Ciencia: De científico a monologuista: ¡qué duro es volver al laboratorio cuando lo petas en TV!
famelab, el certamen favorito de su majestad

De científico a monologuista: ¡qué duro es volver al laboratorio cuando lo petas en TV!

No es fácil pasar de la soledad de la tesis a ser felicitado por la Reina Letizia, abrumado por el público y contratado por Buenafuente. Pero lo más difícil es volver a vestir la bata blanca

Foto: Tres de los ganadores del certamen (Montaje: Enrique Villarino)
Tres de los ganadores del certamen (Montaje: Enrique Villarino)

Cada año desde hace seis, el certamen de monólogos científicos Famelab da la oportunidad a un investigador de saltar de su laboratorio a un público entregado y, quién sabe, quizá aparecer como campeón al final de la noche, abrazado a la Reina Letizia y con un cheque de cartón enorme.

Coincidiendo con la final de la última edición, esta noche tras el 'show' correrán las copas en el centro de Madrid con los otros monologuistas amateur, habrá risas y más risas hasta que, al día siguiente, uno de ellos se encontrará con una resaca monumental y una cuesta abajo empinada hacia su vida anterior. Pero no, no ha sido un sueño. Al principio habrá ofertas y entrevistas. El teléfono seguirá sonando unos días hasta despertar en la mente del joven científico una leve ensoñación: "Hmmm. ¿Podría dedicarme por completo a esto?"

Así estaba el año pasado por estas fechas Pedro Daniel Pajares, estudiante de matemáticas en la Universidad de Extremadura. Tenía 23 años, el cine de Callao hasta arriba de gente y los aplausos de la Reina llenándole los oídos. Hoy, después de toda la fanfarria, Pajares está en Polonia, terminando la carrera con una beca Erasmus.

El estudiante extremeño, ganador de Famelab en 2017, junto a la Reina Letizia (Casa Real)
El estudiante extremeño, ganador de Famelab en 2017, junto a la Reina Letizia (Casa Real)

"Me llamaron de bastantes sitios tras ganar Famelab, pero dije que no a muchos por poder venirme", explica a Teknautas desde el país centroeuropeo. "Sólo accedo a aquellas peticiones que puedo hacer desde aquí, como grabar un vídeo y mandarlo".

Tras algunos escarceos en festivales de divulgación en el bar como Pint of Science —otra cantera de científicos monologuistas que también tiene lugar esta semana— Pajares se vino arriba y apareció en el certamen con 'Una bola peluda para atraerlos a todos', donde explicaba el teorema matemático de la bola peluda, empleado en topología diferencial.

Gracias a esto, Pajares llegó a competir en la final internacional que se celebra cada año en Chentelham, Reino Unido. Como ocurre en Eurovisión, la propia naturaleza del formato perjudica a los participantes españoles, que basan más sus actuaciones en el humor, privilegiando más a aquellos 'storytellers' capaces de contar con amenidad un concepto científico. La ganadora en 2017 fue Tshiamo Legoale, una geóloga sudafricana que dio una charla sobre fitominería.

"En la final internacional no hay tanto humor, de hecho se ciñen a la propia palabra 'monólogo', que es una persona hablando de ciencia", dice el extremeño. "Yo uso más el humor porque simplemente me siento cómodo así, otra gente cuenta historias entretenidas... la intención es divulgar ciencia, cómo lo hagas es solo una excusa, aunque hacer humor internacional es complicado, porque cosas recientes que hayan pasado en España, nuestra política, etcétera, todo eso tiene que ir fuera..."

Lo cierto es que, pese a sus breves seis años de vida, los participantes de Famelab España tienen ya referentes de científicos españoles que, directamente, lo petaron y fueron catapultados al estrellato mediático nacional e internacional tras su actuación.

El mediático

Uno de los más conocidos por el público televisivo es Ricardo Moure, un biólogo vallisoletano en la Universidad de Barcelona que triunfó en la segunda edición, de 2014, con un monólogo sobre los efectos de la grasa en nuestro cuerpo.

"Cuando me presenté a Famelab y gané estaba en mi segundo año de tesis", explica Moure a este periódico. "Tras ganar seguí investigando, tenía una beca y eché mis horas de laboratorio como cualquiera", aunque algo ya había cambiado.

El cómico Andreu Buenafuente se fijó en él y comenzó a introducirle en su 'late night' de La Sexta: 'En el aire', que se emitió entre 2013 y 2015.

"A nivel escénico estuve toda la temporada en el programa de Buenafuente, que fue muy bien, y llegué a ir al Club de la Comedia en su última temporada", añade Moure. "Se me hizo raro porque era algo que nunca me había imaginado para nada".

