Así es el 'uber target': pida su ataque con drones como un taxi, gane puntos como en un videojuego
Una red digital ucraniana asigna ataques con drones como pedidos bajo demanda y reparte recursos según un 'ranking' de eficacia. Un sistema que también hace estragos psicológicos entre los jóvenes operadores
Soldado con un dron en las trincheras ucranianas. (EFE)
La guerra de Ucrania puede que se haya convertido en un conflicto estático, pero sigue siendo de alta intensidad y continúa reescribiendo con cada evolución los manuales de guerra. No solo por la velocidad de las mejoras tecnológicas de los sistemas de armas, sino también por la acelerada digitalización de todos los procesos. Pedir ataques con drones o fuego de artillería como si fuera un Uber y distribuir recursos entre los combatientes como si se tratara de un videojuego es ya parte del paisaje del conflicto. ¿Intrigados? Lo explicamos con dos situaciones cotidianas.
1) Imagínense que se encuentran en una gran ciudad y necesitan un taxi. No ve ninguno libre en la calle, por lo que abre una aplicación para taxi o VTC en su teléfono. Seleccionan su destino y hacen la petición. El sistema busca un conductor cercano y, en unos instantes, le manda el aviso de cuántos minutos calcula que tardará el coche. Siguiente situación. 2) Ahora, están jugando con un videojuego de estrategia o de acción en primera persona. Tienen armas, hay enemigos y tienen misiones que cumplir. Van pasando etapas y, en función de los enemigos que eliminen y de los objetivos cumplidos, van recibiendo puntos. Con esos puntos pueden comprar más recursos y mejores armas.
Estas dos situaciones son ahora normales en el funcionamiento de la guerra en Ucrania. Allí lo llaman Uber Target. La diferencia es que, en lugar del taxi, lo que le llega (al enemigo) es un ataque con drones o artillería y, en lugar de ser enemigos virtuales, los blancos mueren y los objetivos estallan en llamas. Sin embargo, la filosofía de la acción es la misma. Incluso los equipos de drones reciben puntos según su desempeño.
La app para encargar un ataque
¿Cómo funciona Uber Target? Es tan lógico y sencillo como aterrador. Mediante los diferentes canales por los que le llega información al mando de zona (luego lo veremos), se designa un objetivo a eliminar y se lanza la petición de ataque con la posición y características del blanco. Dicha petición la reciben multitud de equipos que están conectados a una malla de comunicaciones con el mando.
Los diferentes equipos reciben la misma petición y los especialistas de cada grupo analizan el objetivo, posición, distancia, tipo y material necesario para atacar. Si entra dentro de su alcance, el ataque es viable y disponen del material (los drones) adecuado, aceptan la misión. El mando hace una pequeña evaluación y, en su caso, da luz verde, tras lo cual el ataque se lleva a cabo. Hasta aquí digamos que se completa la fase de "pedir el taxi".
Equipo de drones ucraniano operando desde su búnker cerca del frente. (Reuters)
Ahora viene la parte del "videojuego". Realizado el ataque, el mando evalúa el resultado y lo puntúa, recibiendo el equipo una serie de "créditos" según su desempeño. Esto, lo mismo que en el videojuego, genera una clasificación de equipos donde el más eficaz en sus ataques es el que más puntuación alcanza.
Una espiral de eficacia
Ahora viene lo más llamativo. El escalafón no es solo a efectos de moral o de condecoraciones, tiene un sentido mucho más práctico. En la guerra, los recursos son muy limitados, de tal manera que la solicitud de recambios, personal, materiales y armas supera siempre la disponibilidad real de estos. El mando recibe peticiones de cada equipo, pero controla el arsenal y disponibilidad de recursos. Ya lo habrán adivinado: a la hora de repartir, tienen prioridad aquellos equipos mejor colocados en el ranking. Estos reciben los mejores medios, más recambios, nuevos tipos de drones y los nuevos operadores mejor calificados, lo que hace que su desempeño aumente y consigan mejores resultados, entrando en una espiral de eficacia.
