la iniciativa 'march for science' parte de EEUU

Los investigadores españoles se echan a la calle: "Sufrimos un retroceso de décadas"

Este sábado están convocadas manifestaciones de científicos en 500 ciudades del mundo. En España, cargan contra recortes, malas políticas y un futuro incierto

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¿Deben los científicos implicarse en cuestiones políticas? Esta pregunta ha sido durante los últimos meses la base de un debate que ha ocupado charlas, coloquios, 'posts' y columnas en los periódicos en Estados Unidos y Europa. El sí al brexit y la victoria de Donald Trump, el concepto de las 'fake news' y lo que hemos llamado 'posverdad' han sido una bofetada en la cara para todos aquellos que creen que el conocimiento basado en la evidencia y los datos contrastados deberían ser la base sobre la que avance cualquier sociedad civilizada. Si todo esto se tambalea, ¿deben los que se encargan de producir ese conocimiento alzar la voz y denunciar el disparate?

La respuesta es que sí, al menos para gran parte de la comunidad científica mundial, y es lo que harán oír este sábado. Nacida en Washington a semejanza de otras manifestaciones como la 'Womensmarch', este 22 de abril, coincidiendo con el Día de la Tierra para la ONU, está convocada la 'March for science', una manifestación principal y otras 500 marchas satélites en todo el mundo.

En España están convocadas oficialmente seis en Madrid, Barcelona, Sevilla, Granada, Gerona y Valladolid, aunque se esperan concentraciones más modestas en otras ciudades. Los científicos españoles saldrán a la calle para denunciar los recortes en I+D (que el Gobierno 'camufló' en la reciente propuesta de los próximos presupuestos generales), la inestabilidad de la carrera investigadora, sobre todo para los más jóvenes, y en general el desinterés por la ciencia como fuente de conocimiento y de crecimiento económico. Hemos hablado con algunos de ellos para que nos cuenten por qué saldrán a la calle este sábado.

La ciencia no se calla.

Contra los recortes y sus destrozos

En cada país, las manifestaciones se han adaptado a los que se consideran los problemas más acuciantes. "En España son sin duda los recortes que sufre desde hace ya demasiados años la inversión en I+D, que han supuesto un retroceso en el sistema científico español que tardaremos décadas en recuperar, si es que podemos hacerlo, para lo que hará falta dar un giro de 180 grados a la política científica", dice Eduardo García-Junceda, investigador del Instituto de Química Orgánica General del CSIC, y señala como responsables de este desinterés "a este Gobierno, y por ende a la sociedad que lo ha votado".

Unos recortes, además, que están afectando especialmente a los grupos de investigación más pequeños y orientados a la ciencia básica: "El sistema actual de política científica en España promueve el 'efecto Mateo': al que tiene más, se le da más, y al que tiene menos, se le quita todo. Esto afecta a grupos que trabajamos en investigación básica, generadores de conocimiento sin aplicaciones inmediatas, que se mueren si no reciben financiación pública", dice una profesora e investigadora de la Universidad Politécnica de Madrid que prefiere no dar su nombre.

-¿Qué queremos?

-Ciencia basada en evidencias.

-¿Cuándo la queremos?

-Después de pasar la revisión por pares.

Los jóvenes y el futuro

Los científicos más jóvenes, los que ven que el camino que se extiende ante ellos se bifurca y les obliga a elegir entre el extranjero o la precariedad, se manifiestan para que los vaivenes políticos no condicionen el desarrollo de su actividad profesional: "Hay que reivindicar la creación de un organismo que proteja a los científicos y a la investigación más allá de las políticas cortoplacistas. La ciencia tiene que dejar de ser el comodín de reserva de dinero", dice Nuria Roldán López, investigadora predoctoral en el departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Complutense de Madrid.

Necesitamos vuestra resistencia para salvar nuestra existencia.

Esta marcha es para muchos la ocasión de hacerse oír: son conscientes de que solos no podrán conseguir lo que piden y de que necesitan a la sociedad como cómplices: "Los científicos necesitamos visibilidad. La mayoría de la gente no tiene ni idea de a qué nos dedicamos. Los resultados de nuestro trabajo se ven a más largo plazo, por lo que la gente tiene la percepción de que no es algo importante", señala Laura Pascual, profesora ayudante de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid.

Su situación les resulta especialmente indignante si se tiene en cuenta que "en España la gente sale a la calle por muchas cosas, incluso ha habido manifestaciones para que no bajaran de categoría equipos de fútbol, pero normalmente no hay manifestaciones masivas apoyando la ciencia, ni la cultura", lamenta Eduardo Martínez, investigador y profesor de inmunología de la facultad de medicina de la UCM.

"Hay que recordar a los ciudadanos y a los gestores políticos de este país que la ciencia es necesaria, y que si queremos un país moderno, actualmente y sobre todo en el futuro, hay que apoyar la ciencia y sus aplicaciones", coincide Bernardo Herradón, investigador del Instituto de Química Orgánica General-CSIC.

Y si la situación presente les preocupa, la futura no lo hace menos: "Porque no hay becas ni contratos suficientes para que nuevas generaciones de científicos se incorporen al sistema; porque en la próxima década se van a jubilar un buen número de científicos tanto en el CSIC como en las universidad, y no se está teniendo la previsión de ir preparando el terreno para los que tienen que llegar", lamenta Alberto Jiménez, biólogo e investigador de la Universidad de Alcalá de Henares.

El hielo no tiene estrategia. Solo se derrite.

"Ha tenido que llegar Trump..."

Muchos coinciden en señalar que, aunque la iniciativa surgió en EE UU como respuesta a la actitud anticientífica de Trump (negación del cambio climático, actitud antivacunas, etc.), el problema es global: "Ha tenido que llegar Trump y amenazar a la poderosa ciencia americana con ir hacia donde nosotros estamos hace tiempo (el desprecio de nuestros políticos por la investigación y la ciencia), para que se desate una reacción furibunda y multitudinaria. O aprovechamos desde aquí esta energía desatada por nuestros 'mayores', o nos damos por vencidos. Es ahora o nunca", coincide Jesús Pérez, profesor e investigador de la facultad de biología de la Universidad Complutense de Madrid.

Científicos sirviendo al bien común.

Se trata de defender lo que consideran innegable: el binomio entre ciencia y progreso: "Soy un idealista: mi creencia absoluta en la ciencia como herramienta de desarrollo pacífico es tan fuerte que me veo imparablemente empujado a explicar lo que la ciencia ha significado, significa y significará para la humanidad. Cuando su desarrollo se ve de alguna manera afectado, me veo irremisiblemente obligado a defenderla en cualquier foro. La ciencia representa los valores de la objetividad, el rigor y la verdad, es la única vía realista para el desarrollo sostenible y en paz de la humanidad. Por eso, y no por otra cosa, marcharé este sábado allí donde pueda" concluye Francisco García Monroy, investigador del departamento de Química Física de la UCM.

Es algo en lo que coincide su colega, José Manuel Bautista, catedrático de la facultad de veterinaria de la UCM: "Somos lo que somos y hemos llegado hasta aquí a través de la ciencia. La ciencia es el único espacio que podemos compartir todos los seres humanos, y esto hay que manifestarlo para que todos seamos conscientes del privilegio que es pensar entre todos y generar conocimiento como especie. Ir a la marcha es una demostración de la universalidad del lenguaje científico, pues estaremos en miles de ciudades del mundo".

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