He probado una de las TV OLED más brillantes que hay: no te obsesiones con la imagen perfecta
La nueva generación de LG brilla más que nunca, pero las mejoras frente al modelo anterior son casi imperceptibles para el usuario medio. La tele perfecta empieza a ser rutina
Llevo más de 15 años probando los últimos modelos de televisores del mercado. Cada vez que recibo uno pienso automáticamente eso de “a ver qué tal se ve esta”. Pero esa pregunta se ha ido diluyendo con el tiempo. La tecnología ha llegado a unos niveles en los que el ojo humano medio no logra percibir más calidad de imagen posible, y a menos que nos vayamos a modelos modulares de altísima resolución, smart TV enrollables del futuro o seas un entusiasta extremo de los que detectan tonos de piel con temperaturas de color erróneas, la innovación del término 'televisor' se está frenando poco a poco.
Que se lo digan a Sony. El gigante nipón fue el rey de la imagen durante décadas. Tener una Trinitron, Super Trinitron, Wega y posteriormente Bravia era sinónimo de máxima calidad de imagen, diseño y prestaciones técnicas, pero la diferencia de calidad con sus competidores se fue reduciendo hasta tal nivel que hoy en día el consumidor parece no tener muy en cuenta la filosofía de la marca en cuanto a imagen y sonido.
Eso ha provocado que la marca se rinda, y en una operación histórica, su gama de televisores será fabricada y producida por el gigante chino TCL. Quedará por ver qué sale de ahí exactamente, aunque probablemente no veamos demasiados cambios a corto plazo y las tripas sigan siendo más o menos idénticas. Y eso nos lleva a la competencia, donde Samsung y LG tienen acaparado gran parte del mercado, y donde este último ha puesto su sello en un término inconfundible: OLED.
Las OLED de LG llevan siendo objeto de deseo de muchísimos amantes de la imagen y el sonido durante varios años. Los coreanos han logrado eso que los Trinitron conseguían en los 80, y aunque Sony también ofrece modelos OLED de máxima calidad, la notable diferencia de precio entre ambos mueve la balanza hasta el lado de LG y Samsung. Pero, ¿dónde está el límite del OLED?
Nueva generación, misma sorpresa
Sería absurdo negarlo. La nueva LG OLED G5 se ve espectacular, y basta con poner contenidos en 4K para disfrutar de una experiencia visual de las que no se olvidan. Estamos hablando de la gama Gallery, modelos con un diseño monolítico que está pensado para colgarlo de la pared a modo de cuadro. Estéticamente no se le puede pedir más porque es justo eso, una pantalla casi sin bordes y con un grosor mínimo en el que esconder todo.
Está tan pensada para colgarla de la pared, que no incluye soporte de sobremesa, algo que me ha obligado a retirar mi actual televisión para colocar esta unidad de pruebas mientras preparaba este artículo. El soporte se adquiere por separado, y deja el panel a unos pocos centímetros de la mesa, por lo que no habrá hueco para colocar una barra de sonido bajo ella.
El modelo que he podido probar ha sido el de 65 pulgadas, un tamaño que personalmente me gusta mucho y que permite disfrutar de una imagen imponente a una distancia normal. Sigo teniendo la sensación de estar viendo una calidad de imagen de las mejores del mercado, y la experiencia solo se embarra con la cantidad de efectos que llegan activados por defecto. Colores saturados, filtros de suavizado, mejora de nitidez, y un sinfín de trucos de imagen que no hacen más que lavar la calidad original del metraje. La regla número uno a la hora de instalar estos televisores modernos es clara: desactiva todo lo que tenga nombre rimbombante.
Pero esa sensación de superioridad visual aparece con cierto déjà vu. Precisamente, el año pasado pude probar la LG OLED G4, y mi cabeza me dice que la tele se veía exactamente igual de bien que esta. ¿Es así o mi memoria me falla?
Técnicamente superior
La impresión para la mayoría de mortales será que ambas televisiones son increíbles y las diferencias podrían ser mínimas, pero lo cierto es que hay un cambio extremadamente importante que probablemente solo los más entendidos percibirán. LG ha incluido en esta nueva versión paneles WOLED de cuatro capas (conocido como Tandem OLED), lo que permite conseguir una mayor eficiencia en el brillo apoyado por un subpixel blanco, más variedad de colores y un menor consumo energético por eficiencia.
Cambios hay, sí, y son importantes, pero son modificaciones que solo un pequeño grupo de usuarios sabrán valorar, de ahí que este modelo esté dentro de la gama premium de la marca (así se entiende el precio).
En las pruebas, la entrega de brillo en modo HDR es más que abusiva. El destello de los blancos es impresionante, y el modo en el que se mantiene la profundidad en los negros quita el hipo. La calidad de imagen es fantástica, pero hay que tener en cuenta que en la valoración global hay una tecnología todavía superior, la QD-OLED, presente en los modelos de Samsung y Sony.
