Es noticia
Un centro de datos sobre el hielo explica el pulso de Trump con sus amigos de Silicon Valley
  1. Tecnología
OTRO INTERÉS ADICIONAL

Un centro de datos sobre el hielo explica el pulso de Trump con sus amigos de Silicon Valley

El presidente de EEUU quiere meter mano a Groenlandia por minerales raros, seguridad pero también por las necesidades energéticas de la IA. Algo que ha desatado roces con el poder tecnológico que tanto le apoya

Foto: Donald Trump, en una imagen de archivo. (EFE/Aaron Schwartz)
Donald Trump, en una imagen de archivo. (EFE/Aaron Schwartz)
EC EXCLUSIVO

Donald Trump ha puesto Groenlandia en el centro del mapa geopolítico. A estas alturas de la película, ya se sabe que, por compra, conquista o cesión, espera que la isla más grande del mundo se convierta en una estrella más de la bandera estadounidense. El interés manifestado por parte del dirigente en varias ocasiones es el de la seguridad: su país necesita ese rincón del mapa para fortalecer su presencia en el Ártico, donde China o Rusia ya están tomando posiciones.

Pero también hay otras cosas que quiere rebañar de ese pedazo de tierra, como son las tierras raras que se ocultan bajo sus blancos paisajes. Sin embargo, hay algo más que le puede interesar al inquilino de la Casa Blanca: el frío ártico para refrigeración natural eficiente.

Unas temperaturas ínfimas que ayudarían a refrigerar los potentes centros de datos necesarios para que ChatGPT o Gemini parezcan tan listos como el humano promedio. Una refrigeración natural que podría ayudar a recortar hasta un 60% la factura eléctrica de estas infraestructuras mastodónticas.

Lo de Groenlandia no es un capricho exótico. Ya hay un plan concreto para levantar la primera instalación de 300 MW en Kangerlussuaq, con la mirada puesta en expandirse hasta 1,5 GW en apenas un año más. La infraestructura incluye no solo el centro de datos, sino también un suministro energético híbrido, con barcazas de gas natural licuado mientras se construye una central hidroeléctrica que, de aprobarse, cubriría la mayoría de la demanda eléctrica. El objetivo es claro: aprovechar el frío ártico para energía barata.

Foto: groenlandia-dinamarca-tierras-raras-donald-trump
TE PUEDE INTERESAR
Ni tanto, ni tan pronto: Groenlandia no es todavía la mina de oro y tierras raras que anhela Trump
Patricia Ruiz Guevara Mapa: Miguel Ángel Gavilanes

Aunque Trump no haya verbalizado esto, detrás de la operación hay un entramado de exfuncionarios de la administración Trump y empresarios con conexiones estratégicas que ya han cerrado compromisos de inversión para financiar la mitad de cada fase del proyecto.

GreenMet, la empresa que asesora el desarrollo, se encarga de coordinar la logística, la construcción y las relaciones con los gobiernos locales, pero aún enfrenta el reto de obtener los permisos de Groenlandia y Dinamarca. Construir en el Ártico no es sencillo: las temporadas de obra son extremadamente cortas, el calor de los servidores puede derretir el suelo y se necesita ingeniería especializada para resistir condiciones extremas.

placeholder (Reuters)
(Reuters)

El plan incluye también un aeropuerto para transportar materiales y personal, así como la posibilidad de extender la red energética más allá de Kangerlussuaq si la primera fase demuestra ser rentable.

Mientras tanto, los gigantes tecnológicos observan con interés. El proyecto groenlandés se inscribe en la carrera global por construir centros de datos masivos con energía barata cerca de recursos energéticos baratos y climas que reduzcan la necesidad de aire acondicionado industrial. Meta, Google, Microsoft y Amazon ya están escalando sus propias instalaciones, pero Groenlandia ofrece un 'lujo ártico' que ninguna otra ubicación puede igualar, con refrigeración natural, aislamiento geopolítico y minerales estratégicos a tiro de pala. Si todo sale según lo planeado, la isla podría convertirse en el laboratorio más frío y caro del planeta, un lugar donde la geopolítica y la inteligencia artificial se mezclan tan rápido como el hielo se derrite en verano.

Un proyecto que señala un problema

Este proyecto refleja la preocupación existente en torno al consumo energético de los cimientos físicos de la inteligencia artificial. Algo que puede generar un pulso, en el caso de Estados Unidos, entre Donald Trump y sus nuevos amigos de Silicon Valley. Hace unos días, el mandatario se subió a su atril de Truth Social y lanzó un aviso a navegantes:

“Nunca quiero que los estadounidenses paguen facturas de electricidad más altas por culpa de los centros de datos”, escribió. Una de las cosas que más lastró a Joe Biden, su predecesor, fue la inflación, y el mandatario es consciente de ello. Las previsiones apuntan a un aumento de hasta el 17% en la demanda pico para 2030, con todo lo que ello supone para las cañerías de la red eléctrica.

placeholder (Reuters)
(Reuters)

Por ello, tanto la Casa Blanca como varios estados han preparado un plan de subastas de capacidad energética para grandes empresas que, en caso de materializarse, “las grandes empresas tecnológicas que los construyen deben pagar lo suyo”, remató. En un post posterior agradeció la predisposición de Microsoft y dijo que llegarían más anuncios similares.

