España esconde qué come nuestro pescado

Qué comen los peces que te comes (y por qué es un grave problema medioambiental)

El pienso de las piscifactorías se elabora con harinas y aceites de pequeños pescados, dañando ecosistemas y la seguridad alimentaria. En España, un informe denuncia falta de transparencia

Foto: (Foto: EFE)
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La acuicultura permite obtener pescado de forma sostenible, porque al criar peces en piscifactorías y jaulas marinas no es necesario esquilmar los mares. Hasta aquí la teoría que defiende estas prácticas y ha hecho que crezca tanto este sector, pero la realidad, a día de hoy es muy diferente. Los piensos con los que se alimentan estos peces en cautividad están hechos en gran medida de harinas y aceites de pescado que proceden de la captura de especies de pequeño tamaño.

La quinta parte de la pesca mundial ya va destinada a convertirse en alimento para las especies acuícolas, lo que causa un enorme impacto en los ecosistemas marinos, según los datos del informe Fishing the Feed, elaborado por la fundación Changing Markets. Además, esta explotación hace mella en la economía y en la sociedad de algunos países con rentas bajas y altos índices de pobreza que tradicionalmente basan su alimentación en las especies que ahora se destinan a fabricar piensos.

Un segundo informe, al que ha tenido acceso Teknautas, recoge datos de España. “Queríamos averiguar hasta qué punto la acuicultura de aquí es adicta a los piensos hechos con harinas y aceites de pescado”, explica José Antonio Bautista, coautor junto al también periodista de investigación Daniel Domínguez.

España tiene un sector acuícola muy fuerte, pero el 78,5% de toda la producción nacional es de mejillón, una especie que no necesita pienso, porque filtra el agua del mar para obtener su alimento. Esto hace que el sector sea muy diferente al de otros países. No obstante, para los peces carnívoros sí se utiliza el pienso de forma masiva, pero es difícil obtener datos concretos de su composición. “Hay mucha opacidad con respecto a este tema, no tenemos ni idea de lo que le han echado de comer al salmón que nos llevamos a la boca”, asegura.

Los hogares españoles son los segundos de la Unión Europea que más se gastan en pescado, por detrás de los italianos. Los pescados frescos más consumidos son, por este orden, la merluza, la sardina, el salmón, el bacalao y el lenguado. Estos tres últimos se producen en cautividad.

(Foto: EFE)
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Probablemente, la falta de transparencia en el sector se debe a que "es un asunto muy sensible de cara a la opinión pública". "Se supone que esta actividad evita la pesca extractiva en el mar, pero en realidad la acuicultura que practicamos no es sostenible, porque seguimos yendo a pescar y lo hacemos en costas de países vulnerables desde el punto de vista de la alimentación humana".

La cadena de producción

El proceso comienza con la pesca de la anchoveta peruana (parecida a nuestro boquerón), que es el pez más usado en para estos piensos, aunque también se utiliza caballa, arenque o sardina. Esta materia prima se transforma en harinas y aceites de pescado en las primeras fábricas por las que pasa. Después, los productores de pienso fabrican el alimento para peces a partir de ellas y se lo venden a las piscifactorías, que se lo dan a especies muy demandadas, como el salmón y la gamba. De allí llegan al consumidor final a través de supermercados y restaurantes.

En el comercio mundial, todas estas relaciones son muy complejas y perjudican a países como Gambia, Vietnam o India, que dependen de la pesca para alimentar a su población, de manera que Changing Markets denuncia que este tipo de sobrepesca está poniendo en riesgo su seguridad alimentaria. A veces se desvía el pescado utilizado para consumo humano a las plantas de harina de pescado, como sucede en India, según ha comprobado esta organización. El mayor productor mundial tanto de harina como de aceite de pescado es Perú, ya que en sus aguas se pesca la anchoveta.

La acuicultura española tiene un peso enorme en el mundo. Según los datos de la Asociación Empresarial de la Acuicultura de España (APROMAR), en 2018 produjo 348.395 toneladas de peces, mariscos y moluscos, cifra que pone a nuestro país en cabeza de la UE. Sin embargo, la inmensa mayoría es mejillón, muy por delante de los peces carnívoros que más se crían: lubina, trucha arco iris y dorada.

