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Por qué se contagian los bostezos y otras respuestas científicas a todas tus dudas

Si ves a alguien bostezar, lo más probable es que termines haciéndolo tú también. ¿Por qué nos pasa esto? Estas y otras dudas nos han planteado los lectores

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Son cosas a las que estás tan acostumbrado que apenas reparas en ellas, pero un día te empieza a picar la duda y ya no te suelta: ¿por qué si ves a alguien bostezar no puedes evitar terminar bostezando tú también? ¿Qué le pasa a tu lengua cuando comes alcachofas que hace que el agua que bebes después te sepa dulce? ¿Por qué soñamos más a la hora de la siesta?

Estas son algunas de las dudas que los lectores han enviado a nuestro consultorio y que hemos tratado de responder con lo que la ciencia sabe al respecto. En algunos casos el misterio ya ha sido resuelto, y en otros, respuestas parciales han hecho surgir nuevas preguntas.

¿Por qué los bostezos son contagiosos?

Esta pregunta, que nos hace Adolfo, es casi tan antigua como el propio acto de bostezar, pero la respuesta aún no está del todo clara. Muchos animales bostezan, pero solo dos se contagian los bostezos: los humanos y los chimpancés, y no solo al ver a otra persona hacerlo. Basta con oír un bostezo, o incluso con pensar en uno. Además, unos individuos son más propensos que otros.

Algunos estudios sugieren que se trata de una manifestación de la empatía que todos sentimos hacia nuestros semejantes. Un estudio realizado en Suiza en 2013 conectó a varios voluntarios a una máquina de resonancia magnética funcional mientras veían vídeos de caras humanas bostezando, riendo o con expresiones neutras. Los sujetos respondieron a los vídeos de bostezos con más bostezos en la mitad de los casos, pero no reaccionaron de la misma forma a los vídeos de risas o de expresiones neutras.

En la máquina, los investigadores observaron cómo los participantes que bostezaban mostraron una activación del giro frontal inferior, un área que forma parte de la red de neuronas espejos, que crea representaciones mentales de acciones. Los científicos enunciaron la hipótesis de que cuando vemos a alguien bostezar, las neuronas espejo simulan la misma acción en nuestra mente. Esto nos ayudaría a ponernos en el papel del otro, y a crear el sentimiento de empatía.

Sin embargo, no se trata de una respuesta totalmente asentada. Una investigación de 2014 del Centro Duke para la Variación del Genoma Humano concluyó que los bostezos se nos contagian menos cuanto mayores somos, aunque la edad solo pudo predecir la 'contagiabilidad' de los bostezos en un 8% de los casos analizados, y que por tanto no se podía concluir que la empatía fuese la única implicada.

¿Por qué soñamos más en las siestas de verano?

La pregunta es de Maty, y tiene una respuesta más corta y otra más larga. La corta es que no es que soñemos más, es que nos acordamos más de que hemos soñado y con qué.

La larga es que los humanos solo soñamos en la fase REM del sueño (REM son las siglas en inglés de sueño de movimientos oculares rápidos), en la que el cerebro está muy activo pero el tronco cerebral bloquea las neuronas motrices para que no nos movamos, y solo recordamos nuestros sueños, o tenemos el recuerdo de haber soñado, si nos despertamos en medio de esta fase, con los dueños recién pasados ante nuestros ojos. La probabilidad de que esto ocurra aumenta cuando pasamos durmiendo periodos cortos de sueño, como las siestas.

Esta fase es la que menos tiempo nos ocupa (aproximadamente un cuarto del tiempo que pasamos durmiendo), pero varios estudios han observado un fenómeno curioso: cuando sufrimos de falta de sueño, la duración, frecuencia y profundidad de las fases REM aumentan. Lo llaman el 'rebote REM', y sería resultado de que el cerebro, necesitado de esa fase REM para funcionar con normalidad, va aumentando la presión para alcanzarla a medida que le falta, de forma que cuando el sujeto por fin consigue dormir, alcanza esa fase antes y pasa mayor parte del tiempo dormido en ella. Por eso una siesta tras una noche de mal sueño es especialmente apta para soñar.

Sobre si las siestas de verano son especialmente propensas para los sueños, es un tema sin respuesta exacta. En la web sobre salud del sueño de la escuela de medicina de la Universidad de Harvard se explica que la temperatura delentorno tienen una influencia directa en nuestro sueño, pero que cuál es la temperatura ideal depende de cada individuo. Condiciones térmicas extremas pueden afectar a las fases del sueño, y la fase REM es una de las más sensibles a este factor, pero eso es todo lo que podemos responder al respecto.

¿Por qué las canas en los muy jóvenes?

Yolanda L. pregunta por qué algunas personas tienen algunas canas siendo muy jóvenes, de adolescentes o incluso de niños. La pregunta viene al caso del primer consultorio científico que publicamos en Teknautas.

Como ya dijimos entonces, aun hay muchas cosas que no se saben sobre el motivo que hace que nos salgan canas llegada una edad. Si sabemos que el motivo es que una reducción en la producción de melanina, el pigmento que da color al pelo, pero ¿por qué pasa esto? ¿Qué desencadena ese proceso? La respuesta sigue sin estar del todo clara.

Lo que parece más probable es que se debe a una causa genética. Un estudio publicado en 2016, que analizaba el genoma de 6.000 personas de América Latina con antecesores africanos, europeos y nativos americanos, identificó 18 genes relacionados con distintas características capilares como la aparición de las canas, lo poblado de las barbas o la unión de las cejas en un entrecejo peludo. Según sus resultados, la aparición prematura de las canas tendría un componente genético que los progenitores transmitirían de padres a hijos.

¿Por qué el agua sabe dulce después de una alcachofa?

Esta pregunta nos ha llegado de nuestra compañera Marta, aquí en la redacción. Y para responderla, lo primero es explicar un detalle de nuestra lengua: no es un órgano 'a estrenar', en blanco como si fuese un folio sin usar, sino que lo que comemos afecta a sus receptores y modifica la información de los siguientes alimentos que pasen por ella.

La lengua está cubierta de diminutos conjuntos de células sensibles al sabor, y la membrana de cada una de esas células está dotada de proteínas que funcionan como si fuesen el timbre de una puerta: cuando las moléculas de lo que has comido entran en contacto con ellas, envían un mensaje al cerebro que causa la sensación de cada uno de los cinco sabores: dulce, amargo, ácido, salado y umami. Hasta aquí, todo claro, pero la ciencia aun no sabe muchas cosas sobre el sentido del gusto, y de cómo la lengua procesa exactamente cada uno de los sabores.

En cualquier caso, cuando comemos alcachofas entra en juego una sustancia llamada cinarina, un componente de esta verdura que se queda en tu boca bloqueando los receptores del sabor dulce. Cuando después de comerla bebes un vaso de agua, el agua elimina la cinarina, 'liberando' los receptores dulces. Esto envía automáticamente una señal al cerebro, que aunque es una señal 'fantasma' parece tan real como si estuvieses bebiendo o comiendo algo muy dulce.

Si tienes alguna duda parecida, o no parecida en absoluto pero duda al fin y al cabo, puedes enviárnosla a teknautas@elconfidencial.com y haremos todo lo posible por ayudarte a resolverla.

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