Ni cancelación de ruido ni transparencia: 15 días con los mejores auriculares para trabajar
Sony renueva sus auriculares in ear estrella. Además de la receta clásica de mejor noise cancelling y mejor manos libres, trae una sorpresa que agradará a los que recurren a la música para concentrarse
Hay algo de chiste en gastarse más de 300 euros en unos auriculares para que la música suene… menos protagonista. Eso fue exactamente lo que me ocurrió hace unas semanas. Me senté frente al ordenador. En la lista de tareas pendientes, un reportaje bastante extenso. A eso hay que sumarle que uno había pasado una mala noche y estaba un tanto espeso. En esa situación, el ambiente de una redacción, que tan bien sienta en otras ocasiones, puede convertirse en una losa demasiado pesada. La elección está clara: convivir con las charletas de pasillo, los chascarrillos y comentarios en voz sobre actualidad o enchufarse la música para crear una especie de burbuja. Una solución que no siempre es la idónea, porque tener muchas veces una canción y otra sonando en tu cabeza no es la mejor manera de lograr el zen para que las palabras broten fácilmente.
Cogí los auriculares que protagonizan esta review. Activé, cómo no, la cancelación de ruido. Pero encendí un ajuste adicional, uno que prometía relegar la música a un segundo plano. Ese modo no busca emoción ni un detalle quirúrgico. Busca que la música te ayude a concentrarte, pero que no se convierta en protagonista.
En ese momento no me di cuenta, pero mi playlist no se convirtió en el centro de mi cabeza, como en el transporte público o haciendo deporte. Seguía ahí, reconocible, con cierta textura y matices, pero desplazada hacia el fondo. Como si todo procediera de unos altavoces discretos en la otra esquina de la habitación. Calculo que durante dos o tres horas trabajé sin tocar el volumen ni cambiar de lista. Cuando levanté la vista, me di cuenta de que no recordaba lo que había sonado exactamente. Y, por raro que pueda sonar, era una buena sensación. Porque la música no había pedido atención, en ningún momento.
En el mercado, que nos lleva vendiendo graves, agudos, más escena y más espectacularidad, esta renuncia al primer plano resulta, cuanto menos, original. La innovación quizá no siempre sea añadir, sino restar. En las jornadas complicadas, como la descrita al principio, es de agradecer que la música se convierta en una capa invisible antes de que acabes con el cerebro frito.
Sony refina su fórmula
Este modo de escucha, que deja elegir entre el ambiente de una cafetería, de tu habitación o del salón, ha sido idea de Sony. Es la novedad más peculiar de los nuevos WF-1000XM6 de Sony. Los pilares son los típicos de unos auriculares de gama alta que aspiran a conquistar el mercado y el bolsillo de muchos, porque hay que dejarse 300 euros para hacerse con ellos. Nueva generación: es nuevo driver y mejor cancelación. También mejor sonido y mejor desempeño como manos libres. La diferencia en este caso es que el refinamiento técnico convive con esa función que altera la experiencia cuando la usas. A mejor.
Tanto que, como he dejado caer, estos ‘cascos’ son los que más me han gustado usar para trabajar. En esto influye también el mejor desempeño como manos libres. Los WF-1000XM6 tienen más micrófonos en cada auricular. En la oficina la voz se mantiene clara y puedo ir pasando del móvil al ordenador fácilmente gracias al multipunto. En lo que se refiere al metro o ambientes ruidosos, que es donde estas funciones sufren, mi voz se mantiene clara. No es perfecto: en entornos muy ruidosos la voz se siente algo comprimida y pierde naturalidad, y, como siempre, la otra persona también depende de la cobertura y el dispositivo que use. Aun así, para llamadas cotidianas, videollamadas o charlas mientras paseo por la ciudad, funcionan de manera confiable. Son prácticos y eficaces, y eso, al final, es lo que importa en el día a día. Tanto para hablar como para mandar un audio por WhatsApp.
El sonido mejora y conviene decirlo sin rodeos. El perfil es más equilibrado que en la generación anterior, con graves presentes pero menos exuberantes, medios muy claros y unos agudos que aportan aire sin volverse incisivos. La separación instrumental es más precisa y la escena gana un punto de profundidad. Son avances reales que los audiofilos de oído fino saben señalar. El común de los mortales quizá no sepa a qué se deba, pero van a tener la percepción de que suenan bien. Muy bien. Los graves tienen cuerpo, los agudos son definidos, las voces y los instrumentos se respetan. Todo empasta bien. En resumen, todo lo que se le puede pedir a unos auriculares de gama alta. Tienes un ecualizador completísimo, pero estos Sony vienen bien calibrados de fábrica. Un prêt-à-porter, pero del audio.
