así se gestó el 'superministerio' de medio ambiente

De avalar el Castor o el 'fracking' al 35% en renovables: el loco viaje climático del PSOE

Todo lo que está haciendo Pedro Sánchez sigue el mismo patrón: primero sorprende, luego hace pensar. Tras años de altibajos medioambientales, ahora el PSOE lo juega todo al verde

Foto:  (Montaje: Enrique Villarino)
(Montaje: Enrique Villarino)

Una mañana de junio de 2017, en la planta baja de un edificio del Paseo de la Castellana, la hoy Ministra de Transición Ecológica inauguraba ante una audiencia soñolienta una jornada sobre la sostenibilidad de los océanos. Teresa Ribera, por entonces directora en París del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales, advertía de los peligros del 'drilling offshore', la perforación en alta mar para obtener gas, petróleo o hidratos de metano.

Entre el público estaba Cristina Narbona. Las dos mujeres que otrora formaran el tándem del Ministerio de Medio Ambiente del primer gobierno Zapatero, una como ministra, la otra como directora de la Oficina Española de Cambio Climático, se encontraban por primera vez en mucho tiempo desprovistas de cualquier cargo público. Días atrás, Narbona había renunciado a su puesto en el Consejo de Seguridad Nuclear para dedicarse por completo al PSOE. Además de presidir el partido, Pedro Sánchez, ganador de las primarias el 22 de mayo, encomendó a la exministra elaborar un ambicioso proyecto para "propiciar la transición ecológica de la economía".

"La tendencia es tener cada vez más clara una necesidad de reequilibrar actividades agresivas con protección de espacios prácticamente exclusivas", explicaba Ribera a El Confidencial aquella mañana de junio durante la pausa del café. "Eso, que hasta hace poco ni se planteaba, lo hemos visto con el 'drilling offshore' y cada vez más con minerales raros".

Irónicamente, un año más tarde, en la mañana después de confirmarse su nombramiento, Carlos Herrera la describía así en su programa: "Es una vieja conocida, una experta en cambio climático que fue secretaria en los gobiernos de Rodríguez Zapatero, fue la que firmó la declaración de impacto ambiental del Castor, ¿qué es aquello?", se preguntaba el locutor, "el almacén de gas submarino que se instaló delante de Vinaroz y que en teoría no tenía ningún problema según esa declaración".

La ministra de Transición Ecológica durante el traspaso de cartera de manos de Isabel García-Tejerina. Y en primera fila, vestida de blanco, Cristina Narbona (Ballesteros / EFE)
La ministra de Transición Ecológica durante el traspaso de cartera de manos de Isabel García-Tejerina. Y en primera fila, vestida de blanco, Cristina Narbona (Ballesteros / EFE)

Así fue como, en un parpadeo, Ribera pasó de ser una infatigable luchadora contra las prospecciones marinas a ser representada en muchos medios como la necesaria compinche de Florentino Pérez en la explotación de gas más célebre —por fallida— de la historia reciente de nuestro país.

Aunque cierto en esencia, la realidad es bastante más compleja, claro. Por suerte, para entenderla mejor basta con fijarse en unos cuantos días clave de la última década, porque en este cuento —con sus diferentes tramas y personajes secundarios— toda la acción transcurre en diez años exactos: del 5 de junio de 2008 al 5 de junio de 2018.

Lunes, 4 de junio de 2018

La misma tarde de su nombramiento, un hombre que —aunque ustedes todavía no lo sepan— iba a ser clave en el desenlace ministerial de la carrera de Ribera disfrutaba de la agradable brisa vespertina en el jardín del hotel Westin de Valencia. Mario Molina, mexicano universal desde que fuera galardonado con el Nobel de Química en 1995, es una figura estratégica en asuntos medioambientales. Sin ir más lejos en su CV, impulsó el protocolo de Montreal que en 1998 prohibió los gases CFC que dañaban la capa de ozono e hizo de asesor del equipo de transición medioambiental para el presidente Obama. Es decir, fue su Cristina Narbona.

