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China resucita una tecnología alemana de la II GM y consigue fabricar plástico sin petróleo
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Método Fischer-Tropsch

China resucita una tecnología alemana de la II GM y consigue fabricar plástico sin petróleo

Aunque China es líder en energías renovables, sigue dependiendo en gran medida del petróleo. Este sistema, que mantuvo la economía germana a flote durante la guerra, puede convertirse en su salvavidas

Foto: Un pozo petrolífero (Freepik)
Un pozo petrolífero (Freepik)

China ha dado un paso estratégico en la industria petroquímica al recuperar una tecnología de la II Guerra Mundial y transformarla en un sistema capaz de fabricar plástico sin petróleo. Según explica The New York Times, el gigante asiático ha dado un giro hacia el carbón, pero aplicando avances químicos que reducen drásticamente las emisiones contaminantes.

Lejos de limitarse a su liderazgo en energías renovables, el gigante asiático ha optado por reforzar su independencia energética mediante la modernización de procesos históricos. En este caso, se trata del método Fischer-Tropsch, una técnica desarrollada en la Alemania nazi para convertir carbón en combustibles y productos químicos en contextos de escasez petrolera.

El enfoque actual no es una simple reutilización del pasado, sino una evolución tecnológica. Investigadores de la Universidad de Pekín han logrado optimizar el proceso mediante la incorporación de pequeñas cantidades de bromuro de metilo, lo que permite bloquear la formación de dióxido de carbono durante la reacción química.

Una tecnología antigua con mejoras clave

Este ajuste aparentemente mínimo tiene un impacto significativo: las emisiones de dióxido de carbono se reducen del 30% a menos del 1%, lo que convierte el proceso en una alternativa mucho más eficiente y potencialmente sostenible para producir olefinas, componentes esenciales en la fabricación de plásticos.

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Además, esta innovación permite transformar el llamado gas de síntesis o syngas, que es un derivado del carbón, en productos químicos básicos con un menor impacto ambiental. El avance abre la puerta a una producción petroquímica menos dependiente del crudo, un factor clave en el actual contexto geopolítico.

La escala industrial ya refleja esta apuesta. Según el SCMP, en la región de Xinjiang se está desarrollando el mayor proyecto del mundo de conversión de carbón a etilenglicol, con una capacidad prevista de 2,4 millones de toneladas anuales, consolidando el liderazgo chino en este tipo de tecnologías.

Autosuficiencia energética y consecuencias globales

Este movimiento no es casual. La estrategia responde a la necesidad de reducir la dependencia de importaciones de petróleo y blindar la economía frente a crisis internacionales. De hecho, el uso de carbón para fabricar productos químicos ha crecido de forma acelerada, superando incluso el consumo total de algunos países desarrollados.

Sin embargo, el modelo también plantea desafíos. Aunque las mejoras tecnológicas reducen emisiones en el proceso, el aumento global del uso de carbón genera preocupación climática. Organismos internacionales advierten que los nuevos proyectos podrían incrementar significativamente las emisiones totales en los próximos años.

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Mientras tanto, la capacidad productiva china continúa expandiéndose, generando excedentes que se exportan a bajo coste. Esta dinámica, impulsada por subsidios y financiación estatal, está alterando el equilibrio industrial global y consolidando a China como un actor dominante en la producción de plásticos sin petróleo y materiales químicos avanzados.

China ha dado un paso estratégico en la industria petroquímica al recuperar una tecnología de la II Guerra Mundial y transformarla en un sistema capaz de fabricar plástico sin petróleo. Según explica The New York Times, el gigante asiático ha dado un giro hacia el carbón, pero aplicando avances químicos que reducen drásticamente las emisiones contaminantes.

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