Durante cerca de 40 minutos, la Orión quedó completamente aislada de la Tierra y sin comunicaciones. Esta situación entraba dentro de las previsiones, pero ha reabierto el debate sobre si la tecnología actual permitiría evitarlo.
En ese contexto, el exastronauta español Pedro Duque lanzó una reflexión que ha generado interés dentro de la comunidad científica: “China tiene dos satélites de comunicaciones allí que podrían haberse usado”. Su comentario apunta directamente a una pieza clave del programa espacial chino: el satélite Queqiao-2.
Queqiao-2 es un satélite de retransmisión lanzado por China en marzo de 2024 como parte de su ambicioso programa de exploración lunar. Su función principal es actuar como intermediario entre la Tierra y las misiones que operan en la cara oculta del satélite, una zona que, por su posición, queda completamente fuera del alcance directo de las comunicaciones terrestres.
A diferencia de redes como la Deep Space Network de la NASA, que dependen de una línea de visión directa, estos satélites permiten mantener el contacto incluso cuando la Luna bloquea las señales. Es precisamente ese papel el que ha llevado a algunos expertos, como Duque, a plantear si Artemis II podría haber contado con un apoyo similar.
Esta noche a eso de la 1 menos cuarto la nave Orión perderá comunicación con la Tierra durante unos 40 minutos. China tiene dos satélites de comunicaciones allí que podrían haberse usado, pero imagino que ni se plantearon pedir ayuda. https://t.co/W8qV3PB60j
Con un peso cercano a las 1,2 toneladas y una vida útil estimada de hasta una década, el Qequiao-2 está diseñado para ofrecer una red de comunicaciones estable y de alta capacidad en el entorno lunar.
Cuenta con una gran antena parabólica de 4,2 metros —la mayor utilizada en misiones de espacio profundo de este tipo— capaz de gestionar múltiples canales simultáneos entre la superficie lunar y el satélite. Además, emplea diferentes bandas de frecuencia, como la X y la Ka, que permiten transmitir datos a velocidades muy superiores a las de su predecesor.
Uno de sus aspectos más relevantes es su órbita elíptica “congelada” alrededor de la Luna, elegida por su estabilidad. Esta trayectoria le permite mantener contacto visual con la cara oculta durante gran parte de su recorrido, facilitando la comunicación continua con sondas y vehículos que operan allí.
Más que comunicaciones: ciencia y estrategia
Además de su papel como nodo de comunicaciones, Queqiao-2 incorpora instrumentos científicos que amplían su utilidad. Entre ellos destacan detectores de partículas, cámaras ultravioleta y sistemas de radioastronomía que lo convierten también en una plataforma de observación del espacio profundo.
Pero su importancia va más allá de lo técnico. Este satélite es una pieza clave en la estrategia de China para construir una futura base lunar internacional en la región del polo sur, donde se prevé desplegar múltiples robots y misiones en los próximos años. Para coordinar ese volumen de actividad, una infraestructura de comunicaciones robusta es imprescindible.
La reflexión de Pedro Duque también abre una cuestión más amplia: la posibilidad de colaboración entre potencias espaciales. Aunque en teoría un sistema como Queqiao-2 podría servir de apoyo a misiones internacionales, los intereses políticos y estratégicos llegan a todas partes: incluso a la luna.
Durante cerca de 40 minutos, la Orión quedó completamente aislada de la Tierra y sin comunicaciones. Esta situación entraba dentro de las previsiones, pero ha reabierto el debate sobre si la tecnología actual permitiría evitarlo.