Marcha por la Ciencia 2019

Médicos, treintañeros y explotados: "Es duro ir dando tumbos entre contratos temporales"

Madrid acoge la Marcha por la Ciencia: los investigadores piden que España destine el 2% del PIB a I+D+i y un Pacto de Estado que garantice estabilidad

Foto: Marcha mundial por la ciencia. (Foto: EFE)
Marcha mundial por la ciencia. (Foto: EFE)

Al mediodía de hoy se concentrarán en la Puerta del Sol. Cientos de jóvenes investigadores, algunos ya no tan jóvenes, con batas blancas y sin ellas, marcharán hasta el Congreso de los Diputados y allí leerán un manifiesto. Es la Marcha por la Ciencia 2019 y tiene dos peticiones muy concretas: que España destine el 2% del PIB a I+D+i y que un Pacto de Estado garantice mantener una política de apoyo a la investigación.

Estas reivindicaciones suenan tan antiguas que todos los partidos grandes excepto Vox ya las incluían en sus programas electorales de las elecciones de abril. Algunos ya lo llevaban incluso hace varias legislaturas, pero la realidad es que para muchos de los que se van a manifestar todavía son un sueño lejano.

David Quinto Alemany, miembro de la junta directiva de la Federación de Jóvenes Investigadores/Precarios (FJI), explica que la fecha elegida no tiene nada que ver con la convocatoria electoral del 10 de noviembre: "Estaba prevista desde antes de saber que iba a haber elecciones", explica a Teknautas. No obstante, esta circunstancia ha cambiado el foco de la reivindicación, poniendo el acento en aquello que está en manos de los políticos.

España gasta el 1,2% del PIB en I+D+i, según los datos del Eurostat, menos que hace una década, y para colmo ejecuta menos de la mitad de lo que presupuesta, según datos de la Fundación Cotec. "Uno de los grandes problemas es que gran parte de la financiación está contemplada como créditos, no como subvenciones directas o dinero disponible para los grupos de investigación", de manera que los investigadores no están en condiciones de devolver esa financiación y ni siquiera la solicitan.

Pérdida de capital humano

"Esto hace que en los últimos años haya habido una gran pérdida de capital humano, pero no solo de investigadores, tenemos que incluir también a otro tipo de personal, como técnicos y gestores. El resultado es que los científicos tenemos que dedicarnos a tareas administrativas y a la gestión de convocatorias, que son bastante confusas", apunta. Por eso, también reclaman la simplificación de la burocracia: "Para comprar el más insignificante instrumento de laboratorio hay que esperar semanas y rellenar infinidad de formularios", afirma.

Así que el problema fundamental es la financiación, pero no todo es cuestión de dinero. "Falta mucha transparencia, sobre todo en el acceso a los puestos, hay mucha endogamia. Creemos que esto se podría solucionar con una página web única centralizada donde aparezca toda la oferta pública de empleo relacionada con I+D+i y las correspondientes resoluciones", propone el miembro de la FJI.

De hecho, la inestabilidad en la publicación de las convocatorias hace que la desorientación entre los jóvenes científicos sea máxima y que no existan unos pasos claros en la carrera investigadora. "Las bases cambian, se piden nuevas cosas y se reducen plazas. Hay doctores que tienen que acogerse a algún puesto de técnico porque no tienen otra salida para subsistir hasta que se resuelven convocatorias inestables e impredecibles", comenta.

David Quinto. (Imagen cedida)
David Quinto. (Imagen cedida)

En opinión de los jóvenes investigadores, todo esto sucede sin que la sociedad esté concienciada acerca de este problema. "Yo lo noto en mi propia familia, mi madre piensa que mi situación de estar dando tumbos es un caso único. Y no: 'mamá, esto es así'", comenta David Quinto.

Este investigador canario que está a punto de cumplir 38 años trabaja en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. "Con este panorama, las investigaciones de mi campo, la biomedicina, se van retrasando. Es posible que potenciales tratamientos médicos de aquí a unos años ni siquiera vean la luz y la gente no acaba de ser consciente de ello", denuncia. "Cuando tenemos alguna manifestación notamos apoyo del sector, pero nos falta el de la sociedad, que es la que debería reclamar más investigación a los políticos. En parte es culpa nuestra, pero también hay desinterés social, a la gente le mola mucho la ciencia, pero no se ve partícipe de ella", comenta.

