Las 'big tech' están a punto de desatar el próximo gran choque entre Trump y Europa
EEUU ha pasado a la ofensiva contra Europa por sus multas a las 'big tech' y ahora amenaza a las tecnológicas europeas. El problema: hay al menos una docena de investigaciones pendientes de Bruselas que pueden desatar una guerra total
Imagen de Úrsula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea (izquierda), junta a otra de Donald Trump. (Ilustración: EC Diseño)
"Europa tiene que ser abolida". "Esto es un ataque a los estadounidenses". "Europa debería andarse con mucho cuidado". Estas tres frases tienen algo en común, y no es solo su odio por el Viejo Continente. Las pronunciaron Elon Musk, Marco Rubio y Donald Trump, por ese orden, el pasado 5 de diciembre, solo minutos después de que la Comisión Europea anunciara una multa de 120 millones de euros a X por incumplir la Ley de Servicios Digitales, la DSA. Se trata de la primera sanción que Bruselas impone bajo esta normativa y, para sorpresa de nadie, le ha caído a una tecnológica estadounidense. El cabreo de la administración Trump es tal que ahora en el seno de Bruselas hay inquietud por las investigaciones en curso a Google, Meta, Amazon o Microsoft que podrían acabar en sanciones millonarias. Si 120 millones a X han supuesto un chorreo inédito de amenazas de EEUU, miles de millones adicionales pueden desencadenar una guerra total.
EEUU acaba de hecho de mover pieza justo en esa dirección, hacia el enfrentamiento directo. La oficina del Representante Comercial de EEUU, organismo encargado de las relaciones comerciales internacionales del país, ha señalado en las últimas horas a Europa por su "campaña de demandas judiciales, impuestos, multas y directrices discriminatorias e intimidatorias" contra empresas estadounidenses. Su amenaza tiene nombres y apellidos, el de las grandes empresas europeas que se "benefician de la libertad de operar en EEUU". Y publica una lista: Accenture, la española Amadeus, Capgemini, DHL, Mistral, Publicis, SAP, Siemens y Spotify, seguida de una amenaza. "Si la UE insiste en seguir restringiendo y limitando la competitividad de los proveedores estadounidenses, EEUU no tendrá más remedio que contrarrestar estas medidas irrazonables [...] con la imposición de tasas o restricciones a los servicios extranjeros".
Traducido: las big tech tienen un problema... pero Europa también.
Ese es el resumen de la situación actual que hacen cada vez más analistas y fuentes diplomáticas en Bruselas. La Comisión lleva años construyendo una maquinaria regulatoria en el entorno digital y tecnológico cuyo régimen sancionador acaba casi de empezar. Y en ese entramado de instituciones, políticos y diplomáticos que trabajan en la sala de máquinas de la Unión, hay bastante consenso en que no aplicar la legislación vigente es una línea roja.
La Ley de Servicios Digitales (DSA, en sus siglas en inglés) y la Ley de Mercados Digitales (DMA) comenzaron a aplicarse a mediados de 2023 (la Ley de IA desde este febrero). Suponen la materialización de una cruzada legal de Bruselas contra el poder de las tecnológicas estadounidenses que arrancó en el 2020 con la llegada a la Comisión de Margrethe Vestager y Thierry Breton. Poco después, en enero del 2021, Trump abandonaba la Casa Blanca. Por aquel entonces, nadie sospechaba que volvería a ocupar el sillón de mando cuatro años después, y menos que lo hiciera de la mano de los 'tecnoligarcas' y con un objetivo claro: desestabilizar Europa y desbaratar su agenda anti-big tech.
"En la Comisión hay bastante miedo ahora mismo a las represalias que pueda tomar Trump", explica a El Confidencial Mario Mariniello, investigador de Bruegel, el think tank de referencia en Bruselas. Este especialista señala los nubarrones que vienen: al menos una docena de investigaciones abiertas contra las grandes plataformas tecnológicas que podrían terminar en multas millonarias en 2026 y 2027. La más inminente, tal y como ha desvelado Reuters, podría caerle a Google a comienzos del año que viene por favorecer sus propios servicios frente a los de sus competidores.
El pasado septiembre, Bruselas impuso a Google una abultada sanción de 2.950 millones de euros (la segunda más alta de la historia) por abuso de posición dominante en el mercado de la publicidad digital y le dio un plazo de 60 días (que ya habrían expirado) para presentar medidas que corrijan la situación. Si la solución propuesta no le convence, la Comisión exigirá a Google vender parte de su negocio de publicidad online. De no hacerlo, se enfrentaría a nuevas multas.
No es el único frente que acecha a Google. En noviembre, la Comisión le abrió otra investigación por relegar el contenido de páginas web, entre ellas las de medios de comunicación, a los últimos puestos del buscador cuando esas webs incluían contenido de los competidores de Google. Hace solo unos días, le comunicó otro expediente por usar sin permiso contenido online de terceros, entre ellos millones de vídeos de YouTube, para entrenar su IA Gemini. De confirmarse las acusaciones, Google se enfrentaría a una multa total máxima combinada de más de 45.000 millones de euros.
