la contaminación del aire, desde la gestión de residuos hasta el uso de tecnologías sostenibles para el día a día de los ciudadanos".

En España, una docena de ciudades rebasan el límite de la OMS de materias en suspensión, las partículas contaminantes de mayor impacto medioambiental. Aunque Barcelona, Valencia, Sevilla y Toledo encabezan el listado con mayor concentración de partículas de PM2,5, principalmente por la combustión de vehículos diésel, petróleo, carbón y gas natural, Madrid es responsable de 28 hg/m3 al año, prácticamente el doble de lo que emiten ciudades como Ourense (15,7) o Huesca (18).

Pero lo que más afecta a la vida de los habitantes es el dióxido de nitrógeno, ya que nace principalmente de los tubos de escape y potencia los niveles de las PM2,5, pudiendo provocar diversas enfermedades respiratorias como bronquitis aguda, disminución respiratoria y enfisemas pulmonares. Por eso, este agente químico es en el que se centran las estaciones de calidad del aire distribuidas por distintos puntos clave de las ciudades.

Para ver cómo puntúan nuestras seis ciudades en emisiones de NO2, hemos elegido la estación que marca el índice más alto en tiempo real. Veremos que Madrid parece salvar la calidad del aire (al menos en esa estación) en muchas más ocasiones que París, Roma o Londres. En el caso de la ciudad londinense, febrero, octubre y noviembre fueron los meses más problemáticos, y en Madrid los que más cerca estaban de la primavera. Berlín, por otro lado, puede presumir de haber alcanzado niveles muy bajos durante este año.

Sin embargo, en las emisiones juegan muchos otros factores, como la climatología o la planificación urbana. Estocolmo, por ejemplo, es un caso en las antípodas de Madrid. "Su estructura es exterior y se distribuye en islas. Además, la cercanía al mar por tres de sus puntos cardinales facilita la ventilación del aire", explica Adrián Fernández, responsable de Movilidad en Greenpeace. "El resto de ciudades son compactas y se caracterizan por presentar niveles de contaminación superiores a los límites fijados por la Unión Europea". Un añadido a los bajos niveles de NO2 en la capital sueca es que esta ha decidido aplicar, como Londres, un 'impuesto de congestión' a cada coche que entre y salga del centro.

"El problema que tiene Madrid es que hay una tendencia a permitir la entrada de más coches que hace dos años. Madrid Central trajo consigo los mejores niveles de la última década, y fue porque se lanzaba el mensaje de que no necesitabas el coche para la ciudad. Ahora, tras la sentencia que hizo continuar Madrid Central, los ciudadanos están confusos porque sigue en pie pero el alcalde insiste en que todo coche es bienvenido. No saben qué está prohibido y qué no", añade Fernández.

Madrileños se manifiestan en apoyo a Madrid Central. (EFE)
Madrileños se manifiestan en apoyo a Madrid Central. (EFE)

De cara a Europa, Madrid tiene motivos para sonrojarse. La organización europea SootFree for the Climate suspendió en 2015 a la capital española en materia de medio ambiente tras estudiar de forma exhaustiva las políticas verdes de las distintas capitales del continente, desde las medidas más económicas hasta el fomento del transporte público. Madrid quedó en los últimos puestos, solo por delante de Roma, Lisboa y Luxemburgo.

Precisamente en emisiones, SotFree destacaba entonces que el problema de la ciudad era el NO2 y que su presencia se acentuó a partir de 2015, cuando más de 10 estaciones registraron niveles superiores al límite durante todo ese año. También criticaba la falta de zonas de baja emisión en la ciudad, algo que sí existe en las otras cinco capitales.

"El problema es que hay un número de vehículos pequeños de un pésimo mantenimiento que son altamente emisores y producen 20 veces más partículas contaminantes que sus equivalentes", explica Javier Buhiga, de OPUS RSE, una organización que, con motivo de la cumbre, ha medido durante estas semanas las emisiones de los vehículos en distintos puntos de la ciudad. "Aproximadamente, el 5% de la flota emite entre un tercio y la mitad de las partículas contaminantes totales, y son tanto coches antiguos como nuevos".