QD-OLED es más rica en colores, no entrega tanta saturación (algo que gusta mucho a los consumidores medios pero que escandaliza a los puristas) y la entrega de color está extremadamente equilibrada en todos los colores. LG por su parte, apuesta por la explosión de brillo, y eso llama la atención (especialmente cuando activas subtítulos, donde llegan a ser molestos). Esto último es algo que ya me encontré en la G4, y que ahora se intensifica aún más. En serio, es realmente molesto leer subtítulos en teles tan brillantes, y la solución pasa por usar software que permita cambiar el color de los mismos.
'Software' para atraer más
Decía anteriormente que la innovación en los televisores estaba desacelerándose poco a poco, y mientras los grandes avances caen siempre en modelos de altísima gama que no están al alcance de todo el mundo, las soluciones de software parecen rellenar el hueco resultante. Para eso LG adquirió webOS, y tras unos años ofreciendo una interfaz fresca y cómoda con un control con puntero, hoy esos menús van cansando, y la presencia de publicidad es, cuanto menos, obscena.
No es que sea lenta, pero hay una falta de conexión entre la rapidez con la que puedes manejar tu teléfono y lo lento que puede llegar a ser interactuar con la TV (como cambiar la fuente de TV a HDMI, por ejemplo). LG ha incluido varias propuestas, como el control con inteligencia artificial (háblale a la televisión y cambiará a HDMI), ajustes de imagen automáticos por reconocimiento de escena o centros de control desde donde manejar las fuentes e incluso dispositivos inteligentes que tengas por casa.
En mi opinión, nada de esto resulta especialmente útil, y no me veo hablándole al mando a distancia para cambiar de fuente. Como mucho, para que mi hijo, que no sabe ni leer ni escribir, busque Bluey en la aplicación de YouTube Kids. Y es algo que me molesta bastante, ya que el mando a distancia no cuenta con el clásico botón de cambio de fuente. Llegar a cambiar la fuente desde el menú es complicado al principio, aunque luego memorizará los cambios para ofrecer la opción como acceso directo en el panel principal.
Curiosamente, lo que sí han incluido son seis accesos directos a servicios de streaming (Netflix, Prime Video, Disney+, Rakuten, LG Channels y Alexa), botones que no se pueden personalizar y que estarán siempre en tu mando. ¿Recuerdas eso que decía de la publicidad? Un mando patrocinado es lo último que esperaría encontrar en una televisión de 1.700 euros.
¿Merece la pena comprar la LG G5?
Partiendo de que estamos hablando de una televisión de gama alta con las mejores prestaciones que se pueden encontrar en el mercado, la respuesta es un rotundo sí. Otro asunto será el presupuesto que tienes destinado para este tipo de producto. La horquilla de los 1.500 y 1.700 euros sigue siendo el punto idóneo de estos modelos, que siempre comienzan en los 2.500 y 2.800 euros y que pasados unos meses (y un Black Friday) acaban asentándose en la cifra de siempre.
La historia se volverá a repetir en unos meses con la llegada de la G6, un modelo que promete cero reflejos en la pantalla y mejoras del panel, pero algo nos dice que la competencia y la propia herencia del catálogo se lo va a poner bastante difícil.
¿Qué otras opciones puedo mirar?
Comprar una televisión OLED es de las mejores compras que he hecho en muchos años (tengo una CX del 2020), y de tener que cambiarla, iría a por otra igual. Si tus exigencias no llegan a niveles de necesitar el brillo más alto posible, la compra inteligente sería encontrar modelos del año pasado, como la LG G4, que se puede conseguir por 1.169 euros, por ejemplo (siempre hablando de 65 pulgadas).
Pero técnicamente hay cosas superiores. Ya he comentado que los paneles QD-OLED están ofreciendo la excelencia en calidad de imagen, y Samsung está ofreciendo promociones muy agresivas para contrarrestar a LG. La magnífica S95F es el rival más directo, y en la web del fabricante se puede conseguir por 1.749 euros.
Puestos a apretar el presupuesto sin salirnos de la tecnología OLED, la Samsung S85F de 55 pulgadas por 799 euros nos parece una propuesta imbatible, por tamaño y por prestaciones. Estamos hablando de un modelo del 2025 con muy buenas prestaciones y un precio bastante ajustado.
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Llevo más de 15 años probando los últimos modelos de televisores del mercado. Cada vez que recibo uno pienso automáticamente eso de “a ver qué tal se ve esta”. Pero esa pregunta se ha ido diluyendo con el tiempo. La tecnología ha llegado a unos niveles en los que el ojo humano medio no logra percibir más calidad de imagen posible, y a menos que nos vayamos a modelos modulares de altísima resolución, smart TV enrollables del futuro o seas un entusiasta extremo de los que detectan tonos de piel con temperaturas de color erróneas, la innovación del término 'televisor' se está frenando poco a poco.