LOS ANTIBIÓTICOS DEL FUTURO

Una chica de 15 años logra derrotar a las 'superbacterias' gracias a la terapia de fagos

Los fagos están destronando a los antibióticos, cada vez menos eficaces en su lucha contra algunas infecciones multirresistentes. En Londres se han usado en una adolescente con fibrosis quística

Foto: Fagos atacando a una bacteria (NIH)
Fagos atacando a una bacteria (NIH)

Los antibióticos actuales siguen perdiendo la lucha contra las 'superbacterias', que mutan rápidamente haciéndose cada vez más resistentes a cualquier tratamiento. Esta contrariedad, que según se calcula está matando a unas 35.000 personas anualmente en España, está obligando a los investigadores a ser creativos a contrarreloj.

Algunos, como Daniel López Serrano, del Centro Nacional de Biotecnología, se han centrado en reutilizar viejos antibióticos, desahuciados desde hace años, contra las bacterias multirresistentes del presente. Es un enfoque prometedor pero que por desgracia también tiene los días contados: el mismo día que el remedio funcione, un estafilococo comenzará a adaptarse rápidamente a él.

Muchas de estas infecciones se contraen precisamente en hospitales, como le ocurrió a la adolescente británica de 15 años cuyo caso se publica hoy en 'Nature Medicine'. Tras ocho años siendo tratada con antibióticos para combatir una fibrosis quística —enfermedad que impide la normal función respiratoria al llenar los pulmones de coágulos y mocos— a la chica le trasplantaron ambos pulmones.

Tras la operación, que no fue nada complicada, le apareció una infección de 'Mycobacterium abscessus' resistente a los antibióticos que sus médicos le estuvieron administrando durante más de seis meses.

El hospital londinense de Great Ormond Street (Reuters)
El hospital londinense de Great Ormond Street (Reuters)

Finalmente, Helen Spencer, pediatra y experta en fibrosis quística en el hospital londinense de Great Ormond Street, donde la paciente contrajo la infección, optó por contactar con expertos estadounidenses para abordar el mal de la adolescente con un tratamiento radical: una terapia con virus bacteriófagos o fagos creados 'ex profeso' para combatir la infección de micobacterias.

A diferencia de los antibióticos de amplio espectro, ideados para combatir cualquier infección, los fagos son totalmente específicos. Todos contenemos millones de fagos en nuestro cuerpo, pero una bacteria concreta necesita su némesis fágica para ser desactivada. La terapia tuvo una edad dorada a principios de siglo en el Instituto Pasteur gracias a su descubridor, Félix d'Herelle, pero tras el descubrimiento de la penicilina cayó en el olvido... a excepción de tras el telón de acero.

Los soviéticos siguieron investigando el poder antibacteriano de los virus bacteriófagos, fundamentalmente en el Instituto George Eliava de Tiblisi, Georgia. Eliava fue un discípulo de D'Herelle y mantuvo viva la llama de los fagos hasta nuestros días. En septiembre de 2017 contamos en El Confidencial cómo una familia de origen judío introdujo fagos georgianos en España para tratar en una clínica privada una infección de 'Staphilococus aureus' resistentes a la meticilina o MRSA, una de las 'superbacterias' más comunes y devastadoras.

Primer plano de los fagos (R.M. Dedrick / Nature Medicine)
Primer plano de los fagos (R.M. Dedrick / Nature Medicine)

La creciente resistencia antibiótica está obligando a recuperar esta extravagante línea de investigación. Hace unos días 'Le Figaro' publicaba que ya son multitud los ciudadanos franceses que se desplazan hasta Georgia para adquirir fagos que puedan tratar las infecciones de sus familiares. El uso de estos fagos en Europa se permite bajo una licencia de tratamiento compasivo, es decir, un último recurso cuando nada más funciona contra la infección.

Porque lo sorprendente es precisamente... que los fagos están funcionando en muchos de estos casos.

Fabricar un fago

En octubre de 2017, el genetista molecular Graham Hatfull, de la universidad estadounidense de Pittsburgh, recibió un correo de la doctora explicándole el caso y conminándole a ofrecer una solución. Hatfull lleva décadas recogiendo del medio ambiente diferentes virus bacteriófagos que, potencialmente, podrían servir para tratar diferentes enfermedades.

"La idea es usar los bacteriófagos como antibióticos, como algo que podríamos usar para matar las bacterias que causan una infección", explica Hatfull, que actualmente dispone de unos 15.000 viales congelados. La pregunta era si alguno de ellos serviría para salvar a la niña londinense. "Tenía la sensación de que esta colección era enormemente poderosa para abordar todo tipo de preguntas en biología, pero no pensamos que alguna vez llegaríamos a un punto de usar estos fagos terapéuticamente".

La colección de viales de Hatfull (Nature Medicine)
La colección de viales de Hatfull (Nature Medicine)

Además del caso español y de otro en San Diego sucedido meses antes, apenas existen pruebas recientes en Occidente de la fiabilidad de la terapia fágica en humanos. Este caso concreto implicaba además crear biotecnológicamente un virus bacteriófago específico para las bacterias que acababan de recibir desde Londres, donde había aparecido además una segunda chica infectada con la misma 'superbacteria'.

Comenzaron a probar fagos que sabían que podían infectar a parientes de la 'Mycobacterium abscessus'. Ni siquiera pudieron probarlo en vivo, les bastaba comprobar si la mezcla eliminaba la película blanquecina de bacterias que tenían en el laboratorio. En enero de 2018, Hatfull y su equipo encontraron un candidato idóneo, pero desgraciadamente llegaron demasiado tarde y una de las chicas —cuya identidad no ha trascendido— falleció antes de recibir el tratamiento.

En enero de 2018, Hatfull encontró un candidato idóneo, pero llegaron demasiado tarde y una de las chicas falleció antes de recibirlo

Para la segunda paciente había esperanza. Tres fagos (Muddy, ZoeJ y BP) eran capaces de combatir la infección, pero no demasiado eficientemente. Los genetistas modificaron dos de estos fagos eliminándoles un gen para convertirlos en asesinos de superbacterias. El gen permitía a los fagos reproducirse dentro de una célula bacteriana sin causar daños. Sin él, los fagos se reproducían y luego explotaban, acabando con el peligro.

En junio de 2018, metieron en vena a la paciente un cóctel purificado con los tres fagos dos veces al día. Seis semanas más tarde, la infección había desaparecido virtualmente del hígado de la adolescente. Actualmente a la chica sólo le quedan de aquellas 'superbacterias' que por poco acaban con su vida un leve recuerdo en la piel. Las pseudomonas no parecen saber cómo resistirse a esta nueva amenaza.

Fagos bombardeando la cubierta celular de una bacteria (Wikimedia Commons)
Fagos bombardeando la cubierta celular de una bacteria (Wikimedia Commons)

Todavía, encontrar los fagos adecuados para cada paciente es un gran desafío. "Estamos en un territorio desconocido", dice el genetista estadounidense pese a las buenas noticias.

No son los los primeros en recurrir a este antiguo método soviético, pero sí son pioneros en lograr transformarlos biotecnológicamente para atacar una superinfección bacteriana específica.

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