puede nacer una nueva especie humana

"A final de siglo habrá gente en Marte, pero será como quien ahora va al Polo Norte"

El astrofísico se considera “un optimista tecnológico y un pesimista político” y avanzó los peligros que se avecinan para la humanidad en una entrevista para El Confidencial

Foto:  El astrofísico británico Martin Rees. (Nesta)
El astrofísico británico Martin Rees. (Nesta)

Un magnate indio al que conoció hace unos años, al enterarse de que el astrofísico británico Sir Martin Rees tenía el título de “astrónomo real”, le preguntó si era él quien le hacía los horóscopos a la reina Isabel II. “Si quisiera uno, yo soy la persona a la que se lo pediría”, le contestó respetuosamente el científico con toda la seriedad de la que fue capaz. A pesar de que Rees, que además de astrónomo real también ha sido director del Instituto de Astronomía en la Universidad de Cambridge, acaba de publicar ‘En el futuro. Perspectivas para la humanidad’ (Crítica, 2019), reconoce que “los científicos suelen ser terribles pronosticadores”.

El ejemplo que pone este experto en la estructura del Universo es el de uno de sus predecesores en el cargo, astrónomo real en la década de los 50, quien afirmó que los viajes espaciales “eran una absoluta tontería”. Casi todo ha cambiado desde entonces. Menos la reina británica, que sigue siendo la misma.

“La llegada a la luna ya es historia antigua para mis alumnos”, afirma durante la entrevista que se realiza justo cuando se celebra el 50 aniversario del primer alunizaje. “Los jóvenes saben que los egipcios hicieron pirámides y los americanos llegaron a la Luna, pero ambas cosas les parece que pasaron hace siglos”. Cuando en 1969 los humanos pisaron por primera vez la luna, Martin Rees tenía 27 años. Cincuenta años más tarde afirma que el siglo XXI “será el primero en el que los humanos podrán no solo visitar, sino vivir en otros planetas”. Pero más que familias de colonos haciendo vida cotidiana en el espacio exterior, el científico que lleva toda la vida mirando al cielo vaticina que los que se embarquen en ese viaje interestelar no lo harán por supervivencia sino por disfrute.

"Creo que pronto habrá gente que volverá a la Luna y pisará Marte, pero no serán astronautas pagados por un país, sino por empresas privadas"

Viajar al espacio ya no tiene nada del otro mundo. Y para lo que no falta mucho, a su parecer, es para que los humanos visiten otros planetas con relativa frecuencia: “Creo que pronto habrá gente que volverá a la Luna y pisará Marte, pero no serán astronautas pagados por un país, sino por empresas privadas en busca de rentabilidad”. La razón de que los viajes espaciales se vayan al sector privado es, según el que fuera presidente de la Royal Society de Londres, que “la necesidad práctica de ir al espacio es menor que en el siglo pasado ahora que los gobiernos pueden enviar robots a explorar el universo y hacer investigaciones sin arriesgar vidas humanas”. Y añade tajante: “Marte lo van a conquistar los robots, no los humanos.

Los robots sí que serán muy útiles en el espacio, los humanos no tanto. Otra cosa es que nos acostumbremos a que viaje al espacio la gente con el dinero y la curiosidad para explorarlo, por la aventura, pero los realmente útiles en el espacio para resolver problemas, construir estructuras gigantes o conseguir energía, van a ser las máquinas. Dirigidas por humanos, claro”.

Del Everest a Marte

Rees considera bastante probable que “habrá gente viviendo en Marte a finales de siglo, pero será como la gente que va a explorar el Polo Norte o el Everest, lo harán porque quieren vivir experiencias extremas. No creo que vayamos a vivir migraciones masivas a Marte para escapar del cambio climático. Si no sabemos lidiar en la Tierra con las consecuencias del cambio climático, ¿cómo vamos a resolver los problemas de habitar Marte?”

