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Pensé que estos auriculares eran una moda pasajera. Estaba completamente equivocado
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Pensé que estos auriculares eran una moda pasajera. Estaba completamente equivocado

Los auriculares abiertos son esos que te conectan con los que te rodean sin artificios ni modos transparencia. Idóneos para los que odian los que se meten en las orejas, los FreeClip 2 de Huawei son un paso adelante en el formato

Foto: Los FreeClip 2 de Huawei.
Los FreeClip 2 de Huawei.

Uno de los productos de los que más se viene hablando en los últimos años son los auriculares abiertos. Esos que no se introducen dentro de la oreja, sino que se ‘enganchan’ sobre ella y proyectan el sonido. Una de las ventajas que venden los fabricantes que han apostado por este formato es el de estar conectado con lo que te rodea. Algo que, en mi caso, estaba más que cubierto por el modo transparencia que ofrecen los auriculares inalámbricos, tanto in ear como de diadema, con cancelación de ruido. Por eso, siempre los he recibido con cierto escepticismo y pensé que iban a ser una moda pasajera. Pero para mi sorpresa el formato ha llegado para quedarse.

El modelo que me ha convencido de ello son los FreeClip 2 de Huawei, lanzados hace unas semanas en China y que han llegado en enero a España. Han supuesto un paso adelante en las características y el desempeño de los auriculares abiertos. Los he estado probando intensamente durante varias semanas antes de su lanzamiento en España para conocer lo mejor y lo peor de este dispositivo. Pero, sobre todo, los hemos puesto a prueba para saber si encaja con lo que buscas o no.

Un paso adelante
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FreeClip 2 de Huawei
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Mi primer contacto con los FreeClip 2 se puede decir que fue casi desconcertante. No porque sonasen mal, de eso ya hablaremos luego, sino porque literalmente a los pocos minutos me olvidé por completo de que los llevaba puestos. El diseño tipo pendiente, refinado respecto a la primera generación, consigue algo que parece imposible con los auriculares tradicionales.

No molestan. No aprietan. No pesan. No generan fatiga. Es una especie de carta a los Reyes Magos para los que utilizamos cascos sin cable durante muchas horas al día. Son tan ligeros y logran tal invisibilidad que, en más de una ocasión, he ido a sacarlos de su estuche y... los tenía ya en las orejas. Tras horas de uso continuo, no hay esa sensación de “quítatelos ya” tan habitual incluso en auriculares caros. Aquí Huawei ha entendido que, si vas a vender comodidad como argumento principal, no puedes permitirte medias tintas.

La sujeción es otro de esos detalles que solo valoras cuando sales a la calle o te pones a correr. Los FreeClip 2 se quedan donde tienen que quedarse. Da igual si caminas rápido, subes escaleras o entrenas con sudor de por medio, no hay microajustes constantes ni esa inseguridad de que vayan a salir disparados al primer movimiento brusco. La certificación IP57 no está ahí por marketing, se nota que están pensados para un uso real, diario y de todo tipo.

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Foto: M. McLoughlin.

Ahora bien, hablemos del sonido, que es donde normalmente se desmorona este formato. Aquí es donde más me han sorprendido. No, no suenan como unos in ear con buen sellado ni como unos over ear cerrados. Pretender eso sería no entender el producto. Compararlo sería como comparar una carpa con una sardina. Pero dentro de las limitaciones físicas de un open ear, el salto es evidente.

Los graves se empiezan a dejar notar, con un cuerpo mayor del que esperaba. No es exagerado, pero ayuda a romper el perfil extremadamente plano del que pueden pecar otros competidores. Las voces están bien definidas y el volumen máximo es más que suficiente para que el ruido ambiente del metro, de la ciudad o de tus compañeros chillones de oficina no opaquen hasta el extremo la música. No es un sonido plano ni anémico; es un sonido trabajado, con intención técnica detrás.

Parte de la culpa la tiene el nuevo sistema de doble membrana y la gestión de ondas sonoras inversas, que dirige mejor el audio al oído y reduce fugas. No hace milagros, pero sí optimiza lo que hay. Escuchando podcasts o música a volumen medio, la experiencia es sorprendentemente sólida. Eso sí, en entornos muy ruidosos sigues pagando el peaje del formato. Si pasa un autobús al lado, lo oyes. Y eso no es un defecto, es el concepto. Donde los FreeClip 2 juegan en otra liga es en las llamadas. Aquí sí que marcan la diferencia. Los tres micrófonos y el procesamiento con IA hacen un trabajo excelente aislando la voz. He tenido conversaciones largas caminando en exteriores y no he tenido en ningún momento que elevar la voz.

Para quien trabaja mucho con llamadas, videoconferencias o simplemente odia que le digan “no se te oye”, este punto por sí solo justifica parte del precio. Es más, yo creo que uno de los grandes públicos de este formato no son los que busquen una experiencia sonora puntera, sino gente que en su día a día recibe y hace muchas llamadas pero no quieren que eso suponga no estar al quite de lo que ocurre a su alrededor (o simplemente no quieren estar poniéndose y quitándose los auriculares todo el rato).

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Foto: M. Mc.

Hay muchos otros detalles de esos que no ocupan titulares, pero que se acaban convirtiendo en microlujos que pasan desapercibidos, que redondean mucho la experiencia diaria. Por ejemplo, que no haga falta andar buscando la L y la R para saber en qué oreja pongo cada auricular. Tiene detección automática y funciona perfectamente. El volumen adaptativo también funciona de forma bastante fina. No se producen los saltos de volumen que sí he percibido en otras marcas y realmente se ajusta, o esa sensación me queda, al nivel de ruido del que te rodea.

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Foto: M. Mc.

En cuanto a los gestos, hay luces y sombras. El deslizamiento para subir o bajar volumen en la superficie del auricular me parece un acierto claro, intuitivo y práctico. Otros gestos algo más experimentales, como ciertos movimientos de cabeza, no siempre responden como uno espera. Pero si obvias esas ocasiones puntuales y te acostumbras, son realmente útiles. No es algo dramático, pero sí mejorable, sobre todo en un producto que apuesta tanto por la interacción sin tocar el móvil.

La autonomía cumple sin alardes. No he tenido ansiedad de batería en ningún momento. Con el estuche, más compacto y mejor diseñado que antes, se cubre sin problema una jornada completa de uso mixto. No es un récord, pero es coherente con el tipo de auricular que son, siempre puestos y siempre disponibles.

¿El mayor problema? Que no son para todo el mundo. Si buscas aislamiento total, inmersión absoluta o usarlos en aviones y metros especialmente ruidosos, este no es tu producto. Tampoco ayudan unos casi 200 euros de precio, que obligan a tener muy claro el uso que les vas a dar. Pero si priorizas comodidad extrema, llamadas de calidad, deporte y escuchar audio sin desconectarte del mundo, los FreeClip 2 no solo tienen sentido: son de lo más convincente que he probado en este formato.

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Uno de los productos de los que más se viene hablando en los últimos años son los auriculares abiertos. Esos que no se introducen dentro de la oreja, sino que se ‘enganchan’ sobre ella y proyectan el sonido. Una de las ventajas que venden los fabricantes que han apostado por este formato es el de estar conectado con lo que te rodea. Algo que, en mi caso, estaba más que cubierto por el modo transparencia que ofrecen los auriculares inalámbricos, tanto in ear como de diadema, con cancelación de ruido. Por eso, siempre los he recibido con cierto escepticismo y pensé que iban a ser una moda pasajera. Pero para mi sorpresa el formato ha llegado para quedarse.

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