El río llevaba meses sonando y ahora la noticia se confirma, Tim Cook abandona la dirección de Apple que heredó de Steve Jobs allá por 2011, los tiempos del iPhone 4S. Con ello se cierra una etapa en la que la compañía ha pasado a convertirse en una máquina de ingresos estable y extremadamente rentable, hasta el punto de llegar a ser la empresa más valiosa del mundo, un honor que ahora corresponde a Nvidia.
El nuevo CEO será John Ternus, un directivo de perfil técnico y de larga trayectoria dentro de la casa. Representa continuidad pero también una apuesta por impulsar la Apple del hardware, negocio principal de la multinacional, en un momento clave. Dominan el mercado de los smartphones, pero la industria ya está preguntándose qué vendrá después. Cook no se marchará del todo, sino que pasará a ostentar el puesto de presidente ejecutivo. Seguirá, por tanto, teniendo voz y voto, pero la batuta de mando ya no estará en sus manos. "Me siento honrado de asumir este cargo, y prometo liderar con los valores y la visión que han definido a este lugar especial durante medio siglo", ha afirmado Ternus, que hasta ahora desempeñaba el papel de vicepresidente senior de hardware.
Ternus ha sido clave en algunos de los productos más importantes de Apple en los últimos años. Ha trabajado en la evolución del iPhone a lo largo de múltiples generaciones, en la consolidación del iPad como producto central del ecosistema y en el desarrollo del Mac en su nueva etapa con chips propios. Precisamente su papel en la transición a Apple Silicon es uno de los puntos más relevantes de su carrera dentro de la compañía, ya que supuso uno de los cambios tecnológicos más importantes de la última década en Apple.
Su nombramiento también destaca por un factor generacional, ya que es más joven (tiene 51 años) que otros candidatos que habían sonado en los últimos años, lo que encaja con la idea de un liderazgo más largo en un momento en el que Apple necesita tiempo para ejecutar varias transformaciones a la vez sin perder estabilidad.
El relevo llega en un momento en el que la compañía tiene varios frentes abiertos muy claros. Uno de los principales es el crecimiento del negocio de servicios, que ya se ha convertido en una de las grandes fuentes de ingresos de Apple y que debe seguir ganando peso para compensar la madurez del iPhone. Otro es la diversificación de su producción, reduciendo progresivamente la dependencia de China y reforzando otros centros como India y Vietnam, un cambio que no es inmediato pero sí estratégico para el futuro, como quedó meridianamente claro en la crisis que Donald Trump abrió con Pekín el día que decidió disparar su cañón arancelario.
John Ternus. Foto: Reuters.
A esto se suma el gran desafío tecnológico de la próxima década: la inteligencia artificial. Apple ha llegado más tarde que otros competidores en este terreno, y la alianza con Google se entiende como una forma de ponerse al día mientras desarrolla su propia estrategia. Los primeros resultados visibles de este movimiento deberían verse en junio durante la WWDC, donde se espera una nueva versión de Siri mucho más avanzada.
En paralelo, la manzana sigue intentando encontrar su lugar en nuevas categorías de producto. Las Apple Vision Pro siguen siendo un dispositivo muy de nicho, sin un impacto masivo en el mercado, lo que refuerza la idea de que la compañía aún está explorando cómo será su próxima gran categoría de hardware. En ese contexto, uno de los grandes objetivos a medio plazo es el hogar conectado, donde Apple prepara una entrada más ambiciosa con dispositivos y sistemas pensados para integrar aún más su ecosistema en la vida doméstica.
La transición también reabre una comparación inevitable con la sucesión anterior. Tim Cook llegó al liderazgo tras la era de Steve Jobs con un perfil muy distinto, centrado en la eficiencia operativa y la expansión global en un momento en el que Apple necesitaba apuntalar su faceta empresarial, su poderío financiero y su cadena logística, la gran especialidad del CEO saliente. También diversificó el negocio, engordando (y de qué manera) la división de Servicios. El mejor ejemplo es Apple TV, una plataforma que, como demostró con la película F1, está preparada para competir con los grandes estudios de cine de Hollywood.
Ternus, en cambio, representa una evolución dentro de esa misma lógica interna, más centrada en el producto y en la ingeniería. Una figura que puede ser clave para definir cuál será el producto que haga que el iPhone y el smartphone ya no sea el centro de nuestra vida digital.
Según el Financial Times, el relevo efectivo se produciría en septiembre, coincidiendo con la presentación habitual de los nuevos iPhone, lo que encaja con la forma en la que Apple suele gestionar sus grandes cambios: sin interrupciones bruscas y alineados con su calendario de producto. En última instancia, el movimiento no se entiende como una ruptura, sino como una continuidad muy medida. Apple vuelve a apostar por alguien de dentro, formado en su cultura y en su forma de entender el producto, con la idea de mantener la estabilidad mientras acelera la adaptación a una etapa tecnológica mucho más compleja que la anterior.
El río llevaba meses sonando y ahora la noticia se confirma, Tim Cook abandona la dirección de Apple que heredó de Steve Jobs allá por 2011, los tiempos del iPhone 4S. Con ello se cierra una etapa en la que la compañía ha pasado a convertirse en una máquina de ingresos estable y extremadamente rentable, hasta el punto de llegar a ser la empresa más valiosa del mundo, un honor que ahora corresponde a Nvidia.