dame veneno que quiero curar, dame veneno

Las nuevas medicinas salvavidas se buscan en los venenos más peligrosos del mundo

Las plantas no dan más de sí para crear nuevos fármacos, así que ahora los científicos se centran en los compuestos más tóxicos encontrados en tierra, mar y aire

Foto: El venenoso monstruo de Gila posee unos péptidos antidiabéticos (EFE)
El venenoso monstruo de Gila posee unos péptidos antidiabéticos (EFE)

La búsqueda de medicamentos para algunas enfermedades como la diabetes, las enfermedades autoinmunes o el dolor crónico parece haberse topado con un muro. Los compuestos, principalmente basados en plantas, que hasta ahora habían funcionado ya no son eficaces y los investigadores se están viendo forzados a mirar hacia otro lado. Ese otro lado son los venenos, a menudo mortales, que encontramos en serpientes, insectos o animales marinos.

Un reciente estudio en 'Science' apunta a que, gracias a lo que sabemos hoy y a los adelantos tecnológicos, la tendencia en la búsqueda de nuevos fármacos es ir de la mano de algunos de los venenos más mortales del mundo. Así lo asegura el primera autor de la publicación, Mandë Holford, profesor en la City University de Nueva York (CUNY).

Las especies venenosas representan más del 15% de las documentadas en nuestro planeta (más de 200.000 en total) y son ubicuas, están en todos los continentes y mares. Sin embargo, la ciencia nunca se había puesto a analizar en profundidad la composición de estos venenos, principalmente porque las cantidades que a veces se pueden extraer son demasiado pequeñas.

Hoy, afortunadamente, los avances en biología molecular —y más concretamente en ómica, la rama que se encarga de mapear los roles y relaciones de la estructura molecular de un organismo— están desvelando a los investigadores muchos de los cambios evolutivos sufridos por estas especies venenosas.

Una de las anémonas más venenosas que existen (Wikimedia Commons)
Una de las anémonas más venenosas que existen (Wikimedia Commons)

"Conocer más sobre la historia de las especies venenosas puede ayudarnos a tomar decisiones más específicas sobre el uso potencial de compuestos de veneno en el tratamiento de enfermedades", explica Holford. "Los nuevos entornos, el desarrollo de la resistencia del veneno en su presa y otros factores pueden hacer que una especie evolucione para sobrevivir". Estos cambios son los que pueden dar lugar a nuevos compuestos, "algunos de los cuales pueden resultar extremadamente útiles en el desarrollo de fármacos", añade el investigador.

Hasta la fecha, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) estadounidense sólo ha aprobado seis fármacos basados en el veneno de alguna especie, pero Holford y sus compañeros son optimistas: creen que una mayor inversión en I+D sobre venenos podría producir terapias para enfermedades actualmente no tratables.

¿Los principales candidatos? Principalmente están cercando a una anémona marina venenosa cuyo fluido contiene unos péptidos terapéuticos que los científicos quieren probar en enfermedades autoinmunes.

El 'Conus tulipa' atrae a los peces hacia su boca y luego los arponea con su tóxico veneno (Mande Holford)
El 'Conus tulipa' atrae a los peces hacia su boca y luego los arponea con su tóxico veneno (Mande Holford)

En la lista también encontramos al 'Conus magus' o cono mágico, un caracol marino equipado con poderosas neurotoxinas que los científicos creen que podrían proporcionar un tratamiento no adictivo para el dolor crónico, al escorpión amarillo de Palestina y la clorotoxina que contiene su aguijón, que podría servir para una nueva técnica quirúrgica contra tumores o algunas arañas cuyas toxinas podrían ser la base de insecticidas ecológicos. Para un tratamiento terapéutico contra la diabetes, las esperanzas están en el 'Heloderma suspectum', el venenoso monstruo de Gila del que pueden extraerse unos péptidos que podrían resultar milagrosos.

Holford cree que ha llegado el momento, y que introducir el estudio de la evolución de los venenos en la ecuación servirá para centrar la investigación en medicinas y aprovechar esta "guerra química" que la naturaleza libra cada día.

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