hay que dejar los esprays

El uso de productos de limpieza afecta a la mujer tanto como fumar 20 cigarros al día

El contacto frecuente con artículos desinfectantes y limpiadores implica un mayor riesgo de desarrollar asma y EPOC, en especial si se utilizan en forma de esprays

Foto: (Foto: iStock)
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Las mujeres que usan productos de limpieza y desinfección con regularidad, especialmente por motivos de trabajo, pero también en su propia casa, ven disminuida su función pulmonar con el paso de los años tanto como si hubiesen fumado un paquete de tabaco al día, es decir, unos 20 cigarrillos.

Esa es la conclusión de los investigadores que firman un artículo en la revista American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine. “Las trabajadoras de la limpieza sufren en mayor medida asma y otros problemas respiratorios. Lo hemos comprobado en este y en otros estudios realizados en España y lo relacionamos con el uso de productos concretos, como los esprays”, explica a Teknautas Jan Paul Zock, investigador holandés que trabaja en el Instituto de Salud Global de Barcelona y es uno de los principales responsables de la investigación, aunque está liderada por la Universidad de Bergen (Noruega).

Todo parte de un amplio estudio internacional que evalúa cuestiones de salud respiratoria más genéricas en Europa y que destaca por su carácter longitudinal, es decir, que analiza al mismo grupo de gente varias veces a lo largo de los años para ver su evolución, en este caso, durante más de dos décadas, desde los años 90.

Los investigadores usaron el censo para seleccionar aleatoriamente a un grupo de adultos jóvenes. Era población general que podía tener cualquier tipo de ocupación, pero se introdujeron cuestiones específicas que “nos han permitido estudiar efectos a largo plazo de la exposición a productos de limpieza”.

En conjunto hay más de 6.000 participantes y, de ellos, alrededor de 1.000 corresponden a España, ya que se han recopilado datos de Barcelona, Galdakao (Vizkaya), Oviedo, Huelva y Albacete. Tras realizar una primera evaluación en los años 90, se repitió entre los años 2000 y 2002 y entre 2010 y 2012. El estudio, idéntico en todos los países, incluía un cuestionario sobre problemas respiratorios y una prueba para medir la función pulmonar, la espirometría, muy habitual en neumología.

La gente que está en contacto con los artículos de limpieza pierde más capacidad pulmonar de la esperada

En ella, la persona coge todo el aire que puede y lo expulsa por un tubo, de manera que se mide la cantidad que es capaz de exhalar y a qué velocidad puede hacerlo. Los especialistas consideran que es una buena forma de ver si los pulmones funcionan correctamente e incluso se utiliza para diagnosticar y monitorear diversas enfermedades respiratorias, como el asma.

“En gente sana la función pulmonar se reduce cada año, es un proceso normal. Durante la infancia aumenta hasta que tenemos 20 o 25 años y entonces empieza a bajar”, comenta el experto. Sin embargo, hay personas que pierden mucho más de lo que les correspondería, principalmente, fumadores.

“Aquí hemos visto que la gente que está en contacto con los artículos de limpieza también pierde más de lo esperado”, por lo tanto, los investigadores realizan la comparación con el tabaco por ser otro factor clave en la caída de las capacidades pulmonares.

En España, más lejía

Aunque se trata de un estudio observacional, “en otras investigaciones hemos visto que los productos que pueden dañar los pulmones son de uso cotidiano, como la lejía y el amoniaco”. Los resultados que se han publicado presentan todos los datos agrupados, pero “hemos comprobado que en el uso de artículos de limpieza hay diferencias entre países”. Por ejemplo, España usa más lejía –uno de los más perjudiciales– que el norte de Europa. Los científicos no descartan que esto pueda influir pero por el momento no han podido detectar si se traduce en más problemas respiratorios.

La clave está en el daño que los agentes de limpieza causan a las membranas mucosas que recubren las vías respiratorias, en las que pueden provocar cambios permanentes, aunque la investigación no revela exactamente qué componentes serían los más perjudiciales. “Probablemente es una variedad de químicos que afectan a las vías respiratorias. De alguna manera que aún no entendemos muy bien, son irritantes y pueden tener un efecto crónico a largo plazo”, comenta el investigador.