Meta, Amazon, Microsoft, X y TikTok se encuentran también en el punto de mira de Bruselas. Hace dos semanas, la Comisión abrió una investigación a Meta por el supuesto acceso ilegal de proveedores de IA a WhatsApp. De haber infringido la ley, la compañía se enfrenta a una sanción máxima de más de 8.300 millones de euros (el 6% de sus ingresos anuales globales). Amazon y Microsoft están bajo investigación por obstaculizar la competencia en el mercado de la nube (con AWS y Microsoft Azure), con sanciones máximas en juego de 54.000 millones de euros y 20.800 millones, respectivamente. X sigue siendo investigada tras su multa de 120 millones, y lo mismo le ocurre a TikTok, cuyo negocio en EEUU está ahora en mano de un consorcio de inversores estadounidenses. En total, se rifan decenas de miles de millones en sanciones que pueden dejar tocado el negocio de las big tech.
Tal vez por lo que se avecina, la administración Trump ha decidido adelantarse y pasar a la diplomacia del matonismo, aunque su cruzada contra las leyes europeas viene de lejos. Incluso antes de ganar las elecciones, el equipo de Trump lo convirtió en una prioridad. En septiembre de 2024, J.D. Vance, entonces todavía candidato a vicepresidente de EEUU, llegó a vincular la permanencia en la OTAN con que Europa dejara de regular la “libertad de expresión”. Era un momento muy particular: Elon Musk, dueño de X, formaba parte del círculo cercano de Trump y financiaba su campaña al mismo tiempo que atacaba día sí, día también a la Unión Europea.
Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva de Soberanía Tecnológica. (Reuters)
Coincidía también con otro perfil muy concreto: el del ya mencionado Thierry Breton, en ese momento comisario de Mercado Interior, que controlaba la DSA. El francés y su equipo no esquivaban las polémicas, respondían a las provocaciones y lo hacían en público a golpe de mensaje en 'X', Elon style. Eso no gusto en el seno de Bruselas. Úrsula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, que ya le había echado la cruz a Breton por ser crítico con su gestión, lo defenestró a última hora de cara a su segundo mandato al frente de la Comisión Europea.
Con Breton fuera de juego y Trump en la Casa Blanca, era cuestión de tiempo que se produjera el choque de trenes. En agosto, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, envió un cable a todos los diplomáticos en las embajadas de EEUU en Europa bajo el título "Petición de acción". Les urgía a mostrar su rechazo y preocupación en todas sus reuniones por la regulación digital europea. Poco después, Trump y el vicepresidente J.D. Vance acusaron a Bruselas de "censurar" a las tecnológicas estadounidenses. La sanción a X ha sido la gota que ha colmado el vaso. "Oh, es una multa obscena", aseguró Trump. Y, más importante, ha abierto la puerta al ataque directo de EEUU en forma de represalias. ¿Cómo va a reaccionar Europa?
Dos almas, una Europa
"Esa es la pregunta del millón. Durante los últimos años se han creado dos grandes corrientes dentro de la Comisión. Una representada por Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión a cargo de Transición y Competencia, que apuesta por mantenerse firme y aguantarle el pulso a EEUU. La otra vertiente es la de Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva de Soberanía Tecnológica, y la de la propia Von der Leyen, que abogan por acomodarse a las exigencias de EEUU. Aquí está la madre de todos los problemas. La Comisión Europea se ha politizado muchísimo en los últimos tiempos. Von der Leyen se sienta en demasiadas mesas y tiene la tentación de usar las investigaciones y multas a las big tech como moneda de cambio. Es como decirle a EEUU, vale, yo te rebajo o te quito esta sanción a Google, pero tú no me impones un arancel al acero. Esto es superpeligroso", explica en conversación telefónica Mario Mariniello, del think tank Bruegel.
Consultada por El Confidencial, la vicepresidenta Virkkunen asegura que "las normas se aplican por igual y de manera justa a todas las empresas que operan en la UE. Nuestro objetivo no es imponer las multas más elevadas. Estamos aquí para asegurarnos de que se cumple nuestra legislación digital". Fuentes de la Comisión aseguran a este diario que desde que la DSA entró en vigor, hace menos de dos años, se han enviado más de 150 solicitudes de información y abierto 14 procedimientos formales. Tres de estos casos se han cerrado y se ha adoptado una decisión de incumplimiento (la de X). En cuanto a la DMA, hay tres investigaciones en curso y varias ya se han cerrado. Esas mismas fuentes señalan que, aunque la alianza con EEUU es fundamental, la UE tiene una responsabilidad de hacer cumplir sus leyes.
La realidad dibuja una foto muy diferente. El problema es obvio en el momento en el que, por ejemplo, Von der Leyen negocia con Trump en Escocia este verano para evitar una guerra comercial total con EEUU, un ámbito en el que la Comisión tiene competencias exclusivas. A la vez, esa misma institución que ella dirige aplica las reglas digitales que tanto irritan a la nueva administración americana. Que la mano derecha no sepa lo que hace la mano izquierda es fácil de decir, pero muy difícil de hacer.