España es el noveno país que más cantidad de aceite de pescado importó a nivel global en 2018

Esto hace que la demanda y la producción de piensos sea relativamente baja en comparación con otros países. Aún así, es el noveno país que más cantidad de aceite de pescado importó a nivel global en 2018, y el decimocuarto con mayores importaciones de harina de pescado.

En este sentido, el informe español que completa al de Changing Markets denuncia la opacidad del sector: apenas hay información sobre las harinas y aceites de pescado con los que se fabrican los piensos que usa el sector acuícola español. Tan sólo se sabe que las importaciones llegan en su mayor parte de Francia y Portugal, pero no hay datos ni información detallada sobre los tipos de piensos que se emplean, los países de origen de las materias primas con que se elaboran ni su contenido exacto.

La ausencia de datos afecta a todas las partes involucradas, incluidas las más cercanas al consumidor. Así, los supermercados apenas ofrecen información de cómo se han alimentado los peces que venden. En realidad, “ni la tienen ni la exigen”, apunta Bautista. Mercadona y El Corte Inglés han sido las empresas más transparentes en este sentido. “Aseguran que están trabajando para promover el uso de piensos sostenibles en los productos acuícolas que compran, poniendo condiciones a los proveedores, y en sus webs especifican si un producto procede de pesca en alta mar o de piscifactoría”, comenta. No es suficiente, pero es algo en comparación con otras cadenas.

(Foto: EFE)
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Por eso en la actualidad, aunque los compradores quieran ejercer un consumo responsable apostando por pescados que no han sido alimentados con estas harinas, “les va a resultar casi imposible acceder a esa información y esto es una de las cosas que Changing Market quiere cambiar”.

Las empresas acuícolas: "No hay alternativas"

No obstante, los autores del informe consideran que “la parte más oscura de esta cadena” está en las propias empresas acuícolas, que “apenas proporcionan datos o información sobre la política alimenticia que siguen en sus piscifactorías y jaulas marinas, ni en sus páginas web, ni en sus informes y memorias anuales, ni en cualquier otro tipo de documentación corporativa a disposición del usuario”.

Por eso, se pusieron en contacto con las 10 compañías más importantes de España, pero la mayoría no les atendió. Entre las que sí lo hicieron está Grupo Andrómeda, que asegura estar avanzando hacia un modelo sostenible. Para ello prioriza “el empleo de harinas y aceites de pescado procedentes de subproductos de la pesca y de la industria conservera, así como de pesquerías sostenibles”.

Salmón (iStock)
Salmón (iStock)

“Todas usan piensos hechos con proteína de pescado y muchas se quejan de que en España no hay alternativas, no existen proveedores de piensos que no estén hechos a partir de pescado”, señala José Antonio Bautista.

En cuando a los productores de piensos, hay tres grandes compañías internacionales y las tres tienen fábrica en España: Skretting Spain, Biomar Spain y Dibaq Acuicultura. Sólo en algunos casos ofrecen información detallada de qué peces utilizan y “ninguna nos aclara si están o no esforzándose para cambiar la composición de sus productos”.

Un modelo "insostenible"

José Miguel Cerdá-Reverter, especialista en nutrición acuícola del Instituto de Acuicultura Torre de la Sal del CSIC, considera que el modelo de piensos hechos de harinas de pescado “es insostenible” desde el punto de vista medioambiental, aunque aclara que este tipo de alimentación ofrece un pescado de calidad para el consumidor.

“Los peces criados en cautividad son carnívoros en la naturaleza, predadores del nivel más alto de la cadena alimentaria, así que se alimentan de otros peces y de crustáceos o moluscos, pero siempre una dieta con muchas proteínas”, comenta a Teknautas. Por eso, la acuicultura tiene que garantizar fuentes de proteínas y también de ácidos grasos, porque “son especies con una baja capacidad para sintetizar omega-3 y en el mar lo encuentran en los pescados que capturan”.

La calidad del pescado salvaje es un poco mayor, “sobre todo porque una dorada puede comer pescados, moluscos y anélidos en alta mar y esto le da un espectro nutricional mucho más alto que si está en cautividad. No obstante, el de piscifactoría “también tiene una calidad excelente, comparado con la carne de vacuno o la de pollo, yo comería pescado de acuicultura todos los días”, afirma el experto.

Salmones de acuicultura. Foto: Mar de Noruega
Salmones de acuicultura. Foto: Mar de Noruega

Es más, la acuicultura ofrece la ventaja de que permite una mejor trazabilidad. “Es un proceso controlado y puedes saber cómo se han criado, tener marcadores de estrés y manejar la alimentación. Esa trazabilidad no la podemos obtener con un organismo salvaje”, apunta.

