Una IA le robó su libro (y ni se enteró). Ahora le van a pagar $3.000. "Son unos sinvergüenzas"
Se trata del mayor pago por infracción de derechos de autor de la historia: Anthropic tendrá que pagar 1.500 millones de dólares a 500.000 autores y editoriales. Entre ellos, muchos españoles. Y vienen más demandas
Dario Amodei, fundador y CEO de Anthropic, obligada a pagar 1.500 millones de dólares a autores y editoriales. (Getty Images/David Dee Delgado)
Íñigo Moré estaba un día trasteando con un chatbot de inteligencia artificial cuando una de sus respuestas le hizo arrugar el gesto. Le dio por preguntar a Claude, el ChatGPT de Anthropic, por extractos de su libro, y bingo, se los sabía de memoria. ¿Cómo era posible si la obra no era de libre acceso online? ¿Con qué contenido habían entrenado esa tecnología? ¿Cómo una IA creada en inglés podía hablar un perfecto español, además de otros cientos de idiomas? "Empecé a tirar del hilo y descubrí que había tres autores que habían presentado una demanda en EEUU contra Anthropic por usar sus libros sin permiso para entrenar su IA. Fue ahí cuando caí: habían usado también el mío", explica Moré en conversación telefónica con El Confidencial. Eso fue en el verano del 2024. Hoy, año y medio después, Moré muestra orgulloso el resultado: un sobre abierto con una carta de Anthropic. "Me van a pagar 3.000 pavos. Por fusilar mi libro. Hemos ganado".
Miles de escritores, académicos y autores de todo el mundo, entre ellos decenas de españoles como Arturo Pérez-Reverte, Javier Sierra, Ildefonso Falcones, María Dueñas, Megan Maxwell (seudónimo de María del Carmen Rodríguez del Álamo) o Juan Gómez-Jurado, están recibiendo estos días la misma carta que Moré, en un caso que ya se ha convertido en el mayor pago por infracción de derechos de autor de la historia.
El pasado junio, la escritora estadounidense Andrea Bartz, junto a los autores Charles Graeber y Kirk Wallace Johnson, llevaron a Anthropic a los tribunales por usar sin permiso miles de obras para entrenar la IA Claude. El número de afectados era tal que el litigio acabó en demanda colectiva en un juzgado en San Francisco (class action suit, por su denominación en inglés). Al caso ya se le conoce como Bartz v. Anthropic, por ser el apellido de Andrea el primero por orden alfabético de los tres demandantes principales.
Acusaban a la empresa de haberse descargado la base de datos al completo de dos páginas web piratas, Library Genesis (LibGen) y Pirate Library Mirror (PiLiMi), que ofrecían ilegalmente millones de obras publicadas en EEUU. Anthropic aseguró durante la fase de instrucción que ellos solo habían hecho lo que se denomina un "uso justo" (fair use) de ese material, es decir, lo emplearon para crear un servicio nuevo "transformativo" y no "sustitutivo" de los libros. Su idea no era revender las obras, sino entrenar una IA. Pero no coló.
Manuel Ángel MéndezNacho Alarcón. BruselasDiseño: Blanca CasanovaDatos: José Ramón Pérez
El juez del caso, William Alsup, no aceptó el argumento y emplazó a dilucidar los detalles en un juicio formal. La compañía le vio las orejas al lobo: si seguía adelante, se arriesgaba a perder el juicio y abonar una cifra astronómica que podía llevarla a la bancarrota. Si se plantaba, podía intentar pactar un pago reducido con los demandantes. Optó por esto último.
Así fue como el pasado septiembre, Anthropic y los demandantes llegaron a un acuerdo extrajudicial: la compañía pagaría 1.500 millones de dólares por un total de 500.000 libros usados de forma irregular. Eso sale a unos 3.000 dólares por obra a pagar a los autores y editoriales. "A mí me ha llegado un poco más, unos 3.100 dólares. Es una cifra récord, el pago más voluminoso de este tipo que ha habido jamás. A cualquiera que haya publicado un libro en EEUU, le aconsejaría que mire la lista y se una para cobrarlo. Es un caso que demuestra que la inteligencia puede ser artificial, pero sale de personas, y esas personas tienen nombre y apellidos y se merecen un reconocimiento. No estoy en contra de la IA, todo lo contrario, la uso, doy clases sobre ella, pero lo que me parece mal es que unos sinvergüenzas hagan millones con ello y no paguen ni un euro ni reconozcan absolutamente nada", explica Moré.
Carta recibida por el escritor Íñigo Moré en la que se le avisa que la empresa de IA Anthropic le debe 3.100 dólares por 'fusilar' su libro sin permiso. (Cedida)
Profesor de Esade y especialista en medios de pago y finanzas, Íñigo Moré ha escrito seis libros, entre ellos La vida en la frontera, un ensayo sobre la desigualdad económica cuya edición en EEUU, The Borders of Inequality, fue editado en 2011 por University of Arizona Press. "A los de mi editorial ya les he dicho que ni se acerquen, que esos 3.000 pavos son míos", dice entre risas. "He tenido la suerte de poder editar un libro en EEUU, y la suerte o la desgracia de que me lo piratearan, así acabé metido en esto. Pero ahí dentro hay unos cuantos autores y editoriales españolas, a ver quién se lleva el dinero", señala.
