Dejé de soñar con la recreativa del bar y fabriqué la mía. Así puedes montar la tuya en casa
Diseñar, montar y configurar tu propio arcade desde cero para revivir los clásicos en casa es mucho más barato y sencillo de lo que crees. Lo hemos comprobado nosotros mismos
De pequeño soñaba con pasar horas y horas jugando en muchas de las máquinas recreativas presentes en algunos locales, donde juegos como Tetris, Snow Bros o Caveman Ninja llamaban mi atención con sus colores, animaciones y efectos de sonido. Sin embargo, tenía unos abuelos a los que no les hacía demasiada gracia eso de dejar a un niño pegado a unas maquinitas de bar -y con razón-, así que mi relación con ellas fue un amor imposible que duró años.
Quizás por eso, cuando tuve mi propia casa, una de las espinitas que tenía que sacar era la de tener mi propia recreativa. En mi cabeza imaginaba algo sencillo y minimalista, que pudiera colocar en el salón y que encajara como un mueble más dentro de toda la decoración. Así que lo imaginé, lo diseñé y lo fabriqué.
Puede parecer complejo, pero lo cierto es que a día de hoy resulta bastante más sencillo de lo que parece, y quizás, lo único que podría resultarte más tedioso es todo lo relacionado con el exterior de la cabina, ya que requiere carpintería y pintura. Pero no adelantemos acontecimientos.
En este artículo explicaré paso a paso cómo, gracias a las muchísimas soluciones que existen hoy en día, podemos diseñar un equipo multiplataforma basado en muchos de los sistemas retro de casi cualquier década. A día de hoy ya existen soluciones que puedes comprar en Amazon por pocos euros, pero si quieres darle tu toque, una personalización infinita y conseguir el mejor rendimiento, será mejor que te pongas cómodo y sigas leyendo.
Fundamentos básicos de una recreativa casera
Lo primero que deberás tener claro es hasta qué punto quieres experimentar eso de jugar en una máquina recreativa. Si lo que quieres es disfrutar de los juegos antiguos de manera rápida y sencilla, y no te importa usar un gamepad para jugar, hay aplicaciones que podrías instalar en tu móvil o en tu Smart TV para comenzar a jugar de inmediato. Es tal la fiebre de lo retro, que incluso compañías como SEGA o Nintendo han relanzado juegos de los 80 y los 90 en plataformas actuales (Nintendo Switch y móviles), por lo que acceder a ellos es ahora más fácil que nunca. Nintendo, por ejemplo, incluye una gran lista de juegos míticos de consolas como Super Nintendo, GameCube o Nintendo 64 a través de su servicio Nintendo Switch Online y el extra Expansion Pack.
Pero si lo que buscas es volver a sentir el tacto del joystick, el golpeo de los botones y esa inconfundible necesidad de introducir monedas para seguir con la partida, lo que necesitas es una cabina arcade para volver a vivir esas experiencias. Aquí tienes dos opciones: o te compras una cabina prefabricada en Amazon o te la montas por tu cuenta, algo que te permitirá ahorrar muchísimo y con lo que conseguirás la mayor personalización posible.
En mi caso, con ayuda de Photoshop, diseñé un plano a escala con la forma que deseaba tener, buscando ocupar el menor espacio posible en lo que a profundidad se refiere, calculando que la inclinación del monitor que iba a colocar determinara la profundidad total del mueble. También tuve en cuenta la altura de los controles, para que pudiera jugar tanto de pie como sentado en un taburete, así como la colocación de una puerta en la zona inferior que me sirviera de almacenaje extra. Aquí no se desperdicia ningún centímetro.
Lo sé: podría haber optado por la opción de la cabina prefabricada. En Amazon, de hecho, las hay por poco más de 150 euros, pero estos modelos no dejan de ser cabinas de sobremesa, y el tamaño está pensado para monitores de 19 pulgadas. A medida que vas aumentando las dimensiones, el precio crece y el presupuesto igualmente se resiente. Por ello, preferí hacerlo por mi cuenta.
Los controles: cada euro cuenta
Si algo he aprendido con los controles, es que cada euro cuenta. Un accesorio que va a soportar golpes constantes y movimientos bruscos debe tener una calidad mínima de construcción, y eso no lo vas a encontrar en los modelos económicos. Es fácil dar con packs de joysticks y botones a precio muy tentador, pero mi recomendación es que los evites, ya que el tacto no será para nada comparable a una máquina recreativa de calidad. En este sentido, los componentes de Industrias Lorenzo, por ejemplo, tienen muy buena calidad y a muy buen precio, siendo una opción muy recomendable para empezar.
Como siempre, hay etiquetas de todo tipo, pudiendo comprar un simple joystick por 50 euros, pero para empezar y garantizar un excelente rendimiento, puedes optar por modelos comprendidos entre los 20 y los 30 euros. Lo mismo ocurre con los botones o switches, teniendo de nuevo como opción recomendada a Industrias Lorenzo, y pudiendo subir el nivel con modelos de MX Cherry o Sanwa.
Con la idea de visualizar el esquema de botones y situarlos en tamaño real, diseñé otro boceto a escala con el que poder colocar de manera centrada y ajustada los controles necesarios para dos jugadores. Decidí usar un esquema de 6 botones para no tener problema con las muchísimas plataformas disponibles, añadiendo 4 botones más extras designados para los botones Start e Insertar moneda de cada jugador. Para rizar aún más el rizo, incluí un trackball en la parte central para poder jugar a juegos que usen este tipo de controlador (los juegos de bolos son los favoritos de mis hijos precisamente gracias a este elemento), además de que me serviría para jugar a viejas aventuras clásicas como las de LucasArts.
