la falsa 'Ilusión de control'

¿Vas a apostar en el Mundial? Tu cerebro te puede hacer ganar (o perder) mucho dinero

Los expertos alertan de un enorme incremento de la ludopatía fomentada por la oferta 'online' relacionada con eventos deportivos. Su gran objetivo son los adolescentes

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Es mucho más que fútbol. Estamos en pleno Mundial de Rusia y durante un mes tenemos la excusa perfecta para quedar con amigos en casa o en el bar en torno al televisor, tomar unas cañas y tener una fuente inagotable de conversación. Aún así, algunos pretenderán añadirle un poco más de picante jugándose la pasta.

Es muy fácil, las casas de apuestas deportivas nos bombardean con anuncios en televisión protagonizados por famosos, en las camisetas de los equipos y en las retransmisiones radiofónicas. Podemos jugar 'online' o acercarnos a alguno de los locales dedicados a este negocio, que proliferan casi en cualquier parte y donde, además, nos pondrán el partido. Una diversión inocente salvo cuando se convierte en obsesión.

De hecho, estamos hablando de la nueva cara de la ludopatía. “No hay sustancias de por medio, pero sigue los mismos mecanismos de cualquier otra adicción”, afirma a Teknautas el psicólogo Sergio García Soriano, especialista en este tipo de problemas.

Desde el punto de vista del cerebro, el juego activa el sistema límbico, que regula las emociones. Al igual que muchas actividades y sustancias, las apuestas deportivas generan dopamina y oxitocina, neurotransmisores responsables del placer, y ponen en marcha el circuito de recompensa, que nos motiva a realizar ciertas acciones para sentirnos bien.

El problema es que la relación con este estímulo se puede volver patológica. Cuando sucede aparece la tolerancia: “El jugador necesita dedicar cada vez más tiempo a las apuestas y que sean más intensas para sentir el mismo grado de satisfacción”. Y el síndrome de abstinencia: “Cuando no está jugando se encuentra irritable, se desconcentra e interrumpe su vida normal”. Todo es igual que en otras adicciones al juego, a las drogas o al sexo; el único matiz es si el proceso está desencadenado por una sustancia o por un comportamiento.

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Según los datos del Informe Trimestral del Mercado del Juego Online, del Ministerio de Hacienda, en marzo de 2018 había más de 840.000 jugadores activos, mientras que cinco años antes superaban por poco los 300.000. Estas cifras incluyen juegos como el póker, los casinos y los bingos virtuales, además de las apuestas deportivas.

De las tragaperras al deporte

No obstante, el 43% de los nuevos casos que recibió en 2007 la Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata (APAL), en Madrid, tienen que ver con los eventos deportivos. “Tradicionalmente, en España la inmensa mayoría de las personas que tenían problemas con el juego era por las máquinas tragaperras, pero ahora representan menos del 20% de las altas”, detalla Bayta Díaz, coordinadora del equipo de psicólogos de esta entidad.

En cambio, los problemas por apuestas deportivas se han disparado. Una década antes APAL no registró ni un solo caso. En 2011 ya superaron el 12% de las altas en la asociación; en 2015, eran más del 24%; y siguiendo esta progresión, se acercan a la mitad. Cuando estas personas o su entorno solicitan ayuda ya tienen dificultades muy graves, que pueden ser económicos y de relaciones sociales.

¿Qué está pasando? A los expertos les llama la atención el cambio de perfil de los adictos al juego. “Son gente mucho más joven, con mejor formación y un nivel socioeconómico más alto”, destaca la psicóloga.

Un perfil muy diferente

El adicto a las apuestas deportivas no tiene nada que ver con el típico jugador de tragaperras ni siquiera en el proceso que ha seguido hacia la ludopatía. Aunque la mayoría de los que manifiestan adicciones graves están ya en la treintena, “nos llegan chicos y alguna chica de apenas 17 o 18 años que empezaron a jugar hace sólo uno o dos años, mientras que lo habitual de los jugadores con problemas era que su afición se hubiese convertido en patológica a lo largo de una década”, asegura.

En su opinión, esta rapidez se explicaría porque las apuestas deportivas son muy fáciles y accesibles y, dentro de los adolescentes, comienzan a responder a un comportamiento social. “Se están instalando salones de apuestas deportivas frente a institutos, en teoría no deben permitir apostar a menores de edad, pero en la práctica hacen la vista gorda o basta con tener un amigo que haya cumplido los 18 para que apueste por ti”, comenta Bayta Díaz.

A lo mejor empiezan a quedar en salones de apuestas solo para ver el partido, pero acaban jugando dinero porque lo hacen sus amigos

“A lo mejor empiezan a quedar allí simplemente para ver el partido, pero acaban apostando porque lo hacen sus amigos, se interesan también por otros juegos y después lo hacen en casa por internet”, comenta. Después llegan los problemas: “Necesitan apostar, dejan de ir a clase, sufren ansiedad, discuten con sus padres… Algunos llegan a creer que podrían vivir de ello, dejar los estudios y dedicarse a las apuestas como forma de vida”.

