ENTREVISTA CON YURY USACHOV

Yury, el cosmonauta ruso que anunció Pepsi en el espacio: "Solo lo hice por patriotismo"

Tras siete paseos espaciales y numerosas condecoraciones, el célebre astronauta soviético nos recuerda sus peripecias en gravedad cero y asegura que nada puede frenar al turismo espacial

Foto: Yuri Usachov, durante su visita a Madrid. (A. V.)
Yuri Usachov, durante su visita a Madrid. (A. V.)

Cuando Neil Armstrong pisó la Luna el 16 de julio de 1969, Yury Usachov era apenas un niño de 12 años que crecía en la región de Donetsk, cerca de la frontera con Ucrania. "Yo era muy pequeño entonces y la Unión Soviética no hizo una gran propaganda sobre este acontecimiento", explica a Teknautas el hoy retirado cosmonauta, uno de los hombres que más paseos espaciales han protagonizado (siete) y que estos días pasa por Madrid para participar en una conferencia organizada en el Planetario de la capital por el Centro Ruso de Ciencia y Cultura junto con la Obra Social La Caixa. "Por supuesto, cuando ya tuve conciencia de lo que había sido me pareció algo extraordinario, nosotros estábamos acostumbrados a nuestros vuelos orbitales sobre la Tierra pero nos dimos cuenta de que se había producido un acontecimiento muchísimo mayor".

PREGUNTA. Supongo que les preparan mucho, con simulaciones y demás, para sobrellevar la experiencia del primer vuelo al espacio, pero siempre tiene que ocurrir algo para lo que no estaban preparados. ¿Qué fue en su caso?

RESPUESTA. Por supuesto, en la Tierra es imposible recrear todas las condiciones que ocurren en la Estación Espacial Internacional, que es una especie de equis de enormes dimensiones que, obviamente, no se puede reconstruir aquí. Por ejemplo, nosotros nos entrenábamos para ensamblar los módulos de una forma horizontal, pero cuando estás arriba hay módulos que se ensamblan verticalmente.

Lo primero que me sorprendió y para lo que no estaba preparado fue ver en vivo la ISS: las baterías de sol, los paneles, las estancias de radiotransmisión y, sobre todo, ver que la Tierra está debajo. ¡Cuando hacemos pruebas aquí a nadie se le ocurre ponernos debajo un planeta imaginario! Eso, sin duda, fue lo más inesperado.

P. Uno no puede prepararse para ver su propio planeta desde lo alto.

R. Es imposible prepararse para esa realidad, por eso hay cosas que deben aprenderse durante una salida real al exterior.

La nave espacial Soyuz MS-12, con los tripulantes de la expedición 59 60, rumbo a la ISS. (Reuters)
La nave espacial Soyuz MS-12, con los tripulantes de la expedición 59 60, rumbo a la ISS. (Reuters)

P. ¿Y tuvo asesoramiento de otros cosmonautas que hubieran estado antes y le aconsejaran psicológicamente?

R. Hubo un cosmonauta —que, desgraciadamente, ya no está vivo—, Aleksandr Serebrov, que fue quien me enseñó cómo debía dar los primeros pasos en el espacio. Cuando nosotros salimos al espacio exterior hay una serie de agarraderas donde vamos sujetando unos mosquetones. Lo primero que me dijo es que cuando saliese me agarrase fuerte con ambas manos a una de estas sujeciones para probar si eran realmente estables. Luego que probara a soltarme poco a poco de una mano manteniendo firme la otra. Y luego con la otra mano. Luego, que pusiera los mosquetones en ese enganche y fuera poco a poco soltando las manos. Por último, cuando me asegurara de que estaba bien sujeto, me dijo que probara a darme la vuelta. Este es el momento psicológicamente más complicado.

P. Enfrentarse al vacío. O a todo lo contrario.

R. Mientras estás viendo la agarradera y con ella la estación espacial, te sientes seguro, pero cuando te das la vuelta es cuando te empieza a entrar el pánico.

P. ¿Cómo era? Aquella visión al girarse.

R. Nosotros orbitamos entre una parte iluminada y una oscura. En la parte que está iluminada ves los océanos, ves las nubes... Cuando es de noche, ves los continentes, recuerdo el caso concreto de la península de Italia con las luces delimitando el contorno de la bota. Se ven muy bien las tormentas y también me llamó la atención la cantidad de lucecitas de barcos en mitad del mar.

P. ¿Y más allá de la Tierra?

R. Se ve lo que se ve aquí, la Luna y las estrellas, pero de una manera mucho más brillante porque no te molesta la atmósfera o la contaminación que existe en la Tierra.

Usachov, durante su época de cosmonauta. (NASA)
Usachov, durante su época de cosmonauta. (NASA)

P. He leído que tiene usted un hermano gemelo.

R. Sí, una hermana.

P. ¿Y nunca le hicieron algún tipo de estudio para ver si su cuerpo había cambiado en el espacio en relación con ella? Lo digo por el que realizó la NASA con el astronauta Scott Kelly y su gemelo Mark.

R. No hubo ningún experimento científico concreto, aunque ella sí me dijo que sintió una vibración especial en el momento del despegue. Ella no sabía cuándo iba a ser concretamente el lanzamiento del cohete, pero tuvo un presentimiento y así lo apuntó en su diario. Todo esto a nivel no científico, claro.

P. En el planeta se habla últimamente de esos trabajos que van a ser sustituidos por robots. ¿Cree que el de astronauta es uno de ellos o hay algo ahí arriba que todavía necesita de un ser humano?

