50 AÑOS DE UNA CONCESIÓN MUY POLÉMICA

El escándalo menos conocido de Jesús Gil es un embalse que está asfixiando Guadarrama

El embalse de Los Ángeles de San Rafael, la urbanización de los Gil, retiene un millón de m³ de agua para uso recreativo mientras el río del que se sirve vive una catástrofe ecológica

Foto: A la izquierda el embalse recreativo de Los Ángeles de San Rafael, a la derecha sacos de crustáceos muertos.
A la izquierda el embalse recreativo de Los Ángeles de San Rafael, a la derecha sacos de crustáceos muertos.

El escándalo menos conocido de Jesús Gil es un inocente embalse recreativo en Los Ángeles de San Rafael (Segovia). Esta urbanización quedó marcada para siempre por la muerte de 58 personas en el derrumbe de un restaurante en el año 1969, hecho que provocó el encarcelamiento de Gil por negligencia urbanística, pero durante todos estos años ha pasado inadvertido el impacto medioambiental sobre la sierra de Guadarrama de ese embalse de titularidad pública y uso puramente comercial que es una absoluta rareza en la península.

Jesús Gil junto a su mujer Mari Ángeles en una foto de archivo.
Jesús Gil junto a su mujer Mari Ángeles en una foto de archivo.

Gil soñaba con construir "una ciudad en mitad de la nada" y darle a los madrileños una playa allí donde no la había, y para ello mandó levantar un lago particular a los pies del hotel y de los primeros apartamentos como reclamo para atraer inversores y clientes. A 45 minutos de Madrid, los más privilegiados podrían disfrutar de plácidos paseos en barca y un club náutico exclusivo en plena sierra segoviana. A las administraciones del régimen el plan les pareció fantástico y dieron su visto bueno al secuestro de un millón de metros cúbicos para uso privado.

La consecuencia es que a lo largo de cincuenta años el embalse ha contribuido a asfixiar la flora y la fauna autóctona del río Moros, tributario del río Eresma, de cuyas aguas bebe el embalse y cuya cuenca forma parte de la Red Natura 2000 de la Unión Europea, está catalogada como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y es hábitat de algunas especie en grave peligro de extinción como las náyades o almejas de agua dulce.

El río Moros, convertido en un pedregal en el cauce posterior al embalse de Los Ángeles de San Rafael.
El río Moros, convertido en un pedregal en el cauce posterior al embalse de Los Ángeles de San Rafael.

El nivel del embalse se encuentra en niveles casi máximos a pesar de la sequía del río.
El nivel del embalse se encuentra en niveles casi máximos a pesar de la sequía del río.

La explicación de este desastre ecológico anunciado es sencilla: el caudal del río que entra en el embalse no siempre sale para continuar su cauce natural, según denuncian vecinos de los pueblos afectados y organizaciones como Ecologistas en Acción, sino que queda retenido para garantizar un nivel de agua óptimo que permita comercializar las distintas actividades recreativas: esquí acuático, piragüismo, salidas en moto de agua o tranquilos paseos en barca. En juego están los contratos firmados por la familia Gil Marín con las distintas empresas que explotan estas actividades. Sin agua no hay negocio en Los Ángeles. Sin agua tampoco hay como regar el fastuoso campo de golf, cuyo césped se riega gracias al embalse y es lugar de entreamiento en pretemporada para el Atlético de Madrid.

La Junta de Castilla y León está valorando si hay motivo para sancionar a la familia Gil por el descalabro ecológico de este verano

Tras muchos años de tira y afloja, Ecologistas en Acción presentó este lunes una denuncia contra los Gil. La Junta de Castilla y León ha iniciado un estudio de esa denuncia para valorar si hay motivo para iniciar un expediente sancionador. Nada nuevo para la familia. Jesús Gil ya se enfrentó en 1998 a una multa de 50 millones de pesetas por hacer del embalse su charca particular. Lo vació sin permiso, sacó 7.500 metros cúbicos de la ladera izquierda, hizo un desmonte de 11.500 metros cúbicos de tierra y construyó un muro de contención en hormigón armado de 40 metros de largo por 18 de alto a la altura del restaurante del club naútico. Luego lo volvió a llenar de agua como si fuera una piscina de plástico.

