Lo último de Google es un buen móvil barato. El problema, que ya tienen uno mejor para ti
El Pixel 10a es probablemente la propuesta más continuista del año. Su mayor rival es el teléfono que viene a sustituir, prácticamente idéntico y hasta 150 euros más barato. Lo probamos a fondo
Si algo funciona, no lo toques. Es probable que hayas oído este dicho alguna vez en tu vida. Google parece haberlo llevado hasta el extremo con su último teléfono, el Pixel 10a. Se trata de su móvil más asequible y uno de los que mejor les ha funcionado en los últimos años. Sigue siendo una propuesta diferente en una gama media atiborrada de propuestas clónicas y muchas veces carentes de personalidad. Aquí, los californianos no se lían la manta a la cabeza. No intentan que este modelo haga un poco de todo, sino que lo que hace, lo haga muy bien. Los pilares de este teléfono son de sobra conocidos. Una muy buena cámara para este rango de precios y una experiencia de Android puro, atiborrada de inteligencia artificial.
El problema del Pixel 10a es que es prácticamente igual que el Pixel 9a.Llevo 15 días con él y a simple vista es prácticamente imposible diferenciarlos. La única diferencia física es que el pequeño reborde que rodea la cámara trasera ha desaparecido. Pero es algo que, con la funda puesta, pasa desapercibido. La cuestión es que la experiencia también es prácticamente la misma que hace un año. Sí, la pantalla es algo más brillante y la carga rápida es más potente. Pero los sensores de la cámara trasera y delantera, la batería, la RAM y el procesador son exactamente los mismos. Es normal que Google haya decidido mantener el precio. Lleva haciéndolo desde hace tres generaciones y es algo de aplaudir.
El Pixel 10a. Foto: M. McLoughlin
La cuestión es que el mayor rival del Pixel 10a no es ningún móvil chino. Tampoco ningún modelo de Samsung. Su mayor competencia es el modelo al que ha venido a sustituir, el Pixel 9a. La propia Google lo sigue vendiendo en su web a cien euros menos. En Amazon, el descuento es todavía más exagerado. Es probable, y hasta altamente recomendable, que quien esté pensando en un Pixel a este año le ponga ojitos al modelo de hace doce meses.
Como decía, a simple vista es difícil distinguir este móvil del anterior La estética sigue siendo muy reconocible dentro del catálogo de Google, con ese módulo de cámara completamente integrado en la trasera. En este modelo ahora queda totalmente enrasado con el resto del cuerpo. Es un detalle menor, pero tiene una consecuencia práctica que me gusta. El móvil no baila cuando lo apoyas sobre la mesa. La construcción es sólida. Los laterales son de aluminio, el frontal es de cristal y la parte trasera es de plástico. No transmite la sensación premium de los Pixel más caros ni de algunos rivales con trasera de vidrio, pero en la mano se siente robusto y agradable.
Donde sí me cuesta ser algo más benévolo es con los marcos. Son algo más grandes de lo que me gustaría ver en un móvil de 2026. No es dramático, pero sí da la sensación de que Google podría haber afinado un poco más el frontal. Aun así, en líneas generales me parece un teléfono cómodo. El tamaño está bien equilibrado y es bastante fácil manejarlo con una sola mano, algo que cada vez es menos habitual.
Una renovación mínima
Pixel 10a
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La pantalla es uno de esos puntos que ayuda a entender bien la propuesta. No es un panel que sobre el papel llame la atención, pero lo cierto es que funciona muy bien. Google monta un pOLED de 6,3 pulgadas con resolución Full HD y tasa de refresco de hasta 120 Hz. La nitidez es muy buena y el brillo máximo ha mejorado respecto al modelo anterior. En exteriores se defiende bastante bien incluso en días muy luminosos. En el día a día me ha parecido un panel muy sólido para este rango de precio. No es espectacular, pero sí claramente bueno. Eso sí, conviene revisar la configuración del panel y hacer unos pequeños ajustes para sacarle todo el partido como activar los 120Hz.
No hay Tensor nuevo este año
La mayor sorpresa cuando conocí el teléfono fue comprobar que Google no apostase por un Tensor más nuevo. El Pixel 10a vuelve a montar el mismo Tensor G4 acompañado por 8 GB de RAM. No es un desastre, ni mucho menos. El teléfono se mueve con fluidez en las tareas cotidianas, abrir aplicaciones, navegar o hacer fotos. Pero tampoco es un chip pensado para quien busque potencia bruta o para sesiones largas de juegos exigentes.
