Me resistía a que mis hijos usaran auriculares, pero este modelo me ha hecho cambiar de idea
Te cuento cómo estos auriculares de JBL se han convertido en un imprescindible en casa, gracias a su diseño ergonómico y a un control parental impecable
Imagínate la escena: un viaje de cuatro horas por delante y la lista de reproducción de YouTube Kids amenazando con volverte loco. Escalofriante, ¿verdad? Debo confesar que nunca he sido muy partidaria de los auriculares para niños, pero igualmente reconozco que su uso en semejante escena ha supuesto para mí un antes y un después. Y no solo porque esto me permitió hacer el viaje escuchando mi podcast favorito sin interferencias; también porque me ha ayudado a dejar de demonizar esta clase de dispositivos, comprobando que, como todo gadget que se precie, puede ser increíblemente útil si se usa de la manera adecuada.
Es aquí donde entran en acción los Junior FREE de JBL. No son un juguete, aunque lo parezca por sus colores y tacto: se trata de un equipo especialmente pensado para los más pequeños de la casa con ciertas peculiaridades que los hacen, tanto un objeto atractivo para ellos como una solución segura para nosotros.
Y es que el mercado de los auriculares infantiles ha madurado muchísimo. Lejos quedaron las propuestas que solo reducían el tamaño y se preocupan de resistir caídas. Ahora tenemos propuestas en las que la protección de la audición es el foco principal. Y eso es una fantástica noticia.
Perfectos para ellos
Nada más sacar los auriculares de la caja, me llevé una grata sorpresa con su diseño. Los Junior R de JBL son increíblemente ligeros (solo pesan 24,6 gramos), muy flexibles y agradables al tacto gracias al empleo de silicona suave.
Disponibles en tres colores bastante resultones, en mi caso tengo el color Peach, ofreciendo una combinación más vibrante de lo que se puede ver en las imágenes oficiales del producto -el color crema de la estructura es muy suave, pero los detalles en rosa tiran incluso a un punto algo neón que los hace aún más bonitos en persona.
Su colocación es sencilla desde el punto de vista adulto, pero desde el prisma de un niño pequeño -como puede ser mi hijo, que cumplirá 5 años en dos meses-, necesita un pequeño entrenamiento que, eso sí, será resuelto en cuestión de pocas puestas. Y es que los Junior Free, lejos de ser como la gran mayoría de modelos para niños, son unos auriculares de nuca, de manera que en lugar de descansar en lo alto de la cabeza, a modo de diadema, lo hacen detrás. Esto puede parecer a priori más incómodo o complicado para un menor, sin embargo, la experiencia con ellos me ha demostrado todo lo contrario: resultan menos intrusivos, y los enganches de la zona de los auriculares ayudan a que la sujeción sea ideal, incluso si les da por pegar una carrera con ellos.
Su manejo también resulta básico y sencillo. En el auricular izquierdo tienen el botón de encendido y apagado, que actúa igualmente como pausa al funcionar, de buena y cómoda pulsación, mientras que en el derecho están los controles de volumen (señalados con un símbolo de más y menos, lo que resulta más claro para ellos) así como el puerto USB-C para carga. Ninguno de los auriculares se introduce dentro del oído, sino que quedan descansando en el pabellón auditivo, con la ventaja de que el niño no desconecta por completo del exterior y siempre puede saber qué ocurre a su alrededor, algo que me parece básico.
Aunque para esencial, el control parental de volumen. Los auriculares de JBL tienen el llamado Safe Sound que viene a garantizar que los niveles de sonido nunca superen los 85 dB. Este es el límite que establece la Organización Mundial de la Salud cuando un niño va a estar una hora expuesto a un sonido alto, aunque igualmente advierten de que a partir de los 70 dB, la exposición prolongada ya es capaz de suponer un riesgo para su salud auditiva.
Y es que no solemos prestarle a esto la atención que merece, especialmente con los más pequeños, una población altamente vulnerable y que puede verse afectada de manera irreversible ante la exposición de niveles de sonido demasiado altos, tal y como recuerdan muchos expertos.