Esta puntuación también tiene otra utilidad importante. Si hay varios equipos de drones que responden a la misma petición de ataque, el mando lo tiene fácil y se la asigna al equipo mejor posicionado o al que consideran idóneo según el tipo de misión, lo que alimenta aún más la espiral de eficacia.
Este método tiene sentido por la propia composición de los equipos y la doctrina creada por Ucrania para el empleo de drones pequeños. Una alternativa podía haber sido centralizar el diseño y desarrollo de drones, enviando los modelos ya finalizados a los propios operadores. En lugar de eso han descentralizado todo. Cada equipo dispone no solo de sus operadores (gente muy joven, muchos rayando la adolescencia) sino también de mecánicos, programadores, desarrolladores, armeros, etc. Disponen de su propio taller y allí, sobre el terreno, hacen todo tipo de pruebas. Cambian partes, prueban nuevas piezas, adaptan explosivos diferentes, etc.
Imagen muy gráfica de la magnitud que ha tomado el empleo de drones en Ucrania. (Reuters)
La desventaja es que es casi imposible lograr una estandarización, pero dada la velocidad a la que están sucediendo allí los acontecimientos, el individualismo es virtud. No obstante, es obvio que las cosas que funcionan, las tácticas y técnicas que dan resultado se comparten entre la comunidad de equipos. La velocidad de evolución es tal que si un ataque falla por la mañana porque los rusos han conseguido, por ejemplo, realizar interferencias, se pondrán a trabajar en el taller cambiando frecuencias o algoritmos y, al día siguiente e incluso esa misma tarde, podrán hacer otro ataque y evaluar las modificaciones.
Puede que la forma sea novedosa, pero no el fondo. Siempre las unidades de élite han recibido el mejor material y los mejores reemplazos. Por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial, las divisiones Panzer de las SS alemanas tenían a su disposición los últimos modelos de carro de combate y los mejores soldados. Lo mismo que hoy las divisiones de la guardia, las unidades de élite rusas se dotan con carros de combate T-80, T-90 o, como mínimo, con los T-72 de últimas versiones. La diferencia es que antes se hacía de una forma intuitiva y discrecional, y los ucranianos lo han sistematizado, adaptándolo a dos factores críticos: las nuevas tecnologías y la edad de los operadores.
Este método funciona y obtiene resultados tangibles. Los equipos más eficaces (líderes de la tabla) con operadores experimentados, buenos talleres, recibiendo repuestos y optimizando sus drones, pueden llegar a alcanzar unas tasas de éxitodel 70-80% en sus ataques. Los de nivel medio rondan el 40-50% y los novatos, con poca experiencia o equipos recién formados, apenas alcanzan un 20%, con resultados muy a menudo caóticos.
Operadores ucranianos sobre el terreno. (Armyinfo)
Otras cifras (de origen ucraniano, Euromaidan Press) hablan de que solo en 2025 se produjeron 820.000 ataques con impacto, produciendo 240.000 bajas confirmadas. El equipo que se encuentra en lo más alto de la tabla (Birds of Magyar oPájaros Magiares) realizó en un solo mes más de 11.000 misiones, alcanzando más de 5.000 objetivos.
Aquí, sin embargo, hay que hacer varios matices importantísimos. El primero es que siempre las cifras de un bando se deben tomar con cautela, porque es muy probable que sean demasiado "optimistas". El segundo es que un dron que impacta en un objetivo, pongamos un carro de combate, no significa ni mucho menos que el vehículo esté destruido. Los impactos cuentan, pero la ecuación –que muchos dan por buena– de "un dron=un carro destruido", no es cierta. El tercer matiz es que en los vídeos que vemos de drones impactando y luego, de lejos, el blindado ardiendo, solo vemos lo que ellos quieren que veamos. Casi nunca se muestra cómo ha sido el ataque completo ni en qué circunstancias se ha producido.