Por "ahí dentro" Moré se refiere a la página web que Anthropic ha tenido que publicar con la lista de todos los autores pendientes de pago y las obras afectadas en cada caso. Hay decenas de escritores españoles vivos o ya fallecidos: a Arturo Pérez-Reverte le corresponderían 33.000 dólares por usar sin permiso The Flanders panel (La tabla de Flandes) y varios títulos de El Capitán Alatriste; a los herederos de Javier Marías, 30.000 dólares por el robo de, entre otros títulos The Infatuations (Los enamoramientos) o Berta Isla; a Carlos Ruiz Zafón, Ildefonso Falcones o Javier Sierra, 18.000; a María Dueñas y Megan Maxwell (seudónimo de María del Carmen Rodríguez del Álamo), 9.000 cada una; y a Fernando Aramburu o Juan Gómez-Jurado 3.000 por cabeza.
Lo curioso es que muchos de estos autores desconocen todavía que una IA ha usado indebidamente uno de sus libros, por lo que tienen hasta el próximo 30 de marzo para añadirse a la demanda colectiva y reclamar su dinero. Muchos tampoco saben si el dinero es suyo o se lo va a quedar su editorial. “La semana pasada recibí por primera vez información sobre la acción legal conjunta contra Anthropic. He puesto el tema en manos de mis agentes y abogados para que lo estudien, pero aún no hemos tomado ninguna decisión al respecto”, explica por correo electrónico Javier Sierra, premio Planeta en 2017 y uno de los superventas patrios con más de 7 millones de libros vendidos en todo el mundo y 400 ediciones de toda su obra.
"Cuando un autor firma con una editorial, prácticamente le cede su vida, le cede los derechos de explotación y los de remuneración. Aquí Anthropic ha incurrido en una infracción de los derechos de explotación. Cada autor tendrá que revisar su contrato, pero es muy probable que el dinero se lo acabe llevando la editorial”, asegura Javier de la Cueva, jurista especializado en tecnología y propiedad intelectual.
El escritor Javier Sierra, que ha vendido más de 7 millones de ejemplares de sus novelas en 44 países, es uno de los beneficiados por la demanda a Anthropic, que le deberá pagar 18.000 dólares. (EFE)
Las entidades de gestión de derechos de autor, como Cedro en España, se han lanzado también al caso. "Llevamos varias semanas en contacto con los abogados que llevan el caso en EEUU para defender los intereses de los autores y editoriales asociadas. Les hemos enviado un listado completo de los autores y libros que aparecían en una de las webs piratas que usó Anthropic, y había más de un millón de títulos, 41.000 autores españoles y 1.100 editoriales. Ahora nos tienen que responder cuántos de estos aparecen en sus bases de datos", explica a este diario Jorge Corrales, director general de Cedro.
Pese a la cantidad histórica del pago, especialistas como De la Cueva rebajan la importancia jurídica del caso por la jugada de Anthropic: optar por un acuerdo extrajudicial. “Como no hay juicio ni sentencia, no se crea jurisprudencia. Todavía no existen a nivel mundial sentencias contundentes que nos digan que la IA infringe derechos de autor. Las tecnológicas argumentan que hacen como Google, que indexa contenidos para crear un nuevo servicio. Google ya se ha demostrado que es ‘uso justo’, pero está por ver con la IA”, explica De la Cueva.
"Lo que nos debería preocupar de verdad es que la IA no fomente la desigualdad, que no ayude a concentrar la riqueza aún más en unos pocos"
De momento, se trata también de una victoria parcial y diminuta si se tiene en cuenta la escala de contenidos usados en los últimos años por las tecnológicas. Anthropic, por ejemplo, solo va a rendir cuentas por dos bases de datos de 500.000 obras en total. Sin embargo, su IA, al igual que la de OpenAI, Google o Meta, ha sido entrenada con billones y billones de documentos de los que no se sabe (y tal vez nunca se sepa) cuáles han sido usados de forma legítima y cuáles no.
Hartos de esta situación, y siguiendo la estela del caso de Anthropic, cientos de escritores, entre ellos el periodista de The New York Times y ganador del Pulitzer John Carreyrou, han presentado esta semana otra demanda colectiva contra Anthropic, Google, OpenAI, Meta, xAI y Perplexity por lo que califican de "robo deliberado" y que podría acabar en nuevos pagos multimillonarios. Lo que la ensayista y periodista canadiense Naomi Klein lleva tiempo describiendo como "el mayor robo de la historia de la humanidad" les puede acabar costando caro a las tecnológicas.
"Creo que estos casos hay que verlos más en términos de extractivismo de riqueza que de propiedad intelectual. Los autores no tenemos ni los derechos de explotación ni de remuneración de las obras, pertenecen a las editoriales. Al final, nos da igual quién gane o no, si no nos había robado ya la industria cultural, nos roba la tecnológica. Esto es una guerra industrial, de mercado, entre el sector tecnológico y el editorial", señala De la Cueva. "Creo que lo que nos debería preocupar de verdad es que la IA no fomente la desigualdad, que no ayude a concentrar la riqueza aún más en unos pocos. Ese es el verdadero drama".
Íñigo Moré estaba un día trasteando con un chatbot de inteligencia artificial cuando una de sus respuestas le hizo arrugar el gesto. Le dio por preguntar a Claude, el ChatGPT de Anthropic, por extractos de su libro, y bingo, se los sabía de memoria. ¿Cómo era posible si la obra no era de libre acceso online? ¿Con qué contenido habían entrenado esa tecnología? ¿Cómo una IA creada en inglés podía hablar un perfecto español, además de otros cientos de idiomas? "Empecé a tirar del hilo y descubrí que había tres autores que habían presentado una demanda en EEUU contra Anthropic por usar sus libros sin permiso para entrenar su IA. Fue ahí cuando caí: habían usado también el mío", explica Moré en conversación telefónica con El Confidencial. Eso fue en el verano del 2024. Hoy, año y medio después, Moré muestra orgulloso el resultado: un sobre abierto con una carta de Anthropic. "Me van a pagar 3.000 pavos. Por fusilar mi libro. Hemos ganado".