ola de incendios forestales en cantabria

Revilla no tiene razón sobre los incendios: por qué no son "terroristas pirómanos"

Cuando surgen crisis de incendios forestales es común que los políticos y legisladores usen un lenguaje populista para describir problemas complejos y tapar una mala gestión del territorio

Foto: El presidente de la comunidad autónoma de Cantabria (España), Miguel Ángel Revilla. (EFE)
El presidente de la comunidad autónoma de Cantabria (España), Miguel Ángel Revilla. (EFE)

Miguel Ángel Revilla, presidente del Gobierno de Cantabria, no rehúye estos días los micrófonos con motivo de la oleada de incendios forestales que castiga el monte de su región. Hasta 211 fuegos se han declarado desde el miércoles pasado. Este político mediático ha calificado repetidamente a los responsables de esos siniestros como “terroristas”, “pirómanos” “psicópatas” o “gente perversa”. “La solidaridad está en denunciar al delincuente, al terrorista, al que atenta contra el patrimonio de todos”, manifestó Revilla este lunes.

Las palabras del presidente cántabro recuerdan a las de su homólogo gallego, Alberto Núñez Feijóo, cuando en el otoño de 2017 su región también sufrió una serie de incendios: “Galicia no arde sola, la queman, esto es terrorismo incendiario”. Los informes de la Fiscalía de Medio Ambiente de Galicia siempre han desmentido que haya trama alguna que se organice para prender fuego a sus montes.

Las casuística de los incendios forestales, según los expertos, es mucho más compleja que las explicaciones populistas de ciertos responsables políticos. Los incendiarios no están enfermos por piromanía, ni sufren psicopatías ni son terroristas porque no ejercen violencia política para defender una ideología.

Llamas de un incendio en los montes próximos a la localidad cántabra de Ramales de la Victoria. (EFE)
Llamas de un incendio en los montes próximos a la localidad cántabra de Ramales de la Victoria. (EFE)

"Se trata de un ‘déjà vu’, hablar de terrorismo ambiental o piromanía cuando todos sabemos que el problema es una falta de gestión del territorio, pero resulta duro para un político asumir sus errores”, explica Javier Madrigal, investigador en incendios forestales del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA).

En la misma línea se expresa otro gran conocedor de la cuestión, Raúl Quílez, doctor en Incendios Forestales que lleva combatiendo fuegos desde 1992: “Revilla vive alejado de la realidad porque no se puede hablar de pirómanos o terroristas ecológicos a la ligera, ya que los problemas se solucionan mirando y hablando con la población local”.

Cuando sopla viento cálido del sur, como en el caso presente, los montes del cuadrante noroccidental de la Península Ibérica se vienen prendiendo desde tiempos inmemoriales por los ganaderos para la regeneración de pastos mediante la quema de matorrales espinosos. El árgoma o el tojo crecen generosamente en la Cordillera Cantábrica cubriendo veredas y pastizales, lo que dificulta el pastoreo y la alimentación de los animales.

A esa motivación se une una segunda razón para la quema de esos matorrales en los últimos años: el cobro de subvenciones de la Política Agraria Comunitaria (PAC) por la existencia de pastos.

La mayoría de esos incendios son intencionados, como demuestra desde 2012 la investigación continuada en el tiempo de ‘España en llamas’ de la Fundación Ciudadana Civio. En este punto lleva razón (o casi) Revilla cuando declara que “hay que hablar de incendios intencionados en el 99% de los casos”. En el conjunto de España, en el periodo 2001-2015, el 55% de los fuegos fueron intencionados; en algunas comunidades como Galicia se supera el porcentaje del 80%. No en vano, entre los 100 municipios en los que más incendios ha habido en lo que llevamos de siglo XXI, 96 pertenecen a Galicia, Asturias y Cantabria, según 'España en llamas'.

En rojo, los incendios forestales intencionados 2001-2015.('España en llamas'/Civio)
En rojo, los incendios forestales intencionados 2001-2015.('España en llamas'/Civio)

Es decir, los incendios que están afectando estos días a pueblos cántabros como Cabuérniga, Los Tojos, Selaya, Arredondo o Vega del Pas se provocan todos los años por intereses ganaderos con incidencias más o menos graves para el entorno. Un reportaje de ‘España en llamas’ muestra cómo parte de los territorios de esos cinco municipios ardieron invierno tras invierno entre 2001 y 2015. Cándido Manuel Cobo, alcalde de Selaya, aclaró a Civio que se trata de una tradición de más de 200 años: “Es la manera habitual que tienen los ganaderos de renovar el pasto, a través de los incendios”.