Hay desinterés social, a la gente le mola mucho la ciencia, pero no se ve partícipe

Por eso, se plantean otro reto: "Tenemos que concienciar a la sociedad de que esto no es por nosotros. No estamos reclamando unos mejores sueldos, aunque también, porque son precarios, sino que haya estabilidad presupuestaria en la investigación para que cuando lleguen los momentos de crisis se mantenga al menos en porcentaje. Lo que no puede ser es que hayamos pasado del 1,4% del PIB en 2009 al 1,2% de hoy en día. La investigación biomédica que hagamos hoy va a ser la medicina que tengamos el día de mañana", insiste.

El equipo en el que está integrado trabaja en enfermedades neurovasculares y él, en concreto, en ictus, "la segunda causa de muerte en el mundo y la primera en mujeres en España". Anteriormente, también ha estudiado el alzhéimer y el párkinson y su tesis fue sobre resistencias a fármacos.

Dos grupos "desaparecidos"

Sin embargo, apenas queda rastro de sus anteriores experiencias, en Tenerife: "Mi primer grupo de investigación está desaparecido por los recortes salvajes de la primera legislatura de Rajoy, recortes que ya había empezado el PSOE. Mi segundo grupo casi está desaparecido también, porque no han conseguido financiación para continuar con sus proyectos". Ahora, en la Universidad Complutense de Madrid, "estoy trabajando en un laboratorio más grande, pero cada vez nos cuesta más conseguir los escasos recursos que hay".

Víctor García Tagua no ha tenido tanta suerte. A sus 37 años está en el paro a pesar de ser doctor en Biología por la Universidad de Sevilla. Su tesis en genética de los microorganismos le llevó a investigar en campos muy diversos, desde la relación entre enfermedad renal y cardiovascular hasta la resistencia de las bacterias a los antibióticos. Ahora "estoy a la espera de varias resoluciones de contratos y proyectos para seguir investigando y desarrollar mi proyecto de generación de mini anticuerpos en camello canario".

Su caso es atípico porque no se ha ido al extranjero a trabajar. "Por cuestiones familiares no pude irme de España para desarrollar la investigación posdoctoral y después he ido encontrando trabajo aquí sin una línea específica, pero siempre en el campo de la señalización celular y aprendiendo diferentes técnicas que aplicar a cada nuevo proyecto", comenta.

Víctor García. (Imagen cedida)
Víctor García. (Imagen cedida)

En su opinión, "irse de España no debería ser una obligación, sino una opción más, porque tenemos centros muy buenos donde uno puede formarse y publicar mejor que en muchos del extranjero". Sin embargo, "parece que no nos queremos creer que somos buenos, podemos hacer ciencia excelente a pesar de los bajos presupuestos que tenemos, cosa que también hace que agudicemos nuestro ingenio".

Lorena Carro sí ha dado vueltas por Europa. En change.org inició una petición relacionada con la marcha de hoy y dirigida para al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades reclamando que se destine el 2% del PIB a la investigación. Comienza así: "Me llamo Lorena y me formé en España con dinero público (el tuyo y el mío) pero los conocimientos que adquirí los he aplicado siempre fuera de aquí: en Alemania, en Francia, en Inglaterra...".

En poco tiempo ha superado las 20.000 firmas, pero a ella no le parece mucho. "Son pocas para el movimiento social que pretendemos ver y la concienciación social que esperamos. Tengo la sensación de que la firman científicos y no llegamos a la sociedad". A pesar de su periplo como investigadora, también está en una situación de incertidumbre ante lo que sucederá en pocos meses, cuando se acaba su contrato: "Por un lado, es bastante triste la cantidad de contratos temporales encadenados que llevo hasta el día de hoy, pero me considero afortunada porque al final siempre he podido, más o menos, seguir trabajando".

Esta zamorana comenzó su tesis hace 15 años en Salamanca. Tras una primera etapa sin cobrar y sin contrato, consiguió su primera beca. Cuando finalizó, "me fui al paro, después tuve un contratillo y otra vez al paro". Al final logró la beca posdoctoral para irse a Francia.