"Todavía hay esperanza de que Europa pueda imponerse, pero hay que ser realistas. La luz aún no se ha apagado, pero ya casi apenas brilla"
La demostración de este conflicto es el show que supuso la mencionada multa histórica de 2.950 millones de euros a Google. El viernes 29 de agosto, la Comisión comunicó a la compañía la imposición de la sanción. El fin de semana, el Ejecutivo comunitario y el equipo de Teresa Ribera recibieron enormes presiones por parte de Washington para detenerla. La española se negó, también ante las presiones del eslovaco Maros Sefcovic, comisario de Comercio, que había negociado el acuerdo comercial del verano. Todavía hacía falta que la Casa Blanca diera orden de aplicar lo pactado y el Sefcovic temía que la multa lo descarrilara todo.
Ese mismo lunes, cuando el castigo estaba listo para ser impuesto, todo se detuvo. Orden de arriba, de Von der Leyen. Cinco días después, a finales de semana, ese mismo viernes a última hora, con el perfil más bajo posible, la Comisión anunció la sanción. Los portavoces aseguraron que Ribera no pudo dar una rueda de prensa por motivos logísticos, ya que al día siguiente debía volar a Etiopía “muy temprano” por la mañana. En realidad, el único vuelo a Adís Abeba de aquel sábado salía del aeropuerto de Bruselas pasadas las nueve de la noche. Von der Leyen estaba dispuesta finalmente a que se anunciara la multa a Google, pero quería hacer el menor ruido posible.
Analistas como Mariniello sostienen que la única manera de blindarse ahora frente al chantaje de EEUU es crear un organismo independiente dentro de la Comisión que se encargue solo de velar que la ley se cumple y, en caso contrario, de imponer sanciones. "Nunca te vas a poder aislar al 100% de la presión política, pero al menos no estaría todo en las mismas manos como ahora", dice Mario, quien se muestra pesimista sobre la posibilidad de que Europa salga victoriosa de este enfrentamiento regulatorio contra EEUU. "Fíjate en la cuantía de la multa a X, es calderilla para Musk. Es verdad que, en general, han aumentado el número de investigaciones a las big tech y el número de multas. Pero dudo mucho que las cuantías vayan a aumentar también dadas las presiones de Trump".
Úrsula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, junto a Donald Trump, el pasado septiembre. (Reuters)
Mariniello tiene motivos para el pesimismo. Los datos del liderazgo tecnológico de Europa frente a EEUU son desoladores. En 2024, por ejemplo, solo cuatro de las 50 principales empresas tecnológicas del mundo eran europeas. Ese mismo año, las startups europeas de IA captaron 12.800 millones de dólares, frente a los 80.800 millones recaudados por sus homólogas estadounidenses, según datos recopilados por Bruegel.
La regulación, lejos de impulsar al Viejo Continente, amenaza con provocar un choque histórico con EEUU. Además, el ala dura de la Comisión, representada por Ribera, pierde cada vez más fuerza, y no solo en el frente tecnológico. El último ejemplo es el reciente retraso al fin de los vehículos de combustión en 2035, una medida a la que se oponía Ribera (y España) y que la Comisión decidió no apoyar este martes, en un revés de autoridad para la española.
"Hay que admitir que la ofensiva le está funcionando a EEUU", reconoce Mariniello, quien señala como prueba a una nueva batería de medidas de la Comisión, conocida como 'paquetes Omnibus', diseñada para aligerar parte de la maquinaria regulatoria de Bruselas. ¿Significa eso que Trump ya ha vencido? "Todavía hay una pequeña esperanza de que Europa pueda imponerse, mira la respuesta de Francia", dice Mario. Tras la multa a X, el Elíseo fue rotundo: aplaudió la decisión y exigió el cumplimiento a rajatabla de la DSA. "Pero hay que ser realistas. Para entendernos: la luz aún no se ha apagado del todo, pero ya casi no brilla".
"Europa tiene que ser abolida". "Esto es un ataque a los estadounidenses". "Europa debería andarse con mucho cuidado". Estas tres frases tienen algo en común, y no es solo su odio por el Viejo Continente. Las pronunciaron Elon Musk, Marco Rubio y Donald Trump, por ese orden, el pasado 5 de diciembre, solo minutos después de que la Comisión Europea anunciara una multa de 120 millones de euros a X por incumplir la Ley de Servicios Digitales, la DSA. Se trata de la primera sanción que Bruselas impone bajo esta normativa y, para sorpresa de nadie, le ha caído a una tecnológica estadounidense. El cabreo de la administración Trump es tal que ahora en el seno de Bruselas hay inquietud por las investigaciones en curso a Google, Meta, Amazon o Microsoft que podrían acabar en sanciones millonarias. Si 120 millones a X han supuesto un chorreo inédito de amenazas de EEUU, miles de millones adicionales pueden desencadenar una guerra total.