los verdaderos culpables de esta epidemia

El mito de los antivacunas: ¿son ellos los culpables del megabrote de sarampión?

Europa registra un récord de casos de sarampión con más de 41.000, una cifra que muchas autoridades y medios atribuyen a los negacionistas de las vacunas. ¿De verdad?

Foto: Una enfermera sostiene un vial de la vacuna contra el sarampión (Reuters)
Una enfermera sostiene un vial de la vacuna contra el sarampión (Reuters)

Algo no encaja. Actualmente Europa padece una terrible epidemia de sarampión —más de 41.000 casos en los seis primeros meses de 2018— que las autoridades y las sociedades médicas achacan al auge de los colectivos antivacunas. Sin embargo, en 2016 batimos un récord positivo con tan sólo 5.273 afectados, nunca había habido tan pocos casos en el continente y las tasas de inmunización, que llevan por encima del 90% desde hace 15 años, aumentaban paulatinamente en cada país. ¿Cómo hemos pasado del mejor registro de nuestra historia reciente a estas cifras de alerta? ¿Tanto poder de convicción tienen esos antivacunas?

La tesis es que, en los últimos años, la tasa de inmunización ha bajado del 95%, la cifra que las autoridades europeas y mundiales consideran innegociable para mantener la inmunidad de rebaño que evita la propagación de enfermedades infecciosas como el sarampión. ¿Y por qué ha bajado?

La Organización Mundial de la Salud nunca lo afirma tal cual, pero siempre deja caer que si las tasas de inmunización bajan, será por algo. "No tendremos éxito a menos que todo el mundo haga su parte: inmunizar a sus niños, a ellos mismos, sus pacientes —y también recordar a otros que la vacunación salva vidas", decía recientemente Zsuzsanna Jakab, directora regional de la OMS en Europa.

Pero si por antivacunas definimos a un colectivo de personas que, por motivos ideológicos, decide no vacunar a sus hijos pudiendo hacerlo, tenemos un problema para explicar la actual epidemia de sarampión, que ya ha acabado con la vida de 37 personas en toda Europa.

Estos son los números tras la epidemia, juzguen ustedes mismos.

En Ucrania

Más de la mitad de los casos de toda Europa, 28.185 afectados y 13 muertes, se han dado en Ucrania. Mientras en 2016 el resto del continente celebraba la menor tasa de casos de sarampión de la última década, la república exsoviética libraba desde hacía tres años la llamada Guerra del Donbáss. Como consecuencia, el país sufrió de una tremenda escasez de vacunas y la tasa de niños que en 2016 recibieron la segunda dosis de la vacuna triple vírica o SPR (contra el sarampión, las paperas y la rubéola) se situaba en el 31% según cifras de la OMS. Un país que hasta entonces mostraba tasas envidiables de vacunación llegó de repente a niveles de desprotección sólo superados por Sudán del Sur y Guinea Ecuatorial.

Aunque el gobierno de Kiev ha realizado esfuerzos ímprobos en los últimos dos años para restaurar hasta el 95% esa tasa de inmunización en 2018, es evidente que durante la guerra civil se ha producido una "renovada acumulación de individuos susceptibles" de contraer la enfermedad, como así ha sucedido. El propio gobierno achaca el alto número de casos a un "largo hiato en la inmunización".

La guerra, no los antivacunas.

En Grecia

Dentro de la Unión Europea, los dos países donde más fuerte pegó el sarampión el año pasado fue en Italia y en Grecia, con 3.341 y 3.193 casos. En esta última epidemia también están entre los países que han registrado más de un millar de casos, junto a la ya citada Ucrania, Rusia, Georgia, Serbia y Francia.

El caso griego es curioso. Aunque hoy tiene la mayor tasa de afectados de Europa, con 28 casos por cada 100.000 habitantes, la incidencia del sarampión en el país heleno ha presentado un declive constante a lo largo de las tres últimas décadas, con brotes esporádicos. ¿Es atribuible este repunte a las medidas de austeridad durante la crisis, como han sugerido algunos?

Un estudio publicado recientemente por investigadores del Centro Helénico para el Control y la Prevención de Enfermedades concreta un poco más esta afirmación: el brote griego comenzó en mayo de 2017 al norte del país. Tres hermanos (seis años, un año y seis meses respectivamente) de etnia gitana y origen rumano fueron los primeros casos notificados.