Aunque a la hora de la charla aún desconocíamos que Sánchez crearía un 'superministerio verde' con Ribera al frente, Molina, presente en la ciudad levantina para hacer de jurado en los premios Rei Jaume I, ya tenía las claves por las cuales éste departamento no será una extravagancia o una casa de cartón sin contenido.

Molina, en Valencia poco antes de la entrevista (Vicent Bosch / PRJI)
Molina, en Valencia poco antes de la entrevista (Vicent Bosch / PRJI)

"Desde el Acuerdo de París a finales de 2015, la tecnología ha seguido avanzando y los costos de las energías renovables han seguido bajando extraordinariamente", explica el químico mexicano. "La gran diferencia ahora es que ya no hay que hacer ningún sacrificio, ya es rentable".

Por eso, en buena parte, la Cumbre del Clima de París (en lenguaje climático, la COP21) salió a pedir de boca mientras la COP15 de Copenhague, en 2009, fue un rotundo fracaso. En aquel momento, paliar el calentamiento global salía demasiado caro. Los países del primer mundo veían dispararse tanto los niveles de desempleo como los de déficit. Los países en desarrollo recelaban de los primeros. Todos desconfiaban de China, que pese a ser el país más contaminante también jugaba a ser pobre.

En definitiva, todo estaba roto y quienes comenzaron a unir los pedazos fueron los mexicanos, anfitriones en la cumbre de Cancún de 2010. Molina formó una troika con el entonces presidente de la república, Felipe Calderón, y su secretaria de relaciones exteriores, Patricia Espinosa. "Aquel trabajo estableció las bases para lograr un acuerdo en París", dice Molina. También sirvió para que en 2016, Espinosa accediera al cargo de Directora Ejecutiva de la UNFCCC, la agencia de Naciones Unidas para el Cambio Climático.

Una de las principales favoritas para ese puesto era, precisamente, Teresa Ribera, pero el espíritu de Cancún y el papel de América Latina en el nuevo mapa climático, como elemento integrador entre países ricos y pobres, decantaron la balanza.

Jueves, 5 de junio de 2008

Tras ser aprobado dos semanas antes en Consejo de Ministros, el 5 de junio de 2008 aparece en el BOE la concesión a la empresa Escal UGS, una 'joint venture' de ACS con la petrolera canadiense Dundee Energy, de la explotación del almacén de gas Castor. Al mando de Miguel Sebastián como ministro de Industria, España en 2008 era un gigante cuyo crecimiento anual superaba el 3% y por tanto, tenía mucha hambre de combustible.

El cambio climático era entonces un tema controvertido. Pocos meses antes, Mariano Rajoy, por entonces ya presidente del PP, había dudado del mismo en la famosa alusión a su primo, el físico teórico Javier Brey. El PSOE le prestaba algo más de atención al problema, sin embargo, no pudo o no quiso evitar que las emisiones de CO2 llegaran a su récord histórico durante su mandato. En aquel momento, lo que importaba era demostrar que esa "desaceleración" de la que hablaba el FMI era infundada y el tren español seguía a toda velocidad.

En este contexto es en el que se aprueba el Castor que, como Carlos Herrera y otros recordarían, traería cola para los intereses de la actual ministra.

El proyecto, "necesario y prioritario para el sistema gasista español" provocó varios años de litigios a tres bandas entre el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional y la Fiscalía de Castellón que pasamos a resumir en un párrafo:

Para que dieran luz verde al proyecto Castor era necesaria una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) favorable al mismo. Elaborarla era responsabilidad de la Secretaría de Estado de Cambio Climático, que la publicó en octubre de 2009. El juez de Vinaroz insistió en imputar a los responsables de la declaración, Ribera incluida, por no valorar adecuadamente los riesgos sísmicos que acabaron provocando cientos de terremotos, algunos de hasta 4,2 en la escala Richter. Sin embargo, la DIA consultó a diferentes ayuntamientos y organizaciones, una de las cuales, el Observatorio del Ebro, hizo referencia a este riesgo sísmico. Esto hizo que, entre los 18 imputados por el caso, no hubiera nadie de la Secretaría de Estado y sí los autores de un informe del Instituto Geológico y Minero, de 2007, que concluía: "La estructura Castor se entiende apta para el almacenamiento de gas natural".