R. Concuerdo en que hay una parte del trabajo que está muy automatizada y puede hacerla perfectamente una máquina, pero no tenemos todavía un instrumento tan perfecto como el hombre, que pueda ver, razonar, comprender, analizar... Y es importante encontrar el equilibrio, hay partes donde puede estar la máquina y otras donde necesita estar el hombre. Especialmente en situaciones de emergencia, en esas situaciones somos imprescindibles porque tenemos una capacidad de decisión que todavía la máquina no tiene.

Por ejemplo, ahora mismo hay en Marte una gran cantidad de máquinas, pero en el momento en que vaya una persona eso va a ser completamente diferente. Porque lo que nosotros queremos es escuchar las experiencias y las emociones de un ser vivo, no fotos de una máquina sino qué cuenta desde allí una persona.

P. De hecho, es por esa facultad tan humana de descubrir, de ir más allá, que hemos decidido salir de nuestro planeta. Podemos tener un millar de naves en Marte pero hasta que alguien no ponga allí el pie no podremos decir "hemos llegado a Marte".

R. Exactamente, estoy de acuerdo. Y si ya estamos dispuestos para un futuro encuentro con otras presencias... hace falta un ser humano para que establezca contacto con ellas, no puede hacerlo una máquina.

La Estación Espacial Internacional,  fotografiada en octubre de 2018. (NASA)
La Estación Espacial Internacional, fotografiada en octubre de 2018. (NASA)

P. Usted ha pasado recientemente de los 60 años, pero aún le queda tiempo para superar a John Glenn, que fue al espacio con 77. ¿Usted está retirado o simplemente en la reserva? ¿Hay algún plan para astronautas veteranos en Roscosmos?

R. De momento, no hay ninguna misión específica en Rusia para eso. John Glenn hizo este vuelo para, de alguna manera, elevar la moral de los veteranos americanos y mandar el mensaje de que las personas mayores pueden hacer esto.

También ahora están los vuelos turísticos, así que cualquier persona mayor puede ir y comprarse un billete porque la ISS está perfectamente equipada y es suficientemente cómoda para que la gente mayor pueda hacer ese vuelo. Lo que sí hay que hacer es una nueva estación espacial que sea mucho más segura, que esté mejor adecuada y más en consonancia con estos vuelos, y también vuelos más sencillos, o sea, de ida y vuelta. Estoy totalmente de acuerdo con este turismo espacial y que las personas que deseen invertir su dinero puedan hacerlo, creo que es bueno para tomar conciencia.

P. Es decir, ¿llevaría a estos turistas a una nueva estación espacial y mantendría la actual solo con un propósito científico?

R. Las actuales naves no están destinadas a estos usos, para los cruceros espaciales hay otras, con otros servicios, y creo que se debería tener una estación específica para estos objetivos, que cumpliese también misiones científicas y ofreciera paseos espaciales a quienes quieran hacerlos.

Usachov y su corbata con motivos cosmonáuticos, en el Centro Ruso de Madrid. (A. V.)
Usachov y su corbata con motivos cosmonáuticos, en el Centro Ruso de Madrid. (A. V.)

P. ¿Cuándo conoció a Pedro Duque? ¿Qué impresión le causó el actual ministro?

R. Le conocí cuando él estuvo haciendo su entrenamiento en la Ciudad de las Estrellas, el lugar donde vivimos los cosmonautas, tanto los rusos como los de otros países. Coincidí con él en muchas ocasiones, haciendo ejercicios en el gimnasio, en el comedor, tomando té... Él era muy español: emocional, enérgico, vital. Hay que tener en cuenta que el lugar donde nos encontrábamos incitaba a una relación de camaradería y compañerismo. Y cuando el Centro Ruso invitó a los cosmonautas en abril, cuando celebramos el mes del Cosmos por Gagarin, fuimos a la Universidad Politécnica de Madrid y allí estaba Pedro Duque, un hombre muy afable, con una gran formación y que habla ruso perfectamente. Creo que reencontrarnos fue una sensación muy agradable y creo que a él también le pasó lo mismo.

P. Lo de que la empresa privada entre en este terreno aeronáutico no es nuevo, de hecho usted protagonizó en los años noventa momentos como la primera pizza en el espacio o incluso un anuncio para Pepsi que finalmente no se emitió. ¿No es curioso ver a un hombre soviético anunciando ese icono del capitalismo estadounidense? ¿Cómo surgió esto, cómo se sintió usted?

R. Le voy a decir lo que yo opino. Creo que en Rusia hacer anuncios de estas características probablemente no tiene la misma incidencia que en Norteamérica. Por supuesto, esto no fue una elección personal mía, sino que formaba parte de un programa de trabajo que incluía otro tipo de cosas. En efecto, abrimos una lata de Pepsi y bromeábamos, "ahora vas a beber Pepsi gratis el resto de tu vida", pero esto fue un contrato privado que hizo Roscosmos con la empresa norteamericana y donde yo no tuve nada que ver. Para mí formaba parte de mi programa, y con la pizza pasaba lo mismo. Yo tenía interés por probarla, pero es algo que era ajeno a mí.

P. Lo digo porque parecía como una especie de forma de tender puentes en los años que siguieron a la Perestroika.

R. Por supuesto, pero aparte de lo que era el acercamiento entiendo que a la empresa le hacía falta tener fuentes de ingreso, y como patriota de mi empresa, Roscosmos, y de mi país, pues hago lo que haga falta para conseguir estos medios.

De todas formas, este tipo de experimentos allí arriba permite hacerlos de una forma mucho más artística, con ingravidez, con la visión de la Tierra desde el exterior... Ya que se hacen, se podría descubrir con ello muchísimas cosas, porque los que escriben el guion en la Tierra no saben qué se siente, no tienen esa experiencia... Por tanto, no pueden escribirlo usando todas las circunstancias que teníamos en la ISS.

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