Donde hay un paso adelante es en la cancelación de ruido. Antes de elogiar el avance de Sony, cabe decir que los principales contendientes en esta pelea (los AirPods Pro 4, los Pixel Buds Pro 2 o los tope de gama de Bose) rayan a un nivel altísimo. Pero los japoneses han conseguido una dosis extra de cancelación. La reducción de ese runrún en trenes, aviones o por una calle hasta las trancas de coches es excelente. Lo mismo con conversaciones cercanas. Un sí a Sony en este punto. Al igual que al modo transparencia, ideal para sentirte conectado sin tener que recurrir a los auriculares abiertos que sacrifican experiencia de sonido. Es más natural, menos artificial. La voz no suena procesada. Es algo que suma a diario, aunque no sea el mejor titular.
La antena de los WF-1000XM6 es 1,5 veces más grande que la de los XM5, y se nota: la conexión Bluetooth es más estable incluso en entornos saturados o con interferencias. Esto ayuda mucho al multipunto, permitiendo usar el móvil y el ordenador al mismo tiempo sin cortes, y saca partido a códecs como LDAC para Android o LC3 para baja latencia en juegos y vídeo. No es infalible en situaciones extremas, pero en la práctica la señal se mantiene firme, con menos interrupciones y un rango interior cómodo de 10-15 metros.
Un nuevo aspecto
En cuanto al diseño, noto que los WF-1000XM6 se sienten más ligeros y menos invasivos que los XM5; se ajustan mejor al pabellón y no sobresalen tanto, lo que los hace cómodos incluso tras horas de uso. Además, la silueta más alargada sigue las curvas de la oreja y reparte mejor el peso, así que rara vez siento presión en la parte externa. Eso sí, no son para todos. Por motivos obvios. Haciendo deporte sí que agradecería un ajuste extra, porque al hacer cosas con mucho impacto, alguna vez lo he sentido algo flojo.
La autonomía es competitiva y suficiente para cubrir una jornada completa con cancelación activada. 8 horas con cancelación de ruido con una sola carga. 24 si se le suma la gasolina del estuche. No rompe récords, pero tampoco se queda corta en la mayoría de escenarios.
El estuche puede resultar algo voluminoso. En un mercado que presume de minimalismo casi obsesivo, podría verse como un defecto. En mi caso ha sido una ventaja inesperada. Más de una vez me he vuelto literalmente loco rebuscando en los bolsillos de una chaqueta porque no notaba el estuche de otros modelos, demasiado planos o ligeros. Con este no hay duda. Se deja sentir en la mochila y aparece a la primera. A veces, un poco más de tamaño evita bastantes minutos de frustración.
El precio de lanzamiento es alto y la mejora frente a la generación anterior no obliga a actualizar si ya se tienen los XM5. Pero como compra nueva en la gama alta, el conjunto es difícil de discutir. No solo porque suenen mejor o porque su cancelación marque el ritmo del segmento, sino porque han entendido algo que muchos pasan por alto. En 2026 ya no necesito que unos auriculares me impresionen. Necesito que me dejen trabajar. Y en eso, estos Sony son incómodamente buenos.
Si buscamos alternativas, los Huawei FreeBuds Pro 4 llaman la atención por su sonido ultra detallado y una ANC adaptable muy efectiva, sobre todo en graves y viento. Son cómodos y ligeros, y la batería aguanta jornadas largas. El problema es que fuera del ecosistema Huawei la app se vuelve un laberinto y la cancelación de ruido y transparencia no tratan las voces con tanta naturalidad como los Sony. Lo mejor, que ahora están a un precio realmente goloso.
Los AirPods Pro 3 funcionan como un reloj dentro de iOS: integración perfecta, spatial audio y ANC sólido. Son cómodos y ligeros, pero fuera de eso te quedas atrapado en AAC, sin ecualización real, con graves suaves y un sonido menos personalizable; impresionar fuera del ecosistema Apple es complicado.
Los Bose QuietComfort Ultra son, después de los Sony de este artículo, prácticamente imbatibles en ANC y ofrecen un sonido inmersivo que funciona de maravilla durante horas. El problema es que vienen con un perfil bass-heavy de serie que hay que domesticar con EQ, y el estuche enorme recuerda que la portabilidad tiene sus límites; además, carecen de LE Audio y LC3.
Los Sennheiser Momentum True Wireless 4 ofrecen un sonido de auténtico audiófilo y transparencia muy natural, con buena app y personalización. Pero son voluminosos, menos discretos, su ANC no alcanza a Sony o Bose en ruido constante, y la app puede intimidar a cualquiera que solo quiera conectar y escuchar.
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Hay algo de chiste en gastarse más de 300 euros en unos auriculares para que la música suene… menos protagonista. Eso fue exactamente lo que me ocurrió hace unas semanas. Me senté frente al ordenador. En la lista de tareas pendientes, un reportaje bastante extenso. A eso hay que sumarle que uno había pasado una mala noche y estaba un tanto espeso. En esa situación, el ambiente de una redacción, que tan bien sienta en otras ocasiones, puede convertirse en una losa demasiado pesada. La elección está clara: convivir con las charletas de pasillo, los chascarrillos y comentarios en voz sobre actualidad o enchufarse la música para crear una especie de burbuja. Una solución que no siempre es la idónea, porque tener muchas veces una canción y otra sonando en tu cabeza no es la mejor manera de lograr el zen para que las palabras broten fácilmente.