Miércoles, 18 de diciembre de 2013

Una semana antes de Nochebuena, la empresa malagueña productora de células solares Isofotón anuncia su cierre con el despido de 297 personas. La compañía no fue la única que lo pasó mal en este sector, aunque fue la primera en la que Ribera desembocó, en septiembre de 2012, tras perder el PSOE el gobierno a manos del PP.

El caso es sintomático para la industria solar española, que ese año tocaba oficialmente fondo tras el escándalo de las primas a la producción solar de Sebastián, retroactivamente recortadas tanto por él como por José Manuel Soria. La crisis tampoco ayudó, pero los socialistas que aún seguían en el poder, como el lehendakari Patxi López tomaron una determinación curiosa: apostar por la fracturación hidráulica o 'fracking' con los "indicios más que razonables" de que el subsuelo alavés escondía reservas de gas capaces de abastecer sus calderas durante décadas.

Hoy es una anécdota, pero entonces fue sintomático. El mismo día que ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada, el 20 de octubre de 2011, López estaba de viaje oficial en Dallas, Texas, precisamente en las instalaciones de la petrolera Devon Energy.

Patxi López, en su visita a Devon Energy a finales de 2011 (Gobierno Vasco)
Patxi López, en su visita a Devon Energy a finales de 2011 (Gobierno Vasco)

Curiosamente, Devon Energy es más conocida hoy por ser la empresa de energía cuyos abogados escribían la legislación medioambiental del estado de Oklahoma. Su fiscal general, Scott Pruitt, es hoy el hombre elegido por Donald Trump para dirigir la Agencia de Protección Ambiental estadounidense, la EPA.

El caso es que, mientras en España cerrábamos los ojos al sol y mirábamos al 'fracking' o al petróleo canario como solución, el resto del mundo hacía exactamente lo contrario. Desde Isofotón hablaban de "competencia desleal" por parte de China, pero en pocos años, el precio de una célula fotovoltaica pasó de cinco euros a apenas 30 céntimos.

Producción de células solares FV por país, expresadas en MW.
Producción de células solares FV por país, expresadas en MW.

Cuando Isofotón bajó la persiana, China casi multiplicaba por 20 la producción de Alemania, el primer país europeo. En España lo llamábamos competencia desleal; en el resto del planeta, revolución solar.

Sábado, 12 de diciembre de 2015

Los ojos del mundo estaban puestos esa tarde-noche en el recinto expositivo de Le Bourget, una especie de IFEMA parisino a medio camino entre el estadio Saint Denis y el aeropuerto Charles de Gaulle. Desde hacía más de una semana, cada tarde a eso de las seis, los periodistas españoles llevaban el enjambre hasta el stand de la delegación española para escuchar de Valvanera Ulargui o algún otro miembro de la OECC la última hora sobre la negociación para lograr un acuerdo global contra el cambio climático.

Sin embargo, frente a la comedida versión oficial, eran las explicaciones de Teresa Ribera las que no te podías perder si querías entender algo de aquel embrollo infernal en el que dos de las 195 partes del mundo podían pegarse horas y horas discutiendo sobre si en el texto final deben aparecer las palabras "en una posición para hacerlo" o "esfuerzos diferenciados".

Para que se hagan una idea, de las grabadoras de la época surge un fragmento real de Ribera en aquella noche histórica. Estaba mostrándonos a los periodistas unos folios: "Este texto es la propuesta de la presidencia después de todos estos días de negociación, todos estos años de negociación como ha señalado bien Fabius, completando por tanto una etapa que se inicia en Bali y en el mandato de Durban y pretende ofrecer una respuesta equilibrada y los más ambiciosa posible a todas las cuestiones que han ido saliendo y a sabiendas de que había muchos puntos difícilmente compatibles entre sí", dijo de una sentada. "El espíritu sigue siendo colectivo y muy deseoso de disponer de un nuevo marco que nos dará la tonalidad de la acción climática de los próximos años y por tanto generará una capacidad de cambiar las premisas sobre las que se toman las decisiones económicas pero también las relaciones entre el tradicional mundo industrializado y el mundo en desarrollo..."