Pero, ¿qué sucede con los peces no carnívoros? Según Cerdá-Reverter, en estos momentos en España sólo se están criando carnívoros desde el punto de vista comercial, aunque de forma experimental hay ensayos con otros no carnívoros. En el ámbito internacional destaca el cultivo de la carpa, sobre todo en China, y es posible que los piensos que consume esta especie también tengan algo de harina de pescado, pero el experto no cree que esto pueda ser un problema.

“Lleva un porcentaje mucho menor que el pienso normal de carnívoros, en torno a un 10%, pero el propio productor no quiere piensos con alta cantidad de harina de pescado porque está pagando por algo que no le va a servir, le encarecería el alimento y comprometería la viabilidad del animal, porque no está preparado para ingerirlo, así que no será un problema porque a los criadores no les interesa económicamente”, señala.

El futuro puede estar en la cría de insectos para alimentación, las proteínas sintéticas y el fitoplancton

En cualquier caso, la tendencia es intentar sustituir la harina de pescado por otras harinas en todos los peces, sean o no carnívoros. De hecho, España cuenta con un Plan Estratégico para conseguirlo paulatinamente.

La primera idea han sido las harinas vegetales, es decir, “buscar plantas con alto contenido en proteína, como la soja”. Pero no es tan sencillo: “Si le damos vegetales a un carnívoro, que tiene su sistema digestivo adaptado a comer peces, le van a sentar mal. Los fitoestrógenos pueden afectar a su metabolismo o a su reproducción. Además, desde mi punto de vista, si intentamos aumentar la sostenibilidad de la acuicultura por esta vía vamos a acabar deforestando el Amazonas para plantar soja”, advierte el científico del CSIC.

Por eso, apuesta por otras muchas soluciones: la cría de insectos para alimentación de los peces, las proteínas sintéticas y el fitoplancton para aportar los ácidos grasos. En cualquier caso, “se necesita mucha investigación”.

El cambio sale más barato

Lo cierto es que los piensos para peces ya están sustituyendo la proteína procedente de harinas de pescado por proteína vegetal, pero la razón no tiene mucho que ver con la sostenibilidad ni con el aparato digestivo de los peces: simplemente, la soja sale más barata.

En general, la materia prima del pienso basado en harinas y aceites de pescado tiene un precio muy volátil. Una de las razones es que la producción de anchoveta peruana sube y baja radicalmente de un año a otro porque depende de fenómenos climáticos como El Niño y esto repercute en toda la cadena de producción, de manera que los empresarios acuícolas se quejan de cómo fluctúa el precio de los piensos.

“El miedo al cambio tiene que ver con una visión cortoplacista del sector, si miran un poco más allá, la propia normativa europea va a fomentar una transformación hacia un sistema más ecológico, hacerlo ahora va a ser menos doloroso y el pienso de origen vegetal va a tener un precio más estable”, destaca José Antonio Bautista. De hecho, una de sus conclusiones tras realizar el informe es que “España está en una posición privilegiada para poder meterse de lleno en la acuicultura sostenible y sustituir los piensos hechos con harina y aceite de pescado por piensos que estén hechos con otro tipo de productos”.

(Foto: EFE)
(Foto: EFE)

El hecho de que el mejillón cope más de tres cuartas partes de la producción hace que el resto, la parte que se ve afectada por el problema de los piensos, aún esté en la “parrilla de salida”, frente a otros países de Europa, en los que el sector es más maduro. “Está previsto que la acuicultura en España crezca mucho en los próximos años, hay muchas empresas que se están renovando, quitando barcos del mar para hacer piscifactorías o granjas marinas y mucha gente está viendo oportunidades de negocio”, comenta. Y desde el punto de vista de la sostenibilidad, tanto medioambiental como financiera, la búsqueda de alternativas es ineludible.

Algunos ya se han adelantado. El informe identifica el caso de Caviar de Riofrío, la primera empresa acuícola española en adoptar un sistema 100% ecológico y sostenible en toda su cadena de producción. El pienso que usa es una parte vegetal y otra parte de proteína animal que viene de descartes de pescado, restos de fileteado y pesquería sostenible, además de harina de insectos. Además, ha diversificado su negocio incorporando turismo, ya que ofrece visitas guiadas.

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