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Viaje a la 'estepa del silicio': nadie contaba con este país, pero es el gran ganador del caos actual
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"Como en Rusia, pero sin los problemas rusos"

Viaje a la 'estepa del silicio': nadie contaba con este país, pero es el gran ganador del caos actual

La guerra en Irán supone una oportunidad única para Kazajistán, la mayor economía de Asia Central, que busca aprovechar la inestabilidad en Oriente Medio para abrir un nuevo corredor tecnológico entre Occidente y China

Foto: Vista de Astaná. (Reuters/Pavel Mikheyev)
Vista de Astaná. (Reuters/Pavel Mikheyev)
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En cualquiera de los populares restaurantes de Astaná, la ecléctica capital de Kazajistán, se produce cada día una curiosa fusión: directivos de empresas beben kumis (leche fermentada de yegua), devoran beshbarmak con las manos (carne cocida de caballo con fideos) y saborean tuye shuzhyk (salami de camello), mientras hablan de centros de datos, drones autónomos y agentes de IA.

La escena resume bien lo que está ocurriendo en las tripas del motor económico de Asia Central: una inesperada mezcla de lo tradicional y lo que viene. Las costumbres no se pierden, pero el gobierno actual, bajo el control autoritario del presidente Kasim-Yomart Tokáyev, se ha propuesto reinventar el país y apostarlo todo por la tecnología. Nadie, tal vez ni los propios kazajos, creían que sería posible, pero tampoco nadie contaba con una devastadora guerra en Irán que está reventando el statu quo geopolítico, económico y tecnológico.

Los vecinos lejanos de Kazajistán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, llevaban tiempo invirtiendo miles de millones de dólares para atraer la inversión de las big tech estadounidenses. Su propuesta era difícil de rechazar: recursos energéticos ilimitados para alimentar los inmensos centros de datos detrás de la IA. El reclamo surtió efecto. Amazon, Google, Microsoft, Meta... todas han cerrado contratos millonarios para instalarse en Riad, Dubái o Abu Dabi.

Sin embargo, el estallido de la guerra en Irán y, sobre todo, el bombardeo con drones de tres centros de datos de Amazon en Emiratos y en Baréin, hizo saltar las alarmas. Las infraestructuras tecnológicas estadounidenses en la región se convirtieron oficialmente en objetivo de guerra. La Guardia Revolucionaria iraní difundió una lista de "objetivos legítimos" en la zona, entre ellos las instalaciones de 18 tecnológicas de EEUU, desde Nvida y Palantir, a Google, Amazon, Apple, Tesla o IBM. ¿Y ahora qué?

Foto: arabia-saudi-inteligencia-artificial-gain-summit-eeuu-china-kaust

Zhaslan Madiyev, viceprimer ministro de Kazajistán y ministro de inteligencia artificial y desarrollo digital, estaba esperando la pregunta. "Ya estamos en negociaciones con algunas de esas grandes tecnológicas de EEUU, y de China, para establecerse aquí", asegura con media sonrisa a El Confidencial en un encuentro con un reducido grupo de periodistas internacionales invitados al país. "Lo que está ocurriendo en Oriente Medio está animando a estas compañías a buscar alternativas", añade.

placeholder Vista aérea del centro de Astaná, con la Mezquita Hazret Sultán en primer término, junto a modernos edificios de cristal y bloques de viviendas de estilo soviétivo de fondo. (Reuters)
Vista aérea del centro de Astaná, con la Mezquita Hazret Sultán en primer término, junto a modernos edificios de cristal y bloques de viviendas de estilo soviétivo de fondo. (Reuters)

El gobierno kazajo se ha lanzado de lleno a alejarse de una economía dependiente del petróleo, el carbón y la extracción de minerales y tierras raras, hacia otra basada en, sorpresa, la tecnología y la inteligencia artificial. La guerra en Irán le ha puesto ahora en bandeja intentar convertirse en un nuevo y sólido corredor entre Occidente y China sin pasar por Oriente Medio. ¿Para qué aliarse con Arabia Saudí y Emiratos si ese territorio es un polvorín? Bienvenidos a la 'estepa del silicio', donde el 'silicio' es en realidad carbón y el 'valle' una infinita estepa.