Una pantalla demasiado digital
Llegamos al que probablemente es el punto más polémico de este tipo de construcciones caseras: la pantalla. Los auténticos puristas de los videojuegos retro (aquellos con grandes -o pequeñas- colecciones de juegos) lo tienen claro. No hay nada como jugar en un monitor CRT (de esos de tubo). Y, técnicamente, tienen toda la razón del mundo. Cuando los programadores de los videojuegos diseñaron los gráficos, todo giraba en torno a cómo funcionaban los monitores de entonces. No voy a entrar en detalles porque la explicación es muy técnica y compleja, pero sí, es cierto que los juegos antiguos se ven mejor en pantallas CRT que en monitores planos modernos.
Y con ver mejor no me refiero a tener más brillo, contraste y mejor definición. Es la manera en la que se interpretan los píxeles, pequeños puntos evidentes y diferenciables hoy en día, pero que antiguamente se representaban de manera distinta. Ambas opciones son válidas, y como en esta ocasión buscamos un tamaño compacto y mayor versatilidad, no nos queda otra que optar por pantallas modernas.
En mi caso, comencé colocando un monitor de 22 pulgadas que tenía guardado en el trastero, pero años más tarde acabé sustituyéndolo por una tele de 32 pulgadas que encontré a muy buen precio en Wallapop. La pantalla acabó ocupando casi la totalidad de la anchura de la cabina y el resultado me gustó aún más.
Debes tener en cuenta que de todas formas también existen soluciones por software que ayudan a hacer que la imagen parezca una pantalla retro, logrando efectos realmente increíbles y que, sin duda, dan el pego para lograr una experiencia de máquina arcade mucho más real.
El cerebro de la bestia
Con la cabina, los controles y la pantalla, solo nos queda el elemento más importante de todos. Se trata obviamente de la electrónica que se encargará de manejar todos los juegos y programas, y de nuevo, aquí hay opciones para todos los bolsillos. Mi recreativa comenzó funcionando con una simple Raspberry Pi. El pequeño ordenador de desarrollo cuenta con una distribución especialmente pensada para jugar a juegos (RetroPie), y es tan sencilla de instalar y de configurar, que sólo requiere unos 20 minutos para completar todo el proceso.
Esa es la opción más fácil, barata y cómoda de montar una recreativa o una estación de juegos, pero luego está la completa y la de alto rendimiento, y en ese caso necesitaremos un ordenador. Aquí podrás usar prácticamente cualquier modelo, pero a medida que vayas mejorando detalles como el procesador, la memoria RAM y la gráfica, podrás optar por plataformas más modernas.
Debajo de los controladores de mi recreativa se esconde concretamente un mini PC de GEEKOM, el cual se encarga de arrancar automáticamente cuando pulso el botón de encendido de la recreativa. Windows como tal no nos servirá para manejar los juegos, y es ahí donde entra en escena Launchbox, un gestor de contenidos que se encarga de escanear todos tus directorios en busca de juegos, para catalogarlos, descargar información relacionada, carátulas y organizarlos para que puedas jugar a todos ellos simplemente seleccionándolos.
Launchbox incluye un modo llamado Big Box, el cual muestra una interfaz a pantalla completa que invita a manejarse con los controles de una máquina recreativa. Este es el verdadero detalle que cambia la experiencia por completo, ya que el usuario tiene delante de él un carrusel animado con música de fondo, carátulas que se mueven y hasta vídeos de presentación con los que poder ver el juego en acción antes de ejecutarlo. Es una pasada, ya que te teletransporta a ese momento de tu niñez, ahora con todo un catálogo por explorar.
El último detalle a tener en cuenta es el de conectar los botones y los joystick al PC (o a la Raspberry Pi), y tras mucho investigar, la opción que mejor me convenció fue la de usar una placa llamada I-Pac 2, una controladora USB con muchos pines donde conectarás todos los contactos de los joysticks y los botones de acción y que traducirá todos esos impulsos en teclas de teclado, de manera que sólo tengamos que mapear las teclas en los juegos para que respondan a los movimientos y clicks en tu panel de mandos.
De nuevo, otra opción es la de comprar algo ya fabricado, y en ese caso me resulta imposible evitar pensar en el Arcade Stick de 8bitDo, una compañía de periféricos y mandos de control que tiene este bonito controlador arcade compatible con Switch y con Windows.
Una manualidad para disfrutar
Ni qué decir tiene que todo esto se sostiene en una construcción en la que también tuve que emplear materiales de carpintería y pintura. Para ello solo tendrás que ir a tu tienda de bricolaje de confianza y hacerte con los paneles necesarios según las medidas que hayas ideado para tu máquina. En mi caso compré tableros de DM que pedí cortar a máquina siguiendo mis planos en la tienda y, aunque suelo liarme la manta a la cabeza y pintar mis propias manualidades, también encargué su pintura a un profesional, para que lo dejara lacado en blanco con lo que conseguiría un acabado mucho más fino y robusto. El montaje del puzzle sí cayó en mis manos.
Y así fue cómo pasé de tener un pequeño gran sueño cuando era niño a convertirlo en una realidad de adulto. De primeras, como decía, puede sonar abrumador, pero si tienes claro los pasos a seguir, solo es ponerle ganas y tener un poco de maña para el proceso de construcción.
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De pequeño soñaba con pasar horas y horas jugando en muchas de las máquinas recreativas presentes en algunos locales, donde juegos como Tetris, Snow Bros o Caveman Ninja llamaban mi atención con sus colores, animaciones y efectos de sonido. Sin embargo, tenía unos abuelos a los que no les hacía demasiada gracia eso de dejar a un niño pegado a unas maquinitas de bar -y con razón-, así que mi relación con ellas fue un amor imposible que duró años.