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Por qué Anthropic, gran rival del OpenAI (y Trump), ha desatado el miedo con su última IA
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Project Glasswing

Por qué Anthropic, gran rival del OpenAI (y Trump), ha desatado el miedo con su última IA

El último desarrollo de la empresa dirigida por Dario Amodei solo podrá ser utilizado por 40 organizaciones por ahora. La razón, sus capacidades y el peligro que puede suponer para la seguridad online

Foto: El CEO de Anthropic, Dario Amodei. (Reuters/Bhawika Chhabra)
El CEO de Anthropic, Dario Amodei. (Reuters/Bhawika Chhabra)
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La inteligencia artificial vuelve a situarse en el punto donde la promesa tecnológica se cruza con el vértigo institucional. Anthropic, uno de los actores centrales en la carrera global por dominar la tecnología de moda, ha presentado uno de los sistemas más prometedores que se han visto desde el boom de la IA generativa provocado por la irrupción de ChatGPT. Pero, a pesar de las fabulosas capacidades que atesora, no quieren darle rienda suelta.

No por falta de capacidad de distribución, sino por una conclusión más inquietante. Sus propios avances en ciberseguridad podrían tener efectos desestabilizadores si caen en manos no preparadas para gestionarlos. La inquietud no se vive en la barrera, sino que ha cundido en el seno de la propia compañía.

El origen de esta situación no está en una campaña de marketing, sino en una decisión de contención. La compañía ha anunciado esta semana Project Glasswing, una iniciativa que reúne a actores clave del ecosistema tecnológico y financiero como Amazon Web Services, Apple, Google, Microsoft, Nvidia, Cisco, CrowdStrike, Palo Alto Networks, Broadcom, JPMorganChase y la Linux Foundation entre otros. El objetivo declarado es reforzar la seguridad del software crítico global utilizando capacidades avanzadas de inteligencia artificial como herramienta defensiva.

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La justificación de esta estrategia se apoya en un modelo que aún no ha sido publicado. Claude Mythos Preview es descrito por la propia empresa como un sistema de propósito general en fase no liberada que representa un salto significativo en capacidad de programación y análisis. Según Anthropic, estos modelos han alcanzado un nivel en el que pueden superar a casi todos los humanos, salvo a los expertos más avanzados en la identificación y explotación de vulnerabilidades de software.

Las cifras internas que acompañan este anuncio son las que han encendido el debate. El modelo habría identificado miles de vulnerabilidades de alta gravedad en sistemas reales, incluyendo fallos presentes en todos los principales sistemas operativos y navegadores web. No se trata de errores marginales, sino de vulnerabilidades profundas que en muchos casos habían permanecido ocultas durante años en código ampliamente desplegado.

La diferencia con generaciones anteriores de modelos no es solo cuantitativa, sino operativa. En entornos de pruebas de seguridad, el sistema no se limita a señalar debilidades. También es capaz de razonar sobre su posible explotación, lo que altera por completo la ecuación tradicional de la ciberseguridad. Donde antes había asistencia analítica, ahora aparece una capacidad activa de descubrimiento ofensivo a escala industrial.

De momento, su nueva IA solo podrá ser usada por 40 organizaciones cuidadosamente seleccionadas

Ante este escenario, Anthropic ha optado por una estrategia de despliegue restringido. Project Glasswing se plantea como un marco de uso controlado en el que las organizaciones participantes utilizan el modelo para auditar sus propios sistemas y reforzar software crítico antes de que esas vulnerabilidades puedan ser explotadas externamente. La compañía además ha ampliado el acceso a más de cuarenta organizaciones adicionales vinculadas a infraestructura esencial y desarrollo de software abierto.

El alcance económico de la iniciativa también es relevante. Anthropic ha comprometido hasta cien millones de dólares en créditos de uso del modelo y cuatro millones adicionales en donaciones dirigidas a organizaciones de seguridad de código abierto. El mensaje subyacente es claro. La velocidad de avance de estos sistemas obliga a invertir en defensa de forma anticipada y coordinada.

placeholder Un teléfono con el logotipo de Anthropic. (EFE /Ángel Colmenares)
Un teléfono con el logotipo de Anthropic. (EFE /Ángel Colmenares)

Aquí es donde Anthropic ha consolidado también su posicionamiento político y estratégico como el gran rival de OpenAI, pero con un enfoque deliberadamente más restrictivo, centrado en seguridad, contención y despliegues controlados. Esa postura ya había provocado fricciones directas con la administración estadounidense. En el pulso con el Pentágono durante 2026, la compañía rechazó flexibilizar sus salvaguardas sobre el uso militar de sus modelos, especialmente en relación con vigilancia masiva y sistemas autónomos de armamento, lo que derivó en su clasificación como riesgo para la cadena de suministro y en la suspensión de su uso en agencias federales bajo la órbita de Donald Trump. Mientras otros actores del sector aceptaron contratos de uso militar más amplios, Anthropic defendió límites explícitos, incluso a costa de perder acceso institucional, consolidando una reputación de prudencia extrema que, a la vez, ha tensionado su relación con el poder político y con el complejo militar estadounidense.

Desde el punto de vista técnico, el núcleo del problema se encuentra en la velocidad de descubrimiento de vulnerabilidades. Si un sistema puede encontrar fallos más rápido de lo que los equipos humanos pueden corregirlos, el equilibrio entre defensa y ataque se rompe. Es aquí donde voces del sector como las de Bitdefender advierten de un cambio estructural. La seguridad ya no puede depender solo de identidad o perímetro, sino del comportamiento real del software en ejecución.

El contexto general amplifica la preocupación. Anthropic sostiene que la progresión de estas capacidades es tan rápida que en cuestión de meses podrían generalizarse herramientas con este nivel de potencia. El riesgo no es únicamente técnico, sino sistémico. Infraestructuras críticas, sistemas financieros y cadenas de suministro de software podrían verse expuestos a una nueva clase de automatización ofensiva.

Al final, Project Glasswing no se presenta como un producto, sino como una medida de contención preventiva. Un intento de convertir una capacidad potencialmente disruptiva en un mecanismo de defensa colectiva. Pero la paradoja permanece intacta. Cuanto más eficaz es la inteligencia artificial para proteger sistemas, más evidente se vuelve su potencial para comprometerlos si deja de estar estrictamente controlada.

La inteligencia artificial vuelve a situarse en el punto donde la promesa tecnológica se cruza con el vértigo institucional. Anthropic, uno de los actores centrales en la carrera global por dominar la tecnología de moda, ha presentado uno de los sistemas más prometedores que se han visto desde el boom de la IA generativa provocado por la irrupción de ChatGPT. Pero, a pesar de las fabulosas capacidades que atesora, no quieren darle rienda suelta.

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