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Vuelven a faltar chips. Este veterano tiene un mal augurio sobre una crisis que te va a salir cara
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Vuelven a faltar chips. Este veterano tiene un mal augurio sobre una crisis que te va a salir cara

¿Recuerdan cuando el covid hizo que las fábricas de coches sufrieran por conseguir los componentes? Ahora son otras industrias las que van a sufrir la falta de chips de memoria. Y puede durar más de lo que piensas

Foto: Foto: Florence Lo (Reuters)
Foto: Florence Lo (Reuters)
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A estas alturas de 2026 es probable que hayas oído que parte de la industria de los semiconductores va con la lengua fuera. No es la primera vez que ocurre. Basta con echar la vista unos pocos años atrás para ver los estragos que causó el coronavirus en el sector. Para encontrar una crisis comparable a la de la pandemia hay que remontarse hasta 1997, cuando la popularidad disparada del Tamagotchi provocó un importante cuello de botella. Pero en aquella época estos componentes tenían una importancia bastante reducida en comparación con la que tienen hoy.

¿Recuerdan cuando la COVID-19 obligó a los fabricantes de automóviles a parar plantas y retrasar entregas porque el virus golpeaba una y otra vez la cadena de suministro de chips? Pues ahora los afectados van a ser, con toda probabilidad, quienes quieran renovar su móvil, portátil o tableta en los próximos meses, porque van a tener que rascarse el bolsillo.

Lo que falta a día de hoy son chips de memoria, tanto memoria RAM como almacenamiento. La razón de esta escasez, cómo no, es la inteligencia artificial. O, más bien, los cimientos físicos de la tecnología de moda.

Los centros de datos y la velocidad a la que se están levantando requieren una gran cantidad de estos componentes para producir la magia que luego hace funcionar y da vida a inventos como Gemini o ChatGPT. La cuestión es que los fabricantes de smartphones y ordenadores también los necesitan.

“Son las restricciones más severas que he visto en dos décadas”, llegó a afirmar Rene Hass, mandamás de la multinacional ARM, durante su intervención en el pasado CES de Las Vegas. En Samsung, uno de los mayores fabricantes de semiconductores del mundo, también lo ven complicado. “Esto no tiene precedentes”, llegó a decir TM Roh, codirector ejecutivo de la multinacional surcoreana y uno de los grandes vendedores globales de chips de memoria.

Akash Palkhiwala, pope financiero de Qualcomm, definió la situación como “bastante drástica” y no dudó en señalar a los culpables: “Lo que está empujando este déficit es la inversión de capital increíble en centros de datos”. Todos ellos coincidieron en lo mismo: estas estrecheces van a pasar factura a los consumidores de a pie.

placeholder Pua Khein Seing. Foto: Reuters.
Pua Khein Seing. Foto: Reuters.

Pero este coro de advertencias puede quedarse corto, al menos según la visión de Pua Khein Seing, un veterano de la industria de los chips con años de experiencia a sus espaldas y que es conocido como el padre del pendrive. Se trata del consejero delegado de Phison, una de esas empresas invisibles para el gran público pero absolutamente imprescindibles para que medio planeta siga funcionando, al menos digitalmente. Esta compañía vive prácticamente en exclusiva de diseñar el software que hace funcionar las memorias flash y otras soluciones de almacenamiento. En otras palabras, no fabrica la memoria, no corta obleas ni presume de fábricas multimillonarias. Su negocio es otro: construir el cerebro que hace funcionar desde el SSD de tu portátil de trabajo hasta la tarjeta SD de una cámara barata, pasando por ese pendrive olvidado al fondo del cajón o el almacenamiento de tu iPhone o del Xiaomi de turno. Cuando alguien así dice que vienen tiempos de escasez, conviene escuchar.

“Las memorias NAND (un tipo de almacenamiento muy extendido hoy en día) vivirán una grave escasez el próximo año”, afirmó Pua en una reciente entrevista. Hasta aquí, nada diferente al sentir y al pesimismo general del mercado. Pero fue más allá. En ciertos sectores se entiende que lo que está ocurriendo ahora es un “súperciclo” de 12 o 24 meses, como otros vividos en el pasado. Sin embargo, este directivo augura que las estrecheces de la oferta se alargarán mucho más. “Creo que el suministro estará ajustado durante los próximos diez años”, sentenció, mientras señalaba que todo esto no es una cuestión coyuntural, sino “un problema estructural” relacionado con la naturaleza del producto y del mercado, así como con las decisiones de inversión que han tomado los actores de la industria en los últimos años.

