antropología evolutiva

Este pequeño cráneo resuelve un enigma de cuatro millones de años

Apareció cerca de un lago al norte de Kenia. Tiene 13 millones de años y es el primer ejemplar de un cráneo completo de esta época. Ayudará a comprender de dónde venimos

Foto: Cráneo de 13 millones de años encontrado en Kenia (Nature)
Cráneo de 13 millones de años encontrado en Kenia (Nature)

Empecemos por el problema: en su ardua tarea de reconstruir la historia de nuestra especie y de dónde procede el ser humano, los paleontólogos no habían encontrado, hasta ahora, cráneos completos de entre hace 10 y 14 millones de años. ¿Por qué es importante esta época concreta? Porque las últimas teorías apuntan a este punto de la prehistoria, en torno a los 13 millones de años, cuando los humanos y los chimpancés comenzaron a separarse desde un ancestro único.

Hasta ahora, ese papel de bisagra entre ambas especies de primates lo encarna Ardi, fechado en torno a hace 4,4 millones de años. El estado en que se encontraron sus restos ayuda a entender la dificultad de la tarea, así como su papel clave para comprender qué ocurrió en ese periodo de varios millones de años.

Restos óseos de Ardi, hasta ahora, el principal candidato para ser el ancestro común (Science)
Restos óseos de Ardi, hasta ahora, el principal candidato para ser el ancestro común (Science)

Ahora, el descubrimiento en Napudet, al norte de Kenia, del cráneo de un simio infantil de hace 13 millones de años ofrece nuevas perspectivas sobre la evolución de la especie que, hace 500.000 años, desembocó en la nuestra. Sus responsables han sido los arqueólogos Isaiah Nengo, de la Universidad Stony Brook, y Fred Spoor, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.

El ejemplar, cuyo descubrimiento aparece esta semana en Nature, ha inaugurado una nueva especie en el género Nyanzapithecus, grupo hermano al de hominoides al que pertenecen los gibones, los grandes simios o los seres humanos. Aunque esta nueva especie muestra algunas coincidencias con los gibones, los científicos apuntan a que probablemente se trate de un pariente cercano al antepasado común de los actuales simios.

La época de la que procede Ardi es cuando se cree que los hominoides comenzaron a caminar sobre dos patas, antes trascurrieron unos 18 millones de años en una época, llamada Mioceno, en la que se cree que había unas 40 especies diferentes de homínidos. No todas ellas lograron llegar al final de esta era, y tampoco de todas ellas se han encontrado restos fósiles, mucho menos cráneos. Por ello el hallazgo de este pequeño mono es tan relevante, porque arroja luz sobre un larguísimo páramo casi sin registros.

¿Por qué tan pocos fósiles?

El ser humano nació en África, un continente cuya franja central tiene un clima bueno para que emerja la vida -lluvias, temperaturas medias calurosas- pero malo para que se conserve. "Quizá porque un hábitat de bosque lluvioso es malo para la fosilización, los fósiles de primate son tan raros que cuando encontramos unos nos volvemos locos de alegría, aunque sea un simple diente", dice Brenda Benefit, antropóloga en la Universidad Estatal de Nuevo México que califica el hallazgo de Nengo como "extremadamente raro, nunca pensé que vería algo así a lo largo de mi vida".

El nombre oficial del nuevo homínido es Alesi (y su nueva familia, 'Nyanzapithecus alesi') porque 'ales' significa ancestro en la lengua Turkana, hablada en esta zona de Kenia. "El 'Nyanzapithecus alesi' formaba parte de un grupo de primates que vivió en África durante más de diez millones de años", explica Nengo. "Lo que muestra el descubrimiento de Alesi es que este grupo era cercano al origen de los simios y humanos actuales, y que este origen estaba en África".

Alesi, parcialmente excavado (Nature)
Alesi, parcialmente excavado (Nature)

El proceso científico fue el siguiente. Nengo lo encontró y Spoor lo analizó tras pasar por la máquina de rayos-X en el sincrotrón europeo de Grenoble, en Francia. De este proceso se infieren muchas cosas. Por ejemplo, que tenía aún dientes de leche y que éstos -en concreto sus muelas- eran mayores que en otras especies del género 'Nyanzapithecus'. Y por tener las muelas más grandes, a este joven monete del Mioceno le han condecorado con su propia familia.

Gracias a esta técnica podemos saber también cómo se movía: en concreto, a través del órgano del equilibrio que se encuentra en el oído interno. Por la forma del cráneo, los científicos supieron que pese al parecido con un gibón, Alesi se movía con más lentitud y movimientos más deliberados. Probablemente, aunque esto nunca lo sabremos, también tenía los brazos más cortos.

"Fuimos capaces de revelar la cavidad cerebral, los oídos internos y los dientes adultos aún por salir", explica Paul Tafforeau, del European Synchrotron Radiation. "La calidad de imagen era tan buena que fuimos capaces de establecer, a partir de sus dientes, que tenía un año y cuatro meses cuando murió".

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