Energía barata para todos (gracias al carbón)

Un paseo por el corazón de Astaná sirve para entender el experimento a gran escala que se está llevando a cabo en la ciudad. Las grúas de construcción inundan el horizonte. Los rascacielos de formas imposibles se mezclan con aparatosos bloques de viviendas y oficinas de estilo soviético salpicadas de color. La mezquita de Nur-Astaná, la mayor de Asia Central y la segunda más grande fuera de Oriente Medio, se divisa desde el Astana Hub, un futurista centro tecnológico de 200.000 metros cuadrados construido en 2017 para la Exposición Universal y reconvertido en un centro que alberga más de 2.000 startups y una esfera de cristal de 100 metros de altura que recuerda a la Estrella de la Muerte de Star Wars.

"Si sales con una pancarta a la calle protestando contra el gobierno, muy probablemente acabes en una celda. A mis amigos les pasó"

Todo esto no existía hace 20 años, aquí solo había estepa: kilómetros y kilómetros de llanuras semidesérticas azotadas por un viento constante y temperaturas extremas que pueden desplomarse hasta los -40 ºC en invierno. "El viento hace casi imposible que crezca vegetación, es todo así, muy árido... El gobierno ha plantado miles de árboles cerca del aeropuerto y en otras zonas para aislar la ciudad, pero no sirve de nada", explica a este diario Leonid N., un joven creativo nacido en Almaty, mientras señala una ristra de arbustos muertos.

placeholder El presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokáyev (derecha), y el chino, Xi Jinping, durante una reunión bilateral entre ambos mandatarios en Astaná en junio de 2025.
El presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokáyev (derecha), y el chino, Xi Jinping, durante una reunión bilateral entre ambos mandatarios en Astaná en junio de 2025.

Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, Almaty, la ciudad más poblada (2 millones de habitantes) se convirtió en la capital de Kazajistán hasta 1997, cuando el expresidente Nursultán Nazarbáyev (gran amigo del rey emérito Juan Carlos I) trasladó la capital a Astaná. Arrancó así un boom económico a la vez que una deriva hacia el totalitarismo impuesto por Nazarbáyev, quien eliminó a la oposición, controló internet, amordazó a la prensa, prohibió las manifestaciones con penas de cárcel y dio rienda suelta a la corrupción institucional. Tras 29 años en el poder, Nazarbáyev dejó paso al actual presidente, Kasim-Yomart Tokáyev, quien ha iniciado un periodo de apertura y transformación económica y social. El objetivo es llegar a 2030 dependiendo menos del carbón como fuente energética y más de las renovables, y apostar por la tecnología como palanca para diversificar la economía. El plan se llama Agenda 2030 y, a otra escala, calca lo que están haciendo Arabia Saudí o Emiratos. Pero, ¿está funcionando?

"Este es el país de la corrupción, no va a cambiar nada hasta que no nos libremos de este gobierno", suelta un taxista de Astaná en un arranque de sinceridad poco habitual. Hasta hace no mucho, vulnerar en público el honor del presidente del país podía costar penas de cárcel. La situación se ha relajado, pero manifestarse, por ejemplo, sigue siendo un problema. "Si sales con una pancarta a la calle protestando contra el gobierno, muy probablemente acabes en problemas", confiesa Leonid.

En Kazajistán el dinero en efectivo va camino de desaparecer: el 87% de las transacciones diarias ya son digitales

Es una realidad que los políticos y empresarios locales prefieren ignorar. La ONG estadounidense Freedom House sitúa a Kazajistán en su informe de 2025 como un país "no libre", con solo 5 puntos sobre 40 en derechos políticos, y 18 sobre 60 en libertades civiles. En cambio, algunas de las cifras de crecimiento económico y desarrollo son indiscutibles. El PIB crece a un ritmo del 4,5%-5% anual y, aunque la inflación es elevada (8%-9% anual), hay un área en la que destaca a nivel mundial: en digitalización. Ocupa el puesto 24 de 193 países en el índice de la ONU de gobierno digital (España está en el 17), y el número 10 en el índice de servicios digitales, por delante de Alemania, Holanda, EEUU o España (estamos en el 22).

"Aquí puedes solicitar una hipoteca y recibir aprobación en 24 horas, todo 100% online. Y somos una sociedad en la que ya casi no existe el efectivo, el 87% de las transacciones diarias son digitales", explica el viceprimer ministro Madiyev. Igual que ocurre en Japón o en China, cada vez más kazajos lo hacen casi todo desde el móvil, pagando la compra a través de códigos QR o pidiendo taxis con Yandex Go, la app rusa que domina un mercado en el que no opera ni Uber ni Amazon. En las últimas semanas, varios supermercados del país han empezado a probar pagos con la mano, un servicio que ofrece Kaspi, el mayor banco del país: pasas la mano por encima de un lector que te lee las venas y las líneas de la palma, y pago procesado en segundos. "Es genial, no tienes ni que sacar el móvil", dice animado un cliente que planea abrirse una cuenta solo para poder usarlo.

placeholder Lector de mano en funcionamiento para pagar en un supermercado de Astaná. (M. Á. M.)
Lector de mano en funcionamiento para pagar en un supermercado de Astaná. (M. Á. M.)