El fiestón bursátil

En Bolsa, los fabricantes de memorias y discos duros ya están recogiendo los frutos de esta demanda desbocada. Han pasado de ser valores grises a convertirse en algunos de los niños mimados del mercado. Empresas como Micron, Seagate y Western Digital (WD) no solo duplicaron con creces el precio de sus acciones en 2025, sino que se colocaron directamente entre los mayores ganadores del S&P 500. El caso de SanDisk roza lo grotesco: multiplicó por diez su valor desde la escisión de WD, un rally más propio de una criptomoneda en fase maníaca que de un fabricante de memorias flash NAND. SK Hynix, un productor surcoreano dedicado en exclusiva a las memorias, subió un 88 % en apenas tres meses. Samsung, por su parte, anunció que su beneficio operativo del cuarto trimestre se iba a triplicar respecto al año anterior gracias a este empuje.

“Todos estos resultados son reflejo de la escasez que se vive. Básicamente faltan tres tipos: la conocida como memoria flash NAND 3D, la memoria RAM o DRAM y las memorias HBM, que son memorias de mayor ancho de banda y que, en realidad, son RAM apiladas verticalmente. Todas ellas se utilizan en los centros de datos de una forma u otra”, explica Ignacio Mártil de la Plaza, catedrático de Microelectrónica de la Universidad Complutense de Madrid.

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Foto: Dado Ruvic (Reuters)

Una buena manera de entender la presión es fijarse en Nvidia, que se ha convertido en uno de los clientes más exigentes y rentables del sector. La compañía ha acelerado sus ciclos de desarrollo y lanza nuevas plataformas prácticamente cada año, con sistemas que requieren cantidades cada vez mayores de memoria DRAM y, sobre todo, un ancho de banda muy superior. Sus nuevas GPU Rubin, presentadas recientemente en el CES, casi triplican el ancho de banda de memoria de la generación Blackwell lanzada el año pasado. “A mí particularmente me recuerda mucho a la situación que se vivió en 2020, cuando TSMC y otras compañías priorizaban a los clientes y los chips más avanzados porque eran con los que más ganaban”, remata Mártil de la Plaza.

Este experto explica la extraña paradoja que viven los chips de memoria, mucho más fáciles de producir que los procesadores o las tarjetas gráficas. “A diferencia de las CPU más avanzadas, aquí no necesitas la litografía ultravioleta extrema que proporcionan las máquinas de ASML. Esto hace que haya menos barreras técnicas de entrada”. Pero el catedrático apunta que los márgenes que históricamente han dejado los chips de memoria también han sido menores. “Es la pescadilla que se muerde la cola. Como los márgenes son más bajos, se mide mucho la capacidad de producción para que no haya una sobreoferta que les haga incluso perder dinero”, apunta.

Durante años, los chips de memoria fueron tratados como un producto básico, una commodity que se vendía al peso y sin que nadie levantara la ceja por unos márgenes imposibles de predecir. Cuando el mercado estaba saturado, esos chips DRAM o NAND operaban con márgenes tan bajos que parecían una condena: entre un 10 % y un 20 % de margen bruto y, en malas rachas, incluso pérdidas, porque la oferta siempre parecía superar a la demanda.

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Foto: Rebecca Noble (Reuters)

No importaba si era para móviles, ordenadores o servidores: la memoria se compraba como quien compra arroz en el súper, barato y en grandes cantidades. En ese mismo mundo, una GPU de gama alta hacía trampas al solitario: un chip como el H100 o cualquier Blackwell podía salir de fábrica por una fracción de su precio de venta y dejar márgenes brutos del orden del 73 % al 75 %, con márgenes netos de alrededor del 55 %, gracias al dominio absoluto de Nvidia en IA, algo con lo que ni la memoria ni las CPU podían soñar.

Pero el auge de la inteligencia artificial ha cambiado las reglas del juego. De pronto, la memoria dejó de ser una commodity desleal para convertirse en el nuevo club VIP de los semiconductores. Las variantes especializadas y más avanzadas con mayor ancho de banda, necesarias para alimentar redes neuronales enormes con datos a la velocidad de la luz, han dado lugar a márgenes brutos que rondan el 63 %–67 %, superando incluso en algunos momentos a los de las CPU más eficientes. Los fabricantes han reducido la producción de memoria convencional para priorizar las de alto ancho de banda, empujando también los márgenes de la RAM tradicional hasta el 50 %–60 %, algo impensable hace apenas un par de años.

