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Mi viejo ordenador era casi imposible de usar hasta que cambié su disco duro por esto
  1. Tecnología
Pasar de HDD a SSD

Mi viejo ordenador era casi imposible de usar hasta que cambié su disco duro por esto

Ahora es buen momento para cambiar tu viejo disco duro por un disco en estado sólido. Pronto estarán mucho más caros

Foto: Nada como un disco NVMe para dar nueva vida a tu PC.
Nada como un disco NVMe para dar nueva vida a tu PC.

Los precios de la memoria y de los discos en estado sólido (que también llevan memoria interna) están aumentando, y eso no es lo peor. Lo peor es que se avecina escasez de componentes para PC y consolas, lo que sin duda inflará los precios aún más. La culpa de este aumento, por cierto, la tiene la IA. Sí, resulta que hacer trampas en tu trabajo o estudios, resumir textos largos que te da flojera leer, y generar tiras cómicas sin gracia, imágenes feas, y vídeos virales falsos tenía un precio después de todo. Ese precio es que hacen falta más servidores (muchos más) para dar soporte a ChatGPT y compañía, y esos servidores necesitan chips de memoria por un tubo. Los fabricantes de memoria están adaptando sus líneas de producción para satisfacer la enorme demanda de las compañías de IA. El resultado es que se van a producir menos chips de memoria para el mercado de consumo y los precios de esos componentes ya están aumentando.

Si todo esto te recuerda a aquella crisis en el suministro de tarjetas gráficas provocada por los entusiastas de las criptomonedas, no estás solo. Ahora es el turno de los entusiastas de la IA. En el mundo de la tecnología hace un día estupendo hasta que llega un entusiasta y lo echa a perder. Quizá el problema sean precisamente los que aplauden sin medida ni criterio cada nuevo rebuzno del millonario de turno, pero ¿qué sabré yo? El caso es que si pensabas cambiar tu viejo disco duro por un disco en estado sólido, quizá es mejor que lo hagas ahora. De memorias hablaremos próximamente, así que permanezcan atentos a sus pantallas.

Antes de empezar, vamos a responder muy rápidamente a la pregunta que quizá puedas estar haciéndote. ¿Para qué podría querer un disco duro en estado sólido o SSD? Si tu PC es un portátil, la respuesta es demoledora. Los SSD no tienen partes mecánicas, por lo que son virtualmente inmunes a golpes y vibraciones. También generan menos calor, y consumen menos energía, tanto en reposo, como en funcionamiento. Los resultados varían, pero generalmente cambiar de HDD a SDD mejora la autonomía de la batería, reduce la temperatura interna del portátil y hace a este menos propenso a sufrir errores de disco si se da un mal golpe. ¿Había mencionado ya que los SSD son más ligeros y que no hacen ningún ruido al funcionar?

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Pero ¿Y si tu PC es de sobremesa? El consumo eléctrico, las vibraciones, o la temperatura son preocupaciones secundarias en un PC con una CPU amplia y bien refrigerada que nunca se mueve de su sitio. Ahí es donde entra la última ventaja de los SSD, que de hecho es la principal. Los discos en estado sólido tienen velocidades de transferencia muy superiores a las de los discos tradicionales. Hablamos de pasar de entre 100 y 250 MB por segundo de un HDD a 550 MB por segundo en el peor de los casos. Este aumento de velocidad no solo significa que podemos copiar archivos más rápido. También reduce los tiempos de carga del sistema operativo y de cualquier aplicación instalada en el PC. En definitiva, las ventajas de un SSD sobre un HDD son tantas que dar el salto no es algo que haya que pensarse mucho. Lo que sí requiere de cierto trabajo es elegir el SSD adecuado.

Entender las siglas

En el mercado hay básicamente tres formatos principales de disco en estado sólido en atención a su factor de forma, y a cómo se conectan al PC: SATA, M.2 SATA, y M.2 PCIe. El primero es fácil de reconocer porque aún conserva el aspecto de caja cerrada de los discos duros tradicionales. Eso sí, en formato pequeño (2,5 pulgadas). Los discos SSD SATA se llaman así por el tipo de conexión que usan. SATA ha pasado por varias versiones con diferentes velocidades de transferencia, la más reciente es SATA III, cuya velocidad máxima teórica es de 6Gbps. Por cierto, la mayor parte de fabricantes expresa sus tasas de transferencia en gigabits por segundo, lo que resulta un poco confuso para los que estamos acostumbrados a expresarnos en "megas" (Megabytes) o "gigas" (Gigabytes). Por fortuna, el cambio es sencillo. 1 Gbps equivale a 125 MB por segundo (125 MBps). Un SATA III transmite, en teoría, a un máximo de 750 MB por segundo. La realidad es que hay otros factores que inciden en esa velocidad. La tasa de transferencia sostenida es más bien de 500 MBps. Ojo a las mayúsculas y minúsculas. La "b" es de bit, y la "B" de Byte.