El impacto de la crisis

Al regresar, se topó con la crisis: "Las condiciones eran aún peores que cuando me fui, había muchísima gente haciendo la tesis sin contrato y lo que me podían ofrecer a mí era de miseria, tenía que vivir con los ahorros que logré estando fuera. Pillé el peor momento para terminar la tesis, las posibilidades eran nulas. De hecho, cuando me fui al extranjero pensé que al volver todo estaría mejor, pero me equivoqué".

Lorena Carro. (Imagen cedida)
Lorena Carro. (Imagen cedida)

Así que volvió a irse: dos años y medio en el Reino Unido. "Al final los años también pesan, la familia y los amigos están lejos y te planteas qué quieres hacer", así que no paraba de rastrear cualquier oportunidad para volver. Por fin la Universidad de Salamanca sacó unas becas propias con el objetivo de recuperar doctores que había formado, así que ha tenido la oportunidad de regresar a su tierra, pero "solo son dos años a punto de agotarse".

Ahora "mis posibilidades son limitadas", reconoce, "muchas convocatorias se circunscriben a ciertos años después de leer la tesis y yo lo hice en 2009. Esto significa que estoy ante mi última oportunidad de pedir una ayuda Ramón y Cajal, que es la única forma de estabilización en España". El problema es que la cantidad de estas becas "se redujo enormemente durante la crisis y se ha formado un tapón tremendo. Los requisitos para conseguir un Ramón y Cajal están a la altura de lo que se pedía para ser catedrático hace algunos años", opina Lorena Carro.

En España la investigación brilla por su ausencia en las empresas privadas

Cualquier otra salida que no tenga que ver con la investigación pública se antoja también muy complicada. "En España la investigación brilla por su ausencia en las empresas privadas, se lo piensan mucho si te tienen que pagar como doctor y, realmente, no saben para qué sirve un doctor, qué le podría aportar a una empresa. En esto se nota mucha diferencia con el extranjero. A mí fuera me han ofrecido contratos directamente por mi formación, mientras que aquí la oferta es muy limitada".

El hándicap de ser madre

En cambio, Paula García Fraile sí ha pasado por el sector privado, aunque fue porque en su momento no le quedó más remedio: apenas cobraba 700 euros al mes con un contrato de tres horas y media para estudiar en la universidad las interacciones entre microorganismos y plantas para el desarrollo de biofertilizantes. Así que le ofrecieron "un buen puesto" en el Centro Nacional de Seguridad Alimentaria (una asociación privada sin ánimo de lucro de Navarra) y no se lo pensó.

Paula García Fraile
Paula García Fraile

Sin embargo, la experiencia fue breve, porque poco tiempo después se resolvió la solicitud que había presentado para un contrato posdoctoral y cogió un billete de avión al Reino Unido. Era 2010 y "las cosas no estaban bien para volver", así que cuando cambió de país fue para mudarse a Praga. "Allí la situación era mucho mejor y me ofrecieron quedarme como investigadora principal, pero me quedé embarazada, nació mi hijo y resultaba difícil ser investigadora y mamá sin ayuda de los abuelos, quería volver a España", relata.

Cuando lo consiguió volvió a aterrizar en una empresa, pero gracias a las ayudas para contratos Torres Quevedo. Más tarde regresó a la universidad con una de las prestigiosas becas Marie Curie y su trabajo ha dado muy buenos frutos. "Hemos descubierto bacterias para promover el crecimiento de los cultivos y otras que son prometedoras como antibióticos". Pero ahora tiene un nuevo contrato posdoctoral que finalizará en 2020: otra treintañera enfrentada a la incertidumbre.

"Me gusta lo que hago, pero es duro ir dando tumbos pasando de un contrato temporal a otro con un niño pequeño", destaca. Para colmo hay mucha competitividad: "Somos mucha gente con muchos años de experiencia solicitando nuevos contratos para poder financiarnos. Esto hace que tengamos un ritmo de vida frenético, trabajamos mucho, dormimos poco, le robamos tiempo a nuestra familia y a nuestros amigos. Tengo esperanzas, pero la vida de los científicos no es fácil en este país".

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