Por ello, si los 85 dB te parecen demasiado, desde la app móvil de JBL podrás modificarlo y ajustarlo para reducir el volumen. No solo eso. La aplicación cuenta con recordatorio de tiempo diario tras el cual una voz avisará al niño de que ha alcanzado “el límite de escucha segura” (aunque también puedes personalizar tú mismo el mensaje con una grabación propia) y hasta un código PIN para que no se les ocurra cambiar nada.
Lejos de pensar (me incluyo) que unos auriculares infantiles no tendrían más opciones, la aplicación de la casa estadounidense igualmente ofrece control de la ecualización, función Smart Audio & Video (para mejorar sonido al escuchar música o poner prioridad en el lag, respectivamente), un modo relax con cinco escenarios de sonidos relajantes (ideal si van a leer o incluso para dormirse en un viaje), balance de sonido y apagado automático. Nada es ni mucho menos novedoso, pero desde luego sí que resulta llamativo encontrar tantas opciones cuando el público de destino, a priori, se le presume menos exigente.
En cuanto a la autonomía, los auriculares Bluetooth cumplen con lo prometido. Ya sabes que con estas cosas es un poco complicado hacer un cálculo exacto y más aún con un peque de por medio, pero sí puedo garantizarte es que las 10 horas prometidas por el fabricante se cumplen sin problema, de manera que tendrás para bastantes usos (siempre y cuando haga un uso responsable de los mismos, claro) sin necesidad de echar mano del cable -no incluido en la caja, por cierto. Por si fuera poco, dispone de carga rápida, de manera que con solo 10 minutos tendrás para unas 3 horas. Ideal ante cualquier solicitud infantil repentina.
Como integran además micrófono, los JBL Junior Free se pueden además usar en videoconferencias. Es cierto que el sonido de voz no es tampoco excelso, pero ni mucho menos malo, resultando cómodo y perfectamente claro cuando mi hijo ha hablado con los abuelos.
Por qué deberías comprarlos
No creo que haya ningún atisbo de duda sobre lo mucho que recomiendo estos auriculares. No solo me gustan a nivel de diseño (estética y comodidad para un niño pequeño), funcionalidad (la app de JBL es un plus en la experiencia) y protección auditiva (es el argumento clave de este dispositivo) sino que su precio además es fantástico, colocándose en los 79,99 euros.
Solo podría pedirles, quizás, que las cápsulas traseras, donde se encuentran los botones de control, fueran algo más pequeñas para que resultaran aún más manejables, o que trajeran en la caja, además de las pegatinas que incluyen, un estuche para guardarlos -en lugar del cartón interior que viene, que se puede transformar en stand improvisado para una tablet. Pero la verdad que resultan auténticas nimiedades junto a todo lo que ofrecen.
Si prefieres de todas formas otras alternativas, podrías echar un ojo a los PowerLocus P2 que se venden como rosquillas en Amazon. De diseño supraaural, son plegables, se pueden usar inalámbricamente o con cable, y su límite de sonido es de 85 dB. El precio no supera los 27 euros.
Para los que son más mayorcitos (siempre y cuando estés de acuerdo en subir el límite hasta los 108 dB) están los Riwbox WT 7S, con Bluetooth, micrófono, y luces LED para llamar la atención en todos lados. Y el precio es baratísimo.
Ojo a los Puro Sound Labs BT2200 Plus. Se trata de unos auriculares con limitación de volumen (a 85 dB), almohadillas intercambiables, acabado premium y batería de 20 horas. Están disponibles en cuatro colores.
¿Sabías que Philips también tiene su propuesta? Se trata de un modelo bastante resultón por sus luces LED con volumen limitado a 85 dB, hasta 28 horas de autonomía y banda de sujeción flexible. Suelen rondar los 30 euros.
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Imagínate la escena: un viaje de cuatro horas por delante y la lista de reproducción de YouTube Kids amenazando con volverte loco. Escalofriante, ¿verdad? Debo confesar que nunca he sido muy partidaria de los auriculares para niños, pero igualmente reconozco que su uso en semejante escena ha supuesto para mí un antes y un después. Y no solo porque esto me permitió hacer el viaje escuchando mi podcast favorito sin interferencias; también porque me ha ayudado a dejar de demonizar esta clase de dispositivos, comprobando que, como todo gadget que se precie, puede ser increíblemente útil si se usa de la manera adecuada.