Grecia ha sido uno de los países más afectados en este brote (Reuters)
Grecia ha sido uno de los países más afectados en este brote (Reuters)

Aunque la enfermedad ha acabado recorriendo el país de norte a sur, estos tres primeros casos son representativos: a día de hoy, de los 3150 casos de sarampión el 61% son gitanos, en muchos casos extranjeros.

Al contrario que en otros países europeos, la edad mediana del afectado por sarampión en esta epidemia en Grecia es de ocho años. Es decir, ha afectado principalmente a niños a partir de 1 día de vida. El perfil recuerda a los casos que se dieron en Granada (2010) o Sevilla (2011), ambos ocurrieron en barriadas con alto porcentaje de población romaní donde se daban "situaciones estructurales de pobreza y marginación social y en los que son significativamente apreciables problemas en materia de vivienda, deterioro urbanístico, déficit de infraestructuras, equipamiento y servicios públicos".

De los gitanos que han contraído el sarampión en Grecia, el 94,4% no estaban vacunados.

La exclusión social, no los antivacunas.

En Italia

Las vacunas en Italia han generado un encendido debate en los últimos meses, en particular desde que Giulia Grillo es su nueva Ministra de Sanidad. Grillo, titulada en Medicina Legal, se define como a favor de las vacunas pero contraria a su obligatoriedad, lo que le ha valido el título de 'primera ministra antivacunas de Europa'.

Es el país en el que probablemente mejor encajaría la tesis de los antivacunas como explicación a los casos de sarampión. Aún así, la realidad es tozuda. En realidad, el Parlamento aprobó hace justo un año la Ley 119 para combatir las decrecientes tasas de inmunización, que tras tocar techo en 2013 se habían desplomado en los últimos años hasta el 85,3% en 2015. Con todo, la normativa sirvió para establecer en 2017 una tasa del 91,7%

Cobertura vacunal contra sarampión y polio en Italia de 2000 a 2017.
Cobertura vacunal contra sarampión y polio en Italia de 2000 a 2017.

La cifra representa un récord aunque sigue por debajo del 95% que exigen todas las agencias internacionales.

Para mucha gente en Italia, el descenso en el número de vacunaciones y el aumento de casos de sarampión se corresponde directamente con la irrupción en escena del Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo y del que forma parte la actual ministra. Es cierto que desde sus filas se ha intentado sacar irresponsablemente rédito electoral a la cuestión de las vacunas.

Esto sería más que probable si la mayor parte de los casos en esta última epidemia fueran niños nacidos a partir de 2013, que es cuando aparece Grillo y sus consignas. Sin embargo, los análisis epidemiológicos cuentan otra historia: la edad mediana de los 4.885 afectados desde el 1 de enero de 2017 es de 27 años.

Giulia Grillo (EFE / EPA)
Giulia Grillo (EFE / EPA)

Es decir, el típico enfermo italiano de sarampión nació en 1991, un año en que la vacuna del sarampión era opcional y la cobertura del mismo variaba entre el 9 y el 53% a nivel nacional. De aquellos polvos vienen estos lodos.

Una mala gestión de la sanidad pública durante décadas, no los antivacunas.

En Francia

Los países que peor lo están pasando durante esta epidemia tienen alguna excusa —por patética que sea, como en el caso italiano— para explicar el alto número de casos sin recurrir a los colectivos antivacunas, ¿pero Francia? La república gala es una de las economías más potentes del mundo, con un sistema sanitario competitivo. Sin embargo, a finales de octubre de 2017 comenzó allí un brote de sarampión que acabó afectando a 2.740 personas, tercer país con más casos en la Unión Europea tras Italia y Grecia.

Francia no tuvo una guerra recientemente como Ucrania, no padeció una austeridad excesiva como Grecia y, al contrario que Italia, instauró la vacuna del sarampión en 1983 y desde hace años recomienda a los nacidos a partir de 1980 que se pongan la vacuna, incluso de mayores. Aunque su tasa de cobertura es menor que otros países de su entorno (como España que presume de un 97%) Francia supera el 90% de vacunados del sarampión. ¿Qué ha pasado entonces para que se haya convertido en uno de los países más damnificados?

De hecho, aunque ha habido casos por todo el país, la región de Nueva Aquitania ha registrado prácticamente la mitad: 1.101 hasta el 1 de julio. Concretamente, el brote francés comenzó el 30 de octubre en plena Universidad de Burdeos, extendiéndose rápidamente entre los estudiantes, más tarde a lo largo y ancho de la comarca del Gironde y finalmente, por el resto de la región y el país. Recordemos que el sarampión es muy contagioso y basta un estornudo para dejar el virus al alcance de cualquiera.

