¿debe la medicina prolongar la vida o solo mejorarla?

Todo el mundo quiere morir en su cama: compruebe aquí sus opciones de lograrlo

La mayor parte de los españoles querría exhalar su último aliento en su hogar y rodeado de sus seres queridos, pero apenas la mitad lo logran. Estas son sus opciones de ser uno de ellos

Foto: Imagen: EC/iStock
Imagen: EC/iStock

Cuando se le pregunta a alguien en España dónde preferiría morir, dos de cada tres personas (67%) dicen que en su casa, sin embargo solo un poquito más de la mitad lo logran. En muchas ocasiones, La Parca y su guadaña nos llevan por delante y no hay mucho donde elegir, pero los expertos llevan años alertando de una excesiva medicalización de nuestro último aliento, especialmente en casos de hospitalización prolongada y con mal pronóstico.

En países como Suiza o Estados Unidos ya están desarrollándose formas de sustituir la hospitalización en casos de cáncer por la estancia en casa, que ha demostrado ser igualmente efectiva, más coste-eficiente para el sistema de salud, mucho más satisfactoria para el paciente y por último, presenta un menor riesgo de infecciones que estar ingresado en un recinto hospitalario.

En España llegamos un poco tarde a este debate, principalmente porque hasta 2009, los certificados de defunción no incluían la variable "sitio de la muerte" y hasta 2012 el Instituto Nacional de Estadística no incorporó este tipo de información a sus bases de datos sobre mortalidad. Ahora, un nuevo estudio liderado por María José Cabañero y Andreu Nolasco, de la Universidad de Alicante, y recientemente publicado en 'European Journal of Public Health' ofrece por primera vez una fotografía panorámica de dónde se muere en España.

Como dijo Hamlet, "puede un hombre pescar con el gusano que comió de un rey y comerse el pez que se nutrió del gusano", o dicho de otro modo, la muerte nos llega a todos, pero el lugar de la misma no es arbitrario. Estos investigadores han identificado el papel de "un número de variables clínicas y sociodemográficas que suelen estar asociadas con estas variaciones". Por ejemplo la edad, el género, el estado civil o el tipo de enfermedad que se padece.

"Conocer el sitio de la muerte y sus predictores permitirán hacer una mejor planificación y monitorización de las políticas" enfocadas a los cuidados terminales o paliativos, explican los autores del trabajo, que analizaron todas las muertes que se produjeron en España en los años 2012, 2013, 2014 y 2015 a excepción de aquellas protagonizadas por menores de 15 años.

Compruebe aquí sus opciones

En el siguiente interactivo puede usted, lector influyente, introducir sus datos personales (género, edad, educación, estado civil o lugar de residencia) para comprobar su probabilidad de acabar sus días —dentro de muchísimos años— en su propia casa, en un hospital o en una residencia de ancianos.

Morir en casa: una tendencia global

En los últimos años, perecer en la propia cama era algo de gente sin estudios, de pocos recursos y en el ámbito rural, pero esto está cambiando.

En Reino Unido e Irlanda, "las proyecciones indican un gran aumento de las muertes en el hogar, particularmente en hombres de 65 años o más", dice un estudio reciente sobre la des-institucionalización de la muerte en las islas británicas. "De acuerdo con los deseos de las personas, puede estar habiendo un retorno a la opinión de que morir en casa es una experiencia normal", añaden los autores, que prevén también que las asignaciones de recursos en la sanidad pública tengan que cambiar "para ayudar a las personas que mueren en el hogar y a sus cuidadores, formales e informales".

Puede estar habiendo un retorno a la opinión de que morir en casa es una experiencia normal

Lo mismo ha sucedido en Dinamarca, donde la tendencia entre 1980 y 2014 es que "los daneses de 50 años o más están muriendo cada vez más fuera de un contexto hospitalario".

Para la investigadora Woan Tan Shin, la palabra 'hogar' es mucho más que un lugar físico. "Es nuestro hábitat natural, donde se puede compartir un tiempo significativo e íntimo con nuestros seres queridos", explicaba hace unas semanas esta experta en psicogeriatría. "Esta narrativa ha sustentado la motivación de las personas que desean vivir sus últimos días en casa".

Durante los últimos años, las autoridades sanitarias tendían a privilegiar la extensión de la vida a cualquier precio al bienestar (o incluso a la opinión) del paciente. En su recomendable 'Ser mortal. La medicina y lo que importa al final', el médico y escritor Atul Gawande recordaba la historia de un octogenario llamado Harry Randall Truman.

Este antiguo propietario de una gasolinera vivía en una cabaña a los pies del monte St. Helens, en el estado de Washington, que a principios de los ochenta amenazaba con una erupción volcánica. La policía no fue capaz de convencerle, Truman les rechazó una y otra vez temiendo perder el control de su vida. Los médicos le recomendaban ingresar en una residencia y convertirle en un paciente el resto de su vida: las enfermeras le dirían qué comer, cuándo bañarse y qué medicinas tomar. Truman dijo que prefería morir sepultado en lava, y así lo hizo.

El 18 de mayo de 1980, el monte entró en erupción y un flujo piroclástico de 46 metros de altura sepultó a Truman y a su amada cabaña. Se convirtió en un héroe instantáneo. "Vivió la vida en sus propios términos en una época en la que esa posibilidad parecía haber desaparecido del todo", escribía Gawande.

A Harry R. Truman, el sistema médico de aquella época no le dejaba otra opción de preservar su libertad. Afortunadamente, ahora eso parece estar cambiando.

Hmmm. Quizá el de Truman no era el mejor ejemplo.

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