el dinero privado que financia la ciencia

La filantropía 'offshore' de los pioneros de Silicon Valley: qué fundaciones más turbias

Los fundadores de empresas como Intel o Hewlett-Packard han montado alguna fundación para invertir en ciencia o en obras caritativas, pero un nuevo análisis ha rastreado este dinero y... ¡ups!

Foto: David Packard y William Hewlett, fundadores del primer gigante tecnológico de Silicon Valley (HP)
David Packard y William Hewlett, fundadores del primer gigante tecnológico de Silicon Valley (HP)

Muchos de los descubrimientos científicos de los que informamos aquí cada semana están financiados por fundaciones privadas.

Algunos ejemplos recientes son, por ejemplo, que un raro cáncer de huesos llamado cordoma podría ser tratado con medicamentos ya existentes. Lo descubrieron científicos de Cambridge pero era la fundación Wellcome Trust quien pagaba. O esa 'app' que están desarrollando investigadores de la Universidad de Boston para reducir el riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca y que podría salvar miles de vidas. Quien recibe esas facturas es la Fundación Robert Wood Johnson. O qué decir de la prometedora vacuna contra la polio que sólo necesita una dosis. La han creado en el MIT, pero habría sido imposible sin los dólares de la Fundación Bill & Belinda Gates.

Pero ahora, una investigación de Charles Piller publicada en 'Science' ha seguido el rastro a toda esa filantropía y ha encontrado que muchos de esos millones acaban en empresas turbias y a través de empresas radicadas en paraísos fiscales.

Por ejemplo, la citada Wellcome Trust. Por un lado financia investigaciones de cómo los ancianos en Hong Kong expuestos a mayores niveles de humo de los coches tienen más posibilidades de contraer cáncer de pulmón. Por otro lado, invierte 50 millones de dólares en compañías petrolíferas como la suiza Varo Energy. No directamente, sino a través de un fondo de inversión 'offshore' llamado Carlyle International Energy Partners con sede en las Islas Caimán.

La investigación incluye a las siete fundaciones privadas más importantes y revela que solamente una (Bill & Belinda Gates Foundation) carece de inversiones en paraísos fiscales. El resto (Wellcome Trust, Howard Hughes Medical Institute, Robert Wood Johnson Foundation, William and Flora Hewlett Foundation, David and Lucille Packard Foundation y Gordon and Betty Moore Foundation) todas tienen inversiones 'offshore', entre 40 y más de 3.000 millones de dólares.

¿Les suenan muchos de estos apellidos? En efecto, son los mismos que hace décadas fundaron empresas tecnológicas como Microsoft, Intel o Hewlett-Packard, la primera de todas ellas y que dio lugar a dos fundaciones que han invertido, respectivamente, 168 y 140 millones de dólares en compañías

Los datos fueron facilitados a Piller por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), que los obtuvo en el contexto de los llamados Paradise Papers, cuyas informaciones fueron publicadas por este diario en noviembre de 2017.

Habitualmente, las fundaciones no escogen dónde invierten sino que dejan esta responsabilidad a los directores de los fondos de inversión en los que confían. Sin embargo, en ocasiones éstas ponen límites. Por ejemplo, la Fundación Robert Wood Johnson (uno de los hermanos que fundó Johnson & Johnson, multinacional química, farmacéutica y de tecnología sanitaria) no invierte en armas, alcohol o tabaco.

"Para nosotros, invertir en una tabacalera sería tan antiitético con lo que queremos hacer que sería una parodia", ha dicho Brian O'Neil, director de inversiones de la fundación.

Bill Gates posa con el presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio (EFE)
Bill Gates posa con el presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio (EFE)

Sin embargo, la Robert Wood Johnson sí ha invertido muchísimo en fondos de las Caimán gestionados por GSO Capital Partners, una filial del gigante de la inversión Blackstone que ha sido muy criticada por su uso de permutas de incumplimiento crediticio (en inglés, credit default swaps), el tipo de inversión de riesgo que se hizo célebre por su contribución a la Gran Recesión de 2008.

Desde entonces, la fundación admite haberse alejado de esas prácticas, demasiado arriesgadas para Estados Unidos, pero no tanto en las Islas Caimán.

Los críticos de estas prácticas arguyen que, mientras estas fundaciones tratan de apoyar la ciencia o la salud en muchos países, el hecho de ahorrarse impuestos utilizando estructuras 'offshore' provoca el efecto contrario: que los hospitales o centros públicos de investigación dispongan de menos recursos.

"No solamente deberías ofrecer detalles de inversiones, sino que estás obligado a ello porque gestionas dinero centrado en el bien público"

Para la británica Wellcome Trust el problema de imagen es principalmente medioambiental. Mientras con una mano invierten en investigar los efectos del cambio climático, con la otra invierten en petroleras como la holandesa Royal Dutch Shell o la texana Schlumberger.

Algunos de los contratos que revelaron los Paradise Papers entre estas fundaciones y los fondos de inversión que gestionan su dinero especifican que los inversores "no tienen responsabilidad u obligaciones" en cómo operan estos fondos, así como tampoco tienen la obligación de verificar que el dinero ha sido invertido en aquellas cosas que fueron planeadas.

¿Pero es esta opacidad compatible con una fundación dedicada al bien público, la ciencia y la salud? Para Dana Bezerra, directora de la Fundación Heron y activista por la responsabilidad de las fundaciones, no lo es. "No solamente deberías ofrecer detalles de inversiones, sino que estás obligado a ello porque gestionas dinero que está centrado en el bien público", explica a la revista científica. "¿No deberíamos ser algo más que una compañía privada de inversiones que usa su excedente del flujo de caja para hacer el bien?"

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