Teresa Ribera, con miembros del IDDRI, se reúne con François Hollande en el Palacio del Elíseo de París en julio de 2013 (Ian Langsdon / EFE)
Teresa Ribera, con miembros del IDDRI, se reúne con François Hollande en el Palacio del Elíseo de París en julio de 2013 (Ian Langsdon / EFE)

Así, pero durante horas y durante días varias veces al año desde hace varios lustros. Auténtica veterana en este tipo de citas, en la cumbre parisina tuvo un papel fundamental. El IDDRI, instituto que dirigía, realizó un papel fundamental de 'think tank' entre bastidores para el gobierno francés. Fue esta labor en la COP21 la que la catapultó al abanico de aspirantes para ser la Directora Ejecutiva de cambio climático en la ONU.

Una vez Espinosa fue designada por Ban Ki Moon, el camino de Ribera hasta el Ministerio de Medio Ambiente quedó expedito. Sólo faltaba que el PSOE lo recuperara, claro. Un mes después del nombramiento de la mexicana tuvo lugar la fallida moción de investidura de Pedro Sánchez. La pinza entre PP y Podemos descabalgó las opciones socialistas, pero hasta donde ha trascendido, de haber triunfado en aquella moción de marzo de 2016, el secretario general habría contado con Ribera para el Ejecutivo, tal y como ha sucedido en esta ocasión.

Primera ministra de Cambio Climático

Cuando recibió la cartera de ministra de manos de Isabel García-Tejerina surgió la duda: ¿Quizá tendría que haber recogido también la de Álvaro Nadal, ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital?

Sus primeras acciones parecen indicar un 'no necesariamente'. Tras la confirmación de Hugo Morán como Secretario de Estado de Medio Ambiente, la ministra ha empezado rodeándose de un equipo más medioambiental que energético. Ribera ha escogido como director de su gabinete a Álvaro Abril, definido por una fuente del PSOE como un "pata negra del ecologismo, del equipo de Narbona" y para su equipo de comunicación a Caty Arévalo, periodista de EFE experta en cambio climático con quien Ribera ha coincidido en diversos foros a lo largo de los años.

Habrá que esperar aún a ver quién se encarga del área de Energía, pero hasta ahora los nombramientos responden a lo que se espera de la primera ministra de Cambio Climático de la historia de España. Por cierto, hasta la fecha sólo 12 países cuentan o han contado con un ministerio con estas características.

En su primera actuación como ministra de Transición Ecológica, Ribera ha sentenciado: "Dejamos de ser un lastre y nos alineamos con aquellos países que tienen una vocación de futuro", apoyando a quienes defienden adoptar posiciones tan ambiciosas como un 35% de energía de origen renovable en 2030, el objetivo del Parlamento Europeo, frente a los estados que querían limitarlo a un 27% del mix energético.

"No podemos volver al siglo XIX", dijo en aquel café del año pasado con respecto a la decisión de Trump de salir del Acuerdo de París, "pero es un elemento extraordinariamente peligroso porque está ahí: no es el sentir mayoritario de la sociedad americana, ni de las empresas ni de la política, pero está ahí, hay una pequeña parte ejerciendo su capacidad de influencia".

Los líderes chinos hoy entienden que el aislacionismo y pensar en su propio interés nacional es insuficiente

Sin embargo, con China "ocurre lo inverso", reflexionaba, "viene de una situación de aislacionismo, de pensar en su propio interés nacional, y sin embargo los líderes chinos hoy entienden que es insuficiente, que para jugar el papel que les corresponde con arreglo a la historia y al poder real que tienen, deben ser una fuerza razonablemente constructiva y responsable en el contexto multilateral".

Hace cinco años China era el enemigo de la fotovoltaica y Estados Unidos el soporte, hoy es al revés. Ay, si la geoestrategia es complicada de por sí, imagínese para un socialista ecologista.

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