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Los discos M.2 o M2 abandonan completamente la forma de caja. Su aspecto es el de una placa electrónica pequeña, plana y alargada, como una barrita de chicle, con varios chips montados encima. A veces, la electrónica viene completamente tapada por un cobertor metálico que hace las veces de disipador y le da un aspecto más lujoso. Externamente, los M2 recuerdan más a un chip de memoria RAM que a un disco duro tradicional.

No todos los M2 son físicamente iguales. Existen cinco tamaños diferentes designados mediante números: 2220, 2242, 2260, 2280, y 22110. Los dos primeros números se refieren a la anchura del componente en milímetros. La segunda cifra es la longitud, también en mm. Un M2 2280 no es más que un SSD de 22x80 mm Huelga decir que un M2 2242 cabe en una placa capaz de albergar discos 2280, pero no al revés. El formato más extendido es el M2 2280.

placeholder Un disco NVMe PCIe, comparado con un disco duro tradicional.
Un disco NVMe PCIe, comparado con un disco duro tradicional.

Pero la cosa no acaba en el tamaño. Los M2 se montan sobre la placa base mediante un conector específico llamado precisamente M2, pero no son todos iguales. Sin entrar en tecnicismos, hay dos tipos de conectores M2: SATA (Key B), y NVMe PCIe (Key M). Distinguirlos físicamente es sencillo. Si las patillas del conector del SSD tienen dos muescas, es SATA. Si tienen una sola muesca, es NVMe. Ambos no son compatibles entre sí, porque usan diferente conector y diferente protocolo. En otras palabras, no puedes conectar un M2 SATA III a un puerto NVMe PCIe, ni al revés. Existe un tercer tipo de ranuras M2 que admiten los dos formatos, pero son muy poco comunes, y su velocidad está limitada a SATA III.

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Este último comentario ya debería servir para adelantar un dato: el mejor tipo de SSD que puedes encontrar en 2025 es un M2 NVMe PCIe, pero hasta en esto hay clases. El protocolo que usan estos discos siempre es el mismo (NVMe), pero la interfaz (PCI Express o PCIe) ha pasado por diferentes generaciones. La más reciente es la quinta (PCIe Gen 5) y cada nueva hornada duplica las velocidades de lectura y escritura de la anterior. PCIe Gen 3 tenía un ancho de banda de 16 GB por segundo y una velocidad de lectura máxima de 3.500 MB por segundo. PCIe Gen 4 subió estas cifras a 32 GB y 7.000 MB. PCIe Gen5 ya está en los 64 GB por segundo de ancho de banda y 14.000 MB por segundo en lectura. Si me preguntas, es una burrada.

¿Qué generación escoger? La buena noticia es que será la placa base de tu equipo la que lo decida por ti. La mala es que los puertos NVMe PCIe de cada PC solo soportan hasta la generación definida por el fabricante. En otras palabras, si tienes una placa base con puerto M2 PCIe Gen 4, su velocidad estará limitada a las tasas de esa generación concreta. Puedes conectarle una unidad Gen 5, pero no irá más rápido que lo especificado por la placa.

¿Cómo saber qué tipo de M2 soporta exactamente tu PC? Puedes inspeccionar físicamente la placa base abriendo el PC, pero la información que obtendrás probablemente sea limitada. A lo sumo podrás averiguar si tienes puertos M2 libres y su tipo de conector, pero poco más. Es mejor leer el manual de la placa (o del portátil si hablamos de un ordenador portátil). También puedes consultar sus especificaciones en la página web del fabricante. Si no logras averiguar tu modelo exacto de placa, la mejor opción es descargar HwiNFO. Es un potente software de diagnóstico gratuito con el que puedes averiguar toda esa información, y hasta chequear el estado de salud de tus componentes. Es una de las herramientas que emplea la NASA para monitorizar la integridad de sus computadoras.

Un SSD para cada necesidad

Los discos SSD de alta capacidad y rendimiento extremos no son precisamente baratos. Por eso es bueno que compruebes detalladamente qué especificaciones soporta tu equipo antes de comprar un disco carísimo y muy por encima de tus necesidades reales.