Válvula de salida de agua al pie del embalse de Los Ángeles de San Rafael durante el mes de julio. (Ecologistas en Acción)
Válvula de salida de agua al pie del embalse de Los Ángeles de San Rafael durante el mes de julio. (Ecologistas en Acción)

Un río convertido en pedregal

Varias veces al año, Javier Cubo, vecino del pueblo de Valdeprados (70 habitantes), comprueba el caudal del río Moros antes y después de la presa. Es habitual que el paso del agua medio kilómetro curso arriba sea bastante superior al que desemboca por la válvula de salida del embalse un poco más abajo, pero lo de este verano ha sido inaudito. Válvula casi cerrada, con apenas un hilo de agua saliendo, y río totalmente desecado a lo largo de tres kilómetros.

La asfixia ha durando más de 15 días y ha arrasado de un plumazo con casi toda la vida marina. “Hasta que lo denuncié ante la Confederación Hidrográfica del Duero y les obligaron a abrir la válvula. Ojalá lo hubiera hecho antes”, resopla Cubo. Vecinos de las poblaciones que baña el río se han dedicado durante días a sacar cubos llenos de cangrejos, almejas y peces muertos en el lecho, convertido de súbito en un pedregal. Las aves autóctonas también se han quedado sin alimento y una parte de ellas ha migrado.

Almejas, cangrejos y peces muertos en el lecho del río Moros.
Almejas, cangrejos y peces muertos en el lecho del río Moros.

“La familia Gil no es propietaria del embalse sino que goza de una concesión. Y la normativa es muy clara: tienen que dejar salir el mismo caudal de agua que entra, pero casi nunca lo cumplen. Llevamos denunciándoles ante la confederación y ante la Junta de Castilla y León desde los años 90 y siguen haciendo lo mismo. Lo de este año ha sido increíble, suponemos que ante la previsión de sequía han querido retener toda el agua posible para garantizar su negocio”, protesta Cubo.

La propietaria de Los Ángeles de San Rafael es la Compañía Internacional de Bienes Raíces, creada en 1967 para tal efecto por Jesús Gil y heredada por sus hijos. Oscar Gil Marín preside la sociedad, con Fernando como consejero delegado y Miguel Ángel, Jesús y María de los Ángeles en la junta directiva. Cuenta con unos activos de cuatro millones de euros. Contactada por este diario, la empresa no ofreció su punto de vista sobre la polémica. Ante los alcaldes y administraciones, los Gil siempre sostienen que dejan salir el mismo caudal de agua que les entra.

Campo de golf en Los Ángeles de San Rafael.
Campo de golf en Los Ángeles de San Rafael.


Obligados a abrir la válvula

La Confederación Hidrográfica del Duero sostiene que sus técnicos no han encontrado evidencias de que los Gil Marín no respeten la concesión aprobada en 1968. "El embalse, según nuestras mediciones, no ha contribuido a la desecación del río Moros. Esta se ha debido al estiaje [caudal mínimo de un río durante una época del año] y es algo habitual. Los guardas están muy vigilantes y no habríamos permitido que el río se secase por una negligencia. No ha habido incumplimiento de los caudales ecológicos", asegura el organismo.

Esta declaración pública contrasta con lo reportado por los técnicos de la Junta de Castilla y León, quienes trabajan conjuntamente con personal de la confederación: los Gil Marín si violaron el acuerdo de concesión en julio y los técnicos sí exigieron a la la empresa que restituyera el caudal ecológico de inmediato. Los Gil acataron, abrieron la válvula y el agua volvió a fluir, aunque no lo suficiente para volver a hacer que el agua corra por el lecho. Las fotografías hechas por los vecinos y los guardas forestales durante el mes de julio, que muestran la válvula de salida expulsando un ínfimo chorro de agua, son tajantes.

Los técnicos medioambientales detectaron un incumplimiento del caudal ecológico en julio y exigieron abrir la válvula de inmediato

Es imposible saber si los gestores de Los Ángeles sueltan el caudal completo porque no existe caudalímetro a la salida de la presa, algo que se lleva reclamando muchos años, y las comparaciones de los técnicos se hacen a ojo. Sin embargo, no hay que ser experto para darse cuenta de que algo sigue fallando. En el cauce previo al embalse había esta semana 50 centímetros de profundidad con un caudal de entre 3 y 4 metros cúbicos por segundo; en el cauce posterior apenas circulaba el agua, con un kilómetro totalmente desecado y otros dos que han recuperado algunos centimetros en pequeñas balsas de agua estancada, sin vida marina a la vista.