Segundo, el transporte

El precio de un tique individual también es un punto muy positivo del metropolitano madrileño, ya que se mantiene en 1,50 euros de media mientras que en París asciende a 1,90, en Londres a 2,69 y en Estocolmo a 4,50. Aunque todo cambia según el uso: "En Berlín, el precio es más alto pero puedes hacer todos los transbordos que quieras a trenes o autobuses, mientras que en Madrid o Roma tienes que pagar por cada cambio. En Madrid, o vas con abono de transporte (20 euros) o pagas mucho".

Tal y como muestra el Barómetro 2019 de Transporte Público, Madrid y Londres tienen prácticamente el mismo ratio de longitud de metro por cada 100.000 habitantes: 4,4 y 4,6, respectivamente. La red de metro madrileña, con 290 estaciones activas, supera tanto a Londres como a Berlín, Estocolmo y París, y destaca, además, en la edad de sus vagones y el grado de limpieza, bastante superior al resto de ciudades, según Adrián Fernández. Pero un metro más largo no garantiza una comunicación mejor.

La historia del transporte madrileño se parte en dos con la crisis económica: a partir de 2008, la demanda empezó a caer (por falta de empleo) y Metro redujo el número de trenes, empeorando las frecuencias y disminuyendo de nuevo el número de usuarios, que prefirieron recurrir a su coche en lugar de esperar en la estación. Si en la línea 1 el metro pasaba cada 2:57 minutos en 2008, en 2019 el tiempo se incrementó hasta los 3:21 minutos.

Con la crisis en la ecuación, el enfoque cambia. Aunque cuente con grandes cifras de estaciones y kilómetros, lo cierto es que París hace 3.352 millones de viajes anuales, Londres hace 1.378 y Madrid menos de la mitad: 626,4 millones. "Pasa con el metro y pasa con el cercanías", apunta Toni Ibáñez, el vecino madrileño. "El transporte sigue tardando bastante y los sindicatos están cada vez más cabreados porque falta personal y no se han renovado bien los equipos".

"Todas estas ciudades se basan en la movilidad de los habitantes a través del transporte público. Ninguna funcionaría si no existiera una red así. Colapsaría", insiste Adrián Fernández. "Londres, por ejemplo, funciona con todo lo que tiene: no puede meter más trenes. Pero en Madrid tenemos la infraestructura suficiente como para meter más y conseguir una buena frecuencia. Ahora mismo, Metro de Madrid podría mover el doble de viajeros si contratara personal y trenes suficientes, porque seis minutos no sirven para cubrir la demanda".

¿Podría caber una alternativa que mediara entre no usar el coche y no esperar el transporte público? Sí, la bicicleta. Hace una semana, se aprobó en el pleno del ayuntamiento un nuevo carril de ocho kilómetros, "segregado y seguro" y de doble sentido, en el paseo de la Castellana, pero, según los expertos, aún queda mucho para llegar al nivel de otras ciudades. Aquí es donde Madrid se queda atrás: solo cuenta con 27 kilómetros de carril-bici repartidos por toda la ciudad. Londres, que batió el récord de viajes en bicicleta en 2018, cuenta con una red de alrededor de 97 kilómetros, mientras que la red de Berlín alcanza los 620 kilómetros y la de París, más de 370.

"Hasta hace poco, no se concebía que Londres, París o Madrid pudieran tener bicis en sus calles, y tanto Londres como París han apostado por un proyecto estructural para utilizar la bicicleta en ambas ciudades, lo que ha disparado el número de ciudadanos que han optado por pedalear. En Madrid, sin embargo, la red estructural requiere de medidas valientes y no ciclocarriles, porque eso no es adaptar la ciudad a la bici, sino hacer que compita con los coches", apunta Adrián Fernández.

Como las medidas de los carriles bici pueden incluir tanto vías separadas del tráfico como los ciclocarriles (donde las bicis y los coches comparten espacio), es más fácil comparar el uso de la bicicleta observando los viajes más comunes. La web OpenCycleMap registra con GPS las rutas a pedales más frecuentes realizadas en la ciudad y sus alrededores para analizar el uso urbano de este medio de transporte. Así se viaja en nuestras seis ciudades.

Tercer punto: zonas verdes

Los árboles y la vegetación en general contribuyen positivamente a la calidad del aire de la ciudad, captan el carbono y las partículas y gases contaminantes y reducen los efectos de isla de calor, un fenómeno que se incrementa especialmente en las urbes interiores y compactas. Con la emergencia climática y las nuevas corrientes urbanistas, las zonas verdes urbanas empiezan a hacerse imprescindibles en el diseño de las ciudades.