Los 8 GB de RAM también tienen una consecuencia curiosa. Algunas funciones de inteligencia artificial no pueden ejecutarse completamente en el dispositivo. Modelos como Gemini Nano no funcionan aquí en toda su extensión y eso significa que varias funciones dependen de la nube. No es algo que afecte demasiado a la experiencia diaria, pero sí deja la sensación de que Google ha ajustado demasiado el hardware.
La pantalla es algo más brillante este curso. Foto: M. Mc.
El software es donde el Pixel vuelve a sentirse en su terreno predilecto. La experiencia de Android es una de las más pulidas que se pueden encontrar. Material You sigue siendo una interfaz elegante, coherente y muy agradable de usar. Todo se mueve con fluidez y con ese nivel de detalle que Google suele cuidar mucho. Animaciones suaves, menús claros y un sistema que rara vez se siente torpe.
El gran argumento sigue siendo el soporte. Google promete siete años de actualizaciones de sistema y seguridad. En esta gama de precio es algo casi único. Comprar este teléfono significa que seguirá recibiendo nuevas versiones de Android durante mucho tiempo. Las funciones de inteligencia artificial también están muy presentes. Gemini, herramientas inteligentes en la cámara o funciones para llamadas forman parte de la experiencia. Aunque en algunos casos dependan de la nube, siguen aportando valor.
El de apuntar y disparar
Hace tiempo que este móvil se ha ganado fama de ser el rey del apuntar y disparar. Y no es una exageración. Es uno de esos teléfonos con los que prácticamente cualquiera puede sacar fotos bastante resultonas sin tener demasiada idea de fotografía móvil. No necesitas ajustar nada ni pensar demasiado: sacas el móvil, apuntas y disparas.
La cámara principal monta un sensor de 48 MP con una lente f/1.7 equivalente a 25 mm, un sensor de 1/2.0" y píxeles de 0.8 µm, acompañado de Dual Pixel PDAF y estabilización óptica (OIS). No es el hardware más ambicioso del mercado, pero está bien escogido y, sobre todo, bien aprovechado.
En la práctica ofrece muy buen rango dinámico, colores bastante equilibrados y una consistencia que ya quisieran muchos móviles más caros. Es una cámara muy agradecida: haces la foto y lo normal es que salga bien. El procesado hace buena parte del trabajo por ti con funciones como Ultra HDR, Pixel Shift o Best Take, que se encargan de arreglarte la papeleta cuando la escena se complica un poco.
Gran parte de esa magia viene de la fotografía computacional y la IA que Google lleva años afinando. El Pixel integra varias herramientas heredadas de la gama superior y optimizadas por el Tensor G4. Por ejemplo, Auto Best Take combina expresiones de varias fotos de grupo para crear una en la que todo el mundo sale bien, algo sorprendentemente útil cuando alguien decide parpadear justo en el peor momento. También está Camera Coach, un asistente impulsado por Gemini que analiza el encuadre en tiempo real y te sugiere mejoras de composición, iluminación o ángulo.
A esto se suman clásicos de Google como Borrador Mágico que permite borrar objetos no deseados de la imagen con bastante acierto, o funciones más nuevas como Reimaginar, que permite modificar elementos de una foto usando texto dentro de Google Fotos. Y cuando necesitas acercarte más de la cuenta, entra en juego Super Res Zoom, que utiliza IA para mejorar el zoom digital hasta 8x y mantener algo de detalle donde normalmente solo habría un borrón.
La muesca que rodeaba la cámara ha desaparecido. Foto: M. McLoughlin
La cámara ultra gran angular baja un escalón, como suele pasar, con un sensor de 13 MP, apertura f/2.2 y un campo de visión de 120° No está al nivel de la principal, ni lo pretende, pero cumple bastante bien. Para paisajes, arquitectura o fotos de grupo hace su trabajo sin demasiados dramas. Donde sí se notan los recortes es en el zoom. No hay teleobjetivo, así que en cuanto empiezas a ampliar la imagen la calidad se desinfla con relativa rapidez. Aquí la IA ayuda, pero tampoco hace milagros.