Situarse en lo alto de la presa también es un ejercicio inquietante: a un lado se puede observar un embalse que rebosa agua hasta donde alcalza la vegetación, con decenas de turistas practicando cableski o dando paseos en barca. Al otro lado, al fondo del muro de contención, se ve puede ver lo que parece el inicio de un arroyo casi seco.

Salida de agua del embalse recreativo días atrás.
Salida de agua del embalse recreativo días atrás.

“La presión que se ha hecho sobre este río es enorme, empezando por El Espinar (9.061 habitantes) y luego con la construcción de Los Ángeles de San Rafael. El río Moros no tiene un caudal muy grande, en verano se mete aquí una cantidad de gente enorme, y toda el agua sale de ese río. Yo aprendí a nadar en él, entonces era una maravilla”, resume Juan Miguel Martín, teniente de alcalde de Vegas de Matute (260 habitantes) y alcalde entre 2011 y 2019. “Lo que está pasando es un desastre, a mí me duele mucho verlo, pero los ayuntamientos no podemos hacer nada. Tiene que ser la confederación hidrográfica la que controle los caudales. Ellos tienen guardas vigilando la zona, también está el Seprona de la Guardia Civil, ellos tienen la responsabilidad de actuar si hay alguna irregularidad”.

Imagen aérea del club náutico y el embalse de Los Ángeles de San Rafael. (Youtube/De la Torre)
Imagen aérea del club náutico y el embalse de Los Ángeles de San Rafael. (Youtube/De la Torre)

La cuenca afectada por el corte de agua del embalse forma parte también de la Reserva de la Biosfera del Real Sitio de San Ildefonso-El Espinar. “Las reservas de la biosfera suponen un claro compromiso del territorio con la conservación y el desarrollo sostenible, así como una oportunidad y un reto para afrontar los desafíos actuales”, sostiene el organismo en su portal. La cuenca del río Moros es parte de esa reserva por su “riqueza natural” y como tal cuenta con un “paraguas de protección”, afirma el ente. Una sencilla visita al lugar ofrece una conclusión totalmente opuesta. La biodiversidad agoniza y los pueblos afectados se quedan sin entorno natural y sin turistas que lo visiten. Los pocos visitantes que hay estos días en la zona se agolpan entre el cableski y el campo de golf contiguo al embalse, para cuyo regadío se utiliza agua del río. Los que se acercan al cauce del río, cuentan los vecinos, salen espantados.

“Cuando las cosas no están bien hechas pasan estas cosas. El embalse está ahí y tenemos que convivir con él, el problema es que en su día fue aprobado por las administraciones, empezando por la confederación hidrográfica que dio su visto bueno”, resume el teniente de alcalde de Vegas de Matute. “Esta urbanización se aprobó durante el franquismo y ya sabemos cómo se gestionaban estas cosas. No hay que olvidar que Franco aministió a Jesús Gil tras lo del derrumbe del restaurante”, subraya por su parte Cubo, que remata: “Ahora Los Ángeles de San Rafael es una urbanización decadente, pero a finales de los 60 el disponer de un club náutico y chalets en la sierra de Madrid era un regalo para las élites. Esta era una zona truchera con mucha riqueza natural. Se ha intentado repoblarlo de truchas pero cada vez que cierran la válvula se mueren todas. No les ha importó cargarse un río para que las barcas de recreo puedan pasear por el embalse”.

Clientes del campo de golf de los Ángeles de San Rafael.
Clientes del campo de golf de los Ángeles de San Rafael.

5.000 viviendas más

Los Ángeles ofrece hoy una estampa claramente decadente. Fachadas descascarilladas en sus fases más antiguas, muchas viviendas en venta, calles llenas de malas hierbas y un olor de agua estancada omnipresente en la zona del embarcadero. Los vecinos han protestado durante años por el escaso mantenimiento de la urbanización, protestas luego convertidas en pleitos. En Los Ángeles hay 1.400 personas empadronadas, si bien se estima en 5.000 el volumen de residentes, entre fijos y propietarios de segunda residencia.

Con la recuperación del ladrillo, la familia Gil Marín han decidido relanzar una urbanización que vivió sus años dorados en los años 70 y 80. En 2017, aprobaron la construcción de 5.000 nuevas viviendas con una superficie superior a la del propio municipio de El Espinar que incrementarán, más si cabe, la presión sobre el asfixiado río Moros.

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