Estrategias de marketing

Hibai López González, investigador de la Facultad de Psicología y Educación de la Universidad de Deusto, lleva años estudiando las estrategias de marketing de las apuestas deportivas a través del análisis de los anuncios y de entrevistas a personas en tratamiento. “La mayoría de los jugadores dicen que no les influye la publicidad, pero muchos de los que han sufrido problemas graves son capaces de reconocerse como víctimas”, afirma.

Entre el 0,5% y el 1,5% de la población llega a desarrollar algún problema con el juego, pero la situación es muy diversa según cada país. “En España venimos de una cultura en que la única apuesta deportiva era la Quiniela y como mucho las apuestas en frontones de pelota vasca. Es muy difícil que este tipo de juego genere adicción, porque rellenas el boleto y tienes que esperar a ver los resultados el fin de semana, pero con las nuevas formas de apostar por internet y en salones todo es inmediato, apuestas y a los cinco minutos tienes la recompensa”, afirma.

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El factor del directo es fundamental, a cualquier hora del día hay competición, ya sea un partido de fútbol en Sudáfrica, uno de la NBA en Estados Unidos o uno de críquet en Australia. “Cerca de un 70% de las apuestas se hacen en directo”, comenta el especialista, “es lo que las hace atractivas, incluso ya se puede apostar en partidos virtuales que se generan por ordenador”.

Además, existe un rasgo propio de las apuestas deportivas que los especialistas llaman ilusión de control. “Existen dos tipos de apuestas, las basadas en el azar y las basadas en habilidad y conocimientos. Las primeras no requieren aprendizaje, es la lotería clásica en la que todo el mundo tiene las mismas posibilidades. Las apuestas deportivas serían un modelo híbrido, aunque influye el azar, un aficionado al fútbol sabe que es muy probable que el Barcelona le gane al Granada”, señala Hibai López.

Los anzuelos

Las casas de apuestas hacen hincapié en ese factor. Muestran como muy probable que vaya a suceder una serie de hechos y animan a los jugadores a realizar apuestas combinadas (sobre el resultado de varios partidos, el número de goles o qué futbolistas los marcarán, por ejemplo) y les crean una falsa sensación de seguridad. Al mismo tiempo, fomentan que el jugador trate de demostrar que es más inteligente que sus amigos o que la propia empresa y arriesgue más.

En las estrategias de captación, un factor fundamental son los bonos de bienvenida, promociones por la primera apuesta que parecen ofrecer dinero gratis sin riesgo del tipo “por los primeros 100 euros te regalamos 200 en apuestas”. Sin embargo, “en la práctica tienes que hacer un determinado número de apuestas antes de que puedas retirar esa cantidad y las casas ya tienen calculado que estadísticamente vas a perder todo el dinero antes de hacerlo”.

Cristiano Ronaldo protagoniza un anuncio de juego 'online'.
Cristiano Ronaldo protagoniza un anuncio de juego 'online'.

También es esencial el hecho de que el dinero sea virtual. “Algunas de las personas a las que he entrevistado me comentan que quizá les habría sido más difícil soltar billetes con esa facilidad, pero incluso en los locales físicos usan esa estrategia, que se conoce desde siempre en los casinos cuando te cambian dinero por fichas”, apunta.

En una reciente investigación realizada con más de 600 jugadores españoles de apuestas deportivas, una de las conclusiones de Hibai López también resaltaba la importancia de participar a través del teléfono móvil. El uso de estos dispositivos era más frecuente entre los que tienen más problemas. Es decir, estar permanentemente pendiente de los resultados y las apuestas resultaría clave en el desarrollo de la adicción. “Lo que nos vienen a decir todos los estudios es que la frecuencia y la duración marcan la diferencia”, asegura.

La imagen positiva del deporte

A todo ello hay que añadir que “se están haciendo campañas muy fuertes centradas en el tirón que tiene el deporte entre los jóvenes”, afirma García Soriano. “El fútbol ofrece un caldo de cultivo muy bueno, porque tiene una imagen positiva en una sociedad muy centrada en lo audiovisual. Eso propicia una ausencia de control parental acentuada por la brecha digital que existe entre padres e hijos; los nativos digitales ya son adolescentes y adultos que nunca que han planteado que internet pueda ser fuente de problemas”, agrega, “la batalla de la rebeldía, propia de los adolescentes, hoy se da en el campo digital”.

Recomendaría a los padres que se fijen en sus hijos. Si cuando ven un partido en lugar de divertirse sufren ansiedad, algo va mal

“Cuando en los anuncios sale Cristiano Ronaldo o Rafael Nadal se proyecta una imagen de éxito que, obviando el esfuerzo que supone el deporte profesional, está prometiendo dinero y éxito en un click”, comenta la psicóloga de APAL.

“Yo recomendaría a los padres que se fijen en el comportamiento de sus hijos. Si cuando ven un partido en lugar de divertirse sufren ansiedad y miran continuamente cómo van sus apuestas en el móvil, puede ser síntoma de que algo va mal”, destaca.

Como asociación, “pedimos que al menos haya algún tipo de control de la publicidad, como sucede en el caso del tabaco y el alcohol, no están prohibidos, pero sabemos que son potencialmente dañinos y, cuanta menos exposición, mejor”.

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