DELTA: el verdadero cerebro
El verdadero artífice del Uber Target está lejos de las trincheras y los equipos de operadores. Esta operativa se basa en un sistema de Mando y Control (C2) denominado DELTA. Es lo que se denomina Battle Management Systems o Sistema de Mando y Control y es similar al de otros países, como el JADC2 estadounidense e incluso el BMS Lince español (muy bien considerado, por cierto).
DELTA, en términos sencillos, es unaplataforma digital donde se integran funciones de mando, control y conciencia situacional. Es decir, analiza información de múltiples fuentes de tal manera que se presenta en forma de mapa con todos esos datos digeridos. Eso permite que cualquier unidad sobre el terreno "inserte" una amenaza o unidad enemiga y que los órganos decisores tengan control sobre lo que ocurre en el campo de batalla e implementen instrucciones de mando de forma acorde.
Ejemplo de presentación de un sistema C2. (General Dynamics)
La particularidad de DELTA, o sus ventajas, son su gran funcionalidad, su facilidad para interoperar con otros sistemas y la versatilidad de que toda esa información esté accesible a niveles inferiores (equipos tácticos y operativos) desde un sencillo ordenador, una tablet e incluso un teléfono móvil. Con ese entramado, todos los objetivos enemigos localizados aparecen reflejados, así como información de la posición, capacidades y disponibilidad de los activos propios. DELTA está funcionando muy bien y ha hecho que otros países hayan tomado nota y lo estén probando.
Colaterales psicológicos
Hasta ahora hemos explicado la parte innovadora y eficaz. Ambas cualidades ciertas. Sin embargo, el sistema también se está cobrando sus bajas psicológicas en los equipos ucranianos, sobre todo de los operadores de drones, donde se están produciendo muchas bajas por depresión. El problema tiene que ver con la edad y con esta forma de ver la guerra como si se tratara de un videojuego. Ellos viven la guerra y la muerte desde la (siempre) relativa comodidad de un refugio lejos del frente. Hacen su misión en la que combaten a distancia y observan, como en una película, la destrucción que causan sus acciones. Y eso les afecta psicológicamente de forma severa.
Los equipos ucranianos de drones modifican y prueban sus drones en el momento. (Reuters)
Tampoco es un problema nuevo. Los norteamericanos ya lo sufrieron con los operadores de drones en conflictos como Irak o Afganistán. Al principio, estos operadores controlaban los Reaper o Predator desde sus bases en territorio norteamericano. Cumplían su horario de trabajo, eran relevados por otro equipo y se iban a su casa. Pero empezaron a tener problemas. No eran capaces de desconectar tras haber dejado una misión en la que habían lanzado un misil provocando bajas y estar esa misma noche cenando con su familia, pensando que al día siguiente iba a ser lo mismo.
Los norteamericanos encontraron una buena solución a este problema. En lugar de hacer turnos de trabajo hicieron que los equipos pasaran períodos en los que estaban encerrados en su base durante una semana, por ejemplo, tras la cual disfrutaban de permiso. Esto les hacía centrarse en las misiones y los problemas se atenuaron. No sabemos qué solución buscarán los ucranianos, pero estas son las consecuencias de una guerra moderna completamente deshumanizada, donde se combate a distancia, pero en la que el soldado ve los trágicos resultados de sus acciones.
La guerra de Ucrania puede que se haya convertido en un conflicto estático, pero sigue siendo de alta intensidad y continúa reescribiendo con cada evolución los manuales de guerra. No solo por la velocidad de las mejoras tecnológicas de los sistemas de armas, sino también por la acelerada digitalización de todos los procesos. Pedir ataques con drones o fuego de artillería como si fuera un Uber y distribuir recursos entre los combatientes como si se tratara de un videojuego es ya parte del paisaje del conflicto. ¿Intrigados? Lo explicamos con dos situaciones cotidianas.