En vídeo tampoco pretende reinventar nada. Puede grabar en 4K a 30 o 60 fps y en 1080p hasta 240 fps, combinando OIS con gyro-EIS para estabilizar la imagen. No es un móvil para grabar un documental de Netflix, pero dentro de su rango de precio cumple sin demasiados problemas.
La cámara frontal, por su parte, monta 13 MP con apertura f/2.2 y una lente ultra gran angular de 20 mm, sobre un sensor de 1/3.1" con píxeles de 1.12 µm. Está claramente pensada para selfies de grupo y videollamadas, con un campo de visión amplio que facilita meter a varias personas en la foto sin tener que alejar el móvil como si estuvieras intentando fotografiar un edificio entero.
En resumen, no es un sistema de cámaras espectacular sobre el papel, pero está muy bien afinado. Tanto que supera a cámaras con tres objetivos o más caras. Esa es la mágia de los Pixel. Y al final eso es lo que hace que este móvil siga siendo tan fácil de recomendar: sacas el teléfono del bolsillo, haces la foto y, en la mayoría de casos, ya tienes algo que merece la pena guardar. Sin complicarte demasiado.
No hay que descartarlo tan rápido
Un último apunte para el apartado energético. La batería de 5100 mAh me ha dado muy buenos resultados. Con un uso moderado es perfectamente posible llegar al día y medio de autonomía, incluso acercarse a los dos días si no eres demasiado intensivo. La carga también mejora ligeramente respecto a generaciones anteriores y además mantiene carga inalámbrica. No es lo habitual en muchos móviles de gama media, así que se agradece. Además del hardware repetido, hay pequeños detalles que recuerdan que estamos ante un Pixel de la serie A. El sensor de huellas bajo pantalla es óptico y funciona razonablemente rápido, aunque no es tan fiable como los ultrasónicos de los modelos estándar y los Pro de la propia compañía.
La vibración también es algo menos refinada que en los Pixel de gama alta. No es un problema grave, pero se nota si vienes de un modelo superior. También he notado que el brillo automático puede comportarse de forma algo errática durante los primeros días. Con el tiempo parece aprender de tu uso, pero al principio ajusta el brillo de forma algo agresiva.
El Pixel 10a es un buen teléfono. Tiene una gran cámara, buena batería, un software excelente y un soporte que muchos rivales ni se acercan a ofrecer. El problema es que el Pixel 9a ya tenía prácticamente todo eso. Y si ese modelo sigue vendiéndose bastante más barato, la decisión se vuelve complicada.
Después de quince días con él tengo claro que el Pixel 10a es un móvil muy equilibrado. Funciona bien en casi todo y no tiene fallos graves. Pero también tengo la sensación de que Google ha jugado demasiado sobre seguro. Y cuando un teléfono nuevo se parece tanto al anterior, el rival más peligroso suele estar en casa. En este caso, justo en la estantería de al lado.
El precio oficial del Pixel 10a es de 549 euros, mientras que el Pixel 9a, dependiendo de la tienda o de la oferta del momento, puede encontrarse hasta unos 150 euros más barato. Y ahí es donde empiezan las dudas razonables.
Eso sí, hay un factor que puede cambiar bastante la ecuación: el plan renove de Google. Si entregas tu móvil antiguo, el descuento puede ser lo suficientemente generoso como para que el Pixel 10a termine saliendo mucho más barato de lo que marca su precio oficial, acercándose bastante al coste real del 9a.
Al final la decisión depende mucho del precio que encuentres en el momento de comprar. Si el Pixel 10a se acerca al del 9a gracias a ofertas o al plan renove, es fácil recomendar el modelo nuevo. Pero si la diferencia sigue siendo grande, el Pixel 9a sigue siendo, irónicamente, uno de los rivales más difíciles de batir. Y lo fabrica la misma compañía.
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Si algo funciona, no lo toques. Es probable que hayas oído este dicho alguna vez en tu vida. Google parece haberlo llevado hasta el extremo con su último teléfono, el Pixel 10a. Se trata de su móvil más asequible y uno de los que mejor les ha funcionado en los últimos años. Sigue siendo una propuesta diferente en una gama media atiborrada de propuestas clónicas y muchas veces carentes de personalidad. Aquí, los californianos no se lían la manta a la cabeza. No intentan que este modelo haga un poco de todo, sino que lo que hace, lo haga muy bien. Los pilares de este teléfono son de sobra conocidos. Una muy buena cámara para este rango de precios y una experiencia de Android puro, atiborrada de inteligencia artificial.