Con esta base, en la que aún cojea la conectividad y las telecomunicaciones (la cobertura 5G está por debajo del 60% del territorio, algo comprensible siendo el 9º país más grande del mundo, pero con solo 20 millones de habitantes), el gobierno se ha lanzado a una inversión multimillonaria para convertir Kazajistán en uno de los grandes destinos mundiales de centros de datos de IA.

Su proyecto estrella se llama Data Center Valley, y será, dicen, el mayor centro de datos de Asia Central, de 1.400 hectáreas y una capacidad energética de hasta 1 gigavatio (por comparar, España tiene una capacidad ya instalada de 0,35 gigavatios (350 MW), con la idea de alcanzar 3GW antes de 2030). Para conseguirlo, Kazajistán cuenta con dos ases en la manga que nadie más tiene: electricidad muy barata (gracias a sus vastas reservas de carbón), y temperaturas muy bajas, ideal para enfriar los centros de datos de forma natural reduciendo costes. La construcción ya ha comenzado en la ciudad de Ekibastuz, donde se ubica precisamente la mayor mina de carbón a cielo abierto del país.

"Las cosas han mejorado, puede que acabe en fracaso, pero ahora tenemos una visión", dice Kairat Askar, un joven kazajo de 29 años

El gobierno redondea esta apuesta con otros proyectos clave: dos superordenadores (aunque están en el puesto 86 y 103 de los más potentes del mundo); grandes modelos del lenguaje propios, entrenados en kazajo y ruso; una ciudad futurista, llamada Alatau, que se construirá a 50 kilómetros al norte de Almaty con una inversión de 20.000 millones de dólares; y un centro financiero internacional ya operativo, el AIFC (Astana International Financial Centre), una 'isla' financiera con jurisdicción y tribunales propios e independientes de las leyes del país, basados en el derecho común y pensados para atraer empresas que quieren asentarse en Astaná, pero no regirse por sus leyes. Si Dubái, Abu Dabi y Singapur lo han hecho, ¿por qué no copiar el modelo?

El país de las 'superapps'

Nadie sabe si el experimento kazajo de competir en IA con Oriente Medio va a funcionar o no, pero la idea va calando entre la población. "Las cosas han mejorado mucho, puede que acabe siendo un fracaso, pero al menos ahora tenemos una visión", dice a este diario Kairat Askar, un joven kazajo de 29 años residente de Almaty que ha volado hasta Astaná para asistir el Freedom Inside, un foro de tecnología y finanzas organizado por el neobanco local Freedom Holding, que reúne en la capital cada año a más de 2.000 asistentes.

placeholder Zhaslan Madiyev, viceprimer ministro de Kazajistán, durante su intervención en el foro Freedom Inside este abril en Astaná, Kazajistán. (Cedida)
Zhaslan Madiyev, viceprimer ministro de Kazajistán, durante su intervención en el foro Freedom Inside este abril en Astaná, Kazajistán. (Cedida)

El caso de Freedom, creado por el millonario Timur Turlov (el hombre más rico de Kazajistán en 2025, nacido en Rusia pero nacionalizado kazajo en 2022 tras 10 años de residencia), ejemplifica el nuevo dinamismo que vive el país. Fundado en 2008 como broker financiero, el grupo supera los tres millones de clientes y 11.000 empleados y se ha convertido en una fintech global presente en 22 países cuyo servicio estrella es una superapp al estilo chino con la que hacer de todo: pagar, reservar vuelos, pedir comida a domicilio, solicitar un préstamo o enviar dinero a un amigo. "La gente nos subestima, es difícil entender lo que hacemos cuando alguien nos conoce por primera vez. Pero cuando lanzamos la superapp, todo el mundo lo entendió", explicó Turlov durante el Freedom Inside, al que este diario fue invitado a asistir.

Igual que el gobierno se ha obsesionado con erigirse en imán global tecnológico, Freedom busca ahora expandirse en Europa para seguir creciendo. No va a ser sencillo: sin una licencia bancaria europea no puede operar. La compañía lleva tiempo intentándolo y ahora negocia obtenerla con las autoridades francesas, pero, de momento, no hay nada cerrado. En España opera con su plataforma de trading, Freedom24 (con sede en Chipre), pero es solo una pequeña parte de su gran objetivo: convertirse en un nuevo Revolut. El Revolut kazajo.