La expansión acelerada de la inteligencia artificial y del streaming ha convertido los centros de datos en verdaderas fábricas de consumo energético intensivo. Cada instalación de 50 megavatios puede gastar tanta electricidad como una ciudad de cincuenta mil hogares todos los días del año. Microsoft, Amazon, Google y Meta concentran la mayor parte de esta capacidad, pero ninguna de estas compañías asume automáticamente el costo total del suministro, la transmisión y la infraestructura adicional que sus operaciones requieren.

Así, los efectos se externalizan hacia usuarios y redes locales, reproduciendo tensiones que, según un reciente estudio de la consultora John Strand, son muy similares a las que viven las teleoperadoras europeas frente a las grandes plataformas digitales, donde el aumento del tráfico obliga a inversiones crecientes en fibra y 5G sin que los responsables del consumo contribuyan proporcionalmente.

Cada giga de datos que circula por la red exige planificación, mantenimiento y expansión de la infraestructura de banda ancha, al igual que cada teravatio consumido por un centro de datos requiere nuevas plantas, líneas de transmisión y reservas de capacidad. Las redes de telecomunicaciones llevan años bajo presión, porque el tráfico generado por las grandes plataformas obliga a actualizar constantemente la capacidad y los equipos”, explica a este periódico John Strand, fundador de la consultora especializada en nuevas tecnologías que lleva su nombre.

Las plataformas digitales argumentan que los usuarios ya pagan por el servicio, pero esto no cubre los costos marginales provocados por su tráfico extremo. Strand subraya que esta externalización de costos genera un desequilibrio sistémico: los operadores y comunidades locales cargan con la inversión, mientras los grandes generadores de demanda escapan de responsabilidades directas. Este patrón se repite de manera casi idéntica en la red eléctrica, donde los costos se socializan y los beneficios se concentran.

placeholder (Europa Press/Imanol Rimada)
(Europa Press/Imanol Rimada)

La explosión de centros de datos y la creciente electrificación de la sociedad está obligando a rediseñar redes eléctricas nacionales y regionales para garantizar suministro continuo. “Mucho más energía es necesaria y gran parte debe estar disponible las 24 horas, los 7 días de la semana, durante todo el año, y esto impone demandas completamente nuevas sobre la infraestructura”, recuerda. En Estados Unidos se han comenzado a ajustar marcos regulatorios para que los grandes consumidores de electricidad contribuyan directamente al desarrollo de la infraestructura necesaria, y el especialista señala que esta lógica debería aplicarse de manera equivalente a las redes de telecomunicaciones, donde las plataformas que concentran la mayor parte del tráfico de datos deberían financiar proporcionalmente las ampliaciones de fibra y 5G.

El estudio también pone de relieve la importancia de la transparencia operativa en grandes centros de datos. “Aunque en teoría los grandes consumidores deberían asumir sus costos, la experiencia muestra que los ciudadanos acaban pagando parte de la factura, especialmente con el auge de la inteligencia artificial y los servicios digitales”, explica Strand.

No se trata solo de conocer el consumo de cada centro de datos, sino de medir el impacto total de cada plataforma digital sobre la infraestructura crítica: electricidad, ancho de banda, planificación de red y disponibilidad de capacidad.

Foto: tecnologias-energia-nuclear-incumplimiento-emisiones

Sin métricas claras, las discusiones sobre quién debe pagar se convierten en conflictos políticos y económicos, manteniéndose un sistema en el que los costos reales quedan ocultos mientras los beneficios se concentran en unas pocas compañías globales. En Groenlandia, el frío ártico reduce parcialmente la factura de energía, pero la complejidad logística y los requerimientos de suministro híbrido muestran que la eficiencia climática no reemplaza la necesidad de una asignación justa de costos entre actores.

John Strand advierte que la experiencia estadounidense ofrece una hoja de ruta para Europa y otras regiones donde los operadores de red soportan crecientes inversiones debido al tráfico de unas pocas plataformas globales. “Hay indicios de que las compañías eléctricas y las telecomunicaciones han empezado a cantar la misma canción”, subraya este experto. La clave está en establecer marcos regulatorios que alineen la expansión de la infraestructura con los responsables del consumo, tanto en energía como en telecomunicaciones. De no hacerlo, los desequilibrios se agravan: la red eléctrica y las redes de datos quedan bajo presión constante, mientras los consumidores y los operadores locales asumen riesgos financieros y políticos que no les corresponden.

Donald Trump ha puesto Groenlandia en el centro del mapa geopolítico. A estas alturas de la película, ya se sabe que, por compra, conquista o cesión, espera que la isla más grande del mundo se convierta en una estrella más de la bandera estadounidense. El interés manifestado por parte del dirigente en varias ocasiones es el de la seguridad: su país necesita ese rincón del mapa para fortalecer su presencia en el Ártico, donde China o Rusia ya están tomando posiciones.

Donald Trump
El redactor recomienda