(Foto: Reuters)
(Foto: Reuters)

El problema aquí, según detalla un estudio recién publicado, no es que no estuvieran vacunados: es que el 81% de los casos no estaba adecuadamente vacunado. Es decir, les faltaba la segunda dosis. Lo habitual es ponerle a los niños la primera a los 12 o 15 meses y una segunda (de recuerdo) entre los 3 y los 6 años.

Esta segunda dosis se introdujo en Francia en 1996, poco antes de que los hoy universitarios de la Universidad de Burdeos —excepción hecha de los tunos — hubieran nacido. La medida ayudó a reducir los 331.000 casos anuales de sarampión en 1986 a los 4.448 de 2004. Sin embargo, su implantación va por detrás de lo esperado: a día de hoy se queda, a nivel nacional, en el 79% de la población.

En otros países centroeuropeos pasa lo mismo. Según revelaba Medicamentalia, la tasa de vacunación del sarampión "en Luxemburgo pasa de un 99 a un 86% y, Bélgica, de un 96 a un 85%". De hecho, sólo 50 de los 143 países de los que la OMS tiene datos alcanzan el 95% en la segunda dosis.

En Francia más del 90% están vacunados contra el sarampión, pero sólo una vez. La segunda dosis es clave pero cae por debajo del 79%

En Francia además, ocurre algo más con el sarampión. Un pequeño porcentaje de los que contrajeron el sarampión estaban plenamente vacunados. Esto es muy llamativo pero no es nuevo, ya había ocurrido durante la epidemia de 2008 a 2011, pero ahora ha pasado del 3% al 14% de los casos. "Esto puede estar relacionado con una inmunidad que mengua con el tiempo entre la gente vacunada en una población donde el nivel de cobertura se considera óptimo", especulan los autores de este estudio, "pero este hallazgo debe sin duda ser investigado más adelante".

Una vacunación incompleta o una vacuna de eficacia menguante, no los antivacunas.

El peligro de los antivacunas

No se dejen confundir por la tesis de este reportaje. Aunque probablemente el principal factor para esta última epidemia son los miles de individuos vulnerables al sarampión que hay aún en Europa, los colectivos antivacunas existen, se manifiestan especialmente en países anglosajones, son culpables de muchas muertes como la del niño de seis años que en 2015 falleció de difteria en Olot y cuentan con muchos altavoces: unos pocos muy poderosos, en Hollywood, y otros muchos repartidos en blogs y redes sociales.

Son una tendencia molesta y alarmante, pero no pueden ser culpables, por sí mismos, de la mayor epidemia de sarampión de la última década en Europa, como han señalado ya muchos médicos y epidemiólogos.

A veces es inevitable buscar un chivo expiatorio y los antivacunas son, en este sentido, perfectos candidatos: gente rica y educada que, por pura desinformación, deciden desoir las palabras de los científicos y dejar a sus hijos sin vacunar, expuestos a las fauces de cualquier enfermedad que pensábamos erradicada. Pero al mismo tiempo, centrarse en los antivacunas tiene un efecto contraproducente: nos aparta del verdadero foco de culpabilidad de este brote de sarampión en Europa.

Colectivos de etnia romaní compartimentados en guetos sin adecuado acceso a educación o sanidad, políticas de inmunización que no han sido revisadas en décadas o tasas de vacunación por debajo de lo recomendado, no los antivacunas.

Por ejemplo, la OMS ha recomendado reducir durante una epidemia la edad de la primera vacuna a los seis meses y considerarla como una "dosis cero" para proteger al colectivo más vulnerable en un brote de sarampión, los niños menores de un año. ¿Ha seguido sus pasos algún país europeo ordenándolo? También ha exigido a todos los estados miembros que se esmeren en aplicar el Plan Europeo de Acción para Vacunas (EVAP) aprobado en 2015 y con escaso éxito en la implementación. También ha recomendado a España, a través de la Comisión Regional Europea de Verificación de Eliminación de Sarampión y Rubéola, que cumpla el requisito de que las muestras de los casos sospechosos de sarampión sean recogidas en laboratorios acreditados por la OMS. ¿Ha anunciado el Gobierno algo en este sentido?

En resumen, una epidemia prevenible con miles de afectados y docenas de muertes, muchas tareas que no se han abordado... pero los antivacunas.

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