la ue los limita por su efecto medioambiental

Sin gas para las neveras en 2018: la escasez de refrigerantes aterra a los supermercados

La prohibición paulatina de los gases dañinos para la capa de ozono y de efecto invernadero pone la industria de la refrigeración ante un problema de muy difícil solución

Foto: Un carnicero examina un trozo de ternera almacenado en la nevera de un matadero de Bruselas. (Reuters)
Un carnicero examina un trozo de ternera almacenado en la nevera de un matadero de Bruselas. (Reuters)

Una de las grandes lecciones que los países dieron al mundo fue el Protocolo de Montreal de 1987. Los gases clorofluorocarbonados o CFC estaban generando un preocupante agujero en la capa de ozono y todo el planeta, sin excepción, se puso de acuerdo para restringir su uso. Tras los CFC vinieron los HFC, análogos sintéticos con menor impacto para la atmósfera que, hasta ahora, han servido de transición.

Sin embargo, se nos olvidaba un pequeño detalle: ¿con qué íbamos a sustituir esos gases que alimentan nuestras neveras, congeladores o aires acondicionados?

Nadie se ocupó demasiado del tema hasta 2014, cuando la Unión Europea introdujo su normativa F-Gas, que prevé la paulatina desaparición de los HFC y otros gases con flúor. El próximo 1 de enero de 2018, estos gases sufrirán su mayor hachazo, un 37% de reducción, lo que mantiene a la industria del frío desconcertada: "Es la tormenta perfecta", explica a Teknautas Rosa María López, técnica en la Asociación Española del Frío y sus Tecnologías.

El presente ya es complicado para las empresas de refrigeración, que desde hace unos años dejaron de fabricar sus materias primas en Europa para importarlas de China. "El país asiático está por la labor medioambiental y ha revisado varias de estas fábricas", explica López, "algunas de ellas han tenido que hacer paradas forzosas o incluso cerrar, algo que ha causado grandes dificultades para los fabricantes occidentales".

Esta situación ha disparado el precio de gases HFC como el R404A o el R507, frecuentemente empleados en congeladores o aires acondicionados industriales y que a lo largo de 2017 han visto su valor cuadruplicarse o quintuplicarse. Estos compuestos fueron precisamente los que reemplazaron en 1995 al R502, un CFC muy perjudicial para la capa de ozono.

¿El plan B? Es caro y... no hay

Muchos fabricantes han tratado de encontrar una alternativa a este tipo de gases, pero el principal candidato es un gas bajo sospecha. El sector de la automoción, por ejemplo, solía utilizar un gas HFC llamado R134a. En 2017, con la prohibición cerniéndose, la mayoría de fabricantes lo sustituyeron por un gas de bajas emisiones fabricado por la compañía estadounidense Honeywell, el R1234yf, pero Mercedes optó por una alternativa mucho más conocida, el CO2.

Aires acondicionados en Singapur. (Reuters)
Aires acondicionados en Singapur. (Reuters)

Aunque requiere de cantidades mucho mayores para alcanzar el mismo poder frigorífico, el CO2 es abundante y barato, por lo que se perfiló como el mejor sustituto. ¿El problema? Que es el principal causante del cambio climático y, como tal, también está sujeto a cuotas (una reducción de hasta el 47%) por parte de las autoridades europeas. "No hay solución, tanto fabricantes como distribuidores estamos preocupados", expresa López, "hay sustitutos, aunque no para todas las aplicaciones, y todos tienen CO2".

¿Quién sufrirá más?

La única nota positiva en esta situación es que los usuarios particulares serán probablemente los menos afectados, pero solo en principio. "Va a afectar en general a todo, en aire acondicionado a todas las estaciones que sean superiores a los 'splits' domésticos", dice López. "Afectará también a todas las instalaciones de baja temperatura, como pueden ser supermercados o centros logísticos; si hay falta de producto, cuando el sistema se pare... se paró, y toda la mercancía se irá al garete antes de 48 horas".

Tendremos que enfrentarnos al fallo de aires acondicionados y sistemas de refrigeración en supermercados, hospitales o bancos de sangre

En otros países europeos ocurre exactamente lo mismo, Alemania, Francia o Austria también llevan denunciando desde hace meses los problemas de la normativa contra los gases fluorados. "Salvo que se tomen medidas, tendremos que enfrentarnos a escenarios como el fallo de los aires acondicionados y sistemas de refrigeración en la cadena alimentaria, los hospitales o los bancos de sangre", denunciaron recientemente las asociaciones de la industria del frío.

La industria advierte de que la situación puede favorecer las prácticas ilegales, como la reutilización de estos gases en condiciones de seguridad o legalidad dudosas. A finales de 2015, el Tribunal Supremo ordenó por primera vez prisión para un hombre por cometer fraude en reciclaje de miles de neveras y la emisión de sus gases fluorados al medio ambiente.

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