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Hipocresía climática en la UE: con una mano critica a Trump, con la otra compra su gas

La Unión Europea aprovechó la retirada de EEUU del Acuerdo de París para presentarse como un líder verde, pero por detrás hace lobby para conseguir su Gas Natural Licuado.

Foto: Un buque transporta Gas Natural Licuado. (Reuters)
Un buque transporta Gas Natural Licuado. (Reuters)

En episodios anteriores, Donald Trump compareció el 1 de junio bajo el sol de Washington para anunciar que sacaría a Estados Unidos del Acuerdo de París contra el cambio climático. Ese mismo día, la Unión Europea y China intentaron contraprogramar el discurso de Trump con una reunión bilateral sobre el clima.

El objetivo de ambas potencias era evidente: aparecer a los ojos del mundo como los líderes responsables que intentarán, pese a los esfuerzos de Trump, dejar un planeta más verde y sostenible a nuestros hijos y nietos.

Ahora veamos lo que estaba ocurriendo realmente tras el telón.

Desde el mes de febrero, la Unión Europea está haciendo lobby en Washington para acelerar la creación de terminales de exportación de Gas Natural Licuado o GNL extraído en territorio estadounidense. Hace décadas, la única forma de transportar gas era mediante un gaseoducto, pero desde hace unos años la tecnología permite congelarlo a -161ºC y transportarlo por mar en estado líquido. Esto permitiría también a Europa reducir su dependencia del gas ruso, cuyo desabastecimiento en el invierno de 2006 y 2009 causó dos crisis importantes.

Cambiar a Putin por Trump es algo que para la UE no supone ningún problema, salvo de cara a la galería climática.

En el primer semestre de 2017 se han recibido cuatro buques de metano procedentes de Estados Unidos

Consultadas por Teknautas, fuentes de Enagás -principal transportista español de gas natural- explican que en España "en el primer semestre de 2017 se han recibido cuatro grandes metaneros de GNL procedentes de Estados Unidos", frente a un único barco en todo el año anterior.

A las autoridades estadounidenses no les ha sentado bien que Europa juegue con dos barajas, una para el clima y otra para la energía, pero al fin y al cabo, por algo Miguel Arias Cañete es el comisario europeo de ambos negociados.

El presidente de EEUU, Donald Trump, en su anuncio el pasado 1 de junio sobre la salida de EEUU del Acuerdo de París contra el cambio climático. (EFE)
El presidente de EEUU, Donald Trump, en su anuncio el pasado 1 de junio sobre la salida de EEUU del Acuerdo de París contra el cambio climático. (EFE)

Según reveló proPublica, el exgobernador de Texas y actual Secretario de Estado de Energía, Rick Perry, expuso recientemente la estrategia europea: "En público están dando todos estos discursos sobre el Acuerdo de París y todas las cosas que van a hacer, pero cuando estamos en reuniones privadas preguntan cómo pueden conseguir ese GNL".

El GNL es el nuevo petróleo

Por mucho que reduzca nuestra dependencia de Putin, el discurso europeo a favor del GNL es complicado de compaginar con uno contra el cambio climático. James Hansen, antiguo director del Centro Goddard de la NASA y uno de los investigadores climáticos más influyentes del mundo, explica a este periódico que "el peligro es que hay un montón de gas, y muchas formas de hacer gas, por ejemplo con los depósitos de hidratos de metano", dice Hansen. "La ciencia lo dice claramente: no podemos quemar todo ese gas, y sin embargo hay gobiernos que se declaran comprometidos contra el cambio climático pero aún creen que pueden generar electricidad con una combinación de renovables y, o bien gas, o bien carbón, como en el caso de Alemania".

Para este experto, hoy en la Universidad de Columbia, "no puedes hacer eso a largo plazo, porque cada vez más y más usos de la energía dependerán de la electricidad y tiene que acabar siendo libre de carbono para resolver el problema".

Es un terreno incipiente pero que ya cuenta con presiones crecientes y particularmente agresivas

De hecho, el pasado 21 de junio, la demanda de gas natural para electricidad batió en España un récord con 465 GWh, la cifra más alta desde 2011. En lo que llevamos de año ha aumentado un 19% con respecto a 2016.

Para el sector gasista nacional, el auge del GNL estadounidense significa regresar a una vieja aspiración, la de convertir a la península ibérica en un centro de distribución para el shale gas (en castellano, gas esquisto) extraído al otro lado del Atlántico. "La península cuenta con un suministro de gas natural muy diversificado, gracias a las ocho plantas de regasificación, una tercera parte de las de toda Europa, que pueden recibir gas natural licuado en barcos metaneros desde cualquier parte del mundo, incluyendo el procedente de Estados Unidos", explican desde Enagás.

Para el gas no hay burocracia

La pregunta ahora es si la diplomacia medioambiental europea está actuando tan rápido como la energética. Teresa Ribera, la que fuera Secretaria de Estado de Cambio Climático en el segundo gobierno de Rodríguez Zapatero, dirige ahora el Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales de París. "Estamos trabajando mucho en actividades industriales y mineras offshore, es una evidencia palmaria que hay que afrontar", dice Ribera, que la semana pasada estuvo en Madrid para participar en una jornada sobre la sostenibilidad de los océanos.

Buques de transporte de Gas Natural Licuado
Buques de transporte de Gas Natural Licuado

El del GNL, extraído no sólo en tierra firme sino también en reservas marinas, "es un terreno incipiente pero que ya cuenta con presiones crecientes y particularmente agresivas", expone Ribera, "además, se trabaja con un margen de conocimiento muy limitado, por lo que va a ser imprescindible establecer regulaciones que aseguren un mínimo de viabilidad, seguridad y sobre todo, protección de zonas marinas".

Más allá de las extrañas relaciones que el gas natural licuado está provocando (además de Trump está Qatar, principal productor mundial de GNL pero actualmente bloqueado por sus vecinos árabes, que han logrado cerrar a los buques metaneros qataríes el paso por el Canal de Suez, obligándoles a rodear el continente africano y provocando consiguientes retrasos en la entrega del gas), la directora de la Oficina Española de Cambio Climático entre 2004 y 2008 advierte que existirán "zonas particularmente conflictivas, adivinamos ya una pelea por los recursos y las rutas de transporte del Ártico o el Mediterráneo".

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