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El pendulazo conservador ha llegado al móvil de tu hijo: este filósofo cree que es un error
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Entrevista a César Rendueles

El pendulazo conservador ha llegado al móvil de tu hijo: este filósofo cree que es un error

Tras señalar hace una década los riesgos del ciberoptimismo, el ensayista vuelve al lugar del crimen para alertar del bandazo exagerado hacia el catastrofismo digital

Foto: El filósofo César Rendueles. (Enrique Villarino)
El filósofo César Rendueles. (Enrique Villarino)
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¿Se tomaría alguien en serio a Chiquito de la Calzada si, antes de morir, hubiera hecho una campaña salvaje contra los chistes absurdos?

Todos tenemos derecho a cambiar de opinión, nadie está libre de contradicciones y la coherencia está sobrevalorada. De acuerdo. Pero hay bandazos y bandazos. ¿Hay espectáculo más desconcertante que una sociedad machacando lo mismo que antes elogió con la furia del converso?

En 2013, el filósofo y escritor César Rendueles publicó un ensayo -Sociofobia- alertando de los riesgos del ciberoptimismo. Como la fascinación con Silicon Valley y sus cacharritos seguía vigente, e internet brillaba todavía como herramienta emancipadora, algunos acusaron a Rendueles de aguafiestas. Quizá los mismos que ahora anuncian que el apocalipsis digital va a llegar, que los profetas de Silicon Valley nos engañaron con sus ropajes informales y que las redes sociales son un sumidero. No es tanto que estas personas no tengan ahora parte de razón, como que uno no puede pasar de golpe de la apología al odio digital sin pagar un peaje, explica Rendueles en su nuevo libro, Redes vacías (Cuadernos Anagrama), un regreso al lugar del crimen en el que tanto el ciberoptimismo como el catastrofismo digital reciben lo suyo. Hablamos con César Rendueles, investigador en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, sobre móviles, redes sociales y las patologías de Elon Musk.

"¿Te preocupa que tus alumnos usen IA? No les pongas deberes que una máquina haría mejor"

PREGUNTA. Del ciberoptimismo al catastrofismo digital. ¿Por qué nos cuesta tanto tener una relación normal con la tecnología?

RESPUESTA. Hemos rodeado la tecnología digital de sentimientos muy intensos de esperanza o miedo que no tienen nada que ver con sus capacidades reales. Piensa, por comparación, en los avances en las energías renovables. El aprovechamiento directo de la energía solar mediante energías renovables es tres veces más eficiente que la quema de combustibles fósiles y permite acceder a muchísima más energía. Es un salto tecnológico increíble que puede alterar completamente nuestros sistemas productivos y las relaciones geopolíticas. Pero apenas hablamos de ello porque los paneles solares nos parecen cacharros grandes, tontos y feos. Con la tecnología digital pasa lo contrario. Cada novedad, por simplona que sea, recibe una atención desmesurada y aviva nuestra imaginación. Aunque muchas veces no está nada claro cómo puede llegar a cambiar nuestras vidas o incluso si lo va a hacer en absoluto.

P. Hemos pasado de los vítores a la generación de pequeños nativos digitales a tirar el móvil de nuestros hijos al váter. ¿Qué pensarán los niños de estos bandazos?

R. Realmente, si uno lo intenta ver desde el punto de vista de un niño debe resultar desconcertante. Las mismas personas que se maravillaban de la capacidad de los críos para usar pantallas táctiles antes de aprender a hablar, que llenaron sus colegios de pizarras digitales y les obligaron a llevar relojes geolocalizados les dicen ahora que los vídeos tontos de TikTok son una especie de fentanilo. No quiero minimizar los problemas relacionados con las redes sociales, que son reales. Pero a veces oigo a gente hablar del riesgo de "las pantallas" para sus hijos como si ellos mismos no hubieran crecido con televisión y videojuegos a cholón, con tres y cuatro televisores en cada casa. A lo mejor deberíamos pensar que si el tecnoutopismo de principios de siglo no era muy razonable, el bandazo hacia el catastrofismo digital tampoco lo es.

P. Se acusa al móvil de problemas adolescentes -suspensos, salud mental, acoso escolar- que, señalas, no son precisamente nuevos. ¿Es el móvil un muñeco de paja que nos desvía del fondo de estos problemas?