Cuando en 1969 Armstrong, Collins y Aldrin pisaron la Luna, la población mundial era de unos 3.500 millones de personas. En 2019 se estima que será más del doble y se prevé que en 2050 seremos unos 9.000 millones de humanos en la Tierra. Que cada vez seamos más y tengamos más capacidad de transformar nuestro planeta tiene una innegable parte positiva: “Nuestra vida, nuestra salud y el medio ambiente puede beneficiarse mucho de futuros avances tecnológicos, pero estos avances nos exponen a nuevas vulnerabilidades cada vez más interconectadas”, advierte Rees.

"Si no sabemos lidiar en la Tierra con las consecuencias del cambio climático, ¿cómo vamos a resolver los problemas de habitar Marte?"

Sin embargo, no queda muy claro si el científico es optimista o pesimista sobre el futuro, porque trata de ser ecuánime incluso con los pronósticos. Al fin y al cabo, lo bueno y lo malo siempre va en función de las expectativas. Y ahí está la clave para entender la preocupación del que fuera reconocido en 2003 con el premio Mundial de las Ciencias Albert Einstein: “La brecha entre cómo es el mundo y cómo podría ser es más grande de lo que ha sido nunca”, afirma. Y los más desfavorecidos, por primera vez en la historia, en un mundo conectado, son perfectamente conscientes de lo que se están perdiendo. El albañil medieval que construía las catedrales solo podía imaginarlo.

Pero Rees se considera “un optimista tecnológico y un pesimista político”. Según sus cálculos, “la buena noticia es que tenemos la tecnología para proveer una buena vida para 7.500 millones de personas, la mala es que no esté pasando porque hay un 'gap' demasiado amplio entre cómo son las cosas y cómo deberían ser, porque las políticas no son las correctas”. La capacidad de cálculo que ofrece la inteligencia artificial, más que un problema, es para el astrónomo real “una esperanza porque nos ayudará a tomar decisiones difíciles, aunque necesitaremos a los humanos adecuados para definir los objetivos y prioridades”.

El mayor peligro para la humanidad

¿Será el siglo XXI el último siglo de la humanidad? La pregunta es pertinente dado que hace 15 años Rees publicó un libro titulado así y no nos hemos extinguido todavía. “La tecnología cada vez nos confiere más poder”, afirma Rees. “Nuestro planeta tiene 45 millones de siglos de antigüedad, pero este es el primero en el que una especie puede determinar su futuro y acabar con él. Seremos afortunados si evitamos el colapso, aunque es muy poco probable que nos llevemos a la extinción, no es imposible. Es más probable que el cambio climático haga un mundo inhabitable”.

El cambio climático es lo que más le preocupa a largo plazo. Pero en el corto, de todas las tecnologías desarrolladas por los humanos, las que más le preocupan a Rees que puedan ser especialmente dañinas con el planeta y nuestra especie en los próximos 20 años son la biotecnología y los ciberataques. “Ya sabemos que unos 'hackers' pueden dejar sin electricidad o sin agua una ciudad. Y la modificación genética puede hacer los virus más peligrosos. Mi preocupación es que aunque tengamos regulaciones va a ser muy difícil controlar estos fenómenos globalmente, igual que es difícil hacer leyes globales de impuestos”.

A diferencia de la energía nuclear, que fue la que representaba la amenaza más temida en el siglo XX, el científico advierte de que estas nuevas tecnologías son mucho más peligrosas en la medida en que son más difíciles de controlar. “Estos ataques pueden hacerse por poca gente y con un equipo muy accesible en las universidades. Sin embargo, en el caso de las nucleares, la regulación internacional es más efectiva porque se necesitan instalaciones complicadas y muchos recursos difíciles de conseguir y fáciles de detectar. Sin embargo, las ciberamenazas y la biotecnología se pueden desarrollar de forma muy discreta”.

