LAS EMISIONES TÉRMICAS DE CO2 NO HAN BAJADO

En datos: España ya no produce electricidad con carbón, pero el gas ha ocupado su trono

Desprovisto de subvenciones y gravado de impuestos, el uso de carbón como combustible se ha vuelto testimonial, pero en ningún caso ha sido reemplazado con energías limpias

Foto: Central de ciclo combinado en Campo de Gibraltar. (Montaje: EC)
Central de ciclo combinado en Campo de Gibraltar. (Montaje: EC)

El año pasado, el carbón fue la tercera fuente de energía más utilizada en España tras la nuclear y la eólica, pero en 2019 ha desaparecido casi por completo del cóctel del que obtenemos nuestra electricidad. Observen aquí su evolución desde 2011 y verán que, a comienzos de este año, su uso se descalabró.

Según datos diarios facilitados por Red Eléctrica Española a El Confidencial, entre finales de febrero y principios de marzo la producción con carbón se desplomó del 15% a cerca del 5%, donde ha permanecido desde entonces, llegando a caer al 1,49% en mayo, su mínimo histórico. Los motivos de este súbito descenso pueden explicarse en varios artículos, sobre el elevado precio del CO2 en un entorno de precios reducidos del 'pool' energético, o pueden explicarse en tres palabras: no es rentable.

Sin embargo, el sistema eléctrico no se ha resentido demasiado. "Los datos vuelven a demostrar que el sistema eléctrico tiene suficiente capacidad instalada para satisfacer la demanda sin depender del carbón, cuya combustión genera impactos nocivos en la salud y el medio ambiente", explica a este periódico Guillermo Ramo, abogado del Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente.

De las 15 centrales térmicas que había operativas a finales del año pasado, solamente cinco (As Pontes de García Rodríguez, Carboneras, Aboño, Soto de Ribera y Los Barrios) se comprometieron a acometer las inversiones necesarias para seguir funcionando más allá de 2020. Sobre este fin del carbón se lanzaron muchas admoniciones, la principal, que el precio de la luz subiría hasta un 10% como consecuencia de la diferencia de precio entre el carbón y el gas natural, alimento de las centrales de ciclo combinado llamadas a reemplazar a las centrales térmicas.

Los datos muestran que el sistema tiene suficiente capacidad para satisfacer la demanda sin depender del carbón

De momento, las amenazas no se han cumplido, dado que el precio de la electricidad en esta primera mitad de 2019 ha bajado un 20% en España con respecto al año pasado. Sin embargo, lo que sí está ocurriendo es que sacar el carbón del 'mix' energético no se está traduciendo en una reducción igualmente drástica de las emisiones de CO2. Por ejemplo, en el mes de marzo, cuando comenzó el desplome del carbón, el uso de gas como combustible aumentó hasta llevar el hueco térmico del 'mix' energético al 15,1%, cuando un año antes suponía el 10,9% del total. En resumen, menos carbón pero más emisiones.

La tendencia se incrementó en abril (con un 18,5% de gas y carbón frente al 12,9% de abril de 2018) y en mayo, cuando la tecnología de ciclo combinado se elevó hasta el 20% de la producción eléctrica, demostrando que ya no es una energía de respaldo sino protagonista.

"Es fundamental evitar que otras fuentes fósiles ocupen el espacio del carbón, promoviendo la incorporación de mayor capacidad de generación renovable y facilitando su integración en el mercado", explica Ramo. "Para cumplir con París, necesitamos avanzar rápido hacia un 'mix' totalmente renovable; no solo es necesario el abandono del carbón sino también garantizar que son las energías limpias las que lo reemplazan".

¿Está sucediendo esto? Por un lado, la potencia renovable instalada está en máximos este año, con un 47,3%, pero la generación de electricidad renovable no está siguiendo el mismo ritmo ascendente. Tras tocar techo en 2014 (con un 40,5%), en los años siguientes no ha vuelto a alcanzar esa cifra, e incluso se ha reducido en un punto en lo que llevamos de 2019 (un 37,5% frente al 38,4% de 2018).

Parte de esto es por la gran dependencia de la energía hidroeléctrica. Cuando llueve mucho en España, como sucedió en la primavera de 2018, la fotografía muestra un espejismo donde las renovables son capaces de empujar lo que haga falta. Pero una vez las nubes se han despejado, nos queda la verdadera imagen de la energía en nuestro país.

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