"Prohibir las redes a los menores de 16 es asumir en tecnología el marco político reaccionario"

R. Es verdad que existen muchos estudios científicos que alertan de los efectos negativos de la tecnología digital en distintos contextos. Pero hay otros muchos expertos que nos dan una imagen más matizada de los efectos de la tecnología o que consideran que las investigaciones más alarmistas cometen errores graves. Lo que ocurre es que los resultados matizados no dan titulares ni se vuelven virales. Ningún medio de comunicación consideraría una noticia algo así: "Los móviles pueden mejorar o empeorar el rendimiento escolar. Todo depende de las técnicas pedagógicas que se usen, la tecnología empleada y el contexto social de estudiantes y profesores". Pero eso es más o menos lo que realmente sabemos de lo que hace la tecnología digital en las aulas.

Lo que ocurre es que, como la tecnología está ya presente en gran parte de nuestra vida cotidiana, tendemos a abordar nuestros problemas poniendo el foco en su dimensión digital. También solemos confundir el uso de la tecnología que hace alguna gente con problemas –ansiedad o depresión, por ejemplo– con la causa de esos problemas. Creo que la razón es que la tecnología es un elemento novedoso, llamativo, y fácilmente identificable que nos deslumbra y no nos deja ver un paisaje social más amplio. Por ejemplo, los estudios sobre la relación entre los móviles y el acoso escolar me parecen interesantes. Pero no deberían impedir que nos preguntemos por qué los colegios e institutos han sido siempre lugares tan propicios para el acoso, con móviles o sin ellos. ¿Qué clase de relaciones establecemos en esos lugares que hace que sea tan habitual el acoso? A los profesores nos preocupa que ahora sea tan fácil hacer los deberes o los trabajos con IA. A lo mejor es un buen momento para preguntarnos qué son los deberes o si sirven para algo. Y sobre eso sí que tenemos un montón de estudios fiables. Si no queremos que nuestros estudiantes usen IA, a lo mejor deberíamos empezar por no encargarles tareas repetitivas sin ninguna función pedagógica que una máquina puede hacer mejor que una persona.

P. ¿Qué papel juega el pánico moral en la movilfobia educativa?

R. El pánico moral es una herramienta política conservadora. Es una manera de hacer que la gente viva los problemas que afrontamos como sociedad con miedo, rencor y hostilidad en vez de con esperanza, solidaridad o creatividad. El pánico hace que busquemos refugio en la nostalgia del pasado o en figuras autoritarias. Nos vuelve apáticos y nos hace preferir soluciones reactivas.

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P. El Gobierno acaba de anunciar el proyecto de prohibir el uso de redes sociales a menores de 16 años. ¿Cómo lo ves?

R. Creo que significa asumir en tecnología el marco político reaccionario, eludiendo la regulación de los algoritmos privados o la soberanía digital, que son debates esenciales para el futuro de la democracia. En general, me parece bien reducir el tiempo de vida que regalamos a los cacharros digitales. Estoy convencido de que usar mejor la tecnología digital pasa por usar menos la tecnología digital. Pero en el cómo hagamos esa labor de decrecimiento nos lo jugamos todo. El pánico moral prohibicionista plantea un marco de relación con los jóvenes basado en la desconfianza de su capacidad para gestionar con madurez la tecnología. Lo que les decimos a los jóvenes es "no puedes con esto", "no tienes capacidad para intervenir aquí". Es una especie de punitivismo infantilizador. Deberíamos aspirar a que los jóvenes desarrollen perspectivas críticas en la medida de sus posibilidades y participen en la gobernanza tecnológica en la medida de sus posibilidades. Si nos parece algo tan lejano no es por las capacidades de los jóvenes o por la naturaleza diabólica de la tecnología. Se debe a nuestra propia impotencia, que proyectamos sobre ellos.

Porque la segunda consecuencia negativa del pánico moral es que desresponsabiliza a los adultos de transformar un entorno digital que hemos regalado a inmensos conglomerados empresariales que ahora nos lo devuelven convertido en una monstruosidad. Y todo lo que se nos ocurre es construir una especie habitación del pánico. Nos movemos en un marco de intervención tecnológica basado en la inacción, que simplemente aplaza o niega las tareas urgentes que deberíamos estar acometiendo, como desmantelar los monopolios digitales, desarrollar plataformas tecnológicas públicas, introducir regulaciones democráticas en Internet.