La consecuencia, advierte Rees, es que nos encaminamos a un futuro en el que gobernar un país va a ser más complicado que nunca porque para garantizar la seguridad y evitar el mal uso de estas tecnologías habrá más tensiones, ya las está habiendo, entre libertad, privacidad y seguridad: “Si es posible para unos pocos individuos crear un ataque biológico que ponga en jaque una ciudad o un país entero, la privacidad va a someterse en el corto plazo a nuevas tensiones en nombre de la seguridad, porque la única manera de detenerlo podría argumentarse que es interferir en las comunicaciones privadas a gran escala. Y es posible que la gente va a estar más concienciada para hacer sacrificios de este tipo si las amenazas se materializan”.

Los primeros marcianos

A sus 77 años, Rees apela a la teoría del caos y el efecto mariposa y niega “que la inteligencia artificial vaya a predecir el futuro mejor que nosotros”, por más que haya quien se empeñe en atribuirle capacidades casi místicas a los algoritmos. “Nunca va a ser posible predecir lo que va a pasar con mucho tiempo de antelación”, apunta el científico británico con el tono calmado de quien está de vuelta de algo. “Un pequeño cambio en las condiciones, en cualquier situación, puede cambiarlo todo.

Pero una cosa es predecir el futuro y otra tener certezas científicas de lo que puede pasar si no cambian las condiciones dadas. Hay cosas que sí podemos estar seguros de que están pasando y van a continuar haciéndolo si no hacemos algo para evitarlo, pero eso ya no es predecir sino detectar tendencias. Como el cambio climático, por ejemplo, ya está aquí. Si no tenemos cuidado, podemos dejar un planeta muy deteriorado a nuestros sucesores y podría haber una pandemia que matara a muchos millones de personas”. Pese a que lo que está diciendo es tremendo, su tono sigue siendo calmado. Afable, incluso.

Además de aventureros en Marte, riesgos climáticos y amenazas biotecnológicas, este siglo también nos puede deparar el nacimiento de una nueva especie humana: “Los primeros poshumanos o nuevas especies de humanos seguramente nacerán en Marte, porque estarán fuera de las prohibiciones de los reguladores y tendrán un mayor incentivo para experimentar avances tecnológicos en sus cuerpos para sobrevivir. Si los humanos van a Marte, tendrán nuevos incentivos para la modificación genética y los que quieran quedarse a vivir allí tendrán que cambiar para sobrevivir”.

A la mayoría puede sonarle como ciencia ficción, pero para el astrofísico es una posibilidad que ya se puede vislumbrar con los avances actuales. Sin embargo, en seguida Rees pone los pies en la tierra y reconoce que una cosa es la teoría científica y otra la terca realidad. “Poner en práctica un concepto científico para fines prácticos puede suponer un mayor reto que el descubrimiento inicial”, explica. Y pone el ejemplo del ingeniero sueco Gideon Sundback, que inventó la cremallera: “Realizó un salto intelectual mayor que el que la mayoría de nosotros realizaremos nunca”. Estos también son avances tecnológicos que nos cambian la vida, recuerda Rees en ‘En el futuro’.

Sus predicciones, sin embargo, vienen con letra pequeña: “Cada vez es más difícil anticipar lo que viene, como pudiera resultar esperable por la capacidad de cálculo actual y el mayor control que tenemos de lo que pasa en el mundo”. En realidad, el mundo es, según él, cada vez más imprevisible. “La Edad Media en Europa fue una época turbulenta e incierta”, explica. Y añade: “Pero en esta época las cosas cambiaban poco de una generación a la siguiente; los albañiles medievales añadían ladrillo tras ladrillo a un mundo que tardaría más de un siglo en terminarse. Para nosotros, a diferencia de lo que les ocurría a ellos, el próximo siglo será drásticamente diferente al actual”. Y con afán de contar lo que está pasando, no de juzgarlo, concluye: “Los humanos son ahora tan numerosos y tienen una huella colectiva tan pesada que por primera vez tienen la capacidad de transformar, o incluso devastarlo todo”.

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