En 2018, Madrid era la cuarta ciudad más arbolada del mundo, con más de 3,7 millones de árboles en suelo rubano. Según los últimos datos del ayuntamiento, solo los principales parques de Madrid —Lineal de Manzanares, Valdebebas, Madrid Río y Casa de Campo— cuentan ya con 688.335 masas forestales. El 97%, localizado en la Casa de Campo.

Aunque el 25% de los árboles el año pasado estaban viejos o enfermos, lo cierto es que Madrid es una de las capitales europeas más verdes, al menos, en el área metropolitana. Philipp Gärtner, un programador especializado en paisajes forestales, utilizó las imágenes del satélite Sentinel-2 para analizar cuánta masa verde poseen las capitales europeas. Madrid entra como una de las más verdes en la categoría de ciudades con más de dos millones de habitantes, aunque por delante de ella van Roma, Berlín y Kiev.

Densidad de vegetación en las ciudades más verdes de Europa. (Philipp Gärtner)
Densidad de vegetación en las ciudades más verdes de Europa. (Philipp Gärtner)

¿Es suficiente verde para los madrileños? Los datos del barómetro Green Urban Cities, realizado en 2016 (últimos datos oficiales), demuestran que el 69% de los entrevistados se sienten satisfechos con las zonas verdes de la ciudad. Por detrás solo queda Roma, con un 62%, mientras que Estocolmo se corona como la ciudad verde más agradable, con un 77% de los encuestados disfrutando todos los parques y jardines que la urbe tiene que ofrecer.

"Es cierto que tenemos alrededor unos parques enormes, pero el centro de Madrid sigue siendo una isla térmica", apunta Toni Ibáñez. "Hay muchos núcleos vacíos que podrían replantarse, y no solo necesitamos árboles, también estructuras arquitectónicas como jardines verticales y tejados verdes para que la ciudad respire".

Por último, los residuos

Hace tres años, el Ayuntamiento de Madrid reconoció en su Plan de Gestión de Residuos que la capital estaba a la cola en la recogida selectiva junto a ciudades como París o Lisboa, y muy alejada de otras como Berlín o Londres, cuyo porcentaje de recogida selectiva de residuos superaba el 25%, frente al 11,6% registrado por Madrid. En la última década, los niveles de recogida selectiva se han mantenido estancados.

Comparada con las otras cinco ciudades europeas, Madrid es la que menos residuos per cápita genera al año: tan solo 328 kg por persona frente a los 612 que se generan en la capital italiana o los 504 recogidos en Estocolmo. En 2017, la capital madrileña empezó a mejorar las tasas de residuos incrementando los puntos limpios fijos (recogieron un 22% más que en 2016) e inaugurando los puntos limpios de proximidad, que en su primer mes recogieron más de seis toneladas de residuos.

Donde sí destaca Madrid es en la recogida selectiva puerta a puerta. Ya ha pasado más de una década desde que Madrid instaló los contenedores de papel y plástico en cada domicilio siguiendo un calendario de frecuencias con el fin de engrosar el porcentaje de reciclaje tanto en la ciudad como en la comunidad. Con ello, Madrid consiguió en 2016 un 5,2% de recogida selectiva. Por tener una referencia: en Estocolmo, uno de los ejemplos en gestión de residuos, no se superó el 3%. Berlín y Londres, en cambio, se coronan superando el 20%.


Durante la legislatura de Carmena se añadió el contenedor marrón, el de la basura orgánica, para facilitar también el compostaje. Sin embargo, desde la Red de Mesas del Medio Ambiente, creen que aunque es un buen inicio, queda mucho camino. "El tema de los residuos, tanto en la comunidad como en el ayuntamiento, es desastroso. No estamos preparados porque no tenemos una vigilancia para penalizar la separación incorrecta", detalla Toni Ibáñez. "Es un sistema que con la crisis se perjudicó porque lo dieron todo a las empresas privadas".

¿Podría Madrid ganarse entonces el título de 'ciudad verde' en un futuro próximo? "Tiene que demostrar que puede serlo, te lo tienes que ganar con hechos. No valen declaraciones, ni intenciones", argumenta Adrián Fernández. "Si a la ciudadanía le das opciones verdes, las acepta positivamente. Madrid tiene mucho potencial para convertirse en una ciudad así, tenemos capital natural suficiente para ello, pero hay que tener la iniciativa".

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