En 1962, EEUU lanzó una bomba nuclear al espacio: hoy sabemos cuál fue el precio a pagar
El suceso hizo que EEUU y la URSS acordaran suspender las pruebas atómicas en el espacio. En 2026, siguen conociéndose consecuencias de aquel terrible episodio
Imagen real de la explosión de una bomba nuclear en el espacio durante la operación Fishbowl (YouTube)
Operación Fishbowl y Starfish Prime son términos que hoy resurgen tras conocerse el impacto real de uno de los experimentos más controvertidos de la Guerra Fría: Estados Unidos detonó una bomba nuclear fuera de la atmósfera y desencadenó consecuencias que aún resuenan.
Aquel episodio, ampliamente documentado, formó parte de una serie de ensayos conocidos como Operación Pecera. El objetivo era estudiar cómo las explosiones a gran altitud afectaban a las comunicaciones, radares y satélites, en plena rivalidad tecnológica con la URSS.
Desde la remota isla Johnston, en el Pacífico, el Ejército estadounidense lanzó varios misiles con nombres tan llamativos como Bluegill ("pez luna") o Kingfish ("pez real"), todos ellos relacionados con el término pecera. Sin embargo, el ensayo más recordado fue Starfish Prime ("estrella de mar principal"), ejecutado el 9 de julio de 1962, cuando una ojiva nuclear de 1,4 megatones explotó a unos 400 kilómetros de altura.
Una explosión distinta a cualquier otra
A diferencia de las detonaciones en superficie, aquella explosión no generó hongo nuclear ni onda expansiva. La escasa densidad atmosférica transformó el fenómeno en una liberación masiva de radiación y plasma, creando una esfera luminosa similar a una aurora boreal que se expandió silenciosamente sobre el Pacífico. Así lo detalló un informe militar de la época.
El destello de luz que se vio en Hawái, a más de 1.400 km de la explosión (Wikimedia Commons/Dominio Público)
Los testigos describieron un espectáculo tan inquietante como fascinante: “Los fenómenos visibles fueron generalizados y bastante intensos”, recogía un informe militar. El cielo se iluminó con auroras artificiales, mientras enormes arcos de luz se extendían por el horizonte en cuestión de segundos.
Sin embargo, aquel “espectáculo” no fue inocuo. La radiación generó perturbaciones electromagnéticas capaces de afectar infraestructuras a miles de kilómetros. En Hawái, por ejemplo, se registraron apagones en el alumbrado público, fallos en redes telefónicas y activación de alarmas sin causa aparente.
Entre ellos figuraba el Telstar 1, el primer satélite comercial de comunicaciones, lanzado ingenuamente apenas un día después de la prueba. Su sistema electrónico no resistió la radiación acumulada y dejó de funcionar meses después, evidenciando el impacto real de estas pruebas.
El alcance del experimento llevó a una rápida reacción internacional. Tanto Estados Unidos como la URSS comprendieron el riesgo de estas detonaciones y, en 1963, firmaron el Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares, seguido años después por acuerdos que limitaron el uso de armas nucleares en el espacio.
Conviene recordar que, en aquel momento, solo había 22 satélites en órbita. Hoy en día hay más de 15.000 y se espera que la cifra se multiplique en los próximos años. Un experimento o ataque real de similares características llevado a cabo en la actualidad tendría potencial para devolvernos a la Edad de Piedra.
Operación Fishbowl y Starfish Prime son términos que hoy resurgen tras conocerse el impacto real de uno de los experimentos más controvertidos de la Guerra Fría: Estados Unidos detonó una bomba nuclear fuera de la atmósfera y desencadenó consecuencias que aún resuenan.