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La mayor parte de personas comprueban la capacidad del disco, sus velocidades de transferencia, que sea compatible con su PC, y poco más, pero hay un dato importante que muchos se dejan en el tintero, y es el de la durabilidad. Los sistemas de almacenamiento basados en memoria NAND se degradan con el uso. Esa degradación depende de tantos factores que es complicada de calcular con precisión, pero hay algunos datos que nos pueden ayudar a hacer una estimación. El primero es el de los terabytes escritos o TBW. La cifra determina la cantidad de información que podemos escribir en el disco de manera segura antes de que los chips de memoria NAND que usa se degraden. La cifra la proporciona el fabricante, y permite comparar unos modelos con otros. Cuantos más TBW, mejor.

La mayor pega de esto es que es muy difícil trasladar la cifra de TWB a meses o años. Un truco que suele funcionar es comprobar la garantía. Los fabricantes suelen equiparar los TBW al período de garantía para curarse en salud, por lo que chequear ese tiempo es una buena manera de estimar la vida útil.

El problema de esta estimación es que los TWD son una media calculada por el fabricante en función de lo que este considera un uso normal del SSD. Es imposible saber qué entiende cada fabricante por uso medio, y eso hace muy difícil determinar la vida útil de un SSD solo mirando los TBW. A nivel de discos, no es lo mismo usar un PC para actividades de oficina, que usarlo para videojuegos, o para actividades profesionales de alto impacto como edición de vídeo. Todas esas actividades tienen cargas de trabajo muy diferentes. El SSD de un PC de oficina suele soportar en torno a 2 GB de archivos escritos al día. Un PC de juegos, sin embargo, fácilmente eleva esa cifra a 30 GB. Un ordenador dedicado a procesar archivos enormes como los que se usan para edición de vídeo puede alcanzar los 90 o 100 GB de información escrita cada día.

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Otra métrica que determina la longevidad de un disco es la cantidad de celdas que tiene el SSD y cómo se almacenan los datos en ellas. En el mercado hay discos SSD SLC, TLC, MLC y QLC. Los SLC almacenan un solo bit por celda, de ahí su nombre (Single Level Cell o Celda de Nivel Único). Son los más rápidos y duraderos del mercado, pero también son los más caros. Los MLC (Celda Multinivel) almacenan 2 bits por celda, mientras que los TLC almacenan tres bits por celda, y los QLC cuatro.

Si vas a usar el PC para una mezcla de trabajo y juegos (el tipo de uso más común), los SSD MLC y TLC son más que suficientes. Sin embargo, si prevés un uso intensivo. Bien sea en juegos o por software industrial, deberías buscar un disco M2 NVMe PCIe Gen4 o Gen5 de al menos 1TB MLC, o incluso SLC (si lo encuentras y te lo puedes permitir) y con los TBW más elevados posibles. Los discos QLC son más asequibles y suelen presumir de una elevada capacidad de almacenamiento. Son muy buenos para usos que no requieran mucha escritura, pero sí lectura intensiva, como almacenamiento de datos frío a largo plazo o servir de almacenamiento en un NAS que va, sobre todo, a ser consultado para cosas como vídeo..

Sea cual sea tu elección, pasar de un disco duro tradicional a un SSD NVMe PCIe de cuarta generación puede mejorar tus velocidad de lectura de 100 MB por segundo a alrededor de 5000 MB por segundo en los modelos más baratos (7000 Mbps en los de gama alta). Si eso no mejora el rendimiento de tu PC, quizá es hora de cambiar de PC.

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Los precios de la memoria y de los discos en estado sólido (que también llevan memoria interna) están aumentando, y eso no es lo peor. Lo peor es que se avecina escasez de componentes para PC y consolas, lo que sin duda inflará los precios aún más. La culpa de este aumento, por cierto, la tiene la IA. Sí, resulta que hacer trampas en tu trabajo o estudios, resumir textos largos que te da flojera leer, y generar tiras cómicas sin gracia, imágenes feas, y vídeos virales falsos tenía un precio después de todo. Ese precio es que hacen falta más servidores (muchos más) para dar soporte a ChatGPT y compañía, y esos servidores necesitan chips de memoria por un tubo. Los fabricantes de memoria están adaptando sus líneas de producción para satisfacer la enorme demanda de las compañías de IA. El resultado es que se van a producir menos chips de memoria para el mercado de consumo y los precios de esos componentes ya están aumentando.

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