Otra investigación que se llevó a cabo entre más de 900 trabajadores de la limpieza de Barcelona ofreció resultados mucho más específicos: el ácido clorhídrico, el amoniaco, desengrasantes y ceras se vinculan a casos de asma.

Vínculo con la EPOC

En un principio, los expertos pensaron que el mayor interés de estos estudios podía estar, precisamente, en la incidencia del uso de estos productos para el asma. Sin embargo, ahora creen que puede ser igual de relevante para el desarrollo de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), que se caracteriza por las dificultades que tienen los pacientes para respirar y que tradicionalmente se asocia a los fumadores.

“Hay que tener en cuenta que empezamos el estudio longitudinal con gente que tenía entre 20 y 45 años y que ahora se encuentra entre 45 y 70, un grupo de población fundamental para estudiar nuevos casos de EPOC y los factores de riesgo que han llevado a su aparición”, señala el investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona. De hecho, “cuanto más rápido disminuye la función pulmonar, antes se puede desarrollar una EPOC”, resume.

¿Por qué afecta más a las mujeres?

Uno de los resultados más curiosos del estudio es el hecho de que las mujeres se vean más afectadas. “Teóricamente, los efectos sobre la salud respiratoria no deberían ser muy distintos entre sexos”, indica Zock. “Comparamos a trabajadores de la limpieza y a personas que habitualmente llevan a cabo estas labores en su casa con quienes no lo hacen nunca o casi nunca y en este último grupo había bastantes hombres, como nos podíamos imaginar, y muy pocas mujeres”, así que es posible que la muestra, a pesar de la gran magnitud del estudio, no sea lo suficientemente significativa para extraer conclusiones.

Aún así, “hay algo detrás de esa diferencia que quizá no entendemos”. Una de las hipótesis que manejan es que incluso los varones que trabajan en el sector de la limpieza, en realidad, llevan a cabo tareas diferentes a las del género femenino. Por ejemplo, “muchas mujeres son empleadas del hogar y su exposición a productos es bien distinta a la que tienen los hombres que trabajan limpiando colegios, por ejemplo”. El tipo de tareas, la forma de ejecutarlas e incluso los artículos que utilizan pueden variar.

Recomendaciones: evite los esprays

De hecho, los expertos tienen claro algunos que no recomendarían, ya no por su contenido, sino por su forma de aplicación. Es el caso de los aerosoles, que dejan en el aire partículas diminutas que respiramos. “El uso de esprays es muy cómodo, pero hace 30 años no se usaban, así que no son imprescindibles. Para los cristales o los muebles se pueden usar limpiadores muy parecidos, pero que conllevan una menor inhalación”, comenta.

Al usar cualquier producto de limpieza estamos inhalando los componentes volátiles, “lo que queda en el aire y hueles”, aclara Zock, pero estos pulverizadores son más peligrosos porque dejan “una nube de gotitas muy pequeñas, así que no sólo inhalas esos compuestos, sino incluso la parte líquida”. Un estudio liderado por el propio investigador holandés identificó hace años la utilización de los aerosoles en el hogar como un importante factor de riesgo para el asma en adultos.

Esprays de limpieza (Foto: Pixabay)
Esprays de limpieza (Foto: Pixabay)

Por otra parte, una práctica muy habitual en las tareas de limpieza y desinfección pero poco recomendable es la de realizar algunas mezclas que pueden producir reacciones químicas que aumenten la exposición a sustancias nocivas como el cloro. “No sólo se trata de mezclar líquidos en un cubo, a veces tras limpiar una superficie con un producto se aplica otro diferente por encima y el resultado es el mismo”, apunta el científico.

No obstante, tampoco hay que alarmarse: la investigación habla de efectos perjudiciales cuando se produce una exposición habitual y prolongada durante décadas y los expertos creen que para reducir el peligro basta con tomar algunas medidas sencillas y de sentido común, como abrir las ventanas. Una buena ventilación cuando se llevan a cabo estas tareas y posteriormente es fundamental para que la posible inhalación de componentes nocivos sea mucho menor.

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