aumenta sus emisiones mucho más que la media

España se consolida como el gran lastre europeo para vencer al cambio climático

En un mundo que cada vez emite más CO2, el cambio climático tiene un aliado excelente en nuestro país. Sólo una recesión mundial puede hacer que emitamos menos gases de efecto invernadero

Foto: La central de Belchatow, la planta de carbón más grande de Europa (Reuters)
La central de Belchatow, la planta de carbón más grande de Europa (Reuters)

A lo largo de estos días, líderes de todo el mundo se encuentran reunidos en una vieja mina de carbón restaurada en Katowice, Polonia, tratando de dilucidar cómo luchar contra el cambio climático que se nos viene encima. Durante la COP 24, nombre técnico de esta última cumbre del clima de Naciones Unidas, se está hablando de financiación, se está hablando de mobilidad sostenible, se está hablando de renovar las promesas que estos 195 países —menos Estados Unidos, que se salió del acuerdo global— hicieron en París hace tres años.

Pero mientras deliberan, una 'verdad incómoda' ha vuelto a aparecer en los titulares. Las emisiones mundiales de dióxido de carbono, el principal contribuyente al cambio climático, han alcanzado niveles récord en todo el mundo. Dos años después de las promesas firmadas en la capital francesa, la atmósfera ha alcanzado niveles de CO2 nunca vistos en los últimos cuatro millones de años.

España, por supuesto, no podía quedarse atrás en este infame podio climático. Nuestro país es, en Europa, el que más ha incrementado las emisiones en comparación con el año 1990, fecha que se toma siempre como referencia desde el protocolo de Kioto. Actualmente lanzamos a la atmósfera un 17% más que entonces. Tan irregulares hemos sido que, en 2016, la Comisión Europea nos impuso un objetivo más benevolente: reducir las emisiones en un 26% para 2030 mientras a países responsables, como Suecia o Luxemburgo, se les ha exigido emitir un 40% menos que en el año 2005.

En la reciente presentación del borrador de la Ley de Cambio Climático, se vendió una ley nacional "con más ambición y mayor urgencia" que las exigencias europeas. Según el texto, que prevé ser aprobado antes de fin de año, el nuevo objetivo de reducción de emisiones para 2030 es del 20% con respecto a 1990, es decir, que habría que reducir los gases de efecto invernadero que lanzamos en un 37% en total.

El mundo emite más, España también

"La demanda mundial de energía está superando el poderoso crecimiento de las energías renovables y la eficiencia energética", explicaba recientemente Rob Jackson, profesor en Stanford y autor del informe. En general, en 2018 el mundo habrá emitido un 2,7% más que el año anterior, superando el 1,6% que aumentaron con respecto a 2016.

En 2018 el mundo habrá emitido un 2,7% más que el año anterior. España supera este infame récord: crece un 4,3% más que el último año

Comparadas con las de España, estas cifras son irrisorias. Los últimos datos disponibles, facilitados a Teknautas por el Observatorio de la Sostenibilidad, autores de un reciente informe sobre descarbonización, arrojan que nuestro país ha emitido en 2017 un 4,3% más que el año anterior. "Los países de nuestro entorno ya llevan años disminuyendo sus emisiones, sin embargo aquí y en estos últimos años han vuelto a aumentar", explica a Teknautas Fernando Prieto, director del OS.

Las únicas comunidades autónomas que pueden mirar a los ojos al resto de Europa son la Comunidad Valenciana, que logró reducir sus emisiones en un testimonial 0,2% y Navarra, que se mantuvo en las mismas cifras que el año anterior. Las mayores bajadas vinieron de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, que redujeron sus emisiones de CO2 en un 9,6% y un 3,4% respectivamente.

Todas las demás crecieron. Todas. Algunas, tan poco como el 0,1% de Castilla y León. Otras, como Murcia, Asturias o Aragón, fueron las más díscolas y aumentaron el CO2 vertido a los cielos desde su territorio entre un 11,7% y un 15,3% más que en 2016.

No es fácil emitir tanto

Las emisiones se dividen en procedentes de fuentes fijas, por ejemplo la producción de energía o las actividades industriales, y fuentes difusas, principalmente las que proceden del transporte. Estas últimas tienden a bajar año tras año en todas las provincias, y no es difícil entender por qué: los vehículos son cada vez menos contaminantes y las normativas de emisión de los automóviles (la última es la Euro 6 de 2014) cada vez más estrictas.

Por ello, en los últimos diez años las emisiones difusas se han reducido en todas y cada una de las CCAA españolas, aunque con grandes diferencias: en País Vasco y Cantabria cayeron un 34% mientras solamente se redujo un 13% en Madrid y un 9% en Extremadura.

La clave, por tanto, está en las emisiones fijas. Ahí es donde España tiene su gran problema de cara al futuro y será un problema que el precio del diésel no podrá ayudar a solucionar. La Rioja lidera en este aspecto, ya que ha logrado reducir a la mitad la cantidad de emisiones de CO2 que libera cada año en tan solo una década. Muy cerca anda también Castilla y León.

El gran lastre para la lucha española contra el cambio climático está en la cornisa cantábrica: Asturias, Cantabria y Galicia (que casi ha duplicado sus emisiones entre 2008 y 2017) tiran por la borda el trabajo del resto de España.

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