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Ni Rusia ni China: el (otro) enemigo de la Armada de EEUU es el óxido de sus barcos
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Ni Rusia ni China: el (otro) enemigo de la Armada de EEUU es el óxido de sus barcos

Una imagen del destructor USS Dewey se hizo rápidamente viral a causa de la evidente corrosión. Un problema fruto de la dejadez que será abordado en breve

Foto: El destructor USS Dewey, gravemente afectado por la corrosión (WarShipCam)
El destructor USS Dewey, gravemente afectado por la corrosión (WarShipCam)

El deterioro visible en distintos buques de la Armada de Estados Unidos ha colocado a un adversario inesperado en el centro del debate naval, como explican en The War Zone. Más allá de Rusia o China, el óxido se ha convertido en un problema que afecta a la imagen, al mantenimiento y a la capacidad operativa de la flota.

La corrosión superficial, conocida internamente como running rust, llevaba años normalizada dentro de la Marina. Sin embargo, la difusión de una imagen del destructor USS Dewey con regueros de óxido durante una escala en Singapur, la cual ilustra esta noticia, marcó un punto de inflexión al alcanzar los niveles más altos del poder político y militar estadounidense, incluyendo a Donald Trump.

Ese episodio reactivó una discusión que, durante demasiado tiempo, quedó relegada frente a otras prioridades. La Armada de EEUU asumió que el impacto del óxido no es solo estético: también eleva costes, complica la planificación de mantenimiento y reduce la disponibilidad de los buques en un contexto de exigencia operativa constante.

La corrosión como amenaza operativa

Desde la Naval Systems Engineering Directorate, el responsable de integridad estructural Mark Lattner fue directo al explicar el origen del problema durante el simposio anual de la Surface Navy Association. “Sabemos lo que hay que hacer, pero elegimos no hacerlo”, dijo, aludiendo a cómo otras urgencias han pospuesto históricamente el control de la corrosión dentro de los ciclos de trabajo.

El entorno marino y los despliegues continuos aceleran la degradación. Cuando el óxido no se elimina a tiempo, la conservación preventiva se transforma en reparaciones más complejas, con un impacto real sobre la preparación, la carga de trabajo y la vida útil de las superficies y estructuras más expuestas.

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La Marina ha puesto sobre la mesa soluciones técnicas conocidas, como ampliar el uso de pinturas de polisiloxano, mejorar drenajes y emplear materiales menos propensos a la corrosión. “Puede ser tan simple como poner un buen desagüe en el barco y desviar el agua”, explicó Lattner, al describir medidas que buscan cortar el problema desde su origen.

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Otra línea de actuación persigue reducir el margen de error a bordo mediante sistemas más sencillos, como pinturas monocomponente. “Intentamos quitar trabajo a los marineros”, señaló Lattner, insistiendo en que la facilidad de aplicación es clave para sostener rutinas de mantenimiento en escenarios reales de operación.

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El plan también incorpora una aplicación móvil para registrar inspecciones y asignar una puntuación cuantitativa al estado de cada buque. Con apoyo de equipos externos y ajustes progresivos, la Armada de EEUU busca contener un enemigo silencioso que no dispara, pero que erosiona la credibilidad naval y la disponibilidad de la flota.

El deterioro visible en distintos buques de la Armada de Estados Unidos ha colocado a un adversario inesperado en el centro del debate naval, como explican en The War Zone. Más allá de Rusia o China, el óxido se ha convertido en un problema que afecta a la imagen, al mantenimiento y a la capacidad operativa de la flota.

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