"Bromeamos con que nuestro ejército no aguanta un asalto, así que tenemos que escoger entre que nos invada Rusia en un día, o China en dos horas"

"Las licencias bancarias las otorga el Banco Central Europeo y es un asunto espinoso, sobre todo geopolítico. Europa no puede permitirse dar entrada a un neobanco de un país autoritario, con una larga historia de corrupción y que sigue sin respetar algunos derechos fundamentales. Hasta que todo esto no se resuelva, va a ser complicado", explica a este diario un directivo kazajo que prefiere no publicar su nombre.

Por este motivo, por la imagen del país, Kazajistán no solo necesita inversiones millonarias, también reformas políticas y sociales. El tablero geopolítico actual juega a su favor: en los últimos años ha logrado un equilibrio casi imposible en sus relaciones con Rusia, China y Occidente. "Aquí bromeamos con que nuestro ejército no aguanta un asalto, así que tenemos que escoger entre que nos invada Rusia en un día, o China en dos horas", dice Leonid. "Por eso tenemos que llevarnos bien con todos nuestros vecinos, Rusia, China, Turquía, Europa...". La broma a pie de calle es en realidad un reflejo de la postura oficial. "No queremos ser socios solo de un país. Estamos abiertos a todos", dice el viceprimer ministro Madiyev.

placeholder Vista del Palacio de la Paz y la Armonía, con forma de pirámide, y la mezquita mezquita Hazret Sultán, en el centro de Astaná. (Reuters)
Vista del Palacio de la Paz y la Armonía, con forma de pirámide, y la mezquita mezquita Hazret Sultán, en el centro de Astaná. (Reuters)

Esta estrategia se refleja en las cumbres recientes impulsadas por Kazajistán, primero en China el pasado verano, con el presidente Xi Jinping; luego con la Unión Europea en Uzbekistán; y, por último, en la Casa Blanca con Donald Trump a finales del 2025. Trump se convirtió en el primer presidente de EEUU en acoger a los mandatarios de los cinco países de Asia Central. Su interés no es solo geopolítico: Kazajistán cuenta con enormes reservas de tierras raras, fundamentales para la fabricación de todo tipo de aparatos electrónicos, incluidos los procesadores de IA.

La gran incógnita ahora es la rapidez con la que el gobierno kazajo abrirá el puño en el frente de libertades sociales y derechos fundamentales. En la mente de muchos ciudadanos están aún las protestas explosivas de 2022, donde miles de personas saltaron a las calles de Almaty y otras ciudades para rebelarse contra el aumento del coste de la vida, la corrupción, la desigualdad y el sistema político. El presidente Tokáyev ordenó "disparar a matar" a los "bandidos" y Rusia envió 75 aviones militares con tropas. Los altercados se saldaron con 238 muertos en todo el país, 160 en Almaty.

Foto: protestas-kazajistan-intervencion-rusia-geopolitica

"Pasamos mucho miedo. Cerraron internet y no había forma de comunicarse con nadie. Mi familia está en Rusia y no sabían si me había pasado algo o no", recuerda a este diario Arina, de 36 años, rusa afincada en Almaty. Preguntamos a varios ciudadanos si podría volver a ocurrir algo así, si las cosas han cambiado. "Uff, no lo sé, creo que no, pero todo puede ser", dice Arina. "Va a depender de los políticos", asegura otra joven kazaja que tampoco quiere publicar su nombre. Aún hay miedo y mucha incertidumbre. Y es eso, y no la IA o la guerra en Irán, lo que puede hundir los ambiciosos planes del país.

De momento, en eventos tecnológicos como el de Freedom, se nota una euforia y una profesionalidad al mismo nivel de Occidente. Mike Kirillov, un joven ruso de 26 años dedicado al trading y las criptomonedas, huyó de Rusia cuando estalló la guerra con Ucrania y ahora ha decidido asentarse en Almaty después de 3 años viviendo a caballo entre Europa y EEUU. Su definición de Kazajistán es ilustrativa: "Es como vivir en Rusia pero sin los problemas de Rusia", sonríe. "No es mala carta de presentación, ¿no?".

En cualquiera de los populares restaurantes de Astaná, la ecléctica capital de Kazajistán, se produce cada día una curiosa fusión: directivos de empresas beben kumis (leche fermentada de yegua), devoran beshbarmak con las manos (carne cocida de caballo con fideos) y saborean tuye shuzhyk (salami de camello), mientras hablan de centros de datos, drones autónomos y agentes de IA.

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