Moure junto a Buenafuente en su 'late night' (La Sexta)
Moure junto a Buenafuente en su 'late night' (La Sexta)

A partir de ahí se unió también al grupo de cómicos Big Van, fundado por los semifinalistas de la primera edición del festival, y así anduvo desde entonces, compatibilizando el espectáculo con la investigación de su "tesis de mierda", palabras suyas, ya que trata de flora bacteriana y obesidad.

Un día después de presentar la tesis en septiembre de 2017, Moure se presentó con resaca al rodaje de 'Dame veneno', un programa de Movistar+ presentado por el Chino Darín, hijo del célebre actor argentino, que también contó con el biólogo para amenizar la escaleta.

"Me encantaría poder vivir de la divulgación", reconoce, "pero al final es un mundo muy inestable, te llaman un día y estás sin trabajar tres meses".

Más allá de los focos del estudio, la vida de un joven investigador español no es tan profunda y sesuda como uno desearía. Moure pasó varios meses en paro y haciendo cosillas como comunicador 'freelance' mientras de vez en cuando se dejaba caer por el laboratorio para, sin ver un chavo, terminar alguna que otra publicación.

"En los dos últimos meses de autónomo lo único que hacía era pagar la cuota y beber vino en casa", reconoce.

Pero tranquilos, ahora nuestro intrépido monologuista ya tiene trabajo, y además relacionado con la comunicación.

"Es una empresa de 'marketing' farmacéutico y biomédico, mi puesto es 'Medical Project Manager', que no sé lo que es, pero ellos tampoco saben que no lo sé, así que estupendo", dice Moure, que comenzó a colaborar con ellos a raíz de Famelab. "Cuando fue la semifinal de Barcelona me pusieron en bucle en el canal 324, me vio uno de la empresa y me llamó. Además, me describió ante otro empleado de la compañía como 'un individuo con un alto poder de convicción', y yo pensando 'pero si perdí la virginidad a los veinte'".

Entre otras cosas, ha hecho con ellos una campaña de gran presupuesto para prevenir a los diabéticos del peligro de la enfermedad cardiovascular.

Ahora que trabaja haciendo lo que le gusta, Moure ve los vídeos de sus comienzos y piensa que no le gusta cómo lo hacía hace cuatro años. "Con el tiempo vas cambiando, se trata de encontrar el equilibrio y pensar en el público que vayas a tener: si al público le interesa la ciencia tienes que ir a algo que te sorprenda mucho", explica, "si vas a un público hostil, por ejemplo un instituto o un teatro, el 'show' tiene que estar muy arriba, aunque creo que con el tiempo vas encontrando un equilibrio: sueltas algo, te ríes pero luego le metes un giro y cuentas otro tema que es la hostia, es algo que pasa mucho en comedia, tienes que jugar con los ritmos y los tonos, estás riéndote, luego te pones dramático o intenso y luego vuelves a reírte".

El pionero

El primer ganador de todos fue el riojano Eduardo Sáenz de Cabezón. Él fue, de alguna manera, el precursor en España. No en ganar Famelab, que también. sino en demostrar que había un público y un negocio para los monologuistas científicos.

"La vida me cambió radicalmente desde que gané, y no soy de los que más ha cambiado porque sigo con mi docencia en la Universidad de La Rioja y de hecho estoy de investigador principal en un proyecto del Plan Nacional de Investigación", explica el matemático a Teknautas. Reconoce que podría haber abandonado sus clases para centrarse en el 'show', pero iba contra sus principios: "Entiendo que se puede hacer divulgación de la ciencia sin ser investigador en activo, pero yo prefería seguir al pie del cañón".

El monólogo que catapultó a Sáenz al éxito en aquel primer Famelab iba sobre la relación entre los teoremas y el amor.

Desde el propio certamen de monólogos, varios de los investigadores ya intuían que podían tener un futuro como comunicadores, así que poco después fundaron Big Van Ciencia, una empresa desde la que ofrecer su producto: desde espectáculos a talleres de formación.

Poco después de concurso, el matemático impartió una charla TED que la organización estadounidense compartió en su página central. "Ahí empezó todo esto", dice Sáenz, "Yo no sabía que tenían esa repercusión, esa charla la vieron dos millones de personas".

No sabía que las charlas TED tenían esa repercusión, la mía la vieron dos millones de personas

A partir de ahí le surgieron más ofertas: escribir un libro sobre inteligencia matemática, una colaboración con 'La Ventana' en la SER, otra en Radio Nacional con 'Gente Despierta', artículos para medios como Yorokobu y un canal de YouTube, Derivando, "que tiene como... yo que sé, 400.000 suscriptores o más".

Ahora viaja también por todo el mundo dando charlas sobre matemáticas o educación. La semana pasada, por ejemplo, estuvo en Chile y Argentina. "¡Tengo hasta página en Wikipedia, que me enteré ayer!", dice sorprendido. "Y no, no me la he hecho yo... claro, así está también".

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