Canadá perfora una mina cerca del Ártico y encuentra un tesoro de hace 2.000 millones de años
La mina, que está activa desde 2003, pronto cesará su actividad. Sin embargo, antes de cerrar, ha dejado un 'regalo' de enorme valor a sus propietarios
La mina de Diavik, vista desde el aire (Reuters/Rio Tinto)
Diavik es una mina canadiense próxima al Círculo Polar Ártico que, poco tiempo antes de cerrar para siempre, ha vuelto a situarse en el mapa de la geología mundial. El motivo no es otro que el hallazgo de un excepcional tesoro de 158,20 quilates que, según las investigaciones realizadas, se formó hace 2.000 millones de años bajo condiciones extremas.
El descubrimiento se produjo en una explotación remota de los Territorios del Noroeste, a unos 200 kilómetros al sur del Ártico, justo cuando la actividad de la mina encaraba su tramo final. La pieza no solo destaca por su tamaño, sino también por una rareza mineralógica que la convierte en uno de los hallazgos más llamativos de la historia reciente de Diavik.
Según la información difundida por Rio Tinto, propietaria de la explotación, se trata de uno de los únicos cinco diamantes amarillos de más de 100 quilates encontrados en Diavik durante sus 22 años de funcionamiento. La mina, activa desde 2003, ha producido principalmente diamantes blancos de calidad gema, mientras que las piedras amarillas representan menos del 1% de su producción.
Un diamante excepcional
La singularidad del hallazgo se explica por varios factores. El primero es su masa: 158,20 quilates en bruto, una cifra que lo coloca entre las piezas amarillas más grandes localizadas en territorio canadiense. El segundo es su color, vinculado a la presencia de nitrógeno dentro de la estructura cristalina del diamante, un rasgo que altera la forma en la que la piedra absorbe la luz.
El diamante amarillo encontrado en Diavik (Rio Tinto)
Desde el punto de vista geológico, el valor de la gema va más allá de su posible destino comercial. Un diamante de esta antigüedad actúa como una cápsula mineral procedente de las profundidades terrestres, formada durante procesos lentos y sometida a presiones elevadas durante un periodo que escapa a la escala humana. Por eso, el hallazgo conecta la minería actual con una historia que comenzó hace 2.000 millones de años.
Matt Breen, director de operaciones de Diavik Diamond Mines, definió así la pieza: “Este diamante canadiense natural de 2.000 millones de años es un milagro de la naturaleza y un testimonio de la habilidad y la fortaleza de todos los hombres y mujeres que trabajan en el desafiante entorno subártico de Diavik”. Unas palabras que reflejan tanto la rareza de la gema como las condiciones en las que ha sido recuperada.
Minería en el Ártico
La mina Diavik ha operado durante más de dos décadas en uno de los entornos industriales más complejos del planeta. Su ubicación, aislada y sometida a temperaturas extremas, ha exigido soluciones técnicas poco habituales, desde infraestructuras adaptadas al hielo hasta sistemas energéticos híbridos. Desde 2012, la explotación ha contado con una instalación eólica-diésel y, en 2024, completó la construcción de una planta solar.
El hallazgo funciona también como un cierre simbólico para una explotación que ha superado los 150 millones de quilates extraídos desde su apertura. A las puertas del final de su actividad, Diavik ha entregado una de sus piezas más extraordinarias: un tesoro geológico del Ártico canadiense que resume la combinación de tiempo profundo, ingeniería minera y azar que todavía define algunos de los grandes descubrimientos bajo la superficie de la Tierra.
Diavik es una mina canadiense próxima al Círculo Polar Ártico que, poco tiempo antes de cerrar para siempre, ha vuelto a situarse en el mapa de la geología mundial. El motivo no es otro que el hallazgo de un excepcional tesoro de 158,20 quilates que, según las investigaciones realizadas, se formó hace 2.000 millones de años bajo condiciones extremas.