Cortesía de Civio
Cortesía de Civio

La responsable de incendios forestales en la ONG WWF España, Lourdes Hernández, incide en que recurrentemente la cornisa cantábrica “arde en invierno y comienzos de la primavera”. Lo que parece incomprensible al análisis de esta especialista es que los “los políticos y los medios de comunicación se sorprendan lanzando mensajes desacertados y alejados de la realidad acerca de que pirómanos e incendiarios estén detrás de los fuegos”. Para Hernández, esos términos simplifican un problema mucho más complejo.

Gestionar el monte con fuego

Suba el lector un pico de Asturias o Cantabria y detestará los tojales y argomales que cubren los caminos y laderas. Esos matorrales espinosos que crecen rápidamente y de forma extensiva dificultan el camino a los que somos montañeros aficionados, ¡ay!. ¿Y qué sienten los ganaderos que ven cómo los tojos y árgomas conquistan las veredas por donde deben pasar sus vacas y colonizan los prados donde estas pastan?

La cabaña ganadera ha menguado y el pasto no se mantiene sólo con el pastoreo, así que meten fuego al monte

En la cornisa cantábrica sólo se puede desbrozar el monte con fuego. Lo ideal es que esas quemas sean siempre autorizadas y que haya mucho ganado para que no deje crecer los molestos matorrales. Pero ninguna de ambas premisas se cumplen hoy día. “La cabaña ganadera ha menguado y el pasto no se mantiene sólo con el pastoreo, así que meten fuego al monte”, explica el científico Raúl Quílez.

De igual modo lo analiza Javier Madrigal, autor del blog FuegoLab: “Los ganaderos usan el fuego como herramienta de gestión del territorio”. Apunta, además, que los especialistas en incendios están intentando que todas las quemas se hagan de forma prescrita y planificada.

Las subvenciones

Las políticas de la Unión Europea destinan subvenciones para los ganaderos en función de las hectáreas de pasto que necesiten para sus reses. Cuando llega el viento meridional, la tentación de pegar un mecherazo al monte también obedece a esa contraprestación económica de la PAC. No explica todo el problema socioeconómico, pero es una razón añadida.

Necesitamos desterrar el concepto de piromanía del discurso político y público porque no se trata de pirómanos

Con suma cautela para no achacar la mayor parte de la culpa a los ganaderos “porque el mundo rural ya sufre bastante abandono por parte de las administraciones”, el científico Raúl Quílez sostiene que el matorral crece unos diez centímetros al año en el Cantábrico, “por lo que si los pastos se matorralizan ya no se pueden recibir las subvenciones de la PAC y, entonces, se encuentra una solución en prender el monte”. Un espacio con matorrales por encima de los 40 cm ya no se considera pasto.

Los medios aéreos intentan apagar los incendios de Cantabria.(EFE)
Los medios aéreos intentan apagar los incendios de Cantabria.(EFE)

Los hechos y los datos cuentan que la cabaña ganadera se reduce y la vegetación crece salvaje sin el control de vacas y cabras, pero los pastores necesitan esas subvenciones para sobrevivir. Esto crea la siguiente paradoja que explica Javier Madrigal: “El legislador comunitario están incentivando el uso de fuego como gestión del territorio, lo que al final se convierte en una incentivo para que se queme el monte”.

La Guardia Civil arrestó el fin de semana pasado a dos presuntos incendiarios en pueblos de Cantabria afectados por el fuego. Llevaban 70 mechas preparadas para provocar más llamas. “Necesitamos desterrar el concepto de piromanía del discurso político y público porque no se trata de pirómanos”, explica Javier Madrigal. Concluye este experto del INIA: “Necesitamos que todos los actores socioeconómicos estén implicados y haya un consenso entre los ganaderos y la administración, pero esto no se soluciona de una día para otro, sino a medio y largo plazo”.

Ciencia

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
20 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios