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Así dejó escapar Europa la mayor revolución militar del s. XXI. Ahora tiene que subirse en marcha
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Alemania renunció al dron kamikaze

Así dejó escapar Europa la mayor revolución militar del s. XXI. Ahora tiene que subirse en marcha

Europa tuvo en su día la oportunidad de liderar una revolución en drones. La industria alemana creó un diseño que se adelantó décadas a los Shahed, pero abandonó el proyecto. ¿Volveremos a caer en el mismo error?

Foto: El dron Bird of Prey de Airbus. (Airbus)
El dron Bird of Prey de Airbus. (Airbus)
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El mes pasado, Airbus llevó a cabo el primer vuelo de demostración de un nuevo diseño de dron dotado de dos pequeños misiles interceptores. Este modelo es la respuesta del gigante aeronáutico europeo a las lecciones de la guerra de Ucrania y del Golfo Pérsico, en las que se han tenido que emplear misiles antiaéreos de factura millonaria para defender ciudades, activos militares e infraestructuras críticas de drones kamikaze de bajo coste.

La guerra se termina convirtiendo así en una cuestión de eficiencia y capacidad industrial. Porque no hay país capaz de producir misiles antiaéreos como el Patriot, con un coste de hasta 3 millones de dólares, al ritmo necesario para frenar oleadas de drones kamikaze tipo Shahed 136, que cuestan apenas decenas de miles.

En el caso europeo, hemos visto a la Fuerza Aérea británica desplegar aviones de combate F-35 y Eurofighter para defender de los drones iraníes a países aliados, como Chipre y Qatar, con sus misiles aire-aire. Mientras que el Ejército de Tierra francés anunciaba que sus helicópteros Tigre se habrían estrenado en la misión de cazar drones.

Los misiles disparados por los cazas o el coste de las horas de vuelo de los helicópteros sigue siendo considerablemente inferior a los misiles Patriot, pero mucho mayor a la lógica del sistema aéreo no tripulado (UAV por sus siglas en inglés). Por eso, el nuevo dron europeo no sólo es una alternativa más económica, sino una muestra de cómo están cambiando las formas de desarrollar proyectos militares que requieren los tiempos actuales.

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El dron europeo Pájaro de Presa (Bird of Prey) nació originalmente como el blanco teledirigido Do-DT25, cuya misión era reproducir los patrones de vuelo de misiles de crucero para entrenar a unidades antiaéreas. Así que Airbus sólo necesitó hacer unas cuantas modificaciones al diseño original, que lleva en producción desde 2002 con más de 2.000 unidades entregadas. Por su parte, los pequeños misiles Mark I que dispara el aparato son un desarrollo de la empresa estonia Frankenburg Technologies., lo que añade un elemento más de cooperación europea en tiempos donde se aboga por la autonomía estratégica.

El dron de Airbus y sus misiles interceptores son ejemplo de que la industria europea está reaccionando con cierto sentido de urgencia a las lecciones de las guerras recientes. Es un síntoma positivo después de décadas en que el término "programa europeo" había adquirido connotaciones negativas por los tiempos, los retrasos y los sobrecostes de diseñar sistemas de armas que responden a las necesidades de países diferentes con requerimientos diferentes y que pelean por darle mayor peso a su industria nacional.

Pero ese cliché pasa por alto que hubo campos y momentos concretos en que la industria continental estuvo a la vanguardia del cambio tecnológico. Los drones kamikaze tipo Shahed iraní que han revolucionado los campos de batalla, y de los que ya hay versiones rusas y estadounidenses, fueron ideados mucho antes en Europa.

La revolución pudo ser europea

En plena Guerra Fría, la perspectiva de una 3.ª Guerra Mundial en la que una marea de fuerzas mecanizadas del Pacto de Varsovia se lanzara por las planicies alemanas llevó a la OTAN a desarrollar una doctrina de ataque en profundidad contra las sucesivas olas enemigas: Follow-On Forces Attack (FOFA) o Fuerzas de Ataque de Seguimiento.

Aquel planteamiento fue todo un revulsivo para la Alianza, ya que para ponerlo en práctica requería nuevos sensores y nuevos sistemas de armas inteligentes que entonces no existían. De las necesidades surgidas en aquel momento llegarían a producirse armas como el misil ATACMS, que Ucrania ha usado en su guerra con Rusia. Uno de aquellos requerimientos planteaba la necesidad de un arma capaz de golpear los sistemas aéreos enemigos en profundidad, muy por detrás de las líneas del frente.

Foto: millones-de-drones-defendernos-invasion-rusa

El concurso lo ganó la empresa aeronáutica Dornier con su modelo de Dron Anti-Radar (DAR). Un vistazo al DAR resulta poderosamente familiar. Se trata de un aparato con estructura de ala delta, motor trasero con hélice propulsora y una estructura prominente en la parte delantera. Exactamente la misma configuración del ahora famoso dron iraní Shahed 136, producido en Rusia como Geran 2 y copiado en Estados Unidos para su diseño LUCAS.

El dron DAR estaba pensado para ser lanzado desde la plataforma de un camión de tres ejes y diez toneladas MAN o IVECO en una configuración de celdas laterales muy parecida a la empleada por sistemas de drones actuales. El sistema completo incluía un modelo de camión para transporte y recarga con drones adicionales y una grúa.

El aparato tenía una envergadura de 2 metros, una velocidad punta de 250 kilómetros por hora y una autonomía de 3 horas, que le daba un alcance de unos 600 kilómetros. Empleaba un sistema de navegación GPS y, al parecer, su principal problema fue que la industria alemana no logró desarrollar un sensor pasivo satisfactorio para la detección de emisiones de radar. En realidad, lo que mató el proyecto DAR no fueron las limitaciones de su sensor de ondas radar, sino el fin de la Guerra Fría.

El DAR nació para volar sobre la retaguardia enemiga en busca de blancos ejerciendo de "munición merodeadora" en un entorno saturado de emisiones de radar. Mandar una aeronave no tripulada para la supresión de defensas antiaéreas (SEAD) era una alternativa más segura y efectiva, en términos de costes. Pero las fuerzas armadas de Alemania se encontraron en los años 90, al igual que el resto de fuerzas armadas europeas de la OTAN, realizando misiones de paz en lugares como los Balcanes.

Del sistema DAR quedan un par de ejemplares exhibidos en el Museo Dornier en Friedrichshafen (Alemania). Su tecnología parece que se vendió a un tercer país. Años después, la empresa aeronáutica israelí IAI presentó en la feria aeronáutica de París un modelo de dron especializado en ataque contra radares llamado Harpy con un parecido notable con el DAR.

Hay una versión de su historia que sostiene que hubo un eslabón perdido entre el diseño alemán y el israelí. Se trataría del sistema sudafricano Kentron ARD-10, proyecto que se habría inspirado en el DAR y que ante la falta de interés por parte de las fuerzas armadas sudafricanas se vendió a Israel. Allí el concepto evolucionó en una nueva generación bautizada Harop, que entró en combate en lugares como el Alto Karabaj en 2020 y fue empleado por India contra Pakistán en mayo de 2025.

Foto: comision-europea-drones-defensa-agile-1hms

El círculo parece cerrarse con otras fuentes que apuntan que la tecnología del Kentron ARD-10 fue vendida a Irán para desarrollar el Shahed 136, mientras que también es posible que ejemplares del sistema IAI Harpy israelí empleados en Siria o Líbano cayeran en manos iraníes.

El caso del dron DAR contradice el mito de que la industria europea no es capaz de innovar en tecnología de vanguardia militar. Pero un sistema revolucionario tiene que llegar a tiempo para la revolución: es decir, en el momento adecuado para resolver un problema. El DAR se encontró un mundo de operaciones de mantenimiento de paz mientras que su naturaleza de misión merodeadora encajaba en conflictos convencionales de alta intensidad como los que sólo hemos visto a partir de 2022 en Europa y Oriente Medio.

Sólo el empeño de la CIA en los años 90 para dotarse de un dron de observación permitió a General Atomics desarrollar el modelo "Predator" ante el evidente desinterés de las fuerzas armadas estadounidenses. Su última evolución, el MQ-9 Reaper sirve ahora en una docena de países, incluyendo España, y es un evidente éxito comercial. La revolución pudo pasar también de largo por Estados Unidos. Las guerras de Ucrania y el Golfo Pérsico han servido para que las lecciones para la industria de defensa sean bien evidentes. Es el momento de que Europa se suba a la revolución en marcha.

El mes pasado, Airbus llevó a cabo el primer vuelo de demostración de un nuevo diseño de dron dotado de dos pequeños misiles interceptores. Este modelo es la respuesta del gigante aeronáutico europeo a las lecciones de la guerra de Ucrania y del Golfo Pérsico, en las que se han tenido que emplear misiles antiaéreos de factura millonaria para defender ciudades, activos militares e infraestructuras críticas de drones kamikaze de bajo coste.

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