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La memoria, antaño el patito feo de los semiconductores, parece haberle susurrado al mercado que también puede ser lujosa y rentable. Pero, aun así, casi nadie se atreve a levantar nuevas plantas por el temor a que esta demanda desbocada se cosa de unos pocos meses, no se sostenga a largo plazo y termine generando un exceso de músculo productivo. Además, estas instalaciones tardan varios años en ponerse en marcha. Por ejemplo, Micron empezó a construir una nueva fábrica en Idaho hace tres años, pero no entrará en funcionamiento hasta 2027 y no será hasta 2028 cuando esté a plena capacidad. Y no solo no es lo mismo fabricar una RAM de 12 GB que una de 16 GB, del mismo modo que no es lo mismo crear un almacenamiento de 128 que de 256 GB: cada receta obliga a hacer cambios en la línea de producción, lo que ayuda a estrechar todavía más el cuello de botella.

Mártil de la Plaza añade, además, un último factor: la posibilidad de fallos y errores aumenta a medida que se producen memorias más avanzadas. “Hay un momento en el que estos componentes no se pueden hacer más anchos. Entonces se empieza a utilizar el plano vertical, añadiendo capas, como si fuera una tarta de bizcocho y chocolate”, resume. “La cuestión es que luego hay que conectar todos esos niveles de una manera muy precisa. Cualquier mínimo fallo da al traste con todo. Y a más capas, más posibilidades de fallar”.

"Una era ha terminado"

Muchas voces han alertado de que esto va a afectar de lleno a los usuarios. Pero pocos han sido tan claros como Carl Pei, cofundador de OnePlus, empresa que dejó atrás para fundar Nothing. Se trata de una marca de móviles y electrónica de consumo con sede en Londres que ha recibido inversión de Google Venture, entre otros. Esta compañía ha destacado por el diseño de sus dispositivos con cuerpos transparentes.

placeholder Carl Pei, CEO y cofundador de Nothing, sujeta dos de las creaciones de la empresa. Foto: M. McLoughlin
Carl Pei, CEO y cofundador de Nothing, sujeta dos de las creaciones de la empresa. Foto: M. McLoughlin

Pei no se anda con rodeos. Advierte que 2026 será un año sin precedentes para la electrónica de consumo y, especialmente, para la industria de los smartphones. "Durante quince años, la industria se basó en una única premisa fiable: los componentes se abaratarían inevitablemente", aseguró en un post publicado en sus redes sociales. Admitía que aunque "existía cierta volatilidad a corto plazo", la tendencia a la baja se mantenía a largo plazo en cosas como las memorias o las pantallas. "Eso era algo que permitía mejoras anuales en las especificaciones sin incrementos de precio". "En 2026 ese modelo finalmente se rompió, impulsado por un aumento drástico y sin precedentes en los costes de memoria", escribe Pei. Los precios han subido hasta tres veces en algunos casos. Los fabricantes se enfrentan a una decisión cruel: subir precios hasta un 30% o recortar especificaciones. El modelo de “más prestaciones por menos dinero” que sustentaba a muchas marcas de valor ha quedado obsoleto.

El fundador de Nothing señala que la era de la memoria barata ha terminado y "que el cambio es estructural, no temporal". Los smartphones compiten directamente con la infraestructura de IA, y los costes de memoria se han convertido en el principal factor del precio de los dispositivos. Algunos módulos que hace un año costaban menos de 20 dólares podrían superar los 100 dólares para los modelos más avanzados antes de que termine el año. Esta presión no es abstracta: se traduce en consumidores que pagarán más por lo mismo o recibirán menos de lo que esperan.

A estas alturas de 2026 es probable que hayas oído que parte de la industria de los semiconductores va con la lengua fuera. No es la primera vez que ocurre. Basta con echar la vista unos pocos años atrás para ver los estragos que causó el coronavirus en el sector. Para encontrar una crisis comparable a la de la pandemia hay que remontarse hasta 1997, cuando la popularidad disparada del Tamagotchi provocó un importante cuello de botella. Pero en aquella época estos componentes tenían una importancia bastante reducida en comparación con la que tienen hoy.

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