P. ¿Cómo le explicarías a un niño de cinco años qué clase de sujeto político es Elon Musk?

R. Intentaría recordar qué me decía mi madre cuando yo tenía cinco años sobre los yonquis que en los años ochenta atracaban a ancianas para robarles la pensión. Le diría lo mismo añadiendo que, además de politoxicómano y mala persona, es nazi, millonario y un lameculos de los poderosos.

placeholder Rendueles. (E.V.)
Rendueles. (E.V.)

P. Al final de los noventa, la utopía digital sostuvo que internet ensancharía la democracia, pero acabó ensanchando los oligopolios digitales. Como la existencia de oligopolios en general no es nueva, ¿qué tienen estos que no tuvieran los anteriores?

R. Una de las grandes diferencias es que se apoyan en un proceso previo de financiarización y desregulación económica descomunal. Es algo parecido a lo que pasa con la vivienda. En el pasado ha existido especulación inmobiliaria, pero nunca se había tratado la vivienda como un activo financiero a la escala que estamos viendo en la última década. Y eso altera completamente las reglas del juego inmobiliario. La financiarización tecnológica ha llevado a una concentración empresarial a una escala inimaginable en el pasado. Ahora estamos viendo las consecuencias políticas de esa espiral de desregulación que ha durado décadas.

P. La tendencia a engrandecer el impacto de los conglomerados digitales ha entrado en una especie de fase meme. Por poner solo un ejemplo reciente: se decía que Amazon revolucionaría nuestras vidas, pero su último hito es un indescriptible documental propagandístico sobre Melania Trump en el que Jeff Bezos ha quemado 75 millones de dólares. La crisis de imagen de Silicon Valley parece evidente, pero también la resignación general ante el tamaño del oligopolio digital. ¿Hay fisuras políticas ahí que aún no vemos?

"El buscador de Google se ha vuelto prácticamente inservible"

R. Una parte significativa de las plataformas que usamos son, en realidad, tecnologías relativamente sencillas y fáciles de replicar. Además, cada vez funcionan peor: el buscador de Google se ha vuelto prácticamente inservible y el buzón de entrada de Gmail es un basurero de spam. Nuestros móviles están llenos de apps sin sentido que nos exigen para entrar al gimnasio o ver las notas de nuestros hijos. Renunciar a Twitter no es como renunciar al litio: hay alternativas que funcionan igual de bien o mejor, como Bluesky. El oligopolio digital se fundamenta en la confianza que les regalamos. El prestigio de Silicon Valley reposaba en buena medida en la imagen de sus líderes, que se presentaban ante el mundo como empollones inofensivos que llevaban sudadera con capucha y no sabían qué hacer con sus millones más que comprar cómics. Ahora mucha gente los ve, de forma más realista, como sociópatas fascistas con una relación enfermiza con el mundo y la democracia. Así que, sí, este es un momento muy peligroso pero que también muestra grietas evidentes en el modelo tecnológico dominante. Pero para desafiarlo hace falta un impulso político valiente en forma de regulaciones y también de alternativas tecnológicas basadas en el interés público. La Unión Europea tiene la capacidad económica, tecnológica y regulatoria para hacerlo.

P. Esta tendencia a hinchar las innovaciones digitales, parece haber entrado en la fase paroxística definitiva con la IA, cuyo tamaño, dicen, crecerá hasta el infinito. ¿Es posible hacer una predicción realista sobre por dónde irán los tiros de la IA?

R. No me gusta nada hacer predicciones pero me atrevo a pronosticar que, a corto plazo, el principal efecto social de la IA va a ser el pinchazo de la descomunal burbuja financiera que se ha generado a su alrededor. Es casi imposible saber cuál va a ser el efecto social de una tecnología en el medio plazo, no digamos en el largo. Ahora parece que la IA está por todas partes pero la mayor parte de esos usos son ornamentales, un poco como la tostadora con pantalla digital que vi anunciada el otro día en un periódico. Literalmente no conozco a nadie que haya usado nunca el asistente de IA de WhatsApp, no digamos ya el de Iberia.

¿Se tomaría alguien en serio a Chiquito de la Calzada si, antes de morir, hubiera hecho una campaña salvaje contra los chistes absurdos?

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