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Por qué sigue siendo tan extraordinariamente difícil fabricar un arma nuclear
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A pesar de lograrse hace 80 años

Por qué sigue siendo tan extraordinariamente difícil fabricar un arma nuclear

EEUU lo consiguió en tres años, pero gracias a un despliegue técnico, humano y económico irrepetible. La realidad demuestra que se necesitan décadas y que no hay garantías

Foto: Una imagen de la primera explosión nuclear de la historia (Wikimedia Commons)
Una imagen de la primera explosión nuclear de la historia (Wikimedia Commons)

El programa nuclear iraní lleva siendo noticia desde hace décadas. De hecho, dio comienzo a finales de la década de 1950, bajo el gobierno del sha Mohammad Reza Pahlavi y con el apoyo inicial de EEUU. Tras su detención por la Revolución Islámica de 1979 y la posterior guerra con Irak (1980-1988), el país retomó aquel proyecto con fines civiles y militares. Ya en 2003, la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) alertó de la presencia de instalaciones nucleares secretas en Natanz y Arak, lo que intensificó las sospechas de que, realmente, la intención única de los ayatolás era fabricar armas nucleares.

Tras años de suspicacias y negociaciones, Barack Obama aceptó el Plan de Acción Integral Conjunto, el cual Donald Trump abandonó unilateralmente durante su primer mandato. Hoy, siete décadas después del inicio del programa nuclear iraní, Oriente Medio se encuentra inmerso en una guerra justificada por EEUU e Israel, al menos en parte, como preventiva ante la posible fabricación de una bomba nuclear por parte de Irán. Pero ¿cómo es posible que una tecnología que se hizo realidad hace más de 80 años y cuyos principios se conocen perfectamente no haya podido ser fabricada por el país? Pues, probablemente, porque se trata de uno de los mayores desafíos a los que se ha enfrentado la humanidad.

La complejidad del material fisible

Aunque la tecnología nuclear comenzó a materializarse en plena Segunda Guerra Mundial con el Proyecto Manhattan, culminando en la prueba Trinity realizada el 16 de julio de 1945 en el desierto de Nuevo México, el desarrollo de estas armas continúa siendo un proceso extraordinariamente complejo desde el punto de vista científico, industrial y tecnológico.

Uno de los principales obstáculos se encuentra en la obtención de material fisible, el componente esencial que permite desencadenar la explosión nuclear. Según explicó Hans Kristensen, director del Nuclear Information Project de la Federation of American Scientists, en una entrevista concedida a Live Science, la base de estas armas consiste en estimular ciertos materiales para liberar enormes cantidades de energía mediante reacciones nucleares.

Sin embargo, lograr cantidades suficientes de ese material con la pureza necesaria exige una infraestructura industrial enorme y altamente especializada. Este proceso implica instalaciones complejas, grandes cantidades de energía y una cadena tecnológica que pocos países pueden desarrollar y mantener durante largos periodos. Prueba de ello son los ataques que llevó a cabo EEUU en junio del año pasado contra instalaciones nucleares clave del régimen iraní.

La dificultad de obtener plutonio y uranio

Las bombas nucleares utilizan principalmente isótopos de uranio o plutonio. El uranio natural contiene diferentes variantes atómicas, entre ellas el uranio-238 y el más escaso uranio-235, que es el que puede provocar con mayor facilidad una reacción de fisión. Para obtenerlo es necesario un complejo proceso de enriquecimiento.

Una de las técnicas más utilizadas consiste en convertir el uranio en gas y hacerlo girar a gran velocidad dentro de centrifugadoras. Debido a la pequeña diferencia de masa entre los isótopos, estas máquinas permiten separarlos progresivamente hasta alcanzar concentraciones superiores al 90% de uranio-235, necesarias para fabricar material de grado militar. Hoy en día, se cree que Irán solo ha conseguido concentraciones del 60%.

Riesgos técnicos y reacciones incontrolables

El caso del plutonio resulta aún más complejo. A diferencia del uranio, este elemento no aparece de forma natural y debe producirse dentro de reactores nucleares a partir del combustible irradiado. Posteriormente, el material debe someterse a procesos químicos extremadamente delicados para aislarlo.

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Durante estas etapas existe además el riesgo de alcanzar accidentalmente una masa crítica, es decir, la cantidad mínima de material necesaria para que se inicie una reacción nuclear autosostenida. Evitar que ese proceso ocurra de manera imprevista exige protocolos de seguridad muy estrictos y una ingeniería de precisión extremadamente avanzada.

Una reacción que debe ocurrir en una fracción de segundo

Incluso cuando el material está listo, el desafío técnico no termina. Las armas nucleares están diseñadas para crear una masa supercrítica en una fracción de segundo dentro de un espacio muy reducido. Ese momento desencadena una reacción en cadena que multiplica exponencialmente la fisión de los átomos y libera una enorme cantidad de energía.

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En las armas termonucleares, desarrolladas después de la Segunda Guerra Mundial, el proceso es todavía más complejo: una explosión de fisión inicial debe activar posteriormente una reacción de fusión nuclear, similar a la que alimenta el núcleo del Sol.

Actualmente, Corea del Norte se considera como el último país en lograr el desarrollo de un arma nuclear. A pesar del secretismo que rodea al país, se tienen pruebas de que realizó su primer ensayo en octubre de 2006, tras más de tres décadas de desarrollo.

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Pero la cosa no acaba aquí. Ya sea durante o después del desarrollo del arma nuclear, hay que idear un sistema para lanzarla. Esto requiere una inversión económica adicional en fabricar submarinos, plataformas terrestres y aviones capaces de convertirlas en auténticos elementos de disuasión. Por todo ello, construir armas nucleares hoy sigue siendo un desafío mayúsculo.

El programa nuclear iraní lleva siendo noticia desde hace décadas. De hecho, dio comienzo a finales de la década de 1950, bajo el gobierno del sha Mohammad Reza Pahlavi y con el apoyo inicial de EEUU. Tras su detención por la Revolución Islámica de 1979 y la posterior guerra con Irak (1980-1988), el país retomó aquel proyecto con fines civiles y militares. Ya en 2003, la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) alertó de la presencia de instalaciones nucleares secretas en Natanz y Arak, lo que intensificó las sospechas de que, realmente, la intención única